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El Aleph

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El Aleph

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The Aleph

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Jorge Luis Borges

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Jorge Luis Borges

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Este volumen reúne dieciocho relatos de Jorge Luis Borges, entre ellos quizá los más elogiados y repetidamente citados. Tanto «El inmortal» como «Los teólogos», «Deutsches Requiem» y «La espera» muestran las posibilidades expresivas de la «estética de la inteligencia» borgiana, inimitable fusión de mentalidad matemática, profundidad metafísica y captación poética del mundo.

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This volume gathers eighteen stories by Jorge Luis Borges, including perhaps the most celebrated and frequently cited. Both «The Immortal» and «The Theologians,» «Deutsches Requiem,» and «The Wait» showcase the expressive possibilities of the Borgian «aesthetic of intelligence»—an inimitable fusion of mathematical rigor, metaphysical depth, and poetic apprehension of the world.

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Jorge Luis Borges

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Jorge Luis Borges

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El Aleph

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The Aleph

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ePub r1.1

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Daruma 13.11.13

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Daruma 13.11.13

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Título original: El Aleph

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Original title: El Aleph

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Jorge Luis Borges, 1949

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Jorge Luis Borges, 1949

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Diseño de portada: Daruma

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Cover design: Daruma

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Editor digital: Daruma

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Digital editor: Daruma

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Corrección de erratas: Galois y Ninguno

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Proofreading: Galois and Ninguno

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ePub base r1.0

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El inmortal

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The Immortal

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Solomon saith: There is no new thing upon the earth. So that as Plato had an imagination, that all knowledge was but remembrance; so Solomon given his sentence, that all novelty is but oblivion.

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Solomon saith: There is no new thing upon the earth. So that as Plato had an imagination, that all knowledge was but remembrance; so Solomon given his sentence, that all novelty is but oblivion.

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FRANCIS BACON, Essays, LVIII

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FRANCIS BACON, Essays, LVIII

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En Londres, a principios del mes de junio de 1929, el anticuario Joseph Cartaphilus, de Esmirna, ofreció a la princesa de Lucinge los seis volúmenes en cuarto menor (1715-1720) de la Ilíada de Pope. La princesa los adquirió; al recibirlos, cambió unas palabras con él. Era, nos dice, un hombre consumido y terroso, de ojos grises y barba gris, de rasgos singularmente vagos. Se manejaba con fluidez e ignorancia en diversas lenguas; en muy pocos minutos pasó del francés al inglés y del inglés a una conjunción enigmática de español de Salónica y de portugués de Macao. En octubre, la princesa oyó por un pasajero del Zeus que Cartaphilus había muerto en el mar, al regresar a Esmirna, y que lo habían enterrado en la isla de Ios. En el último tomo de la Ilíada halló este manuscrito.

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In London, in early June 1929, the antiquarian Joseph Cartaphilus of Smyrna offered Princess Lucinge the six quarto volumes (1715-1720) of Pope’s Iliad. The princess acquired them; upon receiving them, she exchanged a few words with him. He was, we are told, a wasted and ashen man, with gray eyes and gray beard, of singularly indistinct features. He handled himself fluently yet ignorantly in several languages; within minutes he shifted from French to English and thence to an enigmatic blend of Salonican Spanish and Macanese Portuguese. In October, the princess learned from a passenger aboard the Zeus that Cartaphilus had died at sea while returning to Smyrna and had been buried on the island of Ios. In the final volume of the Iliad, she discovered this manuscript.

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El original está redactado en inglés y abunda en latinismos. La versión que ofrecemos es literal.

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The original is composed in English and abounds in Latinisms. The version offered here is literal.

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I

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I

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Que yo recuerde, mis trabajos empezaron en un jardín de Tebas Hekatómpylos, cuando Diocleciano era emperador. Yo había militado (sin gloria) en las recientes guerras egipcias, yo era tribuno de una legión que estuvo acuartelada en Berenice, frente al Mar Rojo: la fiebre y la magia consumieron a muchos hombres que codiciaban magnánimos el acero. Los mauritanos fueron vencidos; la tierra que antes ocuparon las ciudades rebeldes fue dedicada eternamente a los dioses plutónicos; Alejandría, debelada, imploró en vano la misericordia del César; antes de un año las legiones reportaron el triunfo, pero yo logré apenas divisar el rostro de Marte. Esa privación me dolió y fue tal vez la causa de que yo me arrojara a descubrir, por temerosos y difusos desiertos, la secreta Ciudad de los Inmortales.

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As I recall, my labors began in a garden of Thebes Hecatompylos during the reign of Diocletian. I had served (without distinction) in the recent Egyptian wars and was tribune of a legion quartered at Berenice, facing the Red Sea: fever and magic consumed many men who magnanimously coveted steel. The Mauritanians were vanquished; the lands once held by rebellious cities were eternally consecrated to Plutonian gods; Alexandria, subdued, pleaded in vain for Caesar’s mercy; within a year, the legions reported triumph, yet I scarcely glimpsed the face of Mars. This deprivation pained me and perhaps drove me to venture across fearsome and formless deserts in search of the secret City of the Immortals.

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Mis trabajos empezaron, he referido, en un jardín de Tebas. Toda esa noche no dormí, pues algo estaba combatiendo en mi corazón. Me levanté poco antes del alba; mis esclavos dormían, la luna tenía el mismo color de la infinita arena. Un jinete rendido y ensangrentado venía del oriente. A unos pasos de mí, rodó del caballo. Con una tenue voz insaciable me preguntó en latín el nombre del río que bañaba los muros de la ciudad. Le respondí que era el Egipto, que alimentan las lluvias. Otro es el río que persigo, replicó tristemente, el río secreto que purifica de la muerte a los hombres. Oscura sangre le manaba del pecho. Me dijo que su patria era una montaña que está al otro lado del Ganges y que en esa montaña era fama que si alguien caminara hasta el occidente, donde se acaba el mundo, llegaría al río cuyas aguas dan la inmortalidad. Agregó que en la margen ulterior se eleva la Ciudad de los Inmortales, rica en baluartes y anfiteatros y templos. Antes de la aurora murió, pero yo determiné descubrir la ciudad y su río. Interrogados por el verdugo, algunos prisioneros mauritanos confirmaron la relación del viajero; alguien recordó la llanura elísea, en el término de la tierra, donde la vida de los hombres es perdurable; alguien, las cumbres donde nace el Pactolo, cuyos moradores viven un siglo. En Roma, conversé con filósofos que sintieron que dilatar la vida de los hombres era dilatar su agonía y multiplicar el número de sus muertes. Ignoro si creí alguna vez en la Ciudad de los Inmortales: pienso que entonces me bastó la tarea de buscarla. Flavio, procónsul de Getulia, me entregó doscientos soldados para la empresa. También recluté mercenarios, que se dijeron conocedores de los caminos y que fueron los primeros en desertar.

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My labors began, as I have said, in a garden of Thebes. I did not sleep that night, for something warred within my heart. I rose just before dawn; my slaves slept, and the moon shared the hue of infinite sand. An exhausted, bloodied rider approached from the east. A few paces from me, he fell from his horse. With a faint, insatiable voice, he asked me in Latin the name of the river that bathed the city’s walls. I replied that it was the Egypt, nourished by rains. Another is the river I seek, he answered mournfully, the secret river that purifies men of death. Dark blood seeped from his chest. He told me his homeland lay beyond the Ganges, where it was said that if one journeyed westward to the world’s end, he would reach the river whose waters grant immortality. He added that on its farther shore rose the City of the Immortals, rich in bastions, amphitheaters, and temples. He died before dawn, but I resolved to discover that city and its river. When interrogated by the executioner, Mauritanian prisoners confirmed the traveler’s account; one recalled the Elysian plain at earth’s edge, where men’s lives endure; another spoke of the peaks where the Pactolus arises, whose dwellers live a century. In Rome, I conversed with philosophers who believed that to prolong life was to prolong agony and multiply deaths. I know not whether I ever believed in the City of the Immortals: I think the mere task of seeking it sufficed me then. Flavius, proconsul of Getulia, gave me two hundred soldiers for the venture. I also enlisted mercenaries who claimed knowledge of the paths—and who were the first to desert.

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Los hechos ulteriores han deformado hasta lo inextricable el recuerdo de nuestras primeras jornadas. Partimos de Arsinoe y entramos en el abrasado desierto. Atravesamos el país de los trogloditas, que devoran serpientes y carecen del comercio de la palabra; el de los garamantas, que tienen las mujeres en común y se nutren de leones; el de los augilas, que sólo veneran el Tártaro. Fatigamos otros desiertos, donde es negra la arena; donde el viajero debe usurpar las horas de la noche, pues el fervor del día es intolerable. De lejos divisé la montaña que dio nombre al Océano: en sus laderas crece el euforbio, que anula los venenos; en la cumbre habitan los sátiros, nación de hombres ferales y rústicos, inclinados a la lujuria. Que esas regiones bárbaras, donde la tierra es madre de monstruos, pudieran albergar en su seno una ciudad famosa, a todos nos pareció inconcebible. Proseguimos la marcha, pues hubiera sido una afrenta retroceder.

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Subsequent events have rendered the memory of our initial marches inextricably tangled. We departed Arsinoe and entered the scorching desert. We traversed the lands of the troglodytes, who devour serpents and lack speech; of the Garamantes, who share their women and feed on lions; of the Augilae, who worship only Tartarus. We wearied other deserts where the sand is black, where travelers must usurp the hours of night, for the day’s fervor is intolerable. From afar, I glimpsed the mountain that gave the Ocean its name: on its slopes grows the euphorbia, which nullifies poisons; on its summit dwell the satyrs, a feral and rustic breed inclined to lust. That these barbarous realms, where the earth breeds monsters, could harbor a famed city seemed inconceivable to all. Yet we pressed onward, for retreat would have been disgrace.

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Algunos temerarios durmieron con la cara expuesta a la luna; la fiebre los ardió; en el agua depravada de las cisternas otros bebieron la locura y la muerte. Entonces comenzaron las deserciones; muy poco después, los motines. Para reprimirlos, no vacilé ante el ejercicio de la severidad. Procedí rectamente, pero un centurión me advirtió que los sediciosos (ávidos de vengar la crucifixión de uno de ellos) maquinaban mi muerte. Huí del campamento, con los pocos soldados que me eran fieles. En el desierto los perdí, entre los remolinos de arena y la vasta noche. Una flecha cretense me laceró. Varios días erré sin encontrar agua, o un solo enorme día multiplicado por el sol, por la sed y por el temor de la sed. Dejé el camino al arbitrio de mi caballo. En el alba, la lejanía se erizó de pirámides y de torres. Insoportablemente soñé con un exiguo y nítido laberinto: en el centro había un cántaro; mis manos casi lo tocaban, mis ojos lo veían, pero tan intrincadas y perplejas eran las curvas que yo sabía que iba a morir antes de alcanzarlo.

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Some reckless men slept with their faces exposed to the moon; fever scorched them; others drank madness and death from the depraved water of cisterns. Then began the desertions; soon after, mutinies. To suppress them, I did not hesitate in exercising severity. I acted justly, but a centurion warned me that the seditious (eager to avenge one of their crucified comrades) plotted my death. I fled the camp with the few soldiers still loyal to me. In the desert I lost them, amid swirling sands and vast night. A Cretan arrow lacerated me. For several days I wandered without finding water, or rather a single enormous day multiplied by sun, thirst, and fear of thirst. I let my horse choose the path. At dawn, the horizon bristled with pyramids and towers. Unbearably I dreamed of an exiguous and nitid labyrinth: at its center lay an amphora; my hands nearly touched it, my eyes beheld it, but so intricate and perplexing were its curves that I knew I would die before attaining it.

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II

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II

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Al desenredarme por fin de esa pesadilla, me vi tirado y maniatado en un oblongo nicho de piedra, no mayor que una sepultura común, superficialmente excavado en el agrio declive de una montaña. Los lados eran húmedos, antes pulidos por el tiempo que por la industria. Sentí en el pecho un doloroso latido, sentí que me abrasaba la sed. Me asomé y grité débilmente. Al pie de la montaña se dilataba sin rumor un arroyo impuro, entorpecido por escombros y arena; en la opuesta margen resplandecía (bajo el último sol o bajo el primero) la evidente Ciudad de los Inmortales. Vi muros, arcos, frontispicios y foros: el fundamento era una meseta de piedra. Un centenar de nichos irregulares, análogos al mío, surcaban la montaña y el valle. En la arena había pozos de poca hondura; de esos mezquinos agujeros (y de los nichos) emergían hombres de piel gris, de barba negligente, desnudos. Creí reconocerlos: pertenecían a la estirpe bestial de los trogloditas, que infestan las riberas del Golfo Arábigo y las grutas etiópicas; no me maravillé de que no hablaran y de que devoraran serpientes.

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When I finally disentangled myself from that nightmare, I found myself prone and bound in an oblong stone niche, no larger than a common grave, shallowly carved into the harsh slope of a mountain. The walls were damp, smoothed more by time than labor. I felt a painful throbbing in my chest, felt thirst burning me. I peered out and weakly shouted. At the mountain's foot stretched a muted impure stream, choked by debris and sand; on the opposite bank glowed (under the last or first sun) the evident City of the Immortals. I saw walls, arches, pediments, and forums: its foundation was a stone plateau. A hundred irregular niches, akin to mine, furrowed the mountain and valley. In the sand were shallow pits; from these meager holes (and from the niches) emerged gray-skinned men with neglected beards, naked. I thought I recognized them: they belonged to the bestial troglodyte race infesting the Arabian Gulf shores and Ethiopian caves; I marveled not that they spoke not and devoured serpents.

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La urgencia de la sed me hizo temerario. Consideré que estaba a unos treinta pies de la arena; me tiré, cerrados los ojos, atadas a la espalda las manos, montaña abajo. Hundí la cara ensangrentada en el agua oscura. Bebí como se abrevan los animales. Antes de perderme otra vez en el sueño y en los delirios, inexplicablemente repetí unas palabras griegas: los ricos teucros de Zelea que beben el agua negra del Esepo

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The urgency of thirst made me reckless. Considering myself some thirty feet above the sand, I closed my eyes, hands bound behind me, and hurled myself downhill. I plunged my bloodied face into dark water. Drank like beasts at watering holes. Before succumbing again to sleep and delirium, I inexplicably repeated Greek words: the wealthy Teucrians of Zelea who drink the dark waters of the Aisepos...

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No sé cuántos días y noches rodaron sobre mí. Doloroso, incapaz de recuperar el abrigo de las cavernas, desnudo en la ignorada arena, dejé que la luna y el sol jugaran con mi aciago destino. Los trogloditas, infantiles en la barbarie, no me ayudaron a sobrevivir o a morir. En vano les rogué que me dieran muerte. Un día, con el filo de un pedernal rompí mis ligaduras. Otro, me levanté y pude mendigar o robar —yo, Marco Flaminio Rufo, tribuno militar de una de las legiones de Roma— mi primera detestada ración de carne de serpiente.

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I know not how many days and nights rolled over me. Wracked with pain, unable to regain the shelter of caverns, naked on unknown sands, I let moon and sun toy with my baleful fate. The troglodytes, infantile in barbarism, neither aided my survival nor my death. In vain I begged them to grant me death. One day, with a flint edge, I severed my bonds. Another, I rose and could beg or steal—I, Marcus Flaminius Rufus, military tribune of one of Rome's legions—my first detested ration of serpent flesh.

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La codicia de ver a los Inmortales, de tocar la sobrehumana Ciudad, casi me vedaba dormir. Como si penetraran mi propósito, no dormían tampoco los trogloditas: al principio inferí que me vigilaban; luego, que se habían contagiado de mi inquietud, como podrían contagiarse los perros. Para alejarme de la bárbara aldea elegí la más pública de las horas, la declinación de la tarde, cuando casi todos los hombres emergen de las grietas y de los pozos y miran el poniente, sin verlo. Oré en voz alta, menos para suplicar el favor divino que para intimidar a la tribu con palabras articuladas. Atravesé el arroyo que los médanos entorpecen y me dirigí a la Ciudad. Confusamente me siguieron dos o tres hombres. Eran (como los otros de ese linaje) de menguada estatura; no inspiraban temor, sino repulsión. Debí rodear algunas hondonadas irregulares que me parecieron canteras; ofuscado por la grandeza de la Ciudad, yo la había creído cercana. Hacia la medianoche, pisé, erizada de formas idolátricas en la arena amarilla, la negra sombra de sus muros. Me detuvo una especie de horror sagrado. Tan abominadas del hombre son la novedad y el desierto que me alegré de que uno de los trogloditas me hubiera acompañado hasta el fin. Cerré los ojos y aguardé (sin dormir) que relumbrara el día.

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Greed to behold the Immortals, to touch the superhuman City, nearly forbade me sleep. As if intuiting my purpose, the troglodytes too remained wakeful: first I inferred they watched me; later, that they'd caught my restlessness, as dogs might. To depart the barbarous village, I chose the most public hour, twilight's decline, when nearly all men emerge from crevices and pits to gaze unseeing at the west. I prayed aloud, less to entreat divine favor than to daunt the tribe with articulated words. I crossed the dune-choked stream toward the City. Two or three men followed confusedly. They were (like others of their breed) stunted in stature; they inspired not fear but revulsion. I had to skirt irregular hollows resembling quarries; dazzled by the City's grandeur, I had thought it near. By midnight, I trod upon the black shadow of its walls, where yellow sand bristled with idolatrous forms. A sacred horror stayed me. So abominated by man are novelty and desert that I rejoiced one troglodyte had accompanied me to the end. I closed my eyes and awaited (unsleeping) the day's rekindling.

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He dicho que la Ciudad estaba fundada sobre una meseta de piedra. Esta meseta comparable a un acantilado no era menos ardua que los muros. En vano fatigué mis pasos: el negro basamento no descubría la menor irregularidad, los muros invariables no parecían consentir una sola puerta. La fuerza del día hizo que yo me refugiara en una caverna; en el fondo había un pozo, en el pozo una escalera que se abismaba hacia la tiniebla inferior. Bajé; por un caos de sórdidas galerías llegué a una vasta cámara circular, apenas visible. Había nueve puertas en aquel sótano; ocho daban a un laberinto que falazmente desembocaba en la misma cámara; la novena (a través de otro laberinto) daba a una segunda cámara circular, igual a la primera. Ignoro el número total de las cámaras; mi desventura y mi ansiedad las multiplicaron. El silencio era hostil y casi perfecto; otro rumor no había en esas profundas redes de piedra que un viento subterráneo, cuya causa no descubrí; sin ruido se perdían entre las grietas hilos de agua herrumbrada. Horriblemente me habitué a ese dudoso mundo; consideré increíble que pudiera existir otra cosa que sótanos provistos de nueve puertas y que sótanos largos que se bifurcan. Ignoro el tiempo que debí caminar bajo tierra; sé que alguna vez confundí, en la misma nostalgia, la atroz aldea de los bárbaros y mi ciudad natal, entre los racimos.

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I have said the City stood upon a stone plateau. This cliff-like plateau proved no less arduous than the walls. Vainly I wearied my steps: the black foundation revealed no irregularity, the invariant walls seemed to permit no single gate. Day's force drove me to a cave's refuge; within its depths yawned a well, within the well a ladder plunging into lower darkness. I descended; through sordid galleries I reached a vast circular chamber, barely visible. Nine doors pierced that cellar; eight opened onto labyrinths deceitfully leading back to the same chamber; the ninth (through another labyrinth) gave onto a second circular chamber, identical to the first. I know not the total chambers; my misfortune and anxiety multiplied them. Hostile and near-perfect silence reigned; no sound in those stony depths but subterranean winds of unknown origin; rust-colored rivulets vanished noiselessly through cracks. Horribly I grew accustomed to this dubious world; I deemed it incredible that aught existed beyond nine-doored cellars and bifurcating tunnels. I know not how long I walked underground; once I confused, in same nostalgia, the atrocious barbarian village and my native city amid vineyards.

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En el fondo de un corredor, un no previsto muro me cerró el paso, una remota luz cayó sobre mí. Alcé los ofuscados ojos: en lo vertiginoso, en lo altísimo, vi un círculo de cielo tan azul que pudo parecerme de púrpura. Unos peldaños de metal escalaban el muro. La fatiga me relajaba, pero subí, sólo deteniéndome a veces para torpemente sollozar de felicidad. Fui divisando capiteles y astrágalos, frontones triangulares y bóvedas, confusas pompas del granito y del mármol. Así me fue deparado ascender de la ciega región de negros laberintos entretejidos a la resplandeciente Ciudad.

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At a corridor's end, an unforeseen wall barred me, a remote light fell upon me. I lifted dazzled eyes: in vertiginous heights, I saw a circle of sky so blue it verged on purple. Metal rungs scaled the wall. Fatigue slackened me, yet I climbed, pausing only to weep clumsy tears of joy. Gradually I discerned capitals and astragals, triangular pediments and vaults, granite and marble's confused splendors. Thus was I granted ascent from blind regions of interwoven black labyrinths to the resplendent City.

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Emergí a una suerte de plazoleta; mejor dicho, de patio. Lo rodeaba un solo edificio de forma irregular y altura variable; a ese edificio heterogéneo pertenecían las diversas cúpulas y columnas. Antes que ningún otro rasgo de ese monumento increíble, me suspendió lo antiquísimo de su fábrica. Sentí que era anterior a los hombres, anterior a la tierra. Esa notoria antigüedad (aunque terrible de algún modo para los ojos) me pareció adecuada al trabajo de obreros inmortales. Cautelosamente al principio, con indiferencia después, con desesperación al fin, erré por escaleras y pavimentos del inextricable palacio. (Después averigüé que eran inconstantes la extensión y la altura de los peldaños, hecho que me hizo comprender la singular fatiga que me infundieron). Este palacio es fábrica de los dioses, pensé primeramente. Exploré los inhabitados recintos y corregí: Los dioses que lo edificaron han muerto. Noté sus peculiaridades y dije: Los dioses que lo edificaron estaban locos. Lo dije, bien lo sé, con una incomprensible reprobación que era casi un remordimiento, con más horror intelectual que miedo sensible. A la impresión de enorme antigüedad se agregaron otras: la de lo interminable, la de lo atroz, la de lo complejamente insensato. Yo había cruzado un laberinto, pero la nítida Ciudad de los Inmortales me atemorizó y repugnó. Un laberinto es una casa labrada para confundir a los hombres; su arquitectura, pródiga en simetrías, está subordinada a ese fin. En el palacio que imperfectamente exploré, la arquitectura carecía de fin. Abundaban el corredor sin salida, la alta ventana inalcanzable, la aparatosa puerta que daba a una celda o a un pozo, las increíbles escaleras inversas, con los peldaños y la balaustrada hacia abajo. Otras, adheridas aéreamente al costado de un muro monumental, morían sin llegar a ninguna parte, al cabo de dos o tres giros, en la tiniebla superior de las cúpulas. Ignoro si todos los ejemplos que he enumerado son literales; sé que durante muchos años infestaron mis pesadillas; no puedo ya saber si tal o cual rasgo es una transcripción de la realidad o de las formas que desatinaron mis noches. Esta Ciudad (pensé) es tan horrible que su mera existencia y perduración, aunque en el centro de un desierto secreto, contamina el pasado y el porvenir y de algún modo compromete a los astros. Mientras perdure, nadie en el mundo podrá ser valeroso o feliz. No quiero describirla; un caos de palabras heterogéneas, un cuerpo de tigre o de toro, en el que pulularan monstruosamente, conjugados y odiándose, dientes, órganos y cabezas, pueden (tal vez) ser imágenes aproximativas.

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I emerged into a sort of plaza; or rather, a courtyard. It was encircled by a single irregularly shaped building of varying heights; to this heterogeneous structure belonged the sundry domes and columns. Before any other feature of this incredible monument, I was arrested by its primordial antiquity. I felt it was older than mankind, older than the earth. This manifest antiquity (terrible in some way to behold) seemed fitting for the work of immortal laborers. At first cautiously, then indifferently, finally in desperation, I wandered through staircases and pavements of the inextricable palace. (I later learned that the steps' dimensions and heights were inconstant—a fact explaining the peculiar fatigue they instilled). This palace is the creation of the gods, I first thought. I explored the uninhabited chambers and amended: The gods who built it are dead. Noting its peculiarities, I declared: The gods who built it were mad. I said this, I well know, with an incomprehensible reproof verging on remorse, more intellectual horror than visceral fear. To the impression of immense age were added others: endlessness, atrocity, complex senselessness. I had traversed a labyrinth, but the stark City of the Immortals filled me with dread and revulsion. A labyrinth is a house wrought to confound men; its architecture, prodigal in symmetries, is subordinated to that end. In the palace I imperfectly explored, architecture served no purpose. It abounded in corridors leading nowhere, lofty unreachable windows, ostentatious doors opening into cells or pits, unbelievable inverted staircases with steps and railings upside down. Others, clinging aerially to a monumental wall's flank, ended abruptly after two or three turns in the upper darkness of the domes. I cannot vouch for the literal truth of all these examples; they haunted my nightmares for years; I can no longer discern whether such features transcribe reality or the forms that maddened my nights. This City (I thought) is so horrific that its mere existence and endurance, though in a secret desert's heart, taints the past and the future and in some way implicates the stars. While it endures, none in the world may be valiant or happy. I will not describe it; a chaos of disparate words, a tiger's or bull's carcass where teeth, organs, and heads monstrously seethe, conjoined and hating, may (perhaps) approximate its image.

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No recuerdo las etapas de mi regreso, entre los polvorientos y húmedos hipogeos. Únicamente sé que no me abandonaba el temor de que, al salir del último laberinto, me rodeara otra vez la nefanda Ciudad de los Inmortales. Nada más puedo recordar. Ese olvido, ahora insuperable, fue quizá voluntario; quizá las circunstancias de mi evasión fueron tan ingratas que, en algún día no menos olvidado también, he jurado olvidarlas.

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I do not recall the stages of my return through the dusty, humid hypogea. I only know I was haunted by the fear that upon escaping the final labyrinth, the abominable City of the Immortals would again surround me. Nothing more can I remember. This oblivion, now insurmountable, was perhaps voluntary; perhaps the circumstances of my escape were so grievous that on some since-forgotten day, I vowed to forget them.

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III

43

III

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Quienes hayan leído con atención el relato de mis trabajos recordarán que un hombre de la tribu me siguió como un perro podría seguirme, hasta la sombra irregular de los muros. Cuando salí del último sótano, lo encontré en la boca de la caverna. Estaba tirado en la arena, donde trazaba torpemente y borraba una hilera de signos, que eran como las letras de los sueños, que uno está a punto de entender y luego se juntan. Al principio, creí que se trataba de una escritura bárbara; después vi que es absurdo imaginar que hombres que no llegaron a la palabra lleguen a la escritura. Además, ninguna de las formas era igual a otra, lo cual excluía o alejaba la posibilidad de que fueran simbólicas. El hombre las trazaba, las miraba y las corregía. De golpe, como si le fastidiara ese juego, las borró con la palma y el antebrazo. Me miró, no pareció reconocerme. Sin embargo, tan grande era el alivio que me inundaba (o tan grande y medrosa mi soledad) que di en pensar que ese rudimental troglodita, que me miraba desde el suelo de la caverna, había estado esperándome. El sol caldeaba la llanura; cuando emprendimos el regreso a la aldea, bajo las primeras estrellas, la arena era ardorosa bajo los pies. El troglodita me precedió; esa noche concebí el propósito de enseñarle a reconocer, y acaso a repetir, algunas palabras. El perro y el caballo (reflexioné) son capaces de lo primero; muchas aves, como el ruiseñor de los Césares, de lo último. Por muy basto que fuera el entendimiento de un hombre, siempre sería superior al de irracionales.

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Attentive readers of my tribulations will recall that a tribesman followed me like a dog to the walls' jagged shadow. When I emerged from the last cellar, I found him at the cavern's mouth. He lay in the sand, clumsily tracing and erasing a row of symbols akin to the letters in dreams—ones we nearly grasp before they dissolve. At first, I thought it barbaric script; then saw the absurdity of imagining wordless men inventing writing. Moreover, no two shapes were alike, precluding symbolic meaning. He drew them, gazed, corrected them. Suddenly, as if wearied by the game, he wiped them away with palm and forearm. He looked at me without recognition. Yet such was my relief (or my immense, fearful solitude) that I fancied this rudimentary troglodyte, gazing up from the cavern floor, had awaited me. The sun scorched the plain; when we began our return beneath the first stars, the sand burned underfoot. The troglodyte walked ahead; that night I resolved to teach him to recognize, perhaps repeat, some words. Dogs and horses (I reflected) master the first; some birds, like the Caesars' nightingale, the second. However crude his mind, a man's must surpass beasts.

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La humildad y miseria del troglodita me trajeron a la memoria la imagen de Argos, el viejo perro moribundo de la Odisea, y así le puse el nombre de Argos y traté de enseñárselo. Fracasé y volví a fracasar. Los arbitrios, el rigor y la obstinación fueron del todo vanos. Inmóvil, con los ojos inertes, no parecía percibir los sonidos que yo procuraba inculcarle. A unos pasos de mí, era como si estuviera muy lejos. Echado en la arena, como una pequeña y ruinosa esfinge de lava, dejaba que sobre él giraran los cielos, desde el crepúsculo del día hasta el de la noche. Juzgué imposible que no se percatara de mi propósito. Recordé que es fama entre los etíopes que los monos deliberadamente no hablan para que no los obliguen a trabajar y atribuí a suspicacia o a temor el silencio de Argos. De esa imaginación pasé a otras, aún más extravagantes. Pensé que Argos y yo participábamos de universos distintos; pensé que nuestras percepciones eran iguales, pero que Argos las combinaba de otra manera y construía con ellas otros objetos; pensé que acaso no había objetos para él, sino un vertiginoso y continuo juego de impresiones brevísimas. Pensé en un mundo sin memoria, sin tiempo; consideré la posibilidad de un lenguaje que ignorara los sustantivos, un lenguaje de verbos impersonales o de indeclinables epítetos. Así fueron muriendo los días y con los días los años, pero algo parecido a la felicidad ocurrió una mañana. Llovió, con lentitud poderosa.

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The troglodyte's humility and wretchedness recalled Argos, Odysseus' dying old hound, so I named him Argos and tried to teach him. I failed, failed again. Tricks, rigor, obstinacy proved futile. Motionless, vacant-eyed, he seemed deaf to the sounds I drilled. Arm's length away, he felt leagues distant. Sprawled on sand—a diminutive ruined sphinx of lava—he let the heavens wheel above him from dusk till night. I deemed it impossible he missed my intent. I remembered Ethiopians claim monkeys feign muteness to avoid labor, and ascribed Argos' silence to wariness or fear. From such fancies, I turned to wilder ones. I thought Argos and I inhabited separate universes; that our perceptions matched, but he combined them differently into other objects; that perhaps he knew no objects, only a vertiginous flux of fleeting impressions. I imagined a world without memory, without time; pondered a language shunning nouns, built of impersonal verbs or indeclinable epithets. So days died, and years with them, until one morning something akin to happiness occurred. Rain fell—slow, mighty rain.

46

Las noches del desierto pueden ser frías, pero aquélla había sido un fuego. Soñé que un río de Tesalia (a cuyas aguas yo había restituido un pez de oro) venía a rescatarme; sobre la roja arena y la negra piedra yo lo oía acercarse; la frescura del aire y el rumor atareado de la lluvia me despertaron. Corrí desnudo a recibirla. Declinaba la noche; bajo las nubes amarillas la tribu, no menos dichosa que yo, se ofrecía a los vividos aguaceros en una especie de éxtasis. Parecían coribantes a quienes posee la divinidad. Argos, puestos los ojos en la esfera, gemía; raudales le rodaban por la cara; no sólo de agua, sino (después lo supe) de lágrimas. Argos, le grité, Argos.

46

The nights of the desert can be cold, but that one had been fire. I dreamed that a river of Thessaly (into whose waters I had restored a golden fish) came to rescue me; upon the red sand and black stone I heard it approach; the coolness of air and the busy murmur of rain awakened me. I ran naked to meet it. Night was waning; beneath yellow clouds the tribe, no less joyful than I, offered themselves to the vivid downpours in a kind of ecstasy. They resembled Corybantes possessed by divinity. Argos, his eyes fixed on the sky, groaned; torrents streamed down his face — not only water, but (as I later learned) tears. Argos, I shouted to him, Argos.

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Entonces, con mansa admiración, como si descubriera una cosa perdida y olvidada hace mucho tiempo, Argos balbuceó estas palabras: Argos, perro de Ulises. Y después, también sin mirarme: Este perro tirado en el estiércol.

47

Then, with gentle wonder, as if discovering something lost and long forgotten, Argos stammered these words: Argos, dog of Ulysses. And then, still without looking at me: This dog lying in the dung.

48

Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuimos que nada es real. Le pregunté qué sabía de la Odisea. La práctica del griego le era penosa; tuve que repetir la pregunta.

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We readily accept reality, perhaps because we intuit that nothing is real. I asked him what he knew of the Odyssey. The use of Greek pained him; I had to repeat the question.

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Muy poco, dijo. Menos que el rapsoda más pobre. Ya habrán pasado mil cien años desde que la inventé.

49

Very little, he said. Less than the poorest rhapsodist. Eleven hundred years must have passed since I invented it.

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IV

50

IV

51

Todo me fue dilucidado, aquel día. Los trogloditas eran los Inmortales; el riacho de aguas arenosas, el Río que buscaba el jinete. En cuanto a la ciudad cuyo nombre se había dilatado hasta el Ganges, nueve siglos haría que los Inmortales la habían asolado. Con las reliquias de su ruina erigieron, en el mismo lugar, la desatinada ciudad que yo recorrí: suerte de parodia o reverso y también templo de los dioses irracionales que manejan el mundo y de los que nada sabemos, salvo que no se parecen al hombre. Aquella fundación fue el último símbolo a que condescendieron los Inmortales; marca una etapa en que, juzgando que toda empresa es vana, determinaron vivir en el pensamiento, en la pura especulación. Erigieron la fábrica, la olvidaron y fueron a morar en las cuevas. Absortos, casi no percibían el mundo físico.

51

All was revealed to me that day. The troglodytes were the Immortals; the sandy stream, the River the horseman sought. As for the city whose name had spread as far as the Ganges, nine centuries had passed since the Immortals laid it waste. With the remnants of its ruin, they erected, on the same site, the deranged city I traversed — a kind of parody or inverse, and also a temple to the irrational gods who govern the world and of whom we know nothing, save that they do not resemble man. That edifice was the last symbol to which the Immortals condescended; it marks a stage when, deeming all endeavor vain, they resolved to dwell in thought, in pure speculation. They raised the structure, forgot it, and went to inhabit the caves. Absorbed, they scarcely perceived the physical world.

52

Esas cosas Homero las refirió, como quien habla con un niño. También me refirió su vejez y el postrer viaje que emprendió, movido, como Ulises, por el propósito de llegar a los hombres que no saben lo que es el mar ni comen carne sazonada con sal ni sospechan lo que es un remo. Habitó un siglo en la Ciudad de los Inmortales. Cuando la derribaron, aconsejó la fundación de la otra. Ello no debe sorprendernos; es fama que después de cantar la guerra de Ilión, cantó la guerra de las ranas y los ratones. Fue como un dios que creara el cosmos y luego el caos.

52

These things Homer recounted as one speaks to a child. He also told of his old age and the final voyage he undertook, moved, like Ulysses, by the desire to reach men who know nothing of the sea, who eat no salt-seasoned flesh, and suspect not what an oar might be. He dwelled a century in the City of the Immortals. When they razed it, he advised the founding of the other. This should not surprise us; it is said that after singing of the war of Ilium, he sang of the war between frogs and mice. He was like a god who created the cosmos and then chaos.

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Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal. He notado que, pese a las religiones, esa convicción es rarísima. Israelitas, cristianos y musulmanes profesan la inmortalidad, pero la veneración que tributan al primer siglo prueba que sólo creen en él, ya que destinan todos los demás, en número infinito, a premiarlo o a castigarlo. Más razonable me parece la rueda de ciertas religiones del Indostán; en esa rueda, que no tiene principio ni fin, cada vida es efecto de la anterior y engendra la siguiente, pero ninguna determina el conjunto… Adoctrinada por un ejercicio de siglos, la república de hombres inmortales había logrado la perfección de la tolerancia y casi del desdén. Sabía que en un plazo infinito le ocurren a todo hombre todas las cosas. Por sus pasadas o futuras virtudes, todo hombre es acreedor a toda bondad, pero también a toda traición, por sus infamias del pasado o del porvenir. Así como en los juegos de azar las cifras pares y las cifras impares tienden al equilibrio, así también se anulan y se corrigen el ingenio y la estolidez, y acaso el rústico poema del Cid es el contrapeso exigido por un solo epíteto de las Églogas o por una sentencia de Heráclito. El pensamiento más fugaz obedece a un dibujo invisible y puede coronar, o inaugurar, una forma secreta. Sé de quienes obraban el mal para que en los siglos futuros resultara el bien, o hubiera resultado en los ya pretéritos… Encarados así, todos nuestros actos son justos, pero también son indiferentes. No hay méritos morales o intelectuales. Homero compuso la Odisea; postulado un plazo infinito, con infinitas circunstancias y cambios, lo imposible es no componer, siquiera una vez, la Odisea. Nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todos los hombres. Como Cornelio Agrippa, soy dios, soy héroe, soy filósofo, soy demonio y soy mundo, lo cual es una fatigosa manera de decir que no soy.

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To be immortal is insignificant; except for man, all creatures are immortal, for they know nothing of death; what is divine, terrible, incomprehensible, is to know oneself immortal. I have observed that, despite religions, this conviction is exceedingly rare. Israelites, Christians, and Muslims profess immortality, but the veneration they render the first century proves they believe only in it, consigning all others — infinite in number — to reward or punishment. More reasonable seems the Wheel of certain Hindustani religions; in that Wheel, which has neither beginning nor end, each life is the effect of the prior and begets the next, yet none determines the whole... Tutored by centuries of discipline, the republic of immortal men achieved the perfection of tolerance and near disdain. They knew that over infinite time, all things happen to all men. By past or future virtues, every man is worthy of all goodness, but also of all betrayal, by past or future infamies. Just as in games of chance, even and odd numbers tend toward equilibrium, so too do ingenuity and stupidity annul and correct each other, and perhaps the rustic poem of the Cid is the counterweight required by a single epithet from the Eclogues or a maxim of Heraclitus. The most fleeting thought obeys an invisible design and may crown — or inaugurate — a secret form. I know of those who did evil that future centuries might yield good, or already have in those past... Thus confronted, all our acts are just, yet indifferent. There are no moral or intellectual merits. Homer composed the Odyssey; given infinite time, with infinite circumstances and changes, the impossible is not to compose the Odyssey, at least once. No one is someone; a single immortal man is all men. Like Cornelius Agrippa, I am god, hero, philosopher, demon, and world — which is a tedious way of saying that I am not.

54

El concepto del mundo como sistema de precisas compensaciones influyó vastamente en los Inmortales. En primer término, los hizo invulnerables a la piedad. He mencionado las antiguas canteras que rompían los campos de la otra margen; un hombre se despeñó en la más honda, no podía lastimarse ni morir, pero lo abrasaba la sed; antes que le arrojaran una cuerda pasaron setenta años. Tampoco interesaba el propio destino. El cuerpo era un sumiso animal doméstico y le bastaba, cada mes, la limosna de unas horas de sueño, de un poco de agua y de una piltrafa de carne. Que nadie quiera rebajarnos a ascetas. No hay placer más complejo que el pensamiento y a él nos entregábamos. A veces, un estímulo extraordinario nos restituía al mundo físico. Por ejemplo, aquella mañana, el viejo goce elemental de la lluvia. Esos lapsos eran rarísimos; todos los Inmortales eran capaces de perfecta quietud; recuerdo alguno a quien jamás he visto de pie: un pájaro anidaba en su pecho.

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The concept of the world as a system of precise compensations vastly influenced the Immortals. First, it rendered them invulnerable to pity. I have mentioned the ancient quarries that scarred the fields across the river; a man fell into the deepest, unable to harm himself or die, yet parched with thirst; seventy years passed before they cast him a rope. Nor did one's own fate hold interest. The body was a submissive domestic animal; each month, the alms of a few hours' sleep, a little water, and a scrap of meat sufficed it. Let none imagine us ascetics. There is no pleasure more complex than thought, and to it we surrendered. At times, an extraordinary stimulus restored us to the physical world. Such as that morning's primal joy in the rain. Such intervals were rare; all Immortals were capable of perfect stillness; I recall one I never saw standing: a bird nested in his breast.

55

Entre los corolarios de la doctrina de que no hay cosa que no esté compensada por otra, hay uno de muy poca importancia teórica, pero que nos indujo, a fines o a principios del siglo X, a dispersarnos por la faz de la tierra. Cabe en estas palabras: Existe un río cuyas aguas dan la inmortalidad; en alguna región habrá otro río cuyas aguas la borren. El número de ríos no es infinito; un viajero inmortal que recorra el mundo acabará, algún día, por haber bebido de todos. Nos propusimos descubrir ese río.

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Among the corollaries of the doctrine that nothing is uncompensated, one — of scant theoretical import — led us, at the close or dawn of the tenth century, to disperse across the globe. It may be phrased thus: There exists a river whose waters confer immortality; somewhere there must be another whose waters erase it. The number of rivers is not infinite; an immortal traveler will, in time, have drunk from all. We resolved to discover that river.

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La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Éstos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los Inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. No hay cosa que no esté como perdida entre infatigables espejos. Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario. Lo elegiaco, lo grave, lo ceremonial, no rigen para los Inmortales. Homero y yo nos separamos en las puertas de Tánger; creo que no nos dijimos adiós.

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Death (or its allusion) renders men precious and pathetic. They move us through their ghostly condition; every act they perform could be their last; no face exists that won't blur like the face of a dream. Among mortals, all things hold the value of the irrecoverable and the fortuitous. Among the Immortals, however, each act (and each thought) echoes others that preceded it in the past without visible origin, or faithfully foreshadows those that will repeat it in the future unto vertigo. Nothing exists save as lost amid tireless mirrors. Nothing can occur but once, nothing is precariously precious. The elegiac, the solemn, the ceremonial hold no sway over Immortals. Homer and I parted ways at the gates of Tangier; I believe we did not bid each other farewell.

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V

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V

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Recorrí nuevos reinos, nuevos imperios. En el otoño de 1066 milité en el puente de Stamford, ya no recuerdo si en las filas de Harold, que no tardó en hallar su destino, o en las de aquel infausto Harald Hardrada que conquistó seis pies de tierra inglesa, o un poco más. En el séptimo siglo de la Héjira, en el arrabal de Bulaq, transcribí con pausada caligrafía, en un idioma que he olvidado, en un alfabeto que ignoro, los siete viajes de Simbad y la historia de la Ciudad de Bronce. En un patio de la cárcel de Samarcanda he jugado muchísimo al ajedrez. En Bikanir he profesado la astrología y también en Bohemia. En 1638 estuve en Kolozsvár y después en Leipzig. En Aberdeen, en 1714, me suscribí a los seis volúmenes de la Ilíada de Pope; sé que los frecuenté con deleite. Hacia 1729 discutí el origen de ese poema con un profesor de retórica, llamado, creo, Giambattista; sus razones me parecieron irrefutables. El cuatro de octubre de 1921, el Patna, que me conducía a Bombay, tuvo que fondear en un puerto de la costa eritrea[1]. Bajé; recordé otras mañanas muy antiguas, también frente al Mar Rojo, cuando yo era tribuno de Roma y la fiebre y la magia y la inacción consumían a los soldados. En las afueras vi un caudal de agua clara; la probé, movido por la costumbre. Al repechar la margen, un árbol espinoso me laceró el dorso de la mano. El inusitado dolor me pareció muy vivo. Incrédulo, silencioso y feliz, contemplé la preciosa formación de una lenta gota de sangre. De nuevo soy mortal, me repetí, de nuevo me parezco a todos los hombres. Esa noche, dormí hasta el amanecer.

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I traversed new kingdoms, new empires. In the autumn of 1066, I fought at Stamford Bridge, though I no longer recall whether in Harold's ranks—soon to meet his fate—or in those of the ill-starred Harald Hardrada who conquered six feet of English soil, or perhaps a little more. In the seventh century of the Hegira, in Bulaq's outskirts, I transcribed with deliberate calligraphy—in a forgotten tongue and an unknown script—the seven voyages of Sindbad and the tale of the City of Bronze. In a Samarkand prison courtyard, I played countless games of chess. In Bikanir, I practiced astrology, and also in Bohemia. In 1638, I was in Kolozsvár and later in Leipzig. In Aberdeen, in 1714, I subscribed to Pope's six-volume Iliad, which I know I perused with delight. Around 1729, I debated the poem's origin with a rhetoric professor named, I believe, Giambattista; his arguments struck me as irrefutable. On October 4th, 1921, the Patna—bound for Bombay—anchored at an Eritrean port[1]. I disembarked; I recalled other ancient mornings along this same Red Sea, when I served as tribune of Rome while fever, magic, and idleness consumed the soldiers. Beyond the outskirts, I found a stream of clear water; habit compelled me to taste it. As I climbed the bank, a thorny tree lacerated the back of my hand. The unaccustomed pain felt vivid. Disbelieving, silent, and joyful, I contemplated the precious formation of a slow blood droplet. I am mortal again, I repeated, I resemble all men once more. That night, I slept until dawn.

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… He revisado, al cabo de un año, estas páginas. Me consta que se ajustan a la verdad, pero en los primeros capítulos, y aun en ciertos párrafos de los otros, creo percibir algo falso. Ello es obra, tal vez, del abuso de rasgos circunstanciales, procedimiento que aprendí en los poetas y que todo lo contamina de falsedad, ya que esos rasgos pueden abundar en los hechos, pero no en su memoria… Creo, sin embargo, haber descubierto una razón más íntima. La escribiré; no importa que me juzguen fantástico.

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...After a year's interval, I reviewed these pages. I know they adhere to truth, yet in the early chapters—even in certain paragraphs of later ones—I perceive something false. This may stem from an excess of circumstantial details, a technique learned from poets that taints all with falsity, for such details may abound in events but not in their memory... Yet I believe I've uncovered a more intimate reason. I shall write it; let others deem me fanciful if they will.

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La historia que he narrado parece irreal porque en ella se mezclan los sucesos de dos hombres distintos. En el primer capítulo, el jinete quiere saber el nombre del río que baña las murallas de Tebas; Flaminio Rufo, que antes ha dado a la ciudad el epíteto de Hekatómpylos, dice que el río es el Egipto; ninguna de esas locuciones es adecuada a él, sino a Homero, que hace mención expresa, en la Ilíada, de Tebas Hekatómpylos, y en la Odisea, por boca de Proteo y de Ulises, dice invariablemente Egipto por Nilo. En el capítulo segundo, el romano, al beber el agua inmortal, pronuncia unas palabras en griego; esas palabras son homéricas y pueden buscarse en el fin del famoso catálogo de las naves. Después, en el vertiginoso palacio, habla de «una reprobación que era casi un remordimiento»; esas palabras corresponden a Homero, que había proyectado ese horror. Tales anomalías me inquietaron; otras, de orden estético, me permitieron descubrir la verdad. El último capítulo las incluye; ahí está escrito que milité en el puente de Stamford, que transcribí, en Bulaq, los viajes de Simbad el Marino y que me suscribí, en Aberdeen, a la Ilíada inglesa de Pope. Se lee, inter alia: «En Bikanir he profesado la astrología y también en Bohemia». Ninguno de esos testimonios es falso; lo significativo es el hecho de haberlos destacado. El primero de todos parece convenir a un hombre de guerra, pero luego se advierte que el narrador no repara en lo bélico y sí en la suerte de los hombres. Los que siguen son más curiosos. Una oscura razón elemental me obligó a registrarlos; lo hice porque sabía que eran patéticos. No lo son, dichos por el romano Flaminio Rufo. Lo son, dichos por Homero; es raro que éste copie, en el siglo trece, las aventuras de Simbad, de otro Ulises, y descubra, a la vuelta de muchos siglos, en un reino boreal y un idioma bárbaro, las formas de su Ilíada. En cuanto a la oración que recoge el nombre de Bikanir, se ve que la ha fabricado un hombre de letras, ganoso (como el autor del catálogo de las naves) de mostrar vocablos espléndidos[2].

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The tale I have recounted seems unreal because it intertwines the events of two distinct men. In the first chapter, the horseman seeks the river's name that bathes Thebes' walls; Flaminius Rufus—who earlier bestowed upon the city the epithet Hecatompylos—states the river is Egypt. Neither locution suits him, but rather Homer, who explicitly mentions Thebes Hecatompylos in the Iliad and, through Proteus and Ulysses in the Odyssey, invariably says Egypt for Nile. In the second chapter, the Roman, upon drinking the immortal water, utters Greek words—Homeric phrases found at the close of the famed catalogue of ships. Later, in the vertiginous palace, he speaks of "a reproach bordering on remorse"—words befitting Homer, who conceived that horror. These anomalies troubled me; others of aesthetic order revealed the truth. The final chapter contains them: there it's written that I fought at Stamford Bridge, transcribed Sindbad's voyages in Bulaq, and subscribed to Pope's English Iliad in Aberdeen. One reads, inter alia: "In Bikanir I practiced astrology, and also in Bohemia." None are false; what signifies is their deliberate emphasis. The first seems suited to a warrior, yet the narrator dwells not on warfare but on men's fates. Those that follow grow stranger. Some elemental, obscure reason compelled me to record them; I did so knowing they were poignant. They are not so when uttered by the Roman Flaminius Rufus. They are when spoken by Homer; it is strange that he should copy, in the thirteenth century, the adventures of another Ulysses—Sindbad—and rediscover, after many centuries in a northern realm and barbarous tongue, the forms of his Iliad. As for the sentence containing Bikanir's name, it was clearly forged by a man of letters eager (like the cataloguer of ships) to display resplendent words[2].

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Cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo; sólo quedan palabras. No es extraño que el tiempo haya confundido las que alguna vez me representaron con las que fueron símbolos de la suerte de quien me acompañó tantos siglos. Yo he sido Homero; en breve, seré Nadie, como Ulises; en breve, seré todos: estaré muerto.

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When the end draws near, no images of memory remain; only words endure. Little wonder that time has blurred those that once represented me with those that symbolized the fate of he who accompanied me through centuries. I have been Homer; soon, I shall be No One, like Ulysses; soon, I shall be all men: I shall be dead.

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Posdata de 1950. Entre los comentarios que ha despertado la publicación anterior, el más curioso, ya que no el más urbano, bíblicamente se titula A coat of many colours (Manchester, 1948) y es obra de la tenacísima pluma del doctor Nahum Cordovero. Abarca unas cien páginas. Habla de los centones griegos, de los centones de la baja latinidad, de Ben Jonson, que definió a sus contemporáneos con retazos de Séneca, del Virgilius evangelizans de Alexander Ross, de los artificios de George Moore y de Eliot y, finalmente, de «la narración atribuida al anticuario Joseph Cartaphilus». Denuncia, en el primer capítulo, breves interpolaciones de Plinio (Historia naturalis, V, 8); en el segundo, de Thomas de Quincey (Writings, III, 439); en el tercero, de una epístola de Descartes al embajador Pierre Chanut; en el cuarto, de Bernard Shaw (Back to Methuselah, V). Infiere de esas intrusiones, o hurtos, que todo el documento es apócrifo.

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Postscript, 1950. Among commentaries provoked by this text, the most curious (if not the most courteous) bears the biblical title A Coat of Many Colours (Manchester, 1948), penned by Dr. Nahum Cordovero's indefatigable quill. Spanning a hundred pages, it discusses Greek centos, late Latin centos, Ben Jonson's mosaic of Seneca to define his contemporaries, Alexander Ross's Virgilius evangelizans, George Moore's and Eliot's artifices, and finally "the narrative ascribed to the antiquarian Joseph Cartaphilus." It denounces in the first chapter brief interpolations from Pliny (Natural History, V, 8); in the second, from Thomas De Quincey (Writings, III, 439); in the third, from Descartes's letter to Ambassador Pierre Chanut; in the fourth, from Bernard Shaw (Back to Methuselah, V). From these intrusions or thefts, it deduces the document's apocryphal nature.

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A mi entender, la conclusión es inadmisible. Cuando se acerca el fin, escribió Cartaphilus, ya no quedan imágenes del recuerdo; sólo quedan palabras. Palabras, palabras desplazadas y mutiladas, palabras de otros, fue la pobre limosna que le dejaron las horas y los siglos.

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To my mind, the conclusion is inadmissible. When the end draws near, wrote Cartaphilus, there remain no images from memory; only words remain. Words, displaced and mutilated words, the words of others—this was the paltry alms the hours and centuries left him.

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A Cecilia Ingenieros

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To Cecilia Ingenieros

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El muerto

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The Dead Man

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Que un hombre del suburbio de Buenos Aires, que un triste compadrito sin más virtud que la infatuación del coraje, se interne en los desiertos ecuestres de la frontera del Brasil y llegue a capitán de contrabandistas, parece de antemano imposible. A quienes lo entienden así, quiero contarles el destino de Benjamín Otálora, de quien acaso no perdura un recuerdo en el barrio de Balvanera y que murió en su ley, de un balazo, en los confines de Rio Grande do Sul. Ignoro los detalles de su aventura; cuando me sean revelados, he de rectificar y ampliar estas páginas. Por ahora, este resumen puede ser útil.

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That a man from the outskirts of Buenos Aires—a hapless tough whose sole virtue lay in the infatuation of courage—should venture into the equestrian wilderness along the Brazilian frontier and rise to become a captain of smugglers seems a priori implausible. To those who deem it so, I wish to recount the fate of Benjamín Otálora, of whom perhaps no memory endures in the neighborhood of Balvanera and who died true to his code, felled by a bullet, on the borders of Rio Grande do Sul. I know not the details of his venture; when they are revealed to me, I shall amend and expand these pages. For now, this summary may suffice.

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Benjamín Otálora cuenta, hacia 1891, diecinueve años. Es un mocetón de frente mezquina, de sinceros ojos claros, de reciedumbre vasca; una puñalada feliz le ha revelado que es un hombre valiente; no lo inquieta la muerte de su contrario, tampoco la inmediata necesidad de huir de la República. El caudillo de la parroquia le da una carta para un tal Azevedo Bandeira, del Uruguay. Otálora se embarca, la travesía es tormentosa y crujiente; al otro día, vaga por las calles de Montevideo, con inconfesada y tal vez ignorada tristeza. No da con Azevedo Bandeira; hacia la medianoche, en un almacén del Paso del Molino, asiste a un altercado entre unos troperos. Un cuchillo relumbra; Otálora no sabe de qué lado está la razón, pero lo atrae el puro sabor del peligro, como a otros la baraja o la música. Para, en el entrevero, una puñalada baja que un peón le tira a un hombre de galera oscura y de poncho. Éste, después, resulta ser Azevedo Bandeira. (Otálora, al saberlo, rompe la carta, porque prefiere debérselo todo a sí mismo). Azevedo Bandeira da, aunque fornido, la injustificable impresión de ser contrahecho; en su rostro, siempre demasiado cercano, están el judío, el negro y el indio; en su empaque, el mono y el tigre; la cicatriz que le atraviesa la cara es un adorno más, como el negro bigote cerdoso.

68

Around 1891, Benjamín Otálora is nineteen years old. He is a strapping lad with a narrow brow, sincere light eyes, and Basque vigor; a fortuitous stab wound revealed his innate bravery. He feels no remorse for his adversary’s death, nor urgency to flee the Republic. The local chieftain gives him a letter for one Azevedo Bandeira in Uruguay. Otálora boards a ship; the crossing is tempestuous and groaning; the next day, he wanders the streets of Montevideo with unconfessed, perhaps unrecognized melancholy. He fails to find Azevedo Bandeira; toward midnight, in a general store in Paso del Molino, he witnesses a brawl among drovers. A knife gleams; Otálora knows not which side holds justice, but he is drawn to the pure taste of peril, as others are to cards or music. He blocks a low thrust meant for a man in a dark derby and poncho. This man, it transpires, is Azevedo Bandeira. (Upon learning this, Otálora tears up the letter, preferring to owe everything to himself). Azevedo Bandeira, though burly, gives the unwarranted impression of being misshapen; his ever-near face bears traces of Jew, Negro, and Indian; in his bearing, both ape and tiger; the scar across his face is but another ornament, like his coarse black mustache.

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Proyección o error del alcohol, el altercado cesa con la misma rapidez con que se produjo. Otálora bebe con los troperos y luego los acompaña a una farra y luego a un caserón en la Ciudad Vieja, ya con el sol bien alto. En el último patio, que es de tierra, los hombres tienden su recado para dormir. Oscuramente, Otálora compara esa noche con la anterior; ahora ya pisa tierra firme, entre amigos. Lo inquieta algún remordimiento, eso sí, de no extrañar a Buenos Aires. Duerme hasta la oración, cuando lo despierta el paisano que agredió, borracho, a Bandeira. (Otálora recuerda que ese hombre ha compartido con los otros la noche de tumulto y de júbilo y que Bandeira lo sentó a su derecha y lo obligó a seguir bebiendo). El hombre le dice que el patrón lo manda buscar. En una suerte de escritorio que da al zaguán (Otálora nunca ha visto un zaguán con puertas laterales) está esperándolo Azevedo Bandeira, con una clara y desdeñosa mujer de pelo colorado. Bandeira lo pondera, le ofrece una copa de caña, le repite que le está pareciendo un hombre animoso, le propone ir al Norte con los demás a traer una tropa. Otálora acepta; hacia la madrugada están en camino, rumbo a Tacuarembó.

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Whether projection or alcohol’s error, the quarrel ends as abruptly as it began. Otálora drinks with the drovers and later joins them at a revel, then at a rambling house in the Old City, with the sun already high. In the last courtyard, earthen-floored, the men spread their saddles to sleep. Obscurely, Otálora compares this night to the prior one; now he stands on firm ground among comrades. He is troubled only by some faint remorse at not missing Buenos Aires. He sleeps until dusk, when the same countryman who drunkenly assaulted Bandeira wakes him. (Otálora recalls this man shared in the night’s tumult and merriment, and that Bandeira seated him at his right and forced him to keep drinking). The man says the boss wants him. In a sort of office off the vestibule (Otálora had never seen a vestibule with side doors), Azevedo Bandeira awaits him alongside a pale, disdainful woman with fiery hair. Bandeira praises him, offers a shot of cane liquor, remarks he seems a spirited fellow, and proposes they head North with the others to fetch a herd. Otálora agrees; by dawn, they are en route to Tacuarembó.

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Empieza entonces para Otálora una vida distinta, una vida de vastos amaneceres y de jornadas que tienen el olor del caballo. Esa vida es nueva para él, y a veces atroz, pero ya está en su sangre, porque lo mismo que los hombres de otras naciones veneran y presienten el mar, así nosotros (también el hombre que entreteje estos símbolos) ansiamos la llanura inagotable que resuena bajo los cascos. Otálora se ha criado en los barrios del carrero y del cuarteador; antes de un año se hace gaucho. Aprende a jinetear, a entropillar la hacienda, a carnear, a manejar el lazo que sujeta y las boleadoras que tumban, a resistir el sueño, las tormentas, las heladas y el sol, a arrear con el silbido y el grito. Sólo una vez, durante ese tiempo de aprendizaje, ve a Azevedo Bandeira, pero lo tiene muy presente, porque ser hombre de Bandeira es ser considerado y temido, y porque, ante cualquier hombrada, los gauchos dicen que Bandeira lo hace mejor. Alguien opina que Bandeira nació del otro lado del Cuareim, en Rio Grande do Sul; eso, que debería rebajarlo, oscuramente lo enriquece de selvas populosas, de ciénagas, de inextricables y casi infinitas distancias. Gradualmente, Otálora entiende que los negocios de Bandeira son múltiples y que el principal es el contrabando. Ser tropero es ser un sirviente; Otálora se propone ascender a contrabandista. Dos de los compañeros, una noche, cruzarán la frontera para volver con unas partidas de caña; Otálora provoca a uno de ellos, lo hiere y toma su lugar. Lo mueve la ambición y también una oscura fidelidad. Que el hombre (piensa) acabe por entender que yo valgo más que todos sus orientales juntos.

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Thus begins for Otálora a new life—a life of vast sunrises and days redolent of horses. Though foreign and at times brutal, this existence already courses through his blood, for just as men of other nations revere and divine the sea, so we (including the man weaving these symbols) yearn for the endless plain that echoes beneath hooves. Otálora was raised among cartmen and horse-breakers; within a year, he becomes a gaucho. He learns to ride, to herd cattle, to slaughter, to handle the tethering lasso and the tripping bolas, to endure sleeplessness, storms, frosts, and sun, to drive livestock with whistles and shouts. Only once during this apprenticeship does he see Azevedo Bandeira, yet the man looms large in his mind, for to be one of Bandeira’s men is to be respected and feared, and at any display of grit, the gauchos say Bandeira does it better. Some claim Bandeira was born beyond the Cuareim, in Rio Grande do Sul; this, which should diminish him, instead enshrouds him in populous jungles, swamps, and inextricable, near-infinite expanses. Gradually, Otálora learns that Bandeira’s ventures are manifold, chief among them smuggling. To be a drover is to be a servant; Otálora resolves to rise as a smuggler. One night, two companions are to cross the border and return with shipments of cane liquor; Otálora provokes one, wounds him, and takes his place. Ambition drives him, and a dark loyalty. Let the man (he thinks) come to see I’m worth more than all his Uruguayans combined.

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Otro año pasa antes que Otálora regrese a Montevideo. Recorren las orillas, la ciudad (que a Otálora le parece muy grande); llegan a casa del patrón; los hombres tienden los recados en el último patio. Pasan los días y Otálora no ha visto a Bandeira. Dicen, con temor, que está enfermo; un moreno suele subir a su dormitorio con la caldera y con el mate. Una tarde, le encomiendan a Otálora esa tarea. Éste se siente vagamente humillado pero satisfecho también.

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Another year passes before Otálora returns to Montevideo. They skirt the riverbanks, traverse the city (which strikes Otálora as immense), and reach the boss’s house; the men spread their saddles in the last courtyard. Days pass, and Otálora has not seen Bandeira. They whisper fearfully that he is ill; a dark-skinned man often ascends to his bedroom with a kettle and mate. One afternoon, Otálora is tasked with this errand. He feels vaguely humiliated yet gratified.

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El dormitorio es desmantelado y oscuro. Hay un balcón que mira al poniente, hay una larga mesa con un resplandeciente desorden de taleros, de arreadores, de cintos, de armas de fuego y de armas blancas, hay un remoto espejo que tiene la luna empañada. Bandeira yace boca arriba; sueña y se queja; una vehemencia de sol último lo define. El vasto lecho blanco parece disminuirlo y oscurecerlo; Otálora nota las canas, la fatiga, la flojedad, las grietas de los años. Lo subleva que los esté mandando ese viejo. Piensa que un golpe bastaría para dar cuenta de él. En eso, ve en el espejo que alguien ha entrado. Es la mujer de pelo rojo; está a medio vestir y descalza y lo observa con fría curiosidad. Bandeira se incorpora; mientras habla de cosas de la campaña y despacha mate tras mate, sus dedos juegan con las trenzas de la mujer. Al fin, le da licencia a Otálora para irse.

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The bedroom is stripped and dim. A balcony faces westward; a long table holds a resplendent clutter of spurs, harnesses, belts, firearms and blades; a distant mirror reflects the tarnished moon. Bandeira lies supine, dreaming and muttering; a final burst of sunlight defines him. The vast white bed seems to diminish and darken him; Otálora notes the gray hairs, the weariness, the slackness, the fissures of years. It revolts him that this old man still commands. He thinks a single blow would suffice to finish him. Then, in the mirror, he sees someone has entered. It is the red-haired woman, half-dressed and barefoot, observing him with cold curiosity. Bandeira sits up; while discussing ranch affairs and draining mate after mate, his fingers toy with the woman's braids. Finally, he dismisses Otálora.

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Días después, les llega la orden de ir al Norte. Arriban a una estancia perdida, que está como en cualquier lugar de la interminable llanura. Ni árboles ni un arroyo la alegran, el primer sol y el último la golpean. Hay corrales de piedra para la hacienda, que es guampuda y menesterosa. El Suspiro se llama ese pobre establecimiento.

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Days later comes the order to head North. They arrive at a remote ranch adrift in the endless plain. No trees or streams enliven it; the first and last sunlight strikes it raw. There are stone corrals for the scrawny, horned cattle. This wretched outpost is called El Suspiro — The Sigh.

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Otálora oye en rueda de peones que Bandeira no tardará en llegar de Montevideo. Pregunta por qué; alguien aclara que hay un forastero agauchado que está queriendo mandar demasiado. Otálora comprende que es una broma, pero le halaga que esa broma ya sea posible. Averigua, después, que Bandeira se ha enemistado con uno de los jefes políticos y que éste le ha retirado su apoyo. Le gusta esa noticia.

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Otálora hears from the peones that Bandeira will soon return from Montevideo. When he asks why, someone explains that "some citified gaucho's been getting too ambitious." Though recognizing the jest, Otálora is flattered by its plausibility. Later, he learns Bandeira has fallen out with a political boss who withdrew support. This news pleases him.

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Llegan cajones de armas largas; llegan una jarra y una palangana de plata para el aposento de la mujer; llegan cortinas de intrincado damasco; llega de las cuchillas, una mañana, un jinete sombrío, de barba cerrada y de poncho. Se llama Ulpiano Suárez y es el capanga o guardaespaldas de Azevedo Bandeira. Habla muy poco y de una manera abrasilerada. Otálora no sabe si atribuir su reserva a hostilidad, a desdén o a mera barbarie. Sabe, eso sí, que para el plan que está maquinando tiene que ganar su amistad.

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Crates of rifles arrive; silver ewers and basins for the woman's chamber; damask curtains of intricate weave; then one morning, from the hills, a grim rider with matted beard and poncho. This is Ulpiano Suárez, Bandeira's capanga or bodyguard. He speaks seldom in Brazilian-tinged Spanish. Otálora cannot tell whether his silence stems from hostility, disdain or mere brutishness. He knows only that this man's friendship is essential to his designs.

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Entra después en el destino de Benjamín Otálora un colorado cabos negros que trae del sur Azevedo Bandeira y que luce apero chapeado y carona con bordes de piel de tigre. Ese caballo liberal es un símbolo de la autoridad del patrón y por eso lo codicia el muchacho, que llega también a desear, con deseo rencoroso, a la mujer de pelo resplandeciente. La mujer, el apero y el colorado son atributos o adjetivos de un hombre que él aspira a destruir.

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Then enters Benjamín Otálora's destiny a chestnut stallion with black stockings, brought from the South by Azevedo Bandeira, its trappings silver-trimmed, its saddle edged with jaguar fur. This stately mount symbolizes the boss's authority, and thus the youth covets it with rancorous desire — as he covets the luminous-haired woman. The woman, the trappings and the chestnut become attributes of a man he means to obliterate.

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Aquí la historia se complica y se ahonda. Azevedo Bandeira es diestro en el arte de la intimidación progresiva, en la satánica maniobra de humillar al interlocutor gradualmente, combinando veras y burlas; Otálora resuelve aplicar ese método ambiguo a la dura tarea que se propone. Resuelve suplantar, lentamente, a Azevedo Bandeira. Logra, en jornadas de peligro común, la amistad de Suárez. Le confía su plan; Suárez le promete su ayuda. Muchas cosas van aconteciendo después, de las que sé unas pocas. Otálora no obedece a Bandeira; da en olvidar, en corregir, en invertir sus órdenes. El universo parece conspirar con él y apresura los hechos. Un mediodía, ocurre en campos de Tacuarembó un tiroteo con gente riograndense; Otálora usurpa el lugar de Bandeira y manda a los orientales. Le atraviesa el hombro una bala, pero esa tarde Otálora regresa al Suspiro en el colorado del jefe y esa tarde unas gotas de su sangre manchan la piel de tigre y esa noche duerme con la mujer de pelo reluciente. Otras versiones cambian el orden de estos hechos y niegan que hayan ocurrido en un solo día.

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Here the story deepens and complicates. Azevedo Bandeira masters the art of gradual intimidation, that satanic play of humiliation blending threat and mockery; Otálora resolves to wield this same ambiguous method for his hard purpose. He will slowly supplant Bandeira. Through shared peril, he wins Suárez's friendship. He confides his plan; Suárez pledges aid. Many events follow, of which few are known. Otálora ceases obeying Bandeira; he begins to forget, amend, invert orders. The universe seems to conspire, hastening events. At noon in Tacuarembó fields, shots ring out against Rio Grande men; Otálora usurps Bandeira's place, commanding the Uruguayans. A bullet pierces his shoulder, but that afternoon he returns to El Suspiro on the boss's chestnut stallion, his blood staining the jaguar-fur saddle, and that night sleeps with the luminous-haired woman. Other versions alter the sequence and deny it transpired in one day.

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Bandeira, sin embargo, siempre es nominalmente el jefe. Da órdenes que no se ejecutan; Benjamín Otálora no lo toca, por una mezcla de rutina y de lástima.

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Yet Bandeira remains nominal leader. His orders go unheeded; Benjamín Otálora refrains from striking him, bound by habit and pity.

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La última escena de la historia corresponde a la agitación de la última noche de 1894. Esa noche, los hombres del Suspiro comen cordero recién carneado y beben un alcohol pendenciero; alguien infinitamente rasguea una trabajosa milonga. En la cabecera de la mesa, Otálora, borracho, erige exultación sobre exultación, júbilo sobre júbilo; esa torre de vértigo es un símbolo de su irresistible destino. Bandeira, taciturno entre los que gritan, deja que fluya clamorosa la noche. Cuando las doce campanadas resuenan, se levanta como quien recuerda una obligación. Se levanta y golpea con suavidad a la puerta de la mujer. Ésta le abre en seguida, como si esperara el llamado. Sale a medio vestir y descalza. Con una voz que se afemina y se arrastra, el jefe le ordena:

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The final act unfolds on the tumultuous last night of 1894. The men of El Suspiro feast on fresh-killed lamb and quarrelsome liquor; someone endlessly strums a laborious milonga. At the table's head, Otálora, drunk, erects exultation upon exultation — that vertiginous tower is a symbol of his irresistible destiny. Bandeira, silent amid the clamor, lets the night surge on. At the twelfth bellstroke, he rises as if recalling an obligation. He knocks softly on the woman's door. She opens at once, as if awaiting summons. Half-dressed and barefoot, she emerges. In a voice grown effeminate and slurring, the boss commands:

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—Ya que vos y el porteño se quieren tanto, ahora mismo le vas a dar un beso a vista de todos.

80

"Since you and the Buenos Aires man fancy each other so, you'll kiss him now before us all."

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Agrega una circunstancia brutal. La mujer quiere resistir, pero dos hombres la han tomado del brazo y la echan sobre Otálora. Arrasada en lágrimas, le besa la cara y el pecho. Ulpiano Suárez ha empuñado el revólver. Otálora comprende, antes de morir, que desde el principio lo han traicionado, que ha sido condenado a muerte, que le han permitido el amor, el mando y el triunfo, porque ya lo daban por muerto, porque para Bandeira ya estaba muerto.

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He adds a brutal stipulation. The woman resists, but two men seize her arms and thrust her onto Otálora. Drowned in tears, she kisses his face and chest. Ulpiano Suárez has drawn his revolver. Otálora understands, before dying, that he has been betrayed from the start — condemned to death, permitted love and command and triumph only because they counted him already dead, because for Bandeira he was already dead.

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Suárez, casi con desdén, hace fuego.

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Suárez fires, almost disdainfully.

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Los teólogos

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The Theologians

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Arrasado el jardín, profanados los cálices y las aras, entraron a caballo los hunos en la biblioteca monástica y rompieron los libros incomprensibles y los vituperaron y los quemaron, acaso temerosos de que las letras encubrieran blasfemias contra su dios, que era una cimitarra de hierro. Ardieron palimpsestos y códices, pero en el corazón de la hoguera, entre la ceniza, perduró casi intacto el libro duodécimo de la Civitas Dei, que narra que Platón enseñó en Atenas que, al cabo de los siglos, todas las cosas recuperarán su estado anterior, y él, en Atenas, ante el mismo auditorio, de nuevo enseñará esa doctrina. El texto que las llamas perdonaron gozó de una veneración especial y quienes lo leyeron y releyeron en esa remota provincia dieron en olvidar que el autor sólo declaró esa doctrina para poder mejor confutarla. Un siglo después, Aureliano, coadjutor de Aquilea, supo que a orillas del Danubio la novísima secta de los monótonos (llamados también anulares) profesaba que la historia es un círculo y que nada es que no haya sido y que no será. En las montañas, la Rueda y la Serpiente habían desplazado a la Cruz. Todos temían, pero todos se confortaban con el rumor de que Juan de Panonia, que se había distinguido por un tratado sobre el séptimo atributo de Dios, iba a impugnar tan abominable herejía.

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With the garden ravaged, the chalices and altars profaned, the Huns rode into the monastic library and tore apart the incomprehensible books, reviling and burning them, perhaps fearing that the letters concealed blasphemies against their god, which was an iron scimitar. Palimpsests and codices burned, but at the heart of the pyre, amid the ashes, the twelfth book of the City of God endured nearly intact, which recounts how Plato taught in Athens that after centuries all things would regain their former state, and he, in Athens, before the same audience, would once again teach that doctrine. The text spared by the flames enjoyed special veneration, and those who read and reread it in that remote province came to forget that the author had proclaimed this doctrine only to better refute it. A century later, Aurelian, coadjutor of Aquileia, learned that along the Danube the new sect of Monotonists (also called Annulars) professed that history is a circle and that nothing exists which has not been and will not be. In the mountains, the Wheel and the Serpent had displaced the Cross. All feared, yet all took comfort in the rumor that John of Pannonia, distinguished for his treatise on the seventh attribute of God, would refute such an abominable heresy.

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Aureliano deploró esas nuevas, sobre todo la última. Sabía que en materia teológica no hay novedad sin riesgo; luego reflexionó que la tesis de un tiempo circular era demasiado disímil, demasiado asombrosa, para que el riesgo fuera grave. (Las herejías que debemos temer son las que pueden confundirse con la ortodoxia). Más le dolió la intervención —la intrusión— de Juan de Panonia. Hace dos años, éste había usurpado con su verboso De septima affectione Dei sive de æternitate un asunto de la especialidad de Aureliano; ahora, como si el problema del tiempo le perteneciera, iba a rectificar, tal vez con argumentos de Procusto, con triacas más temibles que la Serpiente, a los anulares… Esa noche, Aureliano pasó las hojas del antiguo diálogo de Plutarco sobre la cesación de los oráculos; en el párrafo veintinueve, leyó una burla contra los estoicos que defienden un infinito ciclo de mundos, con infinitos soles, lunas, Apolos, Dianas y Poseidones. El hallazgo le pareció un pronóstico favorable; resolvió adelantarse a Juan de Panonia y refutar a los heréticos de la Rueda.

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Aurelian lamented these tidings, especially the latter. He knew that in theological matters novelty always carried risk; then he reflected that the thesis of circular time was too dissimilar, too astonishing, to pose grave danger. (The heresies we must fear are those that could be confused with orthodoxy.) More painful to him was the intervention—the intrusion—of John of Pannonia. Two years prior, the latter had usurped with his verbose De septima affectione Dei sive de æternitate a subject within Aurelian’s specialty; now, as if the problem of time were his domain, he sought to rectify the Annulars, perhaps with Procrustean arguments, with antidotes more fearsome than the Serpent... That night, Aurelian leafed through Plutarch’s ancient dialogue on the cessation of oracles; in the twenty-ninth paragraph, he read a mockery of the Stoics who defend an infinite cycle of worlds with infinite suns, moons, Apollos, Dianas, and Poseidons. The discovery seemed a favorable omen; he resolved to forestall John of Pannonia and refute the heretics of the Wheel.

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Hay quien busca el amor de una mujer para olvidarse de ella, para no pensar más en ella; Aureliano, parejamente, quería superar a Juan de Panonia para curarse del rencor que éste le infundía, no para hacerle mal. Atemperado por el mero trabajo, por la fabricación de silogismos y la invención de injurias, por los nego y los autem y los nequaquam, pudo olvidar ese rencor. Erigió vastos y casi inextricables períodos, estorbados de incisos, donde la negligencia y el solecismo parecían formas del desdén. De la cacofonía hizo un instrumento. Previo que Juan fulminaría a los anulares con gravedad profética; optó, para no coincidir con él, por el escarnio. Agustín había escrito que Jesús es la vía recta que nos salva del laberinto circular en que andan los impíos; Aureliano, laboriosamente trivial, los equiparó con Ixión, con el hígado de Prometeo, con Sísifo, con aquel rey de Tebas que vio dos soles, con la tartamudez, con loros, con espejos, con ecos, con muías de noria y con silogismos bicornutos. (Las fábulas gentílicas perduraban, rebajadas a adornos). Como todo poseedor de una biblioteca, Aureliano se sabía culpable de no conocerla hasta el fin; esa controversia le permitió cumplir con muchos libros que parecían reprocharle su incuria. Así pudo engastar un pasaje de la obra De principiis de Orígenes, donde se niega que Judas Iscariote volverá a vender al Señor, y Pablo a presenciar en Jerusalén el martirio de Esteban, y otro de los Academica priora de Cicerón, en el que éste se burla de quienes sueñan que mientras él conversa con Lúculo, otros Lúculos y otros Cicerones, en número infinito, dicen puntualmente lo mismo, en infinitos mundos iguales. Además, esgrimió contra los monótonos el texto de Plutarco y denunció lo escandaloso de que a un idólatra le valiera más el lumen naturæ que a ellos la palabra de Dios. Nueve días le tomó ese trabajo; el décimo, le fue remitido un traslado de la refutación de Juan de Panonia.

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There are those who seek a woman’s love to forget her, to think of her no more; Aurelian, in parallel, sought to surpass John of Pannonia to cure himself of the rancor the man inspired, not to do him harm. Tempered by sheer labor—by forging syllogisms, inventing insults, by nego and autem and nequaquam—he managed to forget that rancor. He erected vast, nearly impenetrable periods cluttered with clauses, where negligence and solecism seemed forms of disdain. Cacophony became his instrument. He foresaw that John would thunder against the Annulars with prophetic gravity; to avoid coincidence, he chose derision. Augustine had written that Jesus is the straight path saving us from the circular labyrinth where the impious wander; Aurelian, laboriously trivial, likened them to Ixion, to Prometheus’ liver, to Sisyphus, to that Theban king who saw two suns, to stammering, to parrots, to mirrors, to echoes, to mill-mules, and to two-horned syllogisms. (Pagan fables endured, diminished to ornaments.) Like all possessors of a library, Aurelian felt guilty for not knowing it fully; this controversy allowed him to fulfill his duty toward many books that seemed to reproach his neglect. Thus he could embed a passage from Origen’s De principiis, which denies that Judas Iscariot will again betray the Lord or Paul witness Stephen’s martyrdom in Jerusalem, and another from Cicero’s Academica priora, where he mocks those who dream that while he converses with Lucullus, other Luculluses and other Ciceros, infinite in number, utter precisely the same words in infinite identical worlds. Moreover, he wielded Plutarch’s text against the Monotonists and denounced the scandal that an idolater’s lumen naturæ should avail him more than God’s word. Nine days this labor took; on the tenth, a transcript of John of Pannonia’s refutation reached him.

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Era casi irrisoriamente breve; Aureliano la miró con desdén y luego con temor. La primera parte glosaba los versículos terminales del noveno capítulo de la Epístola a los Hebreos, donde se dice que Jesús no fue sacrificado muchas veces desde el principio del mundo, sino ahora una vez en la consumación de los siglos. La segunda alegaba el precepto bíblico sobre las vanas repeticiones de los gentiles (Mateo 6:7) y aquel pasaje del séptimo libro de Plinio, que pondera que en el dilatado universo no hay dos caras iguales. Juan de Panonia declaraba que tampoco hay dos almas y que el pecador más vil es precioso como la sangre que por él vertió Jesucristo. El acto de un solo hombre (afirmó) pesa más que los nueve cielos concéntricos y trasoñar que puede perderse y volver es una aparatosa frivolidad. El tiempo no rehace lo que perdemos; la eternidad lo guarda para la gloria y también para el fuego. El tratado era límpido, universal; no parecía redactado por una persona concreta, sino por cualquier hombre o, quizá, por todos los hombres.

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It was almost laughably brief; Aurelian regarded it with scorn, then with dread. The first part glossed the closing verses of the ninth chapter of the Epistle to the Hebrews, which state that Christ was not sacrificed many times since the foundation of the world, but once in the consummation of the ages. The second cited the biblical precept against vain repetitions by the Gentiles (Matthew 6:7) and a passage from Pliny’s seventh book extolling how in the vast universe no two faces are alike. John of Pannonia declared that neither are there two souls, and that the vilest sinner is as precious as the blood Christ shed for him. The act of a single man (he affirmed) outweighs the nine concentric heavens, and to presume that what is lost may return is frivolous pageantry. Time does not remake what we lose; eternity preserves it for glory and for fire. The treatise was lucid, universal; it seemed written not by any concrete person but by any man—or perhaps by all men.

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Aureliano sintió una humillación casi física. Pensó destruir o reformar su propio trabajo, luego, con rencorosa probidad, lo mandó a Roma sin modificar una letra. Meses después, cuando se juntó el concilio de Pérgamo, el teólogo encargado de impugnar los errores de los monótonos fue (previsiblemente) Juan de Panonia; su docta y mesurada refutación bastó para que Euforbo, heresiarca, fuera condenado a la hoguera. Esto ha ocurrido y volverá a ocurrir, dijo Euforbo. No encendéis una pira, encendéis un laberinto de fuego. Si aquí se unieran todas las hogueras que he sido, no cabrían en la tierra y quedarían ciegos los ángeles. Esto lo dije muchas veces. Después gritó, porque lo alcanzaron las llamas.

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Aurelian felt a near-physical humiliation. He considered destroying or revising his own work, then with spiteful integrity sent it to Rome unaltered. Months later, when the Council of Pergamon convened, the theologian charged with refuting the errors of the Monotones was (predictably) John of Pannonia; his learned and measured rebuttal sufficed to condemn Euphorbus, the heresiarch, to the pyre. This has happened and shall happen again, declared Euphorbus. You kindle not a pyre but a labyrinth of fire. Were all the pyres I have been to converge here, they would not fit upon the earth and angels would be blinded. Thus I proclaimed many times. Then he screamed, for the flames reached him.

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Cayó la Rueda ante la Cruz[3], pero Aureliano y Juan prosiguieron su batalla secreta. Militaban los dos en el mismo ejército, anhelaban el mismo galardón, guerreaban contra el mismo Enemigo, pero Aureliano no escribió una palabra que inconfesablemente no propendiera a superar a Juan. Su duelo fue invisible; si los copiosos índices no me engañan, no figura una sola vez el nombre del otro en los muchos volúmenes de Aureliano que atesora la Patrología de Migne. (De las obras de Juan, sólo han perdurado veinte palabras). Los dos desaprobaron los anatemas del segundo concilio de Constantinopla; los dos persiguieron a los arríanos, que negaban la generación eterna del Hijo; los dos atestiguaron la ortodoxia de la Topographia christiana de Cosmas, que enseña que la tierra es cuadrangular, como el tabernáculo hebreo. Desgraciadamente, por los cuatro ángulos de la tierra cundió otra tempestuosa herejía. Oriunda del Egipto o del Asia (porque los testimonios difieren y Bossuet no quiere admitir las razones de Harnack), infestó las provincias orientales y erigió santuarios en Macedonia, en Cartago y en Tréveris. Pareció estar en todas partes; se dijo que en la diócesis de Britania habían sido invertidos los crucifijos y que a la imagen del Señor, en Cesárea, la había suplantado un espejo. El espejo y el óbolo eran emblemas de los nuevos cismáticos.

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The Wheel fell before the Cross[3], yet Aurelian and John continued their secret battle. Both belonged to the same army, coveted the same laurels, waged war against the same Enemy, but Aurelian penned no word that did not secretly strive to surpass John. Their duel remained invisible; if the voluminous indices do not deceive me, the name of the other never once appears in the many tomes of Aurelian preserved in Migne's Patrology. (From John's works, only twenty words survive.) Both decried the anathemas of the Second Council of Constantinople; both persecuted the Arians, who denied the eternal generation of the Son; both attested to the orthodoxy of Cosmas' Christian Topography, which teaches that the earth is quadrangular, like the Hebrew tabernacle. Unfortunately, another tempestuous heresy spread from the four corners of the earth. Originating in Egypt or Asia (for accounts differ, and Bossuet rejects Harnack's arguments), it infested eastern provinces and raised sanctuaries in Macedonia, Carthage, and Trier. It seemed omnipresent; rumors claimed crosses had been inverted in the diocese of Britain and that in Caesarea, a mirror had supplanted the image of the Lord. The mirror and the obolus became emblems of the new schismatics.

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La historia los conoce por muchos nombres (especulares, abismales, cainitas), pero de todos el más recibido es histriones, que Aureliano les dio y que ellos con atrevimiento adoptaron. En Frigia les dijeron simulacros, y también en Dardania. Juan Damasceno los llamó formas; justo es advertir que el pasaje ha sido rechazado por Erfjord. No hay heresiólogo que con estupor no refiera sus desaforadas costumbres. Muchos histriones profesaron el ascetismo; alguno se mutiló, como Orígenes; otros moraron bajo tierra, en las cloacas; otros se arrancaron los ojos; otros (los nabucodonosores de Nitria) «pacían como los bueyes y su pelo crecía como de águila». De la mortificación y el rigor pasaban, muchas veces, al crimen; ciertas comunidades toleraban el robo; otras, el homicidio; otras, la sodomía, el incesto y la bestialidad. Todas eran blasfemas; no sólo maldecían del Dios cristiano, sino de las arcanas divinidades de su propio panteón. Maquinaron libros sagrados, cuya desaparición deploran los doctos. Sir Thomas Browne, hacia 1658, escribió «El tiempo ha aniquilado los ambiciosos Evangelios Histriónicos, no las Injurias con que se fustigó su Impiedad»: Erfjord ha sugerido que esas «injurias» (que preserva un códice griego) son los evangelios perdidos. Ello es incomprensible, si ignoramos la cosmología de los histriones.

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History knows them by many names (Speculars, Abyssals, Cainites), but the most widely received is Histriones, given by Aurelian and boldly adopted by them. In Phrygia they were called Simulacra, and likewise in Dardania. John Damascene named them Forms; it bears noting that Erfjord rejected this passage. No heresiologist fails to recount their outrageous customs with astonishment. Many Histriones practiced asceticism; some mutilated themselves like Origen; others dwelled underground in sewers; others plucked out their eyes; still others (the Nebuchadnezzars of Nitria) "grazed like oxen while their hair grew eagle's wings." From mortification they often lapsed into crime: certain communities tolerated theft; others, murder; others, sodomy, incest, and bestiality. All were blasphemous, cursing not only the Christian God but the arcane deities of their own pantheon. They devised sacred texts whose loss scholars lament. Sir Thomas Browne wrote circa 1658: Time hath annihilated the ambitious Histrionic Gospels, but not the Invectives whereby their Impiety was scourged; Erfjord suggests these "invectives" (preserved in a Greek codex) are the lost gospels. This remains incomprehensible without knowledge of the Histriones' cosmology.

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En los libros herméticos está escrito que lo que hay abajo es igual a lo que hay arriba, y lo que hay arriba, igual a lo que hay abajo; en el Zohar, que el mundo inferior es reflejo del superior. Los histriones fundaron su doctrina sobre una perversión de esa idea. Invocaron a Mateo 6:12 («perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores») y 11:12 («el reino de los cielos padece fuerza») para demostrar que la tierra influye en el cielo, y a I Corintios 13:12 («vemos ahora por espejo, en oscuridad») para demostrar que todo lo que vemos es falso. Quizá contaminados por los monótonos, imaginaron que todo hombre es dos hombres y que el verdadero es el otro, el que está en el cielo.

92

Hermetic writings state that what is below mirrors what is above, and the Zohar declares the lower world reflects the higher. The Histriones perverted this doctrine. Citing Matthew 6:12 (forgive us our debts as we forgive our debtors) and 11:12 (the kingdom of heaven suffereth violence), they argued earthly actions influence heaven, while I Corinthians 13:12 (we see through a glass, darkly) proved all visible things false. Perhaps contaminated by the Monotones, they imagined each man to be two men, the true self being the other who dwells in heaven.

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También imaginaron que nuestros actos proyectan un reflejo invertido, de suerte que si velamos, el otro duerme, si fornicamos, el otro es casto, si robamos, el otro es generoso. Muertos, nos uniremos a él y seremos él. (Algún eco de esas doctrinas perduró en Bloy). Otros histriones discurrieron que el mundo concluiría cuando se agotara la cifra de sus posibilidades; ya que no puede haber repeticiones, el justo debe eliminar (cometer) los actos más infames, para que éstos no manchen el porvenir y para acelerar el advenimiento del reino de Jesús. Ese artículo fue negado por otras sectas, que defendieron que la historia del mundo debe cumplirse en cada hombre. Los más, como Pitágoras, deberán transmigrar por muchos cuerpos antes de obtener su liberación; algunos, los proteicos, «en el término de una sola vida son leones, son dragones, son jabalíes, son agua y son un árbol». Demóstenes refiere la purificación por el fango a que eran sometidos los iniciados en los misterios órficos; los proteicos, analógicamente, buscaron la purificación por el mal. Entendieron, como Carpócrates, que nadie saldrá de la cárcel hasta pagar el último óbolo (Lucas 12:59), y solían embaucar a los penitentes con este otro versículo: «Yo he venido para que tengan vida los hombres y para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10). También decían que no ser un malvado es una soberbia satánica… Muchas y divergentes mitologías urdieron los histriones; unos predicaron el ascetismo, otros la licencia, todos la confusión. Teopompo, histrión de Berenice, negó todas las fábulas; dijo que cada hombre es un órgano que proyecta la divinidad para sentir el mundo.

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They further conceived that our acts cast inverted reflections: when we wake, the other sleeps; when we fornicate, he remains chaste; when we steal, he gives alms. In death, we merge with him and become him. (Some echo of these doctrines lingered in Bloy). Other Histriones reasoned the world would end when its possibilities were exhausted; since repetitions are impossible, the righteous must commit the vilest acts to prevent their recurrence and hasten Christ's kingdom. This tenet was denied by rival sects advocating that each man must relive world history. Most, like Pythagoras, would transmigrate through many bodies before liberation; others, the Proteans, "within a single lifespan become lions, dragons, boars, water, and trees." Demosthenes recounts the mud purification of Orphic initiates; analogously, Proteans sought purification through evil. Following Carpocrates, they held none shall escape prison until paying the last obolus (Luke 12:59), and beguiled penitents with John 10:10: I am come that they might have life, and that they might have it more abundantly. They also preached that virtue was satanic pride... The Histriones wove manifold mythologies: some preached asceticism, others license, all confusion. Theopompus, a Histrio of Berenice, rejected all fables, declaring each man an organ through which divinity perceives the world.

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Los herejes de la diócesis de Aureliano eran de los que afirmaban que el tiempo no tolera repeticiones, no de los que afirmaban que todo acto se refleja en el cielo. Esa circunstancia era rara; en un informe a las autoridades romanas, Aureliano la mencionó. El prelado que recibiría el informe era confesor de la emperatriz; nadie ignoraba que ese ministerio exigente le vedaba las íntimas delicias de la teología especulativa. Su secretario —antiguo colaborador de Juan de Panonia, ahora enemistado con él— gozaba del renombre de puntualísimo inquisidor de heterodoxias; Aureliano agregó una exposición de la herejía histriónica, tal como ésta se daba en los conventículos de Genua y de Aquilea. Redactó unos párrafos; cuando quiso escribir la tesis atroz de que no hay dos instantes iguales, su pluma se detuvo. No dio con la fórmula necesaria; las admoniciones de la nueva doctrina («¿Quieres ver lo que no vieron ojos humanos? Mira la luna. ¿Quieres oír lo que los oídos no oyeron? Oye el grito del pájaro. ¿Quieres tocar lo que no tocaron las manos? Toca la tierra. Verdaderamente digo que Dios está por crear el mundo») eran harto afectadas y metafóricas para la transcripción. De pronto, una oración de veinte palabras se presentó a su espíritu. La escribió, gozoso; inmediatamente después, lo inquietó la sospecha de que era ajena. Al día siguiente, recordó que la había leído hacía muchos años en el Adversus annulares que compuso Juan de Panonia. Verificó la cita; ahí estaba. La incertidumbre lo atormentó. Variar o suprimir esas palabras, era debilitar la expresión; dejarlas, era plagiar a un hombre que aborrecía; indicar la fuente, era denunciarlo. Imploró el socorro divino. Hacia el principio del segundo crepúsculo, el ángel de su guarda le dictó una solución intermedia. Aureliano conservó las palabras, pero les antepuso este aviso: Lo que ladran ahora los heresiarcas para confusión de la fe, lo dijo en este siglo un varón doctísimo, con más ligereza que culpa. Después, ocurrió lo temido, lo esperado, lo inevitable. Aureliano tuvo que declarar quién era ese varón; Juan de Panonia fue acusado de profesar opiniones heréticas.

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The heretics of Aurelian's diocese were among those who affirmed that time tolerates no repetitions, not those who claimed every act is reflected in heaven. This circumstance was singular; in a report to the Roman authorities, Aurelian mentioned it. The prelate destined to receive the report served as confessor to the Empress; none could ignore that such an exacting ministry barred him from the intimate delights of speculative theology. His secretary —formerly a collaborator of John of Pannonia, now estranged from him— enjoyed renown as a most punctilious inquisitor of heterodoxies; Aurelian appended an exposition of the Histrionic heresy as it manifested in the conventicles of Genoa and Aquileia. He drafted several paragraphs; when attempting to transcribe the atrocious thesis that no two instants are equal, his pen halted. He could not find the necessary formula; the admonitions of the new doctrine ("Would you behold what no mortal eyes have seen? Gaze upon the moon. Would you hear what no ears have heard? Harken to the bird's cry. Would you touch what no hands have touched? Feel the earth. Verily I say unto you that God is about to create the world") proved too florid and metaphorical for transcription. Suddenly, a sentence of twenty words presented itself to his mind. He wrote it joyfully; immediately afterward, he was troubled by the suspicion that it was not his own. The following day, he recalled having read it many years prior in John of Pannonia's Adversus annulares. He verified the citation; there it stood. Uncertainty tormented him. To alter or suppress those words would weaken the expression; to retain them meant plagiarizing a man he abhorred; to cite the source meant denouncing him. He implored divine succor. Toward dawn's second twilight, his guardian angel dictated an intermediate solution. Aurelian preserved the words but prefaced them with this notice: What the heresiarchs now bark forth to faith's confusion was uttered in this age by a most learned man, more in levity than in guilt. Then came the feared, expected, inevitable consequence. Aurelian had to declare who this man was; John of Pannonia stood accused of professing heretical opinions.

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Cuatro meses después, un herrero del Aventino, alucinado por los engaños de los histriones, cargó sobre los hombros de su hijito una gran esfera de hierro, para que su doble volara. El niño murió; el horror engendrado por ese crimen impuso una intachable severidad a los jueces de Juan. Éste no quiso retractarse; repitió que negar su proposición era incurrir en la pestilencial herejía de los monótonos. No entendió (no quiso entender) que hablar de los monótonos era hablar de lo ya olvidado. Con insistencia algo senil, prodigó los periodos más brillantes de sus viejas polémicas; los jueces ni siquiera oían lo que los arrebató alguna vez. En lugar de tratar de purificarse de la más leve mácula de histrionismo, se esforzó en demostrar que la proposición de que lo acusaban era rigurosamente ortodoxa. Discutió con los hombres de cuyo fallo dependía su suerte y cometió la máxima torpeza de hacerlo con ingenio y con ironía. El veintiséis de octubre, al cabo de una discusión que duró tres días y tres noches, lo sentenciaron a morir en la hoguera.

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Four months later, an Aventine blacksmith —deluded by the Histriones' deceptions— placed a great iron sphere upon his son's shoulders so that his double might soar. The child died; the horror spawned by this crime compelled the judges of John to adopt impeccable severity. He refused to recant; he reiterated that to deny his proposition was to succumb to the pestilential heresy of the Monotonists. He did not grasp (or feigned not to grasp) that to speak of the Monotonists was to invoke forgotten matters. With something senile in his insistence, he brandished the most brilliant passages from his old polemics; the judges no longer heard what had once enraptured them. Instead of seeking to cleanse himself from the faintest taint of Histrionism, he strove to demonstrate the rigorous orthodoxy of the proposition for which he stood accused. He argued with the men whose verdict would seal his fate and committed the supreme folly of doing so with wit and irony. On the twenty-sixth of October, after a three-day-and-night disputation, they condemned him to perish at the stake.

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Aureliano presenció la ejecución, porque no hacerlo era confesarse culpable. El lugar del suplicio era una colina, en cuya verde cumbre había un palo, hincado profundamente en el suelo, y en torno muchos haces de leña. Un ministro leyó la sentencia del tribunal. Bajo el sol de las doce, Juan de Panonia yacía con la cara en el polvo, lanzando bestiales aullidos. Arañaba la tierra, pero los verdugos lo arrancaron, lo desnudaron y por fin lo amarraron a la picota. En la cabeza le pusieron una corona de paja untada de azufre; al lado, un ejemplar del pestilente Adversus annulares. Había llovido la noche antes y la leña ardía mal. Juan de Panonia rezó en griego y luego en un idioma desconocido. La hoguera iba a llevárselo, cuando Aureliano se atrevió a alzar los ojos. Las ráfagas ardientes se detuvieron; Aureliano vio por primera y última vez el rostro del odiado. Le recordó el de alguien, pero no pudo precisar el de quién. Después, las llamas lo perdieron; después gritó y fue como si un incendio gritara.

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Aurelian witnessed the execution, for to abstain would have been to confess guilt. The place of torment was a hill, its green summit crowned by a stake driven deep into the earth, surrounded by bundles of firewood. A minister read the tribunal's sentence. Under the noon sun, John of Pannonia lay face down in the dust, emitting bestial howls. He clawed at the ground, but the executioners tore him away, stripped him naked, and finally bound him to the pillory. Upon his head they placed a straw crown smeared with sulfur; beside him lay a copy of the pestilential Adversus annulares. The previous night's rain had left the wood damp; the pyre burned poorly. John prayed in Greek, then in an unknown tongue. As the flames were about to consume him, Aurelian dared lift his gaze. The fiery gusts halted; Aurelian saw for the first and last time the face of the man he hated. It reminded him of someone's countenance, though whose he could not say. Then the flames claimed him; then he screamed, as though fire itself had found a voice.

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Plutarco ha referido que Julio César lloró la muerte de Pompeyo; Aureliano no lloró la de Juan, pero sintió lo que sentiría un hombre curado de una enfermedad incurable, que ya fuera una parte de su vida. En Aquilea, en Éfeso, en Macedonia, dejó que sobre él pasaran los años. Buscó los arduos límites del Imperio, las torpes ciénagas y los contemplativos desiertos, para que lo ayudara la soledad a entender su destino. En una celda mauritana, en la noche cargada de leones, repensó la compleja acusación contra Juan de Panonia y justificó, por enésima vez, el dictamen. Más le costó justificar su tortuosa denuncia. En Rusaddir predicó el anacrónico sermón Luz de las luces encendida en la carne de un réprobo. En Hibernia, en una de las chozas de un monasterio cercado por la selva, lo sorprendió una noche, hacia el alba, el rumor de la lluvia. Recordó una noche romana en que lo había sorprendido, también, ese minucioso rumor. Un rayo, al mediodía, incendió los árboles y Aureliano pudo morir como había muerto Juan.

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Plutarch relates that Julius Caesar wept for Pompey's death; Aurelian did not weep for John's, yet felt what a man cured of an incurable malady might feel - an absence that had once been part of his life. In Aquileia, Ephesus, Macedonia, he let the years pass over him. He sought the Empire's arduous frontiers - the cloddish marshes and contemplative deserts - that solitude might aid him in comprehending his destiny. In a Mauritanian cell, through nights heavy with lions, he reexamined the complex charges against John of Pannonia and, for the thousandth time, justified the verdict. More arduous was justifying his labyrinthine denunciation. At Rusaddir he preached the anachronistic sermon Light of Lights Kindled in the Flesh of a Reprobate. In Hibernia, within a hut of a monastery encircled by wilderness, he was startled one dawn by the murmur of rain. He recalled a Roman night when that same meticulous murmur had surprised him. At midday, lightning set trees ablaze, and Aurelian might have died as John had died.

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El final de la historia sólo es referible en metáforas, ya que pasa en el reino de los cielos, donde no hay tiempo. Tal vez cabría decir que Aureliano conversó con Dios y que Éste se interesa tan poco en diferencias religiosas que lo tomó por Juan de Panonia. Ello, sin embargo, insinuaría una confusión de la mente divina. Más correcto es decir que en el paraíso, Aureliano supo que para la insondable divinidad, él y Juan de Panonia (el ortodoxo y el hereje, el aborrecedor y el aborrecido, el acusador y la víctima) formaban una sola persona.

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The story's end can only be told through metaphors, for it unfolds in the kingdom of heaven where time holds no sway. One might say Aurelian conversed with God, and that He - so indifferent to religious distinctions - mistook him for John of Pannonia. Yet this would imply some confusion in the divine mind. More fitting to state that in paradise, Aurelian came to understand how to the unfathomable Godhead, he and John of Pannonia (the orthodox and the heretic, the abhorrer and the abhorred, the accuser and the victim) constituted a single person.

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Historia del guerrero y de la cautiva

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History of the Warrior and the Captive

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En la página 278 del libro La poesía (Bari, 1942), Croce, abreviando un texto latino del historiador Pablo el Diácono, narra la suerte y cita el epitafio de Droctulft; éstos me conmovieron singularmente, luego entendí por qué. Fue Droctulft un guerrero lombardo que en el asedio de Ravena abandonó a los suyos y murió defendiendo la ciudad que antes había atacado. Los raveneses le dieron sepultura en un templo y compusieron un epitafio en el que manifestaron su gratitud («contempsit caros, dum nos amat ille, parentes») y el peculiar contraste que se advertía entre la figura atroz de aquel bárbaro y su simplicidad y bondad:

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On page 278 of his book La Poesia (Bari, 1942), Croce summarizes a Latin text by historian Paul the Deacon to recount the fate and epitaph of Droctulft; these moved me profoundly, though I only later grasped why. Droctulft was a Lombard warrior who during the siege of Ravenna abandoned his kinsmen and died defending the city he'd formerly attacked. The Ravennese buried him in a temple and composed an epitaph expressing gratitude («contempsit caros, dum nos amat ille, parentes») and the striking contrast between the barbarian's fearsome visage and his gentle spirit:

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Terribilis visu facies mente benignus,

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Terribilis visu facies mente benignus,

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Longaque robusto pectores barba fuit![4].

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Longaque robusto pectores barba fuit![4].

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Tal es la historia del destino de Droctulft, bárbaro que murió defendiendo a Roma, o tal es el fragmento de su historia que pudo rescatar Pablo el Diácono. Ni siquiera sé en qué tiempo ocurrió: si al promediar el siglo VI, cuando los longobardos desolaron las llanuras de Italia; si en el VIII, antes de la rendición de Ravena. Imaginemos (éste no es un trabajo histórico) lo primero.

104

Such is the story of Droctulft's destiny, the barbarian who died defending Rome, or such is the fragment of his story that Paul the Deacon could rescue. I do not even know when it occurred: whether in the mid-sixth century, when the Lombards ravaged the plains of Italy; or in the eighth, before Ravenna's surrender. Let us imagine (this is not historical work) the former.

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Imaginemos, sub specie æternitatis, a Droctulft, no al individuo Droctulft, que sin duda fue único e insondable (todos los individuos lo son), sino al tipo genérico que de él y de otros muchos como él ha hecho la tradición, que es obra del olvido y de la memoria. A través de una oscura geografía de selvas y de ciénagas, las guerras lo trajeron a Italia, desde las márgenes del Danubio y del Elba, y tal vez no sabía que iba al Sur y tal vez no sabía que guerreaba contra el nombre romano. Quizá profesaba el arrianismo, que mantiene que la gloria del Hijo es reflejo de la gloria del Padre, pero más congruente es imaginarlo devoto de la Tierra, de Hertha, cuyo ídolo tapado iba de cabaña en cabaña en un carro tirado por vacas, o de los dioses de la guerra y del trueno, que eran torpes figuras de madera, envueltas en ropa tejida y recargadas de monedas y ajorcas. Venía de las selvas inextricables del jabalí y del uro; era blanco, animoso, inocente, cruel, leal a su capitán y a su tribu, no al universo. Las guerras lo traen a Ravena y ahí ve algo que no ha visto jamás, o que no ha visto con plenitud. Ve el día y los apreses y el mármol. Ve un conjunto que es múltiple sin desorden; ve una ciudad, un organismo hecho de estatuas, de templos, de jardines, de habitaciones, de gradas, de jarrones, de capiteles, de espacios regulares y abiertos. Ninguna de esas fábricas (lo sé) lo impresiona por bella; lo tocan como ahora nos tocaría una maquinaria compleja, cuyo fin ignoráramos, pero en cuyo diseño se adivinara una inteligencia inmortal. Quizá le basta ver un solo arco, con una incomprensible inscripción en eternas letras romanas. Bruscamente lo ciega y lo renueva esa revelación, la Ciudad. Sabe que en ella será un perro, o un niño, y que no empezará siquiera a entenderla, pero sabe también que ella vale más que sus dioses y que la fe jurada y que todas las ciénagas de Alemania. Droctulft abandona a los suyos y pelea por Ravena. Muere, y en la sepultura graban palabras que él no hubiera entendido:

105

Let us imagine, sub specie æternitatis, Droctulft, not the individual Droctulft who was undoubtedly unique and inscrutable (all individuals are), but the generic type tradition has made of him and many others like him - tradition, which is the work of oblivion and memory. Through an obscure geography of forests and marshes, wars brought him to Italy from the banks of the Danube and Elbe, and perhaps he did not know he was heading South nor that he fought against the Roman name. He likely professed Arianism, which holds that the Son's glory reflects the Father's, but it is more coherent to imagine him devoted to Earth, to Hertha, whose veiled idol traveled cabin to cabin on an ox-drawn cart, or to the gods of war and thunder - crude wooden figures draped in woven cloth, laden with coins and armbands. He came from the impenetrable forests of boar and aurochs; he was white, spirited, innocent, cruel, loyal to his chieftain and tribe, not to the universe. Wars bring him to Ravenna, where he sees something never before seen, or never seen in its fullness. He sees daylight and cypruses and marble. He sees a whole that is multiple yet without disorder; he sees a City, an organism made of statues, temples, gardens, dwellings, stairways, vases, capitals, regular and open spaces. None of these constructions (I know) strikes him as beautiful; they move him as a complex machine might move us today, whose purpose we ignore but in whose design we divine an immortal intelligence. Perhaps a single arch suffices him, with an incomprehensible inscription in eternal Roman letters. Suddenly that revelation, the City, blinds and renews him. He knows he will be a dog or a child within it, that he will not even begin to understand it, but he also knows it is worth more than his gods and sworn faith and all the marshes of Germany. Droctulft abandons his people and fights for Ravenna. He dies, and on his tomb they carve words he would not have understood:

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Contempsit caros, dum nos amat ille, parentes,

106

Contempsit caros, dum nos amat ille, parentes,

107

Hanc patriam reputans esse, Ravenna, suam.

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Hanc patriam reputans esse, Ravenna, suam.

108

No fue un traidor (los traidores no suelen inspirar epitafios piadosos); fue un iluminado, un converso. Al cabo de unas cuantas generaciones los longobardos que culparon al tránsfuga procedieron como él; se hicieron italianos, lombardos y acaso alguno de su sangre —Aldíger— pudo engendrar a quienes engendraron al Alighieri… Muchas conjeturas cabe aplicar al acto de Droctulft; la mía es la más económica; si no es verdadera como hecho, lo será como símbolo.

108

He was no traitor (traitors rarely inspire pious epitaphs); he was an illuminated one, a convert. After a few generations, the Lombards who condemned the turncoat came to act like him; they became Italians, Lombards, and perhaps one of his blood - Aldiger - could father those who sired Alighieri... Many conjectures apply to Droctulft's act; mine is the most economical; if not true as fact, it shall be as symbol.

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Cuando leí en el libro de Croce la historia del guerrero, ésta me conmovió de manera insólita y tuve la impresión de recuperar, bajo forma diversa, algo que había sido mío. Fugazmente pensé en los jinetes mogoles que querían hacer de la China un infinito campo de pastoreo y luego envejecieron en las ciudades que habían anhelado destruir; no era ésa la memoria que yo buscaba. La encontré al fin; era un relato que le oí alguna vez a mi abuela inglesa, que ha muerto.

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When I read the warrior's story in Croce's book, it moved me strangely, and I felt I had recovered, in altered form, something once my own. Briefly I thought of Mongol horsemen wanting to turn China into an infinite pasture, then aging in the cities they longed to destroy; this was not the memory I sought. I found it at last; it was a tale my English grandmother once told me, now deceased.

110

En 1872 mi abuelo Borges era jefe de las fronteras Norte y Oeste de Buenos Aires y Sur de Santa Fe. La comandancia estaba en Junín; más allá, a cuatro o cinco leguas uno de otro, la cadena de los fortines; más allá, lo que se denominaba entonces la Pampa y también Tierra Adentro. Alguna vez, entre maravillada y burlona, mi abuela comentó su destino de inglesa desterrada a ese fin del mundo; le dijeron que no era la única y le señalaron, meses después, una muchacha india que atravesaba lentamente la plaza. Vestía dos mantas coloradas e iba descalza; sus crenchas eran rubias. Un soldado le dijo que otra inglesa quería hablar con ella. La mujer asintió; entró en la comandancia sin temor, pero no sin recelo. En la cobriza cara, pintarrajeada de colores feroces, los ojos eran de ese azul desganado que los ingleses llaman gris. El cuerpo era ligero, como de cierva; las manos, fuertes y huesudas. Venía del desierto, de Tierra Adentro, y todo parecía quedarle chico: las puertas, las paredes, los muebles.

110

In 1872 my grandfather Borges was chief of the Northern and Western frontiers of Buenos Aires and Southern Santa Fe. The command post was in Junín; beyond lay the chain of forts; beyond that, what was then called the Pampa or Tierra Adentro. Once, half-amused and half-awed, my grandmother spoke of her fate as an Englishwoman exiled to this end of the world; they told her she wasn't alone and pointed out months later an Indian girl slowly crossing the square. She wore two red blankets and went barefoot; her braids were blond. A soldier said another Englishwoman wished to speak with her. The woman agreed; she entered the command post without fear but not without wariness. On her coppery face painted with fierce colors, the eyes were of that listless blue the English call gray. Her body was light, like a doe's; her hands, strong and bony. She came from the desert, from Tierra Adentro, and everything seemed too small for her: doors, walls, furniture.

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Quizá las dos mujeres por un instante se sintieron hermanas, estaban lejos de su isla querida y en un increíble país. Mi abuela enunció alguna pregunta; la otra le respondió con dificultad, buscando las palabras y repitiéndolas, como asombrada de un antiguo sabor. Haría quince años que no hablaba el idioma natal y no le era fácil recuperarlo. Dijo que era de Yorkshire, que sus padres emigraron a Buenos Aires, que los había perdido en un malón, que la habían llevado los indios y que ahora era mujer de un capitanejo, a quien ya había dado dos hijos y que era muy valiente. Eso lo fue diciendo en un inglés rústico, entreverado de araucano o de pampa, y detrás del relato se vislumbraba una vida feral: los toldos de cuero de caballo, las hogueras de estiércol, los festines de carne chamuscada o de vísceras crudas, las sigilosas marchas al alba; el asalto de los corrales, el alarido y el saqueo, la guerra, el caudaloso arreo de las haciendas por jinetes desnudos, la poligamia, la hediondez y la magia. A esa barbarie se había rebajado una inglesa. Movida por la lástima y el escándalo, mi abuela la exhortó a no volver. Juró ampararla, juró rescatar a sus hijos. La otra le contestó que era feliz y volvió, esa noche, al desierto. Francisco Borges moriría poco después en la revolución del 74; quizá mi abuela, entonces, pudo percibir en la otra mujer, también arrebatada y transformada por este continente implacable, un espejo monstruoso de su destino…

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Perhaps for a moment the two women felt like sisters, being far from their beloved island in an incredible country. My grandmother asked a question; the other replied haltingly, searching for words and repeating them, as if tasting their ancient flavor. Fifteen years had passed since she last spoke her native tongue, and recovery proved difficult. She said she was from Yorkshire, that her parents emigrated to Buenos Aires, that she lost them in an Indian raid, that the Indians took her, and that she was now wife to a minor chief, to whom she'd borne two sons and who was very brave. She told this in rustic English interlaced with Araucanian or Pampa, and behind the tale loomed a feral life: horsehide tents, dung fires, feasts of charred meat or raw entrails, stealthy dawn marches; corral raids, war whoops and pillage, the thundering herds driven by naked horsemen, polygamy, stench and magic. To this barbarism had an Englishwoman sunk. Moved by pity and outrage, my grandmother urged her not to return. She vowed protection, vowed to rescue her children. The other replied she was happy and returned that night to the desert. Francisco Borges would soon die in the 1874 revolution; perhaps my grandmother then saw in this other woman - also seized and transformed by the implacable continent - a monstrous mirror of her own destiny...

112

Todos los años, la india rubia solía llegar a las pulperías de Junín, o del Fuerte Lavalle, en procura de baratijas y «vicios»; no apareció, desde la conversación con mi abuela. Sin embargo, se vieron otra vez. Mi abuela había salido a cazar; en un rancho, cerca de los bañados, un hombre degollaba una oveja. Como en un sueño, pasó la india a caballo. Se tiró al suelo y bebió la sangre caliente. No sé si lo hizo porque ya no podía obrar de otro modo, o como un desafío y un signo.

112

Each year, the fair-haired Indian woman would come to the taverns of Junín or Fort Lavalle seeking trinkets and "vices"; she never appeared again after conversing with my grandmother. Yet they did meet once more. My grandmother had gone hunting; near the marshes, in a hut, a man was slaughtering a sheep. As if in a dream, the Indian woman rode by. She dismounted and drank the warm blood. I know not whether she did this because she could no longer act otherwise, or as a challenge and a sign.

113

Mil trescientos años y el mar median entre el destino de la cautiva y el destino de Droctulft. Los dos, ahora, son igualmente irrecuperables. La figura del bárbaro que abraza la causa de Ravena, la figura de la mujer europea que opta por el desierto, pueden parecer antagónicos. Sin embargo, a los dos los arrebató un ímpetu secreto, un ímpetu más hondo que la razón, y los dos acataron ese ímpetu que no hubieran sabido justificar. Acaso las historias que he referido son una sola historia. El anverso y el reverso de esta moneda son, para Dios, iguales.

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Thirteen centuries and an ocean lie between the fates of the captive woman and Droctulft. Both are now equally irrecoverable. The figure of the barbarian who embraced the cause of Ravenna and the figure of the European woman who chose the desert may seem antagonistic. Yet both were seized by a secret impulse, an impulse deeper than reason, and both heeded it though they could not justify it. Perhaps the stories I have recounted are one story. The obverse and reverse of this coin are, to God, identical.

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A Ulrike von Kühlmann

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To Ulrike von Kühlmann

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Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)

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Biography of Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874)

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I’m looking for the face I had

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I’m looking for the face I had

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Before the world was made.

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Before the world was made.

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YEATS, The Winding Stair

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YEATS, The Winding Stair

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El seis de febrero de 1829, los montoneros que, hostigados ya por Lavalle, marchaban desde el Sur para incorporarse a las divisiones de López, hicieron alto en una estancia cuyo nombre ignoraban, a tres o cuatro leguas del Pergamino; hacia el alba, uno de los hombres tuvo una pesadilla tenaz: en la penumbra del galpón, el confuso grito despertó a la mujer que dormía con él. Nadie sabe lo que soñó, pues al otro día, a las cuatro, los montoneros fueron desbaratados por la caballería de Suárez y la persecución duró nueve leguas, hasta los pajonales ya lóbregos, y el hombre pereció en una zanja, partido el cráneo por un sable de las guerras del Perú y del Brasil. La mujer se llamaba Isidora Cruz; el hijo que tuvo recibió el nombre de Tadeo Isidoro.

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On February 6, 1829, the montoneros who, harried by Lavalle's forces, were marching north from the South to join López's divisions, halted at an unnamed estate three or four leagues from Pergamino. Toward dawn, one of the men suffered an obstinate nightmare: in the shadowy barn, his muffled cry awoke the woman sleeping beside him. None learned what he dreamed, for the next day at four o'clock, the montoneros were routed by Suárez's cavalry, and the pursuit stretched nine leagues to the already gloomy marshlands. The man died in a ditch, his skull split by a saber from the Peruvian and Brazilian wars. The woman was Isidora Cruz; the son she bore was named Tadeo Isidoro.

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Mi propósito no es repetir su historia. De los días y noches que la componen, sólo me interesa una noche; del resto no referiré sino lo indispensable para que esa noche se entienda. La aventura consta en un libro insigne; es decir, en un libro cuya materia puede ser todo para todos (I Corintios 9:22), pues es capaz de casi inagotables repeticiones, versiones, perversiones. Quienes han comentado, y son muchos, la historia de Tadeo Isidoro, destacan el influjo de la llanura sobre su formación, pero gauchos idénticos a él nacieron y murieron en las selváticas riberas del Paraná y en las cuchillas orientales. Vivió, eso sí, en un mundo de barbarie monótona. Cuando, en 1874, murió de una viruela negra, no había visto jamás una montaña ni un pico de gas ni un molino. Tampoco una ciudad. En 1849, fue a Buenos Aires con una tropa del establecimiento de Francisco Xavier Acevedo; los troperos entraron en la ciudad para vaciar el cinto; Cruz, receloso, no salió de una fonda en el vecindario de los corrales. Pasó ahí muchos días, taciturno, durmiendo en la tierra, mateando, levantándose al alba y recogiéndose a la oración. Comprendió (más allá de las palabras y aun del entendimiento) que nada tenía que ver con él la ciudad. Uno de los peones, borracho, se burló de él. Cruz no le replicó, pero en las noches del regreso, junto al fogón, el otro menudeaba las burlas, y entonces Cruz (que antes no había demostrado rencor, ni siquiera disgusto) lo tendió de una puñalada. Prófugo, hubo de guarecerse en un fachinal; noches después, el grito de un chajá le advirtió que lo había cercado la policía. Probó el cuchillo en una mata; para que no le estorbaran en la de a pie, se quitó las espuelas. Prefirió pelear a entregarse. Fue herido en el antebrazo, en el hombro, en la mano izquierda; malhirió a los más bravos de la partida; cuando la sangre le corrió entre los dedos, peleó con más coraje que nunca; hacia el alba, mareado por la pérdida de sangre, lo desarmaron. El ejército, entonces, desempeñaba una función penal; Cruz fue destinado a un fortín de la frontera Norte. Como soldado raso, participó en las guerras civiles; a veces combatió por su provincia natal, a veces en contra. El veintitrés de enero de 1856, en las Lagunas de Cardoso, fue uno de los treinta cristianos que, al mando del sargento mayor Eusebio Laprida, pelearon contra doscientos indios. En esa acción recibió una herida de lanza.

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My purpose is not to recount his full story. Of the days and nights that compose it, only one night concerns me; the rest I shall note but briefly so that night may be understood. This adventure figures in a renowned book—that is, in a book capable of being all things to all men (I Corinthians 9:22), for it permits nearly inexhaustible repetitions, versions, perversions. Those who have glossed Tadeo Isidoro's story, and they are many, stress the pampas' influence on his formation, yet identical gauchos were born and died in the jungled Paraná riverbanks and the eastern hills. He did live, however, in a world of monotonous barbarism. When he died of black pox in 1874, he had never seen a mountain, a gas lamp, or a windmill. Nor a city. In 1849, he went to Buenos Aires with a cattle drive from Francisco Xavier Acevedo's ranch; the drovers entered the city to empty their belts; Cruz, wary, remained at a tavern near the stockyards. He spent days there in silence, sleeping on the ground, drinking mate, rising at dawn, retiring at dusk. He understood (beyond words and even understanding) that the city had nothing to do with him. A drunken peon mocked him. Cruz did not reply, but on the return journey, by firelight, the man renewed his taunts. Then Cruz (who had shown no resentment, not even displeasure) stabbed him. A fugitive, he hid in a thorny marsh. One night, a chajá's cry warned him the police had surrounded him. He tested his knife on a shrub; to unencumber himself for fighting on foot, he removed his spurs. He chose battle over surrender. Wounded in forearm, shoulder, and left hand, he gravely injured the bravest officers; as blood streamed through his fingers, he fought with redoubled fury; at dawn, faint from blood loss, they disarmed him. The army then served as penal force; Cruz was sent to a northern frontier fort. As a private, he fought in civil wars—sometimes for his native province, sometimes against it. On January 23, 1856, at Laguna de Cardoso, he was among thirty Christians under Sergeant Major Eusebio Laprida who battled two hundred Indians. There he took a lance wound.

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En su oscura y valerosa historia abundan los hiatos. Hacia 1868 lo sabemos de nuevo en el Pergamino: casado o amancebado, padre de un hijo, dueño de una fracción de campo. En 1869 fue nombrado sargento de la policía rural. Había corregido el pasado; en aquel tiempo debió de considerarse feliz, aunque profundamente no lo era. (Lo esperaba, secreta en el porvenir, una lúcida noche fundamental: la noche en que por fin vio su propia cara, la noche en que por fin escuchó su nombre. Bien entendida, esa noche agota su historia; mejor dicho, un instante de esa noche, un acto de esa noche, porque los actos son nuestro símbolo). Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es. Cuéntase que Alejandro de Macedonia vio reflejado su futuro de hierro en la fabulosa historia de Aquiles; Carlos XII de Suecia, en la de Alejandro. A Tadeo Isidoro Cruz, que no sabía leer, ese conocimiento no le fue revelado en un libro; se vio a sí mismo en un entrevero y un hombre. Los hechos ocurrieron así:

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His obscure and valiant life contains many lacunae. By 1868 we find him again in Pergamino: married or cohabiting, father to a son, owner of a plot of land. In 1869 he was appointed rural police sergeant. He had amended his past; during that time he likely considered himself happy, though not profoundly so. (A luminous fundamental night lay secretly in wait for him - the night when he would finally behold his own face, the night when he would finally hear his name. Properly understood, that night exhausts his story; or rather, one instant of that night, one act of that night, for acts are our symbols). Any destiny, however long and complex, consists in reality of a single moment: the moment when a man knows forevermore who he is. It is said that Alexander of Macedonia saw his iron future reflected in the fabulous story of Achilles; Charles XII of Sweden, in that of Alexander. To Tadeo Isidoro Cruz, who could not read, this revelation came not through books; he saw himself reflected in a skirmish and a man. The events occurred thus:

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En los últimos días del mes de junio de 1870 recibió la orden de apresar a un malevo, que debía dos muertes a la justicia. Era éste un desertor de las fuerzas que en la frontera Sur mandaba el coronel Benito Machado; en una borrachera, había asesinado a un moreno en un lupanar; en otra, a un vecino del partido de Rojas; el informe agregaba que procedía de la Laguna Colorada. En este lugar, hacía cuarenta años, habíanse congregado los montoneros para la desventura que dio sus carnes a los pájaros y a los perros; de ahí salió Manuel Mesa, que fue ejecutado en la plaza de la Victoria, mientras los tambores sonaban para que no se oyera su ira; de ahí, el desconocido que engendró a Cruz y que pereció en una zanja, partido el cráneo por un sable de las batallas del Perú y del Brasil. Cruz había olvidado el nombre del lugar; con leve pero inexplicable inquietud lo reconoció… El criminal, acosado por los soldados, urdió a caballo un largo laberinto de idas y de venidas; éstos, sin embargo, lo acorralaron la noche del doce de julio. Se había guarecido en un pajonal. La tiniebla era casi indescifrable; Cruz y los suyos, cautelosos y a pie, avanzaron hacia las matas en cuya hondura trémula acechaba o dormía el hombre secreto. Gritó un chajá; Tadeo Isidoro Cruz tuvo la impresión de haber vivido ya ese momento. El criminal salió de la guarida para pelearlos. Cruz lo entrevió, terrible; la crecida melena y la barba gris parecían comerle la cara. Un motivo notorio me veda referir la pelea. Básteme recordar que el desertor malhirió o mató a varios de los hombres de Cruz. Éste, mientras combatía en la oscuridad (mientras su cuerpo combatía en la oscuridad), empezó a comprender. Comprendió que un destino no es mejor que otro, pero que todo hombre debe acatar el que lleva adentro. Comprendió que las jinetas y el uniforme ya le estorbaban. Comprendió su íntimo destino de lobo, no de perro gregario; comprendió que el otro era él. Amanecía en la desaforada llanura; Cruz arrojó por tierra el quepis, gritó que no iba a consentir el delito de que se matara a un valiente y se puso a pelear contra los soldados, junto al desertor Martín Fierro.

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In late June 1870, he received orders to apprehend an outlaw wanted for two murders. This man was a deserter from forces commanded by Colonel Benito Machado on the southern frontier; during a drunken spree, he had killed a mulatto in a brothel and later a resident of Rojas district. The report added he hailed from Laguna Colorada. Forty years prior, montonero rebels had gathered at this site for the ill-fated uprising that left their flesh to dogs and carrion birds; from there came Manuel Mesa, executed in Victory Square while drums drowned his curses; from there came the unknown man who fathered Cruz and perished in a ditch, his skull cleft by a saber from Peruvian and Brazilian battles. Cruz had forgotten the place's name; now with faint yet inexplicable unease, he recognized it... The criminal, harried by soldiers, wove an equestrian labyrinth of evasion; they finally cornered him on the night of July twelfth. He had taken refuge in a reedbed. The darkness proved almost impenetrable; Cruz and his men advanced cautiously on foot toward the trembling thicket where the secret man lurked or slept. A chajá bird screamed; Tadeo Isidoro Cruz felt he had already lived this moment. The criminal emerged from hiding to fight them. Cruz glimpsed him - terrible, his matted gray beard and hair devouring the face. A well-known prohibition prevents me from recounting the combat. Let it suffice to recall that the deserter wounded or killed several of Cruz's men. As Cruz fought through the darkness (as his body fought through darkness), understanding dawned. He understood that one destiny holds no superiority over another, yet every man must obey the one he carries within. He understood that his sergeant's braids and uniform now constrained him. He understood his intimate destiny as wolf, not gregarious hound; he understood the other man was himself. Daybreak illuminated the monstrous plain; Cruz cast his kepi to the ground, roared that he wouldn't tolerate the crime of killing a brave man, and fought alongside the deserter Martín Fierro against his own soldiers.

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Emma Zunz

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Emma Zunz

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El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló en el fondo del zaguán una carta, fechada en el Brasil, por la que supo que su padre había muerto. La engañaron, a primera vista, el sello y el sobre; luego, la inquietó la letra desconocida. Nueve o diez líneas borroneadas querían colmar la hoja; Emma leyó que el señor Maier había ingerido por error una fuerte dosis de veronal y había fallecido el tres del corriente en el hospital de Bagé. Un compañero de pensión de su padre firmaba la noticia, un tal Fein o Fain, de Rio Grande, que no podía saber que se dirigía a la hija del muerto.

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On January fourteenth, 1922, Emma Zunz, returning from the Tarbuch and Loewenthal textile factory, found a letter in her vestibule from Brazil informing her of her father's death. The stamp and envelope first deceived her; then the unfamiliar handwriting disquieted her. Nine or ten smudged lines sought to fill the page: they stated that Mr. Maier had accidentally ingested a lethal dose of veronal and died on the third instant at Bagé hospital. The notice came signed by a boardinghouse companion of her father - a certain Fein or Fain from Rio Grande, unaware he addressed the dead man's daughter.

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Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de malestar en el vientre y en las rodillas; luego de ciega culpa, de irrealidad, de frío, de temor; luego, quiso ya estar en el día siguiente. Acto continuo comprendió que esa voluntad era inútil porque la muerte de su padre era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin. Recogió el papel y se fue a su cuarto. Furtivamente lo guardó en un cajón, como si de algún modo ya conociera los hechos ulteriores. Ya había empezado a vislumbrarlos, tal vez; ya era la que sería.

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Emma let the paper fall. Her first sensation was of nausea in her belly and knees; then of blind guilt, unreality, coldness, fear; then she wished to fast-forward to the next day. Immediately she realized this wish was futile, for her father's death constituted the sole event occurring in the world, and would keep occurring endlessly. She retrieved the paper and retreated to her room. Furtively storing it in a drawer, she acted as if somehow already aware of subsequent events. Perhaps she was beginning to glimpse them; perhaps she was becoming who she would be.

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En la creciente oscuridad, Emma lloró hasta el fin de aquel día el suicidio de Manuel Maier, que en los antiguos días felices fue Emanuel Zunz. Recordó veraneos en una chacra, cerca de Gualeguay, recordó (trató de recordar) a su madre, recordó la casita de Lanús que les remataron, recordó los amarillos losanges de una ventana, recordó el auto de prisión, el oprobio, recordó los anónimos con el suelto sobre «el desfalco del cajero», recordó (pero eso jamás lo olvidaba) que su padre, la última noche, le había jurado que el ladrón era Loewenthal. Loewenthal, Aarón Loewenthal, antes gerente de la fábrica y ahora uno de los dueños. Emma, desde 1916, guardaba el secreto. A nadie se lo había revelado, ni siquiera a su mejor amiga, Elsa Urstein. Quizá rehuía la profana incredulidad; quizá creía que el secreto era un vínculo entre ella y el ausente. Loewenthal no sabía que ella sabía; Emma Zunz derivaba de ese hecho ínfimo un sentimiento de poder.

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In the gathering darkness, Emma wept until nightfall over Manuel Maier's suicide - the man who in happier times had been Emanuel Zunz. She recalled summers at a farm near Gualeguay, tried recalling her mother, remembered the Lanús house they lost to foreclosure, the yellow lozenges of a stained-glass window, the arrest warrant, the shame, remembered anonymous letters detailing "the cashier's embezzlement," remembered (but this she never forgot) her father swearing that last night: "The thief was Loewenthal." Loewenthal, Aaron Loewenthal, former factory manager and now co-owner. Since 1916, Emma had guarded this secret. She'd revealed it to none, not even her dearest friend Elsa Urstein. Perhaps she shunned profane disbelief; perhaps believed the secret bonded her to the absent. Loewenthal remained ignorant of her knowledge; Emma derived from that minuscule fact a sense of power.

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No durmió aquella noche, y cuando la primera luz definió el rectángulo de la ventana, ya estaba perfecto su plan. Procuró que ese día, que le pareció interminable, fuera como los otros. Había en la fábrica rumores de huelga; Emma se declaró, como siempre, contra toda violencia. A las seis, concluido el trabajo, fue con Elsa a un club de mujeres, que tiene gimnasio y pileta. Se inscribieron; tuvo que repetir y deletrear su nombre y su apellido, tuvo que festejar las bromas vulgares que comentan la revisación. Con Elsa y con la menor de las Kronfuss discutió a qué cinematógrafo irían el domingo a la tarde. Luego, se habló de novios y nadie esperó que Emma hablara. En abril cumpliría diecinueve años, pero los hombres le inspiraban, aún, un temor casi patológico… De vuelta, preparó una sopa de tapioca y unas legumbres, comió temprano, se acostó y se obligó a dormir. Así, laborioso y trivial, pasó el viernes quince, la víspera.

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She didn't sleep that night. When dawn limned the window's rectangle, her plan stood perfected. She resolved to make that interminable day mirror all others. Strike rumors circulated at the factory; Emma opposed violence as always. At six, her shift ended, she went with Elsa to a women's club with gym and pool. They registered; she endured repeating and spelling her name, endured vulgar jokes about medical inspections. With Elsa and the youngest Kronfuss sister, she debated Sunday matinee choices. Talk turned to boyfriends; none expected Emma to contribute. Come April she'd turn nineteen, yet men still filled her with near-pathological fear... Home again, she prepared tapioca soup and vegetables, ate early, forced herself to sleep. Thus laborious and trivial passed Friday the fifteenth - the eve.

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El sábado, la impaciencia la despertó. La impaciencia, no la inquietud, y el singular alivio de estar en aquel día, por fin. Ya no tenía que tramar y que imaginar; dentro de algunas horas alcanzaría la simplicidad de los hechos. Leyó en La Prensa que el Nordstjärnan, de Malmö, zarparía esa noche del dique 3; llamó por teléfono a Loewenthal, insinuó que deseaba comunicar, sin que lo supieran las otras, algo sobre la huelga y prometió pasar por el escritorio, al oscurecer. Le temblaba la voz; el temblor convenía a una delatora. Ningún otro hecho memorable ocurrió esa mañana. Emma trabajó hasta las doce y fijó con Elsa y con Perla Kronfuss los pormenores del paseo del domingo. Se acostó después de almorzar y recapituló, cerrados los ojos, el plan que había tramado. Pensó que la etapa final sería menos horrible que la primera y que le depararía, sin duda, el sabor de la victoria y de la justicia. De pronto, alarmada, se levantó y corrió al cajón de la cómoda. Lo abrió; debajo del retrato de Milton Sills, donde la había dejado la antenoche, estaba la carta de Fain. Nadie podía haberla visto; la empezó a leer y la rompió.

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On Saturday, impatience woke her. Impatience, not anxiety, and the singular relief of finally being on that day. She no longer needed to plot or imagine; within hours she would reach the simplicity of facts. She read in La Prensa that the Nordstjärnan, out of Malmö, would sail that night from dock 3; she phoned Loewenthal, hinted she wished to privately disclose details about the strike without others knowing, and promised to stop by the office at nightfall. Her voice trembled; the tremor suited an informer. No other memorable event occurred that morning. Emma worked until noon and finalized Sunday's outing details with Elsa and Perla Kronfuss. After lunch, she lay down and mentally rehearsed her plan with closed eyes. She thought the final stage would prove less dreadful than the first and would undoubtedly grant her the taste of victory and justice. Suddenly alarmed, she rose and rushed to the dresser drawer. Opening it, she found Fain’s letter beneath Milton Sills’ portrait, exactly where she had left it the night before. No one could have seen it; she began reading and then tore it apart.

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Referir con alguna realidad los hechos de esa tarde sería difícil y quizá improcedente. Un atributo de lo infernal es la irrealidad, un atributo que parece mitigar sus terrores y que los agrava tal vez. ¿Cómo hacer verosímil una acción en la que casi no creyó quien la ejecutaba, cómo recuperar ese breve caos que hoy la memoria de Emma Zunz repudia y confunde? Emma vivía por Almagro, en la calle Liniers; nos consta que esa tarde fue al puerto. Acaso en el infame Paseo de Julio se vio multiplicada en espejos, publicada por luces y desnudada por los ojos hambrientos, pero más razonable es conjeturar que al principio erró, inadvertida, por la indiferente recova… Entró en dos o tres bares, vio la rutina o los manejos de otras mujeres. Dio al fin con hombres del Nordstjärnan. De uno, muy joven, temió que le inspirara alguna ternura y optó por otro, quizá más bajo que ella y grosero, para que la pureza del horror no fuera mitigada. El hombre la condujo a una puerta y después a un turbio zaguán y después a una escalera tortuosa y después a un vestíbulo (en el que había una vidriera con losanges idénticos a los de la casa en Lanús) y después a un pasillo y después a una puerta que se cerró. Los hechos graves están fuera del tiempo, ya porque en ellos el pasado inmediato queda como tronchado del porvenir, ya porque no parecen consecutivas las partes que los forman.

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To recount with any realism the events of that afternoon would prove difficult and perhaps improper. A hallmark of the infernal is its unreality—an attribute that may temper its terrors yet perhaps intensifies them. How to render plausible an act scarcely believed by its perpetrator? How to recover that brief chaos Emma Zunz’s memory now repudiates and confounds? Emma lived in Almagro, on Liniers Street; records confirm she went to the docks that afternoon. Perhaps on the infamous Paseo de Julio she saw herself multiplied in mirrors, exposed by lights and stripped by hungry gazes, but more plausible to assume she wandered unnoticed at first through the indifferent arcade… She entered two or three bars, observing the routines or maneuvers of other women. At last, she found crewmen from the Nordstjärnan. Fearing tenderness might stir for one too young, she chose another—perhaps shorter than her, coarser—so purity of horror might remain undiluted. The man led her through a doorway, then a murky vestibule, then a twisting stairway, then a hall (with diamond-paned windows identical to those in the Lanús house), then a corridor, then a door that closed. Grave events lie outside time, either because the immediate past is severed from the future or because their parts do not seem sequential.

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¿En aquel tiempo fuera del tiempo, en aquel desorden perplejo de sensaciones inconexas y atroces, pensó Emma Zunz una sola vez en el muerto que motivaba el sacrificio? Yo tengo para mí que pensó una vez y que en ese momento peligró su desesperado propósito. Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían. Lo pensó con débil asombro y se refugió, en seguida, en el vértigo. El hombre, sueco o finlandés, no hablaba español; fue una herramienta para Emma como ésta lo fue para él, pero ella sirvió para el goce y él para la justicia.

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In that timeless interval, amidst a bewildering chaos of disconnected and atrocious sensations, did Emma Zunz think a single time of the dead man justifying her sacrifice? I believe she did think once, and in that moment her desperate purpose nearly faltered. She thought (she could not help thinking) that her father had done to her mother the same monstrous thing now being done to her. She thought it with faint astonishment and took refuge, at once, in vertigo. The man—Swedish or Finnish—spoke no Spanish; he was a tool for Emma as she was for him, but she served for pleasure and he for justice.

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Cuando se quedó sola, Emma no abrió en seguida los ojos. En la mesa de luz estaba el dinero que había dejado el hombre: Emma se incorporó y lo rompió como antes había roto la carta. Romper dinero es una impiedad, como tirar el pan; Emma se arrepintió, apenas lo hizo. Un acto de soberbia y en aquel día… El temor se perdió en la tristeza de su cuerpo, en el asco. El asco y la tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente se levantó y procedió a vestirse. En el cuarto no quedaban colores vivos; el último crepúsculo se agravaba. Emma pudo salir sin que la advirtieran; en la esquina subió a un Lacroze, que iba al oeste. Eligió, conforme a su plan, el asiento más delantero, para que no le vieran la cara. Quizá le confortó verificar, en el insípido trajín de las calles, que lo acaecido no había contaminado las cosas. Viajó por barrios decrecientes y opacos, viéndolos y olvidándolos en el acto, y se apeó en una de las bocacalles de Warnes. Paradójicamente su fatiga venía a ser una fuerza, pues la obligaba a concentrarse en los pormenores de la aventura y le ocultaba el fondo y el fin.

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When left alone, Emma did not open her eyes at once. On the nightstand lay the money the man had left; she sat up and tore it as she had torn the letter. To tear up money is an impiety, like throwing bread; Emma instantly regretted it. An act of pride, and on this day of all days… Fear dissolved into bodily sorrow, into disgust. Disgust and sorrow chained her, but Emma slowly rose and dressed. No vivid colors remained in the room; the last twilight deepened. She managed to leave unseen; at the corner, she boarded a Lacroze tram heading west. As planned, she took the front seat to hide her face. Perhaps it comforted her to verify, in the insipid bustle of streets, that the events had not contaminated reality. She rode through dwindling, drab neighborhoods, seeing and instantly forgetting them, and disembarked at one of the side streets off Warnes. Paradoxically, her fatigue became strength, compelling focus on the adventure's minutiae while obscuring its purpose and end.

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Aarón Loewenthal era, para todos, un hombre serio; para sus pocos íntimos, un avaro. Vivía en los altos de la fábrica, solo. Establecido en el desmantelado arrabal, temía a los ladrones; en el patio de la fábrica había un gran perro y en el cajón de su escritorio, nadie lo ignoraba, un revólver. Había llorado con decoro, el año anterior, la inesperada muerte de su mujer —¡una Gauss, que le trajo una buena dote!—, pero el dinero era su verdadera pasión. Con íntimo bochorno se sabía menos apto para ganarlo que para conservarlo. Era muy religioso; creía tener con el Señor un pacto secreto, que lo eximía de obrar bien, a trueque de oraciones y devociones. Calvo, corpulento, enlutado, de quevedos ahumados y barba rubia, esperaba de pie, junto a la ventana, el informe confidencial de la obrera Zunz.

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To all, Aarón Loewenthal was a serious man; to his few intimates, a miser. He lived alone above the factory. Settled in that dilapidated suburb, he feared thieves; the factory courtyard housed a large dog, and no one doubted the revolver in his desk drawer. The year before, he had mourned his wife’s sudden death—a Gauss, who brought him a fine dowry!—with due decorum, but money was his true passion. Secretly ashamed, he knew himself better at hoarding than earning. Deeply religious, he believed in a secret pact with God that excused good deeds in exchange for prayers and devotions. Bald, burly, in mourning, with smoked glasses and a blond beard, he stood waiting by the window for worker Zunz’s confidential report.

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La vio empujar la verja (que él había entornado a propósito) y cruzar el patio sombrío. La vio hacer un pequeño rodeo cuando el perro atado ladró. Los labios de Emma se atareaban como los de quien reza en voz baja; cansados, repetían la sentencia que el señor Loewenthal oiría antes de morir.

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He saw her push the gate (which he had left ajar on purpose) and cross the shadowed courtyard. He saw her detour slightly when the tethered dog barked. Emma’s lips moved busily, like those of someone praying under their breath; wearily, they rehearsed the sentence Loewenthal would hear before dying.

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Las cosas no ocurrieron como había previsto Emma Zunz. Desde la madrugada anterior, ella se había soñado muchas veces, dirigiendo el firme revólver, forzando al miserable a confesar la miserable culpa y exponiendo la intrépida estratagema que permitiría a la Justicia de Dios triunfar de la justicia humana. (No por temor, sino por ser un instrumento de la Justicia, ella no quería ser castigada). Luego, un solo balazo en mitad del pecho rubricaría la suerte de Loewenthal. Pero las cosas no ocurrieron así.

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Events did not unfold as Emma Zunz had foreseen. Since dawn, she had imagined herself countless times aiming the steady revolver, forcing the wretch to confess his guilt, and proclaiming the daring stratagem that would let God’s Justice triumph over human law. (She wanted no punishment—not from fear, but as an instrument of Justice). Then, a single bullet to the chest would seal Loewenthal’s fate. But things did not happen that way.

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Ante Aarón Loewenthal, más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por ello. No podía no matarlo, después de esa minuciosa deshonra. Tampoco tenía tiempo que perder en teatralerías. Sentada, tímida, pidió excusas a Loewenthal, invocó (a fuer de delatora) las obligaciones de la lealtad, pronunció algunos nombres, dio a entender otros y se cortó como si la venciera el temor. Logró que Loewenthal saliera a buscar una copa de agua. Cuando éste, incrédulo de tales aspavientos, pero indulgente, volvió del comedor, Emma ya había sacado del cajón el pesado revólver. Apretó el gatillo dos veces. El considerable cuerpo se desplomó como si los estampidos y el humo lo hubieran roto, el vaso de agua se rompió, la cara la miró con asombro y cólera, la boca de la cara la injurió en español y en ídisch. Las malas palabras no cejaban; Emma tuvo que hacer fuego otra vez. En el patio, el perro encadenado rompió a ladrar, y una efusión de brusca sangre manó de los labios obscenos y manchó la barba y la ropa. Emma inició la acusación que tenía preparada («He vengado a mi padre y no me podrán castigar…»), pero no la acabó, porque el señor Loewenthal ya había muerto. No supo nunca ni alcanzó a comprender.

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Before Aarón Loewenthal, more than the urgency to avenge her father, Emma felt the need to punish the outrage she had endured because of him. She could not avoid killing him after that meticulous dishonor. Nor did she have time to waste on theatrics. Sitting timidly, she apologized to Loewenthal, invoked (in her role as informant) the obligations of loyalty, uttered a few names, hinted at others, and abruptly stopped as if overcome by fear. She managed to make Loewenthal leave to fetch a glass of water. When he returned from the dining room—skeptical of such histrionics yet indulgent—Emma had already retrieved the heavy revolver from the drawer. She pulled the trigger twice. The considerable body collapsed as if shattered by the gunshots and smoke, the water glass shattered, the face stared at her with astonishment and rage, the mouth of that face cursed her in Spanish and Yiddish. The obscenities did not cease; Emma had to fire again. In the courtyard, the chained dog began barking, and a gush of sudden blood poured from the profane lips, staining the beard and clothes. Emma began the accusation she had prepared ("I have avenged my father and they cannot punish me..."), but she did not finish it, because Mr. Loewenthal was already dead. She never knew it nor could she comprehend it.

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Los ladridos tirantes le recordaron que no podía, aún, descansar. Desordenó el diván, desabrochó el saco del cadáver, le quitó los quevedos salpicados y los dejó sobre el fichero. Luego tomó el teléfono y repitió lo que tantas veces repetiría, con esas y con otras palabras: Ha ocurrido una cosa que es increíble… El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga… Abusó de mí, lo maté…

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The tense barks reminded her she could not rest yet. She disheveled the divan, unbuttoned the corpse's jacket, removed the blood-spattered spectacles, and left them on the filing cabinet. Then she picked up the telephone and repeated what she would repeat so many times, with these and other words: Something unbelievable has happened... Mr. Loewenthal summoned me under the pretext of the strike... He violated me, I killed him...

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La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.

139

The story was unbelievable, indeed, yet it convinced everyone because it was fundamentally true. True was the tone of Emma Zunz, true her modesty, true her hatred. True too was the violation she had suffered; only the circumstances, the hour, and one or two names were false.

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La casa de Asterión

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The House of Asterion

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Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.

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And the queen gave birth to a child who was called Asterion.

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APOLODORO, Biblioteca, III, 1

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APOLLODORUS, Library, III, 1

144

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito)[5] están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida).

144

I know they accuse me of arrogance, and perhaps of misanthropy, and perhaps of madness. Such accusations (which I shall punish in due time) are laughable. It is true I do not leave my house, but it is also true that its doors (whose number is infinite)[5] stand open day and night to men and animals alike. Let whoever wishes enter. Here they will find no feminine pomp nor the gallant apparatus of palaces but rather solitude and stillness. Here they will also find a house unlike any other on the face of the earth. (Those who claim there is a similar one in Egypt lie.)

145

Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.

145

Even my detractors admit there is not a single piece of furniture in the house. Another absurd claim is that I, Asterion, am a prisoner. Shall I repeat that there are no locked doors? Add that there are no locks? Besides, one evening I did step into the street; if I returned before nightfall, it was because the faces of the common people frightened me—pale and flattened faces, like open hands. The sun had already set, but the helpless weeping of a child and the crude prayers of the crowd revealed they had recognized me. People prayed, fled, prostrated themselves; some climbed onto the stylobate of the Temple of the Axes, others gathered stones. Someone, I believe, hid beneath the sea. Not in vain was my mother a queen; I cannot be confused with the rabble, though my modesty might desire it.

146

El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda transmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.

146

The fact is that I am unique. I care not for what one man may transmit to others; like the philosopher, I believe nothing is communicable through the art of writing. Vexatious and trivial minutiae have no place in my spirit, which is shaped for grandeur; I have never retained the difference between one letter and another. A certain generous impatience prevented me from learning to read. At times I regret this, for the nights and days are long.

147

Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.

147

Of course, I am not without diversions. Like a ram about to charge, I run through stone galleries until I tumble dizzy to the ground. I crouch in the shadow of a cistern or at a corridor's bend and pretend someone is seeking me. There are rooftops from which I let myself fall until I bleed. At any hour I can play at being asleep, eyes closed and breath powerful. (Sometimes I truly sleep, sometimes the day's color has changed when I open my eyes). But of all games, the one I prefer is pretending there is another Asterion. I feign that he comes to visit me and that I show him my house. With deep bows I tell him: Now we return to the previous crossroads or Now we emerge into another courtyard or I knew you would like the drainpipe or Now you will see a cistern filled with sand or Now you will see how the cellar forks. Sometimes I make a mistake and we both laugh heartily.

148

No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo.

148

Not only have I imagined these games; I have also meditated on the house. All parts of the house are repeated many times; any place is another place. There is not one cistern, one courtyard, one drinking trough, one manger; there are fourteen [there are infinite] mangers, troughs, courtyards, cisterns. The house is the size of the world; or rather, it is the world.

149

Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.

149

Yet by dint of exhausting courtyards with a single cistern and dusty gray stone galleries, I have reached the street and seen the Temple of the Axes and the sea. I did not understand this until a nighttime vision revealed that there are also fourteen [infinite] seas and temples. Everything exists many times, fourteen times, but two things in the world seem to exist only once: above, the intricate sun; below, Asterion. Perhaps I created the stars and the sun and this enormous house, but I no longer remember.

150

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

150

Every nine years nine men enter this house so I may deliver them from all evil. I hear their footsteps or voices in the depths of the stone galleries and joyfully run to seek them. The ceremony lasts but minutes. They fall one after another without my hands being stained. Where they fall, they remain, and their corpses help distinguish one gallery from another. I know not who they are, but one of them prophesied at the hour of his death that someday my redeemer would come. Since then, loneliness does not pain me, for I know my redeemer lives and will finally rise above the dust. Were my hearing to encompass all the world's murmurs, I would perceive his footsteps. May he take me to a place with fewer galleries and fewer doors. What will my redeemer be like? I wonder. Will he be a bull or a man? Could he be a bull with the face of a man? Or will he be like me?

151

El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.

151

The morning sun glinted on the bronze sword. Not a trace of blood remained.

152

—¿Lo creerás, Ariadna? —dijo Teseo—. El minotauro apenas se defendió.

152

"Would you believe it, Ariadne?" said Theseus. "The Minotaur scarcely defended himself."

153

A Marta Mosquera Eastman

153

To Marta Mosquera Eastman

155

La otra muerte

155

The Other Death

156

Un par de años hará (he perdido la carta), Gannon me escribió de Gualeguaychú, anunciando el envío de una versión, acaso la primera española, del poema The Past, de Ralph Waldo Emerson, y agregando en una posdata que don Pedro Damián, de quien yo guardaría alguna memoria, había muerto noches pasadas, de una congestión pulmonar. El hombre, arrasado por la fiebre, había revivido en su delirio la sangrienta jornada de Masoller; la noticia me pareció previsible y hasta convencional, porque don Pedro, a los diecinueve o veinte años, había seguido las banderas de Aparicio Saravia. La revolución de 1904 lo tomó en una estancia de Río Negro o de Paysandú, donde trabajaba de peón; Pedro Damián era entrerriano, de Gualeguay, pero fue adonde fueron los amigos, tan animoso y tan ignorante como ellos. Combatió en algún entrevero y en la batalla última; repatriado en 1905, retomó con humilde tenacidad las tareas de campo. Que yo sepa, no volvió a dejar su provincia. Los últimos treinta años los pasó en un puesto muy solo, a una o dos leguas del Ñancay; en aquel desamparo, yo conversé con él una tarde (yo traté de conversar con él una tarde), hacia 1942. Era hombre taciturno, de pocas luces. El sonido y la furia de Masoller agotaban su historia; no me sorprendió que los reviviera, en la hora de su muerte… Supe que no vería más a Damián y quise recordarlo; tan pobre es mi memoria visual que sólo recordé una fotografía que Gannon le tomó. El hecho nada tiene de singular, si consideramos que al hombre lo vi a principios de 1942, una vez, y a la efigie, muchísimas. Gannon me mandó esa fotografía; la he perdido y ya no la busco. Me daría miedo encontrarla.

156

Some two years ago (I've lost the letter), Gannon wrote me from Gualeguaychú announcing his translation—perhaps the first into Spanish—of Ralph Waldo Emerson's poem The Past, adding in a postscript that Don Pedro Damián, whom I might vaguely recall, had died nights before from pulmonary congestion. The man, ravaged by fever, had relived the bloody day of Masoller in his delirium; the news struck me as predictable, even conventional, for Don Pedro, at nineteen or twenty, had followed Aparicio Saravia's banners. The 1904 revolution found him working as a ranch hand in Río Negro or Paysandú; though from Gualeguay in Entre Ríos, he joined his friends wherever they went, as spirited and ignorant as they. He fought in skirmishes and the final battle; repatriated in 1905, he humbly resumed rural labor. To my knowledge, he never left his province again. His last thirty years were spent at a solitary outpost a league or two from Ñancay; there, in that desolation, I conversed with him one afternoon (or tried to converse) around 1942. He was a taciturn man of limited wit. The sound and fury of Masoller exhausted his history; unsurprisingly, he relived them at death's hour... Knowing I'd see Damián no more, I sought to remember him; my visual memory being so poor, I could only recall a photograph Gannon had taken. This is unremarkable, considering I met him once in early 1942 but saw the image countless times. Gannon sent me that photograph; I've lost it and no longer search. I fear finding it.

157

El segundo episodio se produjo en Montevideo, meses después. La fiebre y la agonía del entrerriano me sugirieron un relato fantástico sobre la derrota de Masoller; Emir Rodríguez Monegal, a quien referí el argumento, me dio unas líneas para el coronel Dionisio Tabares, que había hecho esa campaña. El coronel me recibió después de cenar. Desde un sillón de hamaca, en un patio, recordó con desorden y con amor los tiempos que fueron. Habló de municiones que no llegaron y de caballadas rendidas, de hombres dormidos y terrosos tejiendo laberintos de marchas, de Saravia, que pudo haber entrado en Montevideo y que se desvió, «porque el gaucho le teme a la ciudad», de hombres degollados hasta la nuca, de una guerra civil que me pareció menos la colisión de dos ejércitos que el sueño de un matrero. Habló de Illescas, de Tupambaé, de Masoller. Lo hizo con períodos tan cabales y de un modo tan vivido que comprendí que muchas veces había referido esas mismas cosas, y temí que detrás de sus palabras casi no quedaran recuerdos. En un respiro conseguí intercalar el nombre de Damián.

157

The second episode occurred months later in Montevideo. The Entrerrian's feverish agony inspired a fantastic tale about Masoller's defeat; Emir Rodríguez Monegal, hearing my plot, gave me an introduction to Colonel Dionisio Tabares, veteran of that campaign. The colonel received me after supper. From his rocking chair in a courtyard, he recalled those times with disordered affection. He spoke of ammunition shortages and spent horses, of earth-stained men sleeping through labyrinthine marches, of Saravia who could have taken Montevideo but swerved away "since gauchos fear cities," of men slit to the neckbone, of a civil war seeming less a clash of armies than a cattle-hand's dream. He recounted Illescas, Tupambaé, Masoller. His vivid, rounded periods revealed frequent retellings; I feared scant memory lay behind them. During a pause, I interjected Damián's name.

158

—¿Damián? ¿Pedro Damián? —dijo el coronel—. Ése sirvió conmigo. Un tapecito que le decían Daymán los muchachos. —Inició una ruidosa carcajada y la cortó de golpe, con fingida o veraz incomodidad.

158

"Damián? Pedro Damián?" said the colonel. "Served under me. The boys called that provincial lad Daymán." He burst into raucous laughter, then cut it short with feigned or genuine discomfort.

159

Con otra voz dijo que la guerra servía, como la mujer, para que se probaran los hombres, y que, antes de entrar en batalla, nadie sabía quién es. Alguien podía pensarse cobarde y ser un valiente, y asimismo al revés, como le ocurrió a ese pobre Damián, que se anduvo floreando en las pulperías con su divisa blanca y después flaqueó en Masoller. En algún tiroteo con los zumacos se portó como un hombre, pero otra cosa fue cuando los ejércitos se enfrentaron y empezó el cañoneo y cada hombre sintió que cinco mil hombres se habían coaligado para matarlo. Pobre gurí, que se la había pasado bañando ovejas y que de pronto lo arrastró esa patriada…

159

In altered tone he declared war tests men like women do, adding that none knows himself before battle. Some fancy themselves cowards yet prove brave, and vice versa—as happened to poor Damián, swaggering through taverns with his white cockade only to falter at Masoller. He'd acted well in skirmishes against zumacos, but when armies clashed and cannon roared and each man felt five thousand conspiring to kill him... That boy who'd spent days shearing sheep, swept up in patriotic fervor...

160

Absurdamente, la versión de Tabares me avergonzó. Yo hubiera preferido que los hechos no ocurrieran así. Con el viejo Damián, entrevisto una tarde, hace muchos años, yo había fabricado, sin proponérmelo, una suerte de ídolo; la versión de Tabares lo destrozaba. Súbitamente comprendí la reserva y la obstinada soledad de Damián; no las había dictado la modestia, sino el bochorno. En vano me repetí que un hombre acosado por un acto de cobardía es más complejo y más interesante que un hombre meramente animoso. El gaucho Martín Fierro, pensé, es menos memorable que Lord Jim y que Razumov. Sí, pero Damián, como gaucho, tenía obligación de ser Martín Fierro —sobre todo, ante gauchos orientales—. En lo que Tabares dijo y no dijo percibí el agreste sabor de lo que se llamaba artiguismo: la conciencia (tal vez incontrovertible) de que el Uruguay es más elemental que nuestro país y, por ende, más bravo… Recuerdo que esa noche nos despedimos con exagerada efusión.

160

Absurdly, Tabares' version shamed me. I wished events otherwise. From that long-ago afternoon's glimpse, I'd unwittingly fashioned Damián into an idol; the colonel's account shattered it. Suddenly I understood his reserve and obstinate solitude—not modesty's fruit, but shame's. Vainly I told myself a man haunted by cowardice proves more complex than mere boldness. Martín Fierro seems less memorable than Lord Jim or Razumov. True—but as gaucho, Damián was bound to be Martín Fierro, especially before Uruguayan gauchos. In Tabares' words (and silences) I tasted crude artiguismo: that Uruguayan essence being more elemental—hence braver—than our own... That night we parted with excessive warmth.

161

En el invierno, la falta de una o dos circunstancias para mi relato fantástico (que torpemente se obstinaba en no dar con su forma) hizo que yo volviera a la casa del coronel Tabares. Lo hallé con otro señor de edad: el doctor Juan Francisco Amaro, de Paysandú, que también había militado en la revolución de Saravia. Se habló, previsiblemente, de Masoller. Amaro refirió unas anécdotas y después agregó con lentitud, como quien está pensando en voz alta:

161

Come winter, lacking details for my stubbornly formless tale, I revisited Colonel Tabares. He sat with another elder: Dr. Juan Francisco Amaro of Paysandú, fellow veteran of Saravia's revolt. Predictably, talk turned to Masoller. Amaro recounted anecdotes, then added slowly, as thinking aloud:

162

—Hicimos noche en Santa Irene, me acuerdo, y se nos incorporó alguna gente. Entre ellos, un veterinario francés que murió la víspera de la acción, y un mozo esquilador, de Entre Ríos, un tal Pedro Damián.

162

—We made camp at Santa Irene, I recall, and were joined by some others. Among them, a French veterinarian who died the eve of battle, and a young shearer from Entre Ríos, one Pedro Damián.

163

Lo interrumpí con acritud.

163

I interrupted him sharply.

164

—Ya sé —le dije—. El argentino que flaqueó ante las balas.

164

—I know already —I said—. The Argentine who faltered before gunfire.

165

Me detuve; los dos me miraban perplejos.

165

I halted; both men stared at me perplexed.

166

—Usted se equivoca, señor —dijo, al fin, Amaro—. Pedro Damián murió como querría morir cualquier hombre. Serían las cuatro de la tarde. En la cumbre de la cuchilla se había hecho fuerte la infantería colorada; los nuestros la cargaron, a lanza; Damián iba en la punta, gritando, y una bala lo acertó en pleno pecho. Se paró en los estribos, concluyó el grito y rodó por tierra y quedó entre las patas de los caballos. Estaba muerto y la última carga de Masoller le pasó por encima. Tan valiente y no había cumplido veinte años.

166

—You are mistaken, sir —Amaro finally replied—. Pedro Damián died as any man would wish to die. It must have been four in the afternoon. The Red infantry had fortified the ridge; our men charged them with lances. Damián rode at the vanguard, shouting, and a bullet struck him square in the chest. He rose in his stirrups, finished his cry, then tumbled to the ground and lay beneath the horses' hooves. He was dead when the final charge of Masoller trampled over him. So brave, yet he hadn't reached twenty.

167

Hablaba, a no dudarlo, de otro Damián, pero algo me hizo preguntar qué gritaba el gurí.

167

He spoke, no doubt, of another Damián, yet something compelled me to ask what the boy had shouted.

168

—Malas palabras —dijo el coronel—, que es lo que se grita en las cargas.

168

—Curses —said the colonel—, as men do in battle.

169

—Puede ser —dijo Amaro—, pero también gritó ¡Viva Urquiza!

169

—Perhaps —Amaro conceded—, but he also cried ¡Viva Urquiza!

170

Nos quedamos callados. Al fin, el coronel murmuró:

170

We fell silent. At last, the colonel murmured:

171

—No como si peleara en Masoller, sino en Cagancha o India Muerta, hará un siglo.

171

—As if he fought not at Masoller, but at Cagancha or India Muerta, a century past.

172

Agregó con sincera perplejidad:

172

He added with genuine bewilderment:

173

—Yo comandé esas tropas, y juraría que es la primera vez que oigo hablar de un Damián.

173

—I commanded those troops, and I'd swear this is the first I've heard of any Damián.

174

No pudimos lograr que lo recordara.

174

We could not make him remember.

175

En Buenos Aires, el estupor que me produjo su olvido se repitió. Ante los once deleitables volúmenes de las obras de Emerson, en el sótano de la librería inglesa de Mitchell, encontré, una tarde, a Patricio Gannon. Le pregunté por su traducción de The Past. Dijo que no pensaba traducirlo y que la literatura española era tan tediosa que hacía innecesario a Emerson. Le recordé que me había prometido esa versión en la misma carta en que me escribió la muerte de Damián. Preguntó quién era Damián. Se lo dije, en vano. Con un principio de terror advertí que me oía con extrañeza, y busqué amparo en una discusión literaria sobre los detractores de Emerson, poeta más complejo, más diestro y sin duda más singular que el desdichado Poe.

175

In Buenos Aires, my astonishment at his forgetfulness resurged. One afternoon in the basement of Mitchell's English bookshop, browsing the eleven delightful volumes of Emerson's works, I encountered Patricio Gannon. When I inquired about his translation of The Past, he claimed no intention to render it, declaring Spanish literature tedious enough to render Emerson superfluous. I reminded him of his promise in the same letter announcing Damián's death. He asked who Damián was. My explanation proved futile. A flicker of terror arose as I noticed his strange gaze, and sought refuge in literary debate over Emerson's detractors—that poet more complex, more deft, and far stranger than wretched Poe.

176

Algunos hechos más debo registrar. En abril tuve carta del coronel Dionisio Tabares; éste ya no estaba ofuscado y ahora se acordaba muy bien del entrerrianito que hizo punta en la carga de Masoller y que enterraron esa noche sus hombres, al pie de la cuchilla. En julio pasé por Gualeguaychú; no di con el rancho de Damián, de quien ya nadie se acordaba. Quise interrogar al puestero Diego Abaroa, que lo vio morir; éste había fallecido antes del invierno. Quise traer a la memoria los rasgos de Damián; meses después, hojeando unos álbumes, comprobé que el rostro sombrío que yo había conseguido evocar era el del célebre tenor Tamberlick, en el papel de Otelo.

176

Further facts demand recording. In April, I received a letter from Colonel Dionisio Tabares, now clear-minded and vividly recalling the young Entrerriano who led the charge at Masoller, buried that night by his men beneath the ridge. Come July in Gualeguaychú, I found no trace of Damián's ranch, its memory erased. Diego Abaroa, the herdsman who witnessed his death, had perished before winter. Months later, leafing through albums, I realized the somber face I'd struggled to conjure belonged to the famed tenor Tamberlick as Othello.

177

Paso ahora a las conjeturas. La más fácil, pero también la menos satisfactoria, postula dos Damianes: el cobarde que murió en Entre Ríos hacia 1946, el valiente, que murió en Masoller en 1904. Su defecto reside en no explicar lo realmente enigmático: los curiosos vaivenes de la memoria del coronel Tabares, el olvido que anula en tan poco tiempo la imagen y hasta el nombre del que volvió. (No acepto, no quiero aceptar, una conjetura más simple: la de haber yo soñado al primero). Más curiosa es la conjetura sobrenatural que ideó Ulrike von Kühlmann. Pedro Damián, decía Ulrike, pereció en la batalla, y en la hora de su muerte suplicó a Dios que lo hiciera volver a Entre Ríos. Dios vaciló un segundo antes de otorgar esa gracia, y quien la había pedido ya estaba muerto, y algunos hombres lo habían visto caer. Dios, que no puede cambiar el pasado, pero sí las imágenes del pasado, cambió la imagen de la muerte en la de un desfallecimiento, y la sombra del entrerriano volvió a su tierra. Volvió, pero debemos recordar su condición de sombra. Vivió en la soledad, sin una mujer, sin amigos; todo lo amó y lo poseyó, pero desde lejos, como del otro lado de un cristal; «murió», y su tenue imagen se perdió, como el agua en el agua. Esa conjetura es errónea, pero hubiera debido sugerirme la verdadera (la que hoy creo la verdadera), que a la vez es más simple y más inaudita. De un modo casi mágico la descubrí en el tratado De Omnipotentia, de Pier Damiani, a cuyo estudio me llevaron dos versos del canto XXI del Paradiso, que plantean precisamente un problema de identidad. En el quinto capítulo de aquel tratado, Pier Damiani sostiene, contra Aristóteles y contra Fredegario de Tours, que Dios puede efectuar que no haya sido lo que alguna vez fue. Leí esas viejas discusiones teológicas y empecé a comprender la trágica historia de don Pedro Damián.

177

I turn now to conjectures. The simplest yet least satisfying posits two Damianes: the coward who died in Entre Ríos circa 1946, the hero who fell at Masoller in 1904. This fails to explain the true enigma: Colonel Tabares' mnemonic vacillations, that oblivion which so swiftly erased even the name of the survivor. (I reject—refuse to accept—a cruder hypothesis: that I dreamt the first). More intriguing is Ulrike von Kühlmann's supernatural theory: Pedro Damián perished in battle, she claimed, and with dying breath begged God to return him to Entre Ríos. God hesitated a moment before granting this mercy—by then the petitioner was dead, witnessed falling. Unable to alter the past, God changed its reflection: death became swoon, the Entrerriano's shade returning home. But shadows live apart—loveless, friendless, loving all from behind glass. "Dying" at last, his faint image dissolved like water into water. Though flawed, this fancy should have led me to the truth—simpler, yet more monstrous. I glimpsed it through Pier Damiani's treatise De Omnipotentia, studied after two verses from Canto XXI of the Paradiso posed questions of identity. In Chapter V, contra Aristotle and Fredegarius of Tours, Damiani argues God can undo what once was. These theological disputes unveiled Damián's tragic tale.

178

La adivino así. Damián se portó como un cobarde en el campo de Masoller, y dedicó la vida a corregir esa bochornosa flaqueza. Volvió a Entre Ríos; no alzó la mano a ningún hombre, no marcó a nadie, no buscó fama de valiente, pero en los campos del Ñancay se hizo duro, lidiando con el monte y la hacienda chúcara. Fue preparando, sin duda sin saberlo, el milagro. Pensó con lo más hondo: Si el destino me trae otra batalla, yo sabré merecerla. Durante cuarenta años la aguardó con oscura esperanza, y el destino al fin se la trajo, en la hora de su muerte. La trajo en forma de delirio pero ya los griegos sabían que somos las sombras de un sueño. En la agonía revivió su batalla, y se condujo como un hombre y encabezó la carga final y una bala lo acertó en pleno pecho. Así, en 1946, por obra de una larga pasión, Pedro Damián murió en la derrota de Masoller, que ocurrió entre el invierno y la primavera de 1904.

178

Here is my vision: Shamed by cowardice at Masoller, Damián spent his life atoning. Returning to Entre Ríos, he sought no duels, no glory, but hardened himself against wilds and feral cattle on Ñancay's plains—unknowingly preparing redemption. "If fate grants another battle," he thought profoundly, "I'll prove worthy." Forty years he waited in dim hope. Fate answered through delirium's veil—for Greeks knew we're shadows of a dream. In death-throes, he relived his battle: this time leading the charge, taking the bullet through his heart. Thus in 1946, through passion's long alchemy, Pedro Damián died at Masoller's defeat—that fray fought between winter and spring of 1904.

179

En la Suma Teológica se niega que Dios pueda hacer que lo pasado no haya sido, pero nada se dice de la intrincada concatenación de causas y efectos, que es tan vasta y tan íntima que acaso no cabría anular un solo hecho remoto, por insignificante que fuera, sin invalidar el presente. Modificar el pasado no es modificar un solo hecho; es anular sus consecuencias, que tienden a ser infinitas. Dicho sea con otras palabras; es crear dos historias universales. En la primera (digamos), Pedro Damián murió en Entre Ríos, en 1946; en la segunda, en Masoller, en 1904. Ésta es la que vivimos ahora, pero la supresión de aquélla no fue inmediata y produjo las incoherencias que he referido. En el coronel Dionisio Tabares se cumplieron las diversas etapas: al principio recordó que Damián obró como un cobarde; luego, lo olvidó totalmente; luego, recordó su impetuosa muerte. No menos corroborativo es el caso del puestero Abaroa; éste murió, lo entiendo, porque tenía demasiadas memorias de don Pedro Damián.

179

In the Summa Theologica, it is denied that God can make the past not to have been, yet nothing is said of the intricate concatenation of causes and effects—so vast and intimate that perhaps not a single remote fact, however insignificant, could be annulled without invalidating the present. To modify the past is not to modify a single fact; it is to annul its consequences, which tend to be infinite. In other words: it is to create two universal histories. In the first (let us say), Pedro Damián died in Entre Ríos in 1946; in the second, at Masoller in 1904. This is the history we live now, but the suppression of the former was not immediate and produced the incoherencies I have related. In Colonel Dionisio Tabares, diverse stages were fulfilled: first he remembered that Damián had acted as a coward; then, he forgot him entirely; later, he recalled his impetuous death. No less corroborative is the case of the ranch hand Abaroa; he died, I understand, because he held too many memories of Don Pedro Damián.

180

En cuanto a mí, entiendo no correr un peligro análogo. He adivinado y registrado un proceso no accesible a los hombres, una suerte de escándalo de la razón; pero algunas circunstancias mitigan ese privilegio temible. Por lo pronto, no estoy seguro de haber escrito siempre la verdad. Sospecho que en mi relato hay falsos recuerdos. Sospecho que Pedro Damián (si existió) no se llamó Pedro Damián, y que yo lo recuerdo bajo ese nombre para creer algún día que su historia me fue sugerida por los argumentos de Pier Damiani. Algo parecido acontece con el poema que mencioné en el primer párrafo y que versa sobre la irrevocabilidad del pasado. Hacia 1951 creeré haber fabricado un cuento fantástico y habré historiado un hecho real; también el inocente Virgilio, hará dos mil años, creyó anunciar el nacimiento de un hombre y vaticinaba el de Dios.

180

As for myself, I believe I do not face an analogous danger. I have divined and recorded a process inaccessible to men, a kind of scandal of reason; yet certain circumstances mitigate this fearsome privilege. Firstly, I am not certain of having always written the truth. I suspect there are false memories in my account. I suspect that Pedro Damián (if he existed) was not named Pedro Damián, and that I remember him under that name to someday believe his story was suggested to me by the arguments of Pier Damiani. Something similar occurs with the poem I mentioned in the first paragraph, which speaks of the irrevocability of the past. By 1951, I shall believe I have fabricated a fantastic tale and will have chronicled a real event; so too did the innocent Virgil, some two thousand years ago, believe he was heralding the birth of a man and prophesied that of a God.

181

¡Pobre Damián! La muerte lo llevó a los veinte años en una triste guerra ignorada y en una batalla casera, pero consiguió lo que anhelaba su corazón, y tardó mucho en conseguirlo, y acaso no hay mayores felicidades.

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Poor Damián! Death took him at twenty in an obscure war and a petty battle, yet he achieved what his heart yearned for, and took long to achieve it, and perhaps there are no greater felicities.

183

Deutsches Requiem

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Deutsches Requiem

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Aunque él me quitare la vida, en él confiaré.

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Though he slay me, yet will I trust in him.

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Job 13:15

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Job 13:15

186

Mi nombre es Otto Dietrich zur Linde. Uno de mis antepasados, Christoph zur Linde, murió en la carga de caballería que decidió la victoria de Zorndorf. Mi bisabuelo materno, Ulrich Forkel, fue asesinado en la foresta de Marchenoir por francotiradores franceses, en los últimos días de 1870; el capitán Dietrich zur Linde, mi padre, se distinguió en el sitio de Namur, en 1914, y, dos años después, en la travesía del Danubio[6]. En cuanto a mí, seré fusilado por torturador y asesino. El tribunal ha procedido con rectitud; desde el principio, yo me he declarado culpable. Mañana, cuando el reloj de la prisión dé las nueve, yo habré entrado en la muerte; es natural que piense en mis mayores, ya que tan cerca estoy de su sombra, ya que de algún modo soy ellos.

186

My name is Otto Dietrich zur Linde. One of my ancestors, Christoph zur Linde, perished in the cavalry charge that decided the victory at Zorndorf. My maternal grandfather, Ulrich Forkel, was assassinated in the Forest of Marchenoir by French sharpshooters in the final days of 1870; Captain Dietrich zur Linde, my father, distinguished himself at the siege of Namur in 1914 and, two years later, in the crossing of the Danube[6]. As for me, I shall be shot for torturer and murderer. The tribunal has acted justly; from the outset, I confessed myself guilty. Tomorrow, when the prison clock strikes nine, I shall have entered death's dominion; it is natural that I dwell on my forebears, now so near their shadows, now in some way being them.

187

Durante el juicio (que afortunadamente duró poco) no hablé; justificarme, entonces, hubiera entorpecido el dictamen y hubiera parecido una cobardía. Ahora las cosas han cambiado; en esta noche que precede a mi ejecución, puedo hablar sin temor. No pretendo ser perdonado, porque no hay culpa en mí, pero quiero ser comprendido. Quienes sepan oírme, comprenderán la historia de Alemania y la futura historia del mundo. Yo sé que casos como el mío, excepcionales y asombrosos ahora, serán muy en breve triviales. Mañana moriré, pero soy un símbolo de las generaciones del porvenir.

187

During the trial (which fortunately was brief) I did not speak; to justify myself then would have hindered the verdict and seemed an act of cowardice. Now things have changed; on this night preceding my execution, I may speak without fear. I do not seek pardon, for there is no guilt in me, but I wish to be understood. Those who hear me will comprehend Germany's history and the future history of the world. I know that cases like mine, exceptional and astonishing now, will shortly become trivial. Tomorrow I die, but I am a symbol of generations to come.

188

Nací en Marienburg, en 1908. Dos pasiones, ahora casi olvidadas, me permitieron afrontar con valor y aun con felicidad muchos años infaustos: la música y la metafísica. No puedo mencionar a todos mis bienhechores, pero hay dos nombres que no me resigno a omitir: el de Brahms y el de Schopenhauer. También frecuenté la poesía; a esos nombres quiero juntar otro vasto nombre germánico, William Shakespeare. Antes, la teología me interesó, pero de esa fantástica disciplina (y de la fe cristiana) me desvió para siempre Schopenhauer, con razones directas; Shakespeare y Brahms, con la infinita variedad de su mundo. Sepa quien se detiene maravillado, trémulo de ternura y de gratitud, ante cualquier lugar de la obra de esos felices, que yo también me detuve ahí, yo el abominable.

188

I was born in Marienburg in 1908. Two passions, now almost forgotten, allowed me to face many calamitous years with courage and even happiness: music and metaphysics. I cannot name all my benefactors, but two names I cannot omit: those of Brahms and Schopenhauer. I also frequented poetry; to those names I wish to add another vast Germanic name—William Shakespeare. Earlier, theology interested me, but from that fantastic discipline (and from Christian faith) I was forever diverted by Schopenhauer with direct arguments; by Shakespeare and Brahms with the infinite variety of their worlds. Let whoever pauses in wonder, trembling with tenderness and gratitude, before any passage in the works of these blessed ones know that I too paused there—I, the abominable.

189

Hacia 1927 entraron en mi vida Nietzsche y Spengler. Observa un escritor del siglo XVII que nadie quiere deber nada a sus contemporáneos; yo, para libertarme de una influencia que presentí opresora, escribí un artículo titulado Abrechnung mit Spengler, en el que hacía notar que el monumento más inequívoco de los rasgos que el autor llama fáusticos no es el misceláneo drama de Goethe[7] sino un poema redactado hace veinte siglos, el De rerum natura. Rendí justicia, empero, a la sinceridad del filósofo de la historia, a su espíritu radicalmente alemán (kerndeutsch), militar. En 1929 entré en el Partido.

189

Around 1927, Nietzsche and Spengler entered my life. A 17th-century writer observes that no man wants to owe anything to his contemporaries; I, to free myself from an influence I sensed as oppressive, wrote an article titled Reckoning with Spengler, wherein I noted that the most unequivocal monument to the traits the author calls Faustian is not Goethe's miscellaneous drama[7] but a poem composed twenty centuries earlier—the De rerum natura. I did justice, however, to the philosopher of history's sincerity, to his radically German (kerndeutsch), militant spirit. In 1929, I joined the Party.

190

Poco diré de mis años de aprendizaje. Fueron más duros para mí que para muchos otros, ya que a pesar de no carecer de valor, me falta toda vocación de violencia. Comprendí, sin embargo, que estábamos al borde de un tiempo nuevo y que ese tiempo, comparable a las épocas iniciales del Islam o del Cristianismo, exigía hombres nuevos. Individualmente, mis camaradas me eran odiosos; en vano procuré razonar que para el alto fin que nos congregaba, no éramos individuos.

190

Little shall I say of my apprentice years. They were harsher for me than for many others, for though not lacking courage, I have no vocation for violence. Yet I understood we stood on the threshold of a new age and that this age, akin to the early days of Islam or Christianity, demanded new men. Individually, my comrades were hateful to me; in vain I tried to reason that we were not individuals for the lofty end that united us.

191

Aseveran los teólogos que si la atención del Señor se desviara un solo segundo de mi derecha mano que escribe, ésta recaería en la nada, como si la fulminara un fuego sin luz. Nadie puede ser, digo yo, nadie puede probar una copa de agua o partir un trozo de pan, sin justificación. Para cada hombre, esa justificación es distinta; yo esperaba la guerra inexorable que probaría nuestra fe. Me bastaba saber que yo sería un soldado de sus batallas. Alguna vez temí que nos defraudaran la cobardía de Inglaterra y de Rusia. El azar, o el destino, tejió de otra manera mi porvenir: el primero de marzo de 1939, al oscurecer, hubo disturbios en Tilsit que los diarios no registraron; en la calle detrás de la sinagoga, dos balas me atravesaron la pierna, que fue necesario amputar[8]. Días después, entraban en Bohemia nuestros ejércitos; cuando las sirenas lo proclamaron, yo estaba en el sedentario hospital, tratando de perderme y de olvidarme en los libros de Schopenhauer. Símbolo de mi vano destino, dormía en el reborde de la ventana un gato enorme y fofo.

191

Theologians assert that were the Lord's attention to waver for a single second from my right hand now writing, it would plunge into nothingness as if annihilated by a lightless fire. No man can exist, I say, no man can taste a cup of water or break a piece of bread without justification. For each man, that justification differs; I awaited the inexorable war that would test our faith. It sufficed me to know I would be a soldier in its battles. At times I feared England and Russia's cowardice might betray us. Chance, or fate, wove my future otherwise: on March 1st, 1939, at nightfall, riots erupted in Tilsit unrecorded by newspapers; in the street behind the synagogue, two bullets pierced my leg, necessitating amputation[8]. Days later, our armies marched into Bohemia; when sirens proclaimed this triumph, I lay in the sedentary hospital, seeking oblivion in Schopenhauer's works. A fat, lethargic cat slept on the windowsill—symbol of my vain destiny.

192

En el primer volumen de Parerga und Paralipomena releí que todos los hechos que pueden ocurrirle a un hombre, desde el instante de su nacimiento hasta el de su muerte, han sido prefijados por él. Así, toda negligencia es deliberada, todo casual encuentro una cita, toda humillación una penitencia, todo fracaso una misteriosa victoria, toda muerte un suicidio. No hay consuelo más hábil que el pensamiento de que hemos elegido nuestras desdichas; esa teleología individual nos revela un orden secreto y prodigiosamente nos confunde con la divinidad. ¿Qué ignorado propósito (cavilé) me hizo buscar ese atardecer, esas balas y esa mutilación? No el temor de la guerra, yo lo sabía; algo más profundo. Al fin creí entender. Morir por una religión es más simple que vivirla con plenitud; batallar en Éfeso contra las fieras es menos duro (miles de mártires oscuros lo hicieron) que ser Pablo, siervo de Jesucristo; un acto es menos que todas las horas de un hombre. La batalla y la gloria son facilidades; más ardua que la empresa de Napoleón fue la de Raskolnikov. El siete de febrero de 1941 fui nombrado subdirector del campo de concentración de Tarnowitz.

192

In the first volume of Parerga und Paralipomena, I reread that all events befalling a man from birth to death are preordained by himself. Thus, every negligence is deliberate, every chance encounter an assignation, every humiliation a penance, every failure a secret victory, every death a suicide. No solace proves subtler than the thought that we have chosen our misfortunes; this individual teleology reveals a hidden order and miraculously confounds us with divinity. What unknown purpose (I pondered) led me to seek that twilight, those bullets, that mutilation? Not fear of war—I knew—but something deeper. At last I understood: dying for a faith proves simpler than living it fully; battling beasts in Ephesus weighs lighter (as countless obscure martyrs did) than being Paul, servant of Christ. A single act outweighs all a man's hours. Glory in battle is mere facility; Raskolnikov's ordeal surpasses Napoleon's. On February 7th, 1941, I was appointed deputy director of Tarnowitz concentration camp.

193

El ejercicio de ese cargo no me fue grato; pero no pequé nunca de negligencia. El cobarde se prueba entre las espadas; el misericordioso, el piadoso, busca el examen de las cárceles y del dolor ajeno. El nazismo, intrínsecamente, es un hecho moral, un despojarse del viejo hombre, que está viciado, para vestir el nuevo. En la batalla esa mutación es común, entre el clamor de los capitanes y el vocerío; no así en un torpe calabozo, donde nos tienta con antiguas ternuras la insidiosa piedad. No en vano escribo esa palabra; la piedad por el hombre superior es el último pecado de Zarathustra. Casi lo cometí (lo confieso) cuando nos remitieron de Breslau al insigne poeta David Jerusalem.

193

This office brought me no joy, yet I never lapsed into negligence. Cowards prove themselves amidst swords; the merciful and pious seek trial through prisons and others' pain. Nazism, at its core, is moral metamorphosis—shedding the tainted old man to clothe the new. In battle, such transformation thrives amid captains' clamor; not so in dungeons where insidious pity tempts us with ancient tenderness. Not idly do I write "pity"—compassion for superior men marks Zarathustra's ultimate sin. I nearly committed it (I confess) when Breslau sent us the eminent poet David Jerusalem.

194

Era éste un hombre de cincuenta años. Pobre de bienes de este mundo, perseguido, negado, vituperado, había consagrado su genio a cantar la felicidad. Creo recordar que Albert Soergel, en la obra Dichtung der Zeit, lo equipara con Whitman. La comparación no es feliz; Whitman celebra el universo de un modo previo, general, casi indiferente; Jerusalem se alegra de cada cosa, con minucioso amor. No comete jamás enumeraciones, catálogos. Aún puedo repetir muchos hexámetros de aquel hondo poema que se titula Tse Yang, pintor de tigres, que está como rayado de tigres, que está como cargado y atravesado de tigres transversales y silenciosos. Tampoco olvidaré el soliloquio Rosencrantz habla con el Ángel, en el que un prestamista londinense del siglo XVI vanamente trata, al morir, de vindicar sus culpas, sin sospechar que la secreta justificación de su vida es haber inspirado a uno de sus clientes (que lo ha visto una sola vez y a quien no recuerda) el carácter de Shylock. Hombre de memorables ojos, de piel cetrina, de barba casi negra, David Jerusalem era el prototipo del judío sefardí, si bien pertenecía a los depravados y aborrecidos Ashkenazim. Fui severo con él; no permití que me ablandaran ni la compasión ni su gloria. Yo había comprendido hace muchos años que no hay cosa en el mundo que no sea germen de un Infierno posible; un rostro, una palabra, una brújula, un aviso de cigarrillos, podrían enloquecer a una persona, si ésta no lograra olvidarlos. ¿No estaría loco un hombre que continuamente se figurara el mapa de Hungría? Determiné aplicar ese principio al régimen disciplinario de nuestra casa y[9]… A fines de 1942, Jerusalem perdió la razón; el primero de marzo de 1943, logró darse muerte[10].

194

He was a man of fifty, worldly poor, persecuted, denied, reviled, who had consecrated his genius to hymning happiness. Albert Soergel's Dichtung der Zeit, I recall, likens him to Whitman. The comparison falters: Whitman celebrates the universe generally, almost indifferently; Jerusalem rejoices in each thing with meticulous love. He never catalogs. Still I can recite hexameters from his profound poem Tse Yang, Painter of Tigers—streaked with tigers, laden and traversed by silent transversal tigers. Nor shall I forget the soliloquy Rosencrantz Speaks to the Angel, where a 16th-century London moneylender vainly seeks to vindicate his sins in death, unaware that his life's secret justification lies in inspiring Shylock's character for a client (who saw him once and remembers not). With memorable eyes, sallow skin, and near-black beard, Jerusalem typified the Sephardic Jew, though born among depraved, despised Ashkenazim. I showed severity; neither compassion nor his fame softened me. Long had I known that anything—a face, a word, a compass, a cigarette ad—could seed potential madness if unrelinquished. Would a man not go mad if he were continually to imagine the map of Hungary? I resolved to apply this principle to our disciplinary regime... By late 1942, Jerusalem lost his reason; on March 1st, 1943, he succeeded in suicide[10].

195

Ignoro si Jerusalem comprendió que si yo lo destruí, fue para destruir mi piedad. Ante mis ojos, no era un hombre, ni siquiera un judío; se había transformado en el símbolo de una detestada zona de mi alma. Yo agonicé con él, yo morí con él, yo de algún modo me he perdido con él; por eso, fui implacable.

195

Whether Jerusalem understood that in destroying him I sought to annihilate my own pity, I know not. To my eyes, he ceased to be a man, even a Jew; he had become the symbol of a detested region in my soul. I agonized with him, died with him, in some way lost myself with him; thus, I showed no mercy.

196

Mientras tanto, giraban sobre nosotros los grandes días y las grandes noches de una guerra feliz. Había en el aire que respirábamos un sentimiento parecido al amor. Como si bruscamente el mar estuviera cerca, había un asombro y una exaltación en la sangre. Todo, en aquellos años, era distinto; hasta el sabor del sueño. (Yo, quizá, nunca fui plenamente feliz, pero es sabido que la desventura requiere paraísos perdidos). No hay hombre que no aspire a la plenitud, es decir a la suma de experiencias de que un hombre es capaz; no hay hombre que no tema ser defraudado de alguna parte de ese patrimonio infinito. Pero todo lo ha tenido mi generación, porque primero le fue deparada la gloria y después la derrota.

196

Meanwhile, the grand days and nights of a joyous war revolved around us. The very air we breathed held a sentiment akin to love. As if the sea had suddenly neared, wonder and exaltation coursed through our blood. In those years, everything differed—even the taste of dreams. (Perhaps I never knew full happiness, but misfortune requires lost paradises). All men yearn for plenitude—the sum of experiences possible to man; all fear being defrauded of some fragment of that infinite heritage. Yet my generation possessed everything, for first it was granted glory, then defeat.

197

En octubre o noviembre de 1942, mi hermano Friedrich pereció en la segunda batalla de El Alamein, en los arenales egipcios; un bombardeo aéreo, meses después, destrozó nuestra casa natal; otro, a fines de 1943, mi laboratorio. Acosado por vastos continentes, moría el Tercer Reich; su mano estaba contra todos y las manos de todos contra él. Entonces, algo singular ocurrió, que ahora creo entender. Yo me creía capaz de apurar la copa de la cólera, pero en las heces me detuvo un sabor no esperado, el misterioso y casi terrible sabor de la felicidad. Ensayé diversas explicaciones; no me bastó ninguna. Pensé: Me satisface la derrota, porque secretamente me sé culpable y sólo puede redimirme el castigo. Pensé: Me satisface la derrota, porque es un fin y yo estoy muy cansado. Pensé: Me satisface la derrota, porque ha ocurrido, porque está innumerablemente unida a todos los hechos que son, que fueron, que serán, porque censurar o deplorar un solo hecho real es blasfemar del universo. Esas razones ensayé, hasta dar con la verdadera.

197

In October or November 1942, my brother Friedrich perished in the Second Battle of El Alamein, on Egyptian sands; an aerial bombardment months later shattered our ancestral home; another, in late 1943, my laboratory. Besieged by vast continents, the Third Reich was dying; its hand was against all, and all hands against it. Then something singular occurred, which I now believe I understand. I thought myself capable of draining the cup of wrath, but in its dregs I halted at an unforeseen flavor—the mysterious and almost terrible taste of happiness. I tested various explanations; none sufficed. I thought: Defeat satisfies me because I secretly know myself guilty, and only punishment can redeem me. I thought: Defeat satisfies me because it is an end, and I am profoundly weary. I thought: Defeat satisfies me because it has occurred, because it is innumerably woven into all events that are, that were, that shall be, for to censure or lament a single real fact is to blaspheme the universe. These reasons I rehearsed, until I found the true one.

198

Se ha dicho que todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Ello equivale a declarar que no hay debate de carácter abstracto que no sea un momento de la polémica de Aristóteles y Platón; a través de los siglos y latitudes, cambian los nombres, los dialectos, las caras, pero no los eternos antagonistas. También la historia de los pueblos registra una continuidad secreta. Arminio, cuando degolló en una ciénaga las legiones de Varo, no se sabía precursor de un Imperio Alemán; Lutero, traductor de la Biblia, no sospechaba que su fin era forjar un pueblo que destruyera para siempre la Biblia; Christoph zur Linde, a quien mató una bala moscovita en 1758, preparó de algún modo las victorias de 1914; Hitler creyó luchar por un país, pero luchó por todos, aun por aquellos que agredió y detestó. No importa que su yo lo ignorara; lo sabían su sangre, su voluntad. El mundo se moría de judaísmo y de esa enfermedad del judaísmo, que es la fe de Jesús; nosotros le enseñamos la violencia y la fe de la espada. Esa espada nos mata y somos comparables al hechicero que teje un laberinto y que se ve forzado a errar en él hasta el fin de sus días o a David que juzga a un desconocido y lo condena a muerte y oye después la revelación: Tú eres aquel hombre. Muchas cosas hay que destruir para edificar el nuevo orden; ahora sabemos que Alemania era una de esas cosas. Hemos dado algo más que nuestra vida, hemos dado la suerte de nuestro querido país. Que otros maldigan y otros lloren; a mí me regocija que nuestro don sea orbicular y perfecto.

198

It has been said that all men are born Aristotelians or Platonists. This amounts to declaring that no abstract debate exists which is not a moment in the polemic of Aristotle and Plato; across latitudes and centuries, names, dialects, and faces change, but not the eternal adversaries. The history of nations too records a secret continuity. Arminius, when he slaughtered Varus' legions in a marsh, did not know himself precursor to a German Empire; Luther, translator of the Bible, never suspected his goal was to forge a people destined to destroy that Bible forever; Christoph zur Linde, slain by a Muscovite bullet in 1758, somehow prepared the victories of 1914; Hitler believed he fought for one country, but fought for all, even those he assaulted and despised. It matters not that his self remained ignorant; his blood and will knew. The world was dying of Judaism and of that Jewish sickness, the faith of Jesus; we taught it violence and the faith of the sword. That sword now kills us, and we resemble the sorcerer who weaves a labyrinth only to wander it until his end, or David who judges a stranger and condemns him to death, only to hear the revelation: Thou art that man. To erect the new order, many things must be destroyed; now we know Germany was among them. We have given more than our lives; we have given the destiny of our beloved nation. Let others curse and weep; I rejoice that our gift is orbicular and perfect.

199

Se cierne ahora sobre el mundo una época implacable. Nosotros la forjamos, nosotros que ya somos su víctima. ¿Qué importa que Inglaterra sea el martillo y nosotros el yunque? Lo importante es que rija la violencia, no las serviles timideces cristianas. Si la victoria y la injusticia y la felicidad no son para Alemania, que sean para otras naciones. Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno.

199

Now an implacable age looms over the world. We forged it, we who are already its victims. What matters if England is the hammer and we the anvil? What matters is that violence reigns, not servile Christian timidities. If victory and injustice and happiness are not for Germany, let them be for other nations. Let Heaven exist, though our place be Hell.

200

Miro mi cara en el espejo para saber quién soy, para saber cómo me portaré dentro de unas horas, cuando me enfrente con el fin. Mi carne puede tener miedo; yo, no.

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I gaze at my face in the mirror to know who I am, to know how I shall act within hours when I face the end. My flesh may fear; I do not.

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La busca de Averroes

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Averroes' Search

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S’imaginant que la tragédie n’est autre chose que l’art de louer…

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S’imaginant que la tragédie n’est autre chose que l’art de louer…

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ERNEST RENAN, Averroès, 48 (1861)

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ERNEST RENAN, Averroès, 48 (1861)

205

Abulgualid Muhámmad Ibn-Ahmad ibn-Muhámmad ibn-Rushd (un siglo tardaría ese largo nombre en llegar a Averroes, pasando por Benraist y por Avenryz, y aun por Aben-Rassad y Filius Rosadis) redactaba el undécimo capítulo de la obra Tahafut-ul-Tahafut (Destrucción de la Destrucción), en el que se mantiene, contra el asceta persa Ghazali, autor del Tahafut-ul-falasifa (Destrucción de filósofos), que la divinidad sólo conoce las leyes generales del universo, lo concerniente a las especies, no al individuo. Escribía con lenta seguridad, de derecha a izquierda; el ejercicio de formar silogismos y de eslabonar vastos párrafos no le impedía sentir, como un bienestar, la fresca y honda casa que lo rodeaba.

205

Abu al-Walid Muhammad ibn-Ahmad ibn-Muhammad ibn-Rushd (a century would pass before this lengthy name became Averroes through Benraist and Avenryz, even Aben-Rassad and Filius Rosadis) was drafting the eleventh chapter of his work Tahafut-ul-Tahafut (Destruction of the Destruction), wherein he argues against the Persian ascetic Ghazali, author of Tahafut-ul-falasifa (Destruction of Philosophers), that divinity knows only the universal laws of the cosmos, pertaining to species, not individuals. He wrote with slow certainty, right to left; the labor of forging syllogisms and linking vast paragraphs did not impede his sensing, as a palpable comfort, the cool and profound house surrounding him.

206

En el fondo de la siesta se enronquecían amorosas palomas; de algún patio invisible se elevaba el rumor de una fuente; algo en la carne de Averroes, cuyos antepasados procedían de los desiertos árabes, agradecía la constancia del agua. Abajo estaban los jardines, la huerta; abajo, el atareado Guadalquivir y después la querida ciudad de Córdoba, no menos clara que Bagdad o que el Cairo, como un complejo y delicado instrumento, y alrededor (esto Averroes lo sentía también) se dilataba hacia el confín la tierra de España, en la que hay pocas cosas, pero donde cada una parece estar de un modo sustantivo y eterno.

206

In the depths of afternoon, amorous doves grew hoarse; from some unseen courtyard rose the murmur of a fountain; something in Averroes' flesh, whose ancestors came from Arabian deserts, gave thanks for water's constancy. Below lay gardens, orchards; below, the busy Guadalquivir, then beloved Córdoba, no less luminous than Baghdad or Cairo, like some intricate and delicate instrument, and around (Averroes felt this too) stretched the land of Spain, where there are few things, but each seems to exist in a substantive and eternal way.

207

La pluma corría sobre la hoja, los argumentos se enlazaban, irrefutables, pero una leve preocupación empañó la felicidad de Averroes. No la causaba el Tahafut, trabajo fortuito, sino un problema de índole filológica vinculado a la obra monumental que lo justificaría ante las gentes: el comentario de Aristóteles. Este griego, manantial de toda filosofía, había sido otorgado a los hombres para enseñarles todo lo que se puede saber; interpretar sus libros como los ulemas interpretan el Alcorán era el arduo propósito de Averroes. Pocas cosas más bellas y más patéticas registrará la historia que esa consagración de un médico árabe a los pensamientos de un hombre de quien lo separaban catorce siglos; a las dificultades intrínsecas debemos añadir que Averroes, ignorante del siríaco y del griego, trabajaba sobre la traducción de una traducción. La víspera, dos palabras dudosas lo habían detenido en el principio de la Poética. Esas palabras eran tragedia y comedia. Las había encontrado años atrás, en el libro tercero de la Retórica; nadie, en el ámbito del Islam, barruntaba lo que querían decir. Vanamente había fatigado las páginas de Alejandro de Afrodisia, vanamente había compulsado las versiones del nestoriano Hunáin ibn-Ishaq y de Abu-Bashar Mata. Esas dos palabras arcanas pululaban en el texto de la Poética; imposible eludirlas.

207

The pen raced across the page, arguments linked irrefutably, yet a faint unease dimmed Averroes' happiness. It was caused not by the Tahafut, a marginal work, but by a philological problem tied to the monumental labor that would justify him before men: his commentary on Aristotle. This Greek, fount of all philosophy, had been given to mankind to teach all that can be known; to interpret his books as the ulema interpret the Qur'an was Averroes' arduous purpose. History will record few things more beautiful or poignant than this Arab physician's devotion to the thoughts of a man separated from him by fourteen centuries; to intrinsic difficulties we must add that Averroes, ignorant of Syriac and Greek, worked from a translation of a translation. The day before, two elusive words had halted him at the outset of the Poetics. Those words were tragedy and comedy. He had encountered them years earlier in the third book of the Rhetoric; no one in the Islamic world could fathom their meaning. In vain he had scoured the pages of Alexander of Aphrodisias, in vain collated the versions of the Nestorian Hunain ibn-Ishaq and Abu-Bashar Mata. These arcane words proliferated in the text of the Poetics; evasion was impossible.

208

Averroes dejó la pluma. Se dijo (sin demasiada fe) que suele estar muy cerca lo que buscamos, guardó el manuscrito del Tahafut y se dirigió al anaquel donde se alineaban, copiados por calígrafos persas, los muchos volúmenes del Mohkam del ciego Abensida. Era irrisorio imaginar que no los había consultado, pero lo tentó el ocioso placer de volver sus páginas. De esa estudiosa distracción lo distrajo una suerte de melodía. Miró por el balcón enrejado; abajo, en el estrecho patio de tierra, jugaban unos chicos semidesnudos. Uno, de pie en los hombros de otro, hacía notoriamente de almuédano; bien cerrados los ojos, salmodiaba No hay otro dios que el Dios. El que lo sostenía, inmóvil, hacía de alminar; otro, abyecto en el polvo y arrodillado, de congregación de los fieles. El juego duró poco; todos querían ser el almuédano, nadie la congregación o la torre. Averroes los oyó disputar en dialecto grosero, vale decir en el incipiente español de la plebe musulmana de la Península. Abrió el Quitah ul ain de Jalil y pensó con orgullo que en toda Córdoba (acaso en todo Al-Andalus) no había otra copia de la obra perfecta que esta que el emir Yacub Almansur le había remitido de Tánger. El nombre de ese puerto le recordó que el viajero Abulcásim Al-Asharí, que había regresado de Marruecos, cenaría con él esa noche en casa del alcoranista Farach. Abulcásim decía haber alcanzado los reinos del imperio de Sin (de la China); sus detractores, con esa lógica peculiar que da el odio, juraban que nunca había pisado la China y que en los templos de ese país había blasfemado de Alá. Inevitablemente, la reunión duraría unas horas; Averroes, presuroso, retomó la escritura del Tahafut. Trabajó hasta el crepúsculo de la noche.

208

Averroes set down the pen. He told himself (without much conviction) that what we seek is often nearby, stored the manuscript of the Tahafut, and approached the shelves where the many volumes of the Mohkam by the blind Abensida—copied by Persian scribes—stood aligned. It was laughable to imagine he had not consulted them, yet he indulged the idle pleasure of leafing through their pages. From this studious distraction, a kind of melody diverted him. He peered through the latticed balcony; below, in the narrow earthen courtyard, half-naked children were playing. One, standing atop another’s shoulders, clearly impersonated a muezzin; eyes tightly shut, he intoned There is no god but God. The boy supporting him, motionless, served as the minaret; another, groveling in the dust and kneeling, played the congregation. The game did not last long; all wished to be the muezzin, none the congregation or the tower. Averroes heard them quarrel in a coarse dialect—that is, in the incipient Spanish of the Muslim plebs of the Peninsula. He opened Jalil’s Kitab al-Ayn and thought with pride that in all Córdoba (perhaps in all Al-Andalus) there existed no other copy of this perfect work than the one Emir Yacub Almansur had sent him from Tangier. The name of that port reminded him that the traveler Abulcásim Al-Asharí, recently returned from Morocco, would dine with him that night at the home of the Quranic scholar Farach. Abulcásim claimed to have reached the realms of the empire of Sin (China); his detractors, with that peculiar logic born of hatred, swore he had never trodden China’s soil and that in its temples he had blasphemed against Allah. Inevitably, the gathering would last hours; hurriedly, Averroes resumed writing the Tahafut. He worked until twilight.

209

El diálogo, en la casa de Farach, pasó de las incomparables virtudes del gobernador a las de su hermano el emir; después, en el jardín, hablaron de rosas. Abulcásim, que no las había mirado, juró que no había rosas como las rosas que decoran los cármenes andaluces. Farach no se dejó sobornar; observó que el docto Ibn Qutaiba describe una excelente variedad de la rosa perpetua, que se da en los jardines del Indostán y cuyos pétalos, de un rojo encarnado, presentan caracteres que dicen: No hay otro dios que el Dios, Muhámmad es el Apóstol de Dios. Agregó que Abulcásim, seguramente, conocería esas rosas. Abulcásim lo miró con alarma. Si respondía que sí, todos lo juzgarían, con razón, el más disponible y casual de los impostores; si respondía que no, lo juzgarían un infiel. Optó por musitar que con el Señor están las llaves de las cosas ocultas y que no hay en la tierra una cosa verde o una cosa marchita que no esté registrada en Su Libro. Esas palabras pertenecen a una de las primeras azoras; las acogió un murmullo reverencial. Envanecido por esa victoria dialéctica, Abulcásim iba a pronunciar que el Señor es perfecto en sus obras e inescrutable. Entonces Averroes declaró, prefigurando las remotas razones de un todavía problemático Hume:

209

At Farach’s house, the conversation drifted from the governor’s incomparable virtues to those of his brother the emir; later, in the garden, they spoke of roses. Abulcásim, who had not gazed upon them, swore there were no roses like those adorning Andalusian courtyards. Farach remained unswayed; he observed that the learned Ibn Qutaiba describes an exquisite variety of perpetual rose in the gardens of Hindustan, its petals—crimson red—bearing characters that proclaim: There is no god but God, Muhammad is the Apostle of God. He added that Abulcásim must surely know these roses. Abulcásim stared in alarm. To affirm would mark him, rightly, as the most credulous of impostors; to deny would brand him an infidel. He chose to murmur that with the Lord lie the keys to hidden things, and no green or withered thing on earth exists unrecorded in His Book. These words belong to an early surah; they were met with reverent murmurs. Flushed with dialectical triumph, Abulcásim was about to declare that the Lord’s works are perfect and inscrutable. Then Averroes spoke, prefiguring the remote reasoning of a still-problematic Hume:

210

—Me cuesta menos admitir un error en el docto Ibn Qutaiba, o en los copistas, que admitir que la tierra da rosas con la profesión de la fe.

210

—It costs me less to admit an error in the learned Ibn Qutaiba, or in the copyists, than to accept that earth yields roses inscribed with the profession of faith.

211

—Así es. Grandes y verdaderas palabras —dijo Abulcásim.

211

—So it is. Great and true words —said Abulcásim.

212

—Algún viajero —recordó el poeta Abdalmálik— habla de un árbol cuyo fruto son verdes pájaros. Menos me duele creer en él que en rosas con letras.

212

—Some traveler —recalled the poet Abdalmálik— speaks of a tree whose fruits are green birds. I find it less grievous to believe in that than in roses with letters.

213

—El color de los pájaros —dijo Averroes— parece facilitar el portento. Además, los frutos y los pájaros pertenecen al mundo natural, pero la escritura es un arte. Pasar de hojas a pájaros es más fácil que de rosas a letras.

213

—The birds’ color —said Averroes— seems to facilitate the marvel. Moreover, fruits and birds belong to the natural world, whereas writing is an art. To pass from leaves to birds is easier than from roses to letters.

214

Otro huésped negó con indignación que la escritura fuese un arte, ya que el original del Qurán —la madre del Libro— es anterior a la Creación y se guarda en el cielo. Otro habló de Cháhiz de Basra, que dijo que el Qurán es una sustancia que puede tomar la forma de un hombre o la de un animal, opinión que parece convenir con la de quienes le atribuyen dos caras. Farach expuso largamente la doctrina ortodoxa. El Qurán (dijo) es uno de los atributos de Dios, como Su piedad; se copia en un libro, se pronuncia con la lengua, se recuerda en el corazón, y el idioma y los signos y la escritura son obra de los hombres, pero el Qurán es irrevocable y eterno. Averroes, que había comentado la República, pudo haber dicho que la madre del Libro es algo así como su modelo platónico, pero notó que la teología era un tema del todo inaccesible a Abulcásim.

214

Another guest indignantly denied that writing was an art, since the original Qur’an —the Mother of the Book— predates Creation and is preserved in Heaven. Another spoke of Al-Jahiz of Basra, who declared the Qur’an a substance capable of assuming human or animal form—an opinion aligning with those who attribute to it two faces. Farach expounded orthodox doctrine at length. The Qur’an (he said) is one of God’s attributes, like His mercy; it is copied in books, uttered by tongues, held in hearts, yet language, signs, and writing are human works, while the Qur’an remains irrevocable and eternal. Averroes, who had commented on the Republic, might have said the Mother of the Book resembles a Platonic archetype, but he noted theology lay wholly beyond Abulcásim’s grasp.

215

Otros, que también lo advirtieron, instaron a Abulcásim a referir alguna maravilla. Entonces como ahora, el mundo era atroz; los audaces podían recorrerlo, pero también los miserables, los que se allanaban a todo. La memoria de Abulcásim era un espejo de íntimas cobardías. ¿Qué podía referir? Además, le exigían maravillas y la maravilla es acaso incomunicable: la luna de Bengala no es igual a la luna del Yemen, pero se deja describir con las mismas voces. Abulcásim vaciló; luego, habló:

215

Others, also aware, urged Abulcásim to recount some marvel. Then as now, the world was brutal; the bold could traverse it, but so could the wretched, those resigned to all. Abulcásim’s memory was a mirror of private cowardices. What could he narrate? Moreover, they demanded marvels, and marvels are perhaps incommunicable: the moon over Bengal differs from Yemen’s moon, yet both are described with the same words. Abulcásim hesitated; then spoke:

216

—Quien recorre los climas y las ciudades —proclamó con unción— ve muchas cosas que son dignas de crédito. Ésta, digamos, que sólo he referido una vez, al rey de los turcos. Ocurrió en Sin Kalán (Cantón), donde el río del Agua de la Vida se derrama en el mar.

216

—He who journeys through climes and cities —he proclaimed with unction— witnesses many credible things. Take this one, which I recounted only once before, to the king of the Turks. It occurred in Sin Kalán (Canton), where the River of Life’s Water spills into the sea.

217

Farach preguntó si la ciudad quedaba a muchas leguas de la muralla que Iskandar Zul Qarnain (Alejandro Bicorne de Macedonia) levantó para detener a Gog y a Magog.

217

Farach asked if the city lay many leagues from the wall built by Dhul-Qarnayn (Alexander the Two-Horned of Macedonia) to contain Gog and Magog.

218

—Desiertos la separan —dijo Abulcásim, con involuntaria soberbia—. Cuarenta días tardaría una cáfila (caravana) en divisar sus torres y dicen que otros tantos en alcanzarlas. En Sin Kalán no sé de ningún hombre que la haya visto o que haya visto a quien la vio.

218

—Deserts divide them —said Abulcásim, with unintended hauteur—. Forty days would a caravan require to glimpse its towers, and as many more to reach them. In Sin Kalán, I know no man who has seen it or met one who has.

219

El temor de lo crasamente infinito, del mero espacio, de la mera materia, tocó por un instante a Averroes. Miró el simétrico jardín; se supo envejecido, inútil, irreal. Decía Abulcásim:

219

A dread of sheer infinitude, of mere space, of mere matter, brushed Averroes. He gazed at the symmetrical garden; felt aged, useless, unreal. Abulcásim continued:

220

—Una tarde, los mercaderes musulmanes de Sin Kalán me condujeron a una casa de madera pintada, en la que vivían muchas personas. No se puede contar cómo era esa casa, que más bien era un solo cuarto, con filas de alacenas o de balcones, unas encima de otras. En esas cavidades había gente que comía y bebía; y asimismo en el suelo, y asimismo en una terraza. Las personas de esa terraza tocaban el tambor y el laúd, salvo unas quince o veinte (con máscaras de color carmesí) que rezaban, cantaban y dialogaban. Padecían prisiones, y nadie veía la cárcel; cabalgaban, pero no se percibía el caballo; combatían, pero las espadas eran de caña; morían y después estaban de pie.

220

"One evening, the Muslim merchants of Sin Kalán took me to a painted wooden house where many people lived. One cannot describe that house, which was more like a single room with rows of cabinets or balconies stacked upon each other. In those cavities were people eating and drinking; likewise on the floor, and likewise on a terrace. Those on the terrace played drums and lutes, except for some fifteen or twenty (wearing crimson masks) who prayed, sang, and conversed. They suffered imprisonments, yet no one saw the jail; they rode horses, yet no horse was perceived; they fought, yet their swords were of reed; they died, then stood again."

221

—Los actos de los locos —dijo Farach— exceden las previsiones del hombre cuerdo.

221

"The acts of madmen," said Farach, "exceed the foresight of the sane."

222

—No estaban locos —tuvo que explicar Abulcásim—. Estaban figurando, me dijo un mercader, una historia.

222

"They were not mad," Abulcásim had to explain. "They were enacting a story, a merchant told me."

223

Nadie comprendió, nadie pareció querer comprender. Abulcásim, confuso, pasó de la escuchada narración a las desairadas razones. Dijo, ayudándose con las manos:

223

No one understood, no one seemed to want to understand. Abulcásim, flustered, abandoned his recounted narrative for awkward explanations. Gesturing with his hands, he said:

224

—Imaginemos que alguien muestra una historia en vez de referirla. Sea esa historia la de los durmientes de Éfeso. Los vemos retirarse a la caverna, los vemos orar y dormir, los vemos dormir con los ojos abiertos, los vemos crecer mientras duermen, los vemos despertar a la vuelta de trescientos nueve años, los vemos entregar al vendedor una antigua moneda, los vemos despertar en el paraíso, los vemos despertar con el perro. Algo así nos mostraron aquella tarde las personas de la terraza.

224

"Imagine someone performing a story instead of telling it. Let that story be that of the Sleepers of Ephesus. We see them withdraw to the cavern, we see them pray and sleep, we see them sleep with open eyes, we see them grow as they slumber, we see them awaken after three hundred and nine years, we see them hand an ancient coin to a vendor, we see them awaken in paradise, we see them awaken with the dog. Something like this was shown to us that evening by those people on the terrace."

225

—¿Hablaban esas personas? —interrogó Farach.

225

"Did those people speak?" inquired Farach.

226

—Por supuesto que hablaban —dijo Abulcásim, convertido en apologista de una función que apenas recordaba y que lo había fastidiado bastante—. ¡Hablaban y cantaban y peroraban!

226

"Of course they spoke!" said Abulcásim, now an apologist for a performance he barely remembered and which had rather bored him. "They spoke, and sang, and orated!"

227

—En tal caso —dijo Farach— no se requerían veinte personas. Un solo hablista puede referir cualquier cosa, por compleja que sea.

227

"In that case," said Farach, "twenty people were unnecessary. A single speaker can recount anything, however complex."

228

Todos aprobaron ese dictamen. Se encarecieron las virtudes del árabe, que es el idioma que usa Dios para dirigir a los ángeles; luego, de la poesía de los árabes. Abdalmálik, después de ponderarla debidamente, motejó de anticuados a los poetas que en Damasco o en Córdoba se aferraban a imágenes pastoriles y a un vocabulario beduino. Dijo que era absurdo que un hombre ante cuyos ojos se dilataba el Guadalquivir celebrara el agua de un pozo. Urgió la conveniencia de renovar las antiguas metáforas; dijo que cuando Zuhair comparó al destino con un camello ciego, esa figura pudo suspender a la gente, pero que cinco siglos de admiración la habían gastado. Todos aprobaron ese dictamen, que ya habían escuchado muchas veces, de muchas bocas. Averroes callaba. Al fin habló, menos para los otros que para él mismo.

228

All approved this verdict. They extolled the virtues of Arabic, the language God uses to address the angels; then, the poetry of the Arabs. Abdalmálik, after duly praising it, dismissed as antiquated the poets of Damascus or Córdoba who clung to pastoral imagery and Bedouin vocabulary. He said it was absurd for a man before whose eyes stretched the Guadalquivir to celebrate the water of a well. He urged the renewal of ancient metaphors; when Zuhair compared fate to a blind camel, that figure might have astonished people, but five centuries of admiration had worn it thin. All approved this verdict, which they had heard many times from many mouths. Averroes remained silent. At last he spoke, less to others than to himself.

229

—Con menos elocuencia —dijo Averroes— pero con argumentos congéneres, he defendido alguna vez la proposición que mantiene Abdalmálik. En Alejandría se ha dicho que sólo es incapaz de una culpa quien ya la cometió y ya se arrepintió; para estar libre de un error, agreguemos, conviene haberlo profesado. Zuhair, en su mohalaca, dice que en el decurso de ochenta años de dolor y de gloria, ha visto muchas veces al destino atropellar de golpe a los hombres, como un camello ciego; Abdalmálik entiende que esa figura ya no puede maravillar. A ese reparo cabría contestar muchas cosas. La primera, que si el fin del poema fuera el asombro, su tiempo no se mediría por siglos, sino por días y por horas y tal vez por minutos. La segunda, que un famoso poeta es menos inventor que descubridor. Para alabar a Ibn-Sháraf de Berja, se ha repetido que sólo él pudo imaginar que las estrellas en el alba caen lentamente como las hojas de los árboles; ello, si fuera cierto, evidenciaría que la imagen es baladí. La imagen que un solo hombre puede formar es la que no toca a ninguno. Infinitas cosas hay en la tierra; cualquiera puede equipararse a cualquiera. Equiparar estrellas con hojas no es menos arbitrario que equipararlas con peces o con pájaros. En cambio, nadie no sintió alguna vez que el destino es fuerte y es torpe, que es inocente y es también inhumano. Para esa convicción, que puede ser pasajera o continua, pero que nadie elude, fue escrito el verso de Zuhair. No se dirá mejor lo que allí se dijo. Además (y esto es acaso lo esencial de mis reflexiones), el tiempo, que despoja los alcázares, enriquece los versos. El de Zuhair, cuando éste lo compuso en Arabia, sirvió para confrontar dos imágenes, la del viejo camello y la del destino; repetido ahora, sirve para memoria de Zuhair y para confundir nuestros pesares con los de aquel árabe muerto. Dos términos tenía la figura y hoy tiene cuatro. El tiempo agranda el ámbito de los versos y sé de algunos que a la par de la música, son todo para todos los hombres. Así, atormentado hace años en Marrakesh por memorias de Córdoba, me complacía en repetir el apostrofe que Abdurrahmán dirigió en los jardines de Ruzafa a una palma africana:

229

"With less eloquence," said Averroes, "but with similar arguments, I once defended Abdalmálik's proposition. In Alexandria, it has been said that only he who has already committed a sin and repented is incapable of it; to be free of an error, let us add, one must first profess it. In his mohalaca, Zuhair says that through eighty years of sorrow and glory, he has often seen fate trample men suddenly, like a blind camel; Abdalmálik argues this figure can no longer astonish. To this objection, many replies could be made. First, if the poem's end were astonishment, its duration would be measured not by centuries, but by days and hours and perhaps minutes. Second, a famed poet is less an inventor than a discoverer. To praise Ibn-Sháraf of Berja, it has been repeated that only he could imagine stars at dawn falling slowly like leaves—a claim that, if true, would prove the image trivial. An image only one man can form touches no one. Infinite things exist on earth; any may be likened to any. To liken stars to leaves is no less arbitrary than to liken them to fish or birds. Conversely, all have felt fate to be strong and clumsy, innocent and inhuman. For this conviction—fleeting or enduring, but inescapable—Zuhair's verse was written. What it says cannot be said better. Moreover (and this may be essential to my reflections), time, which ravages castles, enriches verses. When Zuhair wrote in Arabia, his line served to juxtapose two images: an old camel and fate; repeated now, it evokes Zuhair himself and merges our sorrows with those of a dead Arab. The figure once had two terms; today it has four. Time expands the scope of verses, and I know some that, like music, are everything to all men. Thus, years ago in Marrakesh, tormented by memories of Córdoba, I found solace in repeating Abdurrahmán's apostrophe to an African palm in the gardens of Ruzafa:

230

Tú también eres, ¡oh palma!

230

You too, oh palm,
Are foreign in this soil...

231

En este suelo extranjera…

231

232

»Singular beneficio de la poesía; palabras redactadas por un rey que anhelaba el Oriente me sirvieron a mí, desterrado en África, para mi nostalgia de España.

232

"Such is poetry's singular gift: words penned by a king longing for the Orient served me, an exile in Africa, for my nostalgia of Spain."

233

Averroes, después, habló de los primeros poetas, de aquellos que en el Tiempo de la Ignorancia, antes del Islam, ya dijeron todas las cosas, en el infinito lenguaje de los desiertos. Alarmado, no sin razón, por las fruslerías de Ibn-Sháraf, dijo que en los antiguos y en el Qurán estaba cifrada toda poesía y condenó por analfabeta y por vana la ambición de innovar. Los demás lo escucharon con placer, porque vindicaba lo antiguo.

233

Averroes then spoke of the first poets, those of the Time of Ignorance before Islam, who had already said all things in the infinite language of deserts. Alarmed, not without reason, by the trifles of Ibn-Sháraf, he declared all poetry lay encrypted in the ancients and the Qur'an, condemning as illiterate vanity the ambition to innovate. The others listened with pleasure, for he vindicated tradition.

234

Los muecines llamaban a la oración de la primera luz cuando Averroes volvió a entrar en la biblioteca. (En el harén, las esclavas de pelo negro habían torturado a una esclava de pelo rojo, pero él no lo sabría sino a la tarde). Algo Je había revelado el sentido de las dos palabras oscuras. Con firme y cuidadosa caligrafía agregó estas líneas al manuscrito: Aristú (Aristóteles) denomina tragedia a los panegíricos y comedias a las sátiras y anatemas. Admirables tragedias y comedias abundan en las páginas del Corán y en las mohalacas del santuario.

234

The muezzins were calling dawn prayers when Averroes reentered his library. (In the harem, black-haired slaves had tortured a red-haired slave, but he would not learn this until evening). Some revelation had unveiled the meaning of the two obscure words. With firm, meticulous script, he added these lines to the manuscript: Aristu (Aristotle) calls tragedies panegyrics and comedies satires and anathemas. Admirable tragedies and comedies abound in the Qur'an's pages and the mohalacas of the sanctuary.

235

Sintió sueño, sintió un poco de frío. Desceñido el turbante, se miró en un espejo de metal. No sé lo que vieron sus ojos, porque ningún historiador ha descrito las formas de su cara. Sé que desapareció bruscamente, como si lo fulminara un fuego sin luz, y que con él desaparecieron la casa y el invisible surtidor y los libros y los manuscritos y las palomas y las muchas esclavas de pelo negro y la trémula esclava de pelo rojo y Farach y Abulcásim y los rosales y tal vez el Guadalquivir.

235

He felt drowsy, felt a slight chill. Having unwound his turban, he gazed into a metal mirror. I know not what his eyes beheld, for no historian has chronicled the contours of his countenance. I know he vanished abruptly, as though struck by lightless fire, and with him vanished the house and the unseen fountainhead and the books and manuscripts and doves and the many black-haired slave girls and the tremulous red-haired slave girl and Farach and Abulcásim and the rosebushes and perhaps the Guadalquivir.

236

En la historia anterior quise narrar el proceso de una derrota. Pensé, primero, en aquel arzobispo de Canterbury que se propuso demostrar que hay un Dios; luego, en los alquimistas que buscaron la piedra filosofal; luego, en los vanos trisectores del ángulo y rectificadores del círculo. Reflexioné, después, que más poético es el caso de un hombre que se propone un fin que no está vedado a los otros, pero sí a él. Recordé a Averroes, que encerrado en el ámbito del islam, nunca pudo saber el significado de las voces tragedia y comedia. Referí el caso; a medida que adelantaba, sentí lo que hubo de sentir aquel dios mencionado por Burton que se propuso crear un toro y creó un búfalo. Sentí que la obra se burlaba de mí. Sentí que Averroes, queriendo imaginar lo que es un drama sin haber sospechado lo que es un teatro, no era más absurdo que yo, queriendo imaginar a Averroes, sin otro material que unos adarmes de Renan, de Lane y de Asín Palacios. Sentí, en la última página, que mi narración era un símbolo del hombre que yo fui, mientras la escribía y que, para redactar esa narración, yo tuve que ser aquel hombre y que, para ser aquel hombre, yo tuve que redactar esa narración, y así hasta lo infinito. (En el instante en que yo dejo de creer en él, «Averroes» desaparece).

236

In the preceding tale I sought to chronicle the process of a defeat. I first considered that archbishop of Canterbury who proposed to prove God's existence; then the alchemists who sought the philosopher's stone; then the vain trisectors of angles and squarers of circles. Then I reflected that a more poetic case is that of a man who sets himself a goal not forbidden to others, but only to him. I recalled Averroes who, confined within the Islamic sphere, could never know the meaning of the terms tragedy and comedy. I narrated the case; as I progressed, I sensed what that god must have felt whom Burton mentions - he who willed to create a bull and fashioned a buffalo. I sensed the work mocking me. I sensed that Averroes, wanting to imagine a drama without ever having suspected what a theater might be, was no more absurd than I, wanting to imagine Averroes with no material but a few fragments from Renan, Lane, and Asín Palacios. On the final page, I perceived that my narration had become a symbol of the man I had been while writing it, and that to compose this tale I had to be that man, and to be that man I had to compose this tale, ad infinitum. (The moment I cease to believe in him, "Averroes" vanishes).

238

El Zahir

238

The Zahir

239

En Buenos Aires el Zahir es una moneda común de veinte centavos; marcas de navaja o de cortaplumas rayan las letras N T y el número dos; 1929 es la fecha grabada en el anverso. (En Guzerat, a fines del siglo XVIII, un tigre fue Zahir; en Java, un ciego de la mezquita de Surakarta, a quien lapidaron los fieles; en Persia, un astrolabio que Nadir Shah hizo arrojar al fondo del mar; en las prisiones de Mahdí, hacia 1892, una pequeña brújula que Rudolf Carl von Slatin tocó, envuelta en un jirón de turbante; en la aljama de Córdoba, según Zotenberg, una veta en el mármol de uno de los mil doscientos pilares; en la judería de Tetuán, el fondo de un pozo). Hoy es el trece de noviembre; el día siete de junio, a la madrugada, llegó a mis manos el Zahir; no soy el que era entonces pero aún me es dado recordar, y acaso referir, lo ocurrido. Aún, siquiera parcialmente, soy Borges.

239

In Buenos Aires, the Zahir is a common twenty-centavo coin; knife or penknife scratches mark the letters N T and the number 2; 1929 is the date engraved on its obverse. (In Gujarat, late in the 18th century, a tiger was Zahir; in Java, a blind man from Surakarta mosque stoned by the faithful; in Persia, an astrolabe Nadir Shah cast into the sea's depths; in Mahdi's prisons around 1892, a small compass Rudolf Carl von Slatin touched, wrapped in a turban rag; in the Cordoba synagogue, according to Zotenberg, a vein in the marble of one of twelve hundred pillars; in the Tetuan ghetto, the base of a well). Today is November 13; on June 7 at dawn, the Zahir came into my hands; I am not the man I was then, but I can still recall what happened, perhaps even recount it. I still am Borges, albeit partially.

240

El seis de junio murió Teodelina Villar. Sus retratos, hacia 1930, obstruían las revistas mundanas; esa plétora acaso contribuyó a que la juzgaran muy linda, aunque no todas las efigies apoyaran incondicionalmente esa hipótesis. Por lo demás, Teodelina Villar se preocupaba menos de la belleza que de la perfección. Los hebreos y los chinos codificaron todas las circunstancias humanas; en la Mishnah se lee que, iniciado el crepúsculo del sábado, un sastre no debe salir a la calle con una aguja; en el Libro de los Ritos que un huésped, al recibir la primera copa, debe tomar un aire grave y, al recibir la segunda, un aire respetuoso y feliz. Análogo, pero más minucioso, era el rigor que se exigía Teodelina Villar. Buscaba, como el adepto de Confucio o el talmudista, la irreprochable corrección de cada acto, pero su empeño era más admirable y más duro, porque las normas de su credo no eran eternas, sino que se plegaban a los azares de París o de Hollywood. Teodelina Villar se mostraba en lugares ortodoxos, a la hora ortodoxa, con atributos ortodoxos, con desgano ortodoxo, pero el desgano, los atributos, la hora y los lugares caducaban casi inmediatamente y servirían (en boca de Teodelina Villar) para definición de lo cursi. Buscaba lo absoluto, como Flaubert, pero lo absoluto en lo momentáneo. Su vida era ejemplar y, sin embargo, la roía sin tregua una desesperación interior. Ensayaba continuas metamorfosis, como para huir de sí misma; el color de su pelo y las formas de su peinado eran famosamente inestables. También cambiaban la sonrisa, la tez, el sesgo de los ojos. Desde 1932, fue estudiosamente delgada… La guerra le dio mucho que pensar. Ocupado París por los alemanes ¿cómo seguir la moda? Un extranjero de quien ella siempre había desconfiado se permitió abusar de su buena fe para venderle una porción de sombreros cilíndricos; al año, se propaló que esos adefesios nunca se habían llevado en París y por consiguiente no eran sombreros, sino arbitrarios y desautorizados caprichos. Las desgracias no vienen solas; el doctor Villar tuvo que mudarse a la calle Aráoz y el retrato de su hija decoró anuncios de cremas y de automóviles. (¡Las cremas que harto se aplicaba, los automóviles que ya no poseía!). Ésta sabía que el buen ejercicio de su arte exigía una gran fortuna; prefirió retirarse a claudicar. Además, le dolía competir con chicuelas insustanciales. El siniestro departamento de Aráoz resultó demasiado oneroso; el seis de junio, Teodelina Villar cometió el solecismo de morir en pleno Barrio Sur. ¿Confesaré que, movido por la más sincera de las pasiones argentinas, el esnobismo, yo estaba enamorado de ella y que su muerte me afectó hasta las lágrimas? Quizá ya lo haya sospechado el lector.

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On June 6, Teodelina Villar died. Her portraits from the 1930s once crowded society magazines; this profusion may have contributed to her being judged very beautiful, though not all likenesses unconditionally supported this hypothesis. Moreover, Teodelina Villar cared less about beauty than perfection. Hebrews and Chinese codified all human circumstances: the Mishnah states that at Sabbath twilight a tailor must not venture out with a needle; the Book of Rites decrees a guest must adopt grave mien upon receiving the first cup, and reverent happiness with the second. Similar, yet more meticulous, was the rigor Teodelina Villar demanded of herself. Like Confucian adepts or Talmudists, she sought irreproachable correctness in every act, but her endeavor proved more admirable and arduous, for her creed's norms were not eternal but bent to Parisian or Hollywood caprices. Teodelina Villar appeared in orthodox locales at orthodox hours with orthodox attributes and orthodox ennui, but the ennui, attributes, hours, and locales would expire almost immediately, serving (in her own words) to define vulgarity. She sought the absolute, like Flaubert, but the absolute in the ephemeral. Her life was exemplary yet gnawed by unrelenting inner despair. She underwent continuous metamorphoses, as if fleeing herself; her hair color and coiffure were notoriously unstable. Her smile, complexion, and eye slant changed too. From 1932 onward, she became studiously thin... The war gave her much to ponder. With Paris occupied by Germans, how to follow fashion? A foreigner she'd always distrusted abused her credulity by selling her cylindrical hats; a year later, word spread these monstrosities had never been worn in Paris and were thus not hats but arbitrary, unauthorized whims. Misfortunes never come singly: Dr. Villar had to move to Aráoz Street, while his daughter's portrait adorned cream and automobile ads. (The creams she used excessively, the automobiles she no longer possessed!). She knew her art's proper exercise required great fortune; she chose retirement over compromise. Moreover, competing with insubstantial girls pained her. The sinister Aráoz apartment proved too costly; on June 6, Teodelina Villar committed the solecism of dying in the heart of the Barrio Sur. Shall I confess that, moved by the sincerest Argentine passion - snobbery - I had been in love with her, and that her death moved me to tears? The reader may have already suspected this.

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En los velorios, el progreso de la corrupción hace que el muerto recupere sus caras anteriores. En alguna etapa de la confusa noche del seis, Teodelina Villar fue mágicamente la que fue hace veinte años; sus rasgos recobraron la autoridad que dan la soberbia, el dinero, la juventud, la conciencia de coronar una jerarquía, la falta de imaginación, las limitaciones, la estolidez. Más o menos pensé: ninguna versión de esa cara que tanto me inquietó será tan memorable como ésta; conviene que sea la última, ya que pudo ser la primera. Rígida entre las flores la dejé, perfeccionando su desdén por la muerte. Serían las dos de la mañana cuando salí. Afuera, las previstas hileras de casas bajas y de casas de un piso habían tomado ese aire abstracto que suelen tomar en la noche, cuando la sombra y el silencio las simplifican. Ebrio de una piedad casi impersonal, caminé por las calles. En la esquina de Chile y de Tacuarí vi un almacén abierto. En aquel almacén, para mi desdicha, tres hombres jugaban al truco.

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At wakes, the progression of decay causes the deceased to regain their former visages. During some phase of that confused June sixth night, Teodelina Villar magically became what she had been twenty years prior; her features recovered the authority bestowed by arrogance, wealth, youth, awareness of crowning a hierarchy, lack of imagination, limitations, and stupidity. I thought more or less: no version of that face which so unsettled me shall prove as memorable as this one; let it be the last, for it could have been the first. Rigid among the flowers I left her, perfecting her disdain for death. It must have been two in the morning when I departed. Outside, the predictable rows of single-story houses had assumed that abstract air they often adopt at night when shadows and silence simplify them. Drunk with an almost impersonal pity, I wandered the streets. At the corner of Chile and Tacuarí, I saw an open general store. In that store, to my misfortune, three men were playing truco.

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En la figura que se llama oximoron, se aplica a una palabra un epíteto que parece contradecirla; así los gnósticos hablaron de luz oscura; los alquimistas, de un sol negro. Salir de mi última visita a Teodelina Villar y tomar una caña en un almacén era una especie de oxímoron; su grosería y su facilidad me tentaron. (La circunstancia de que se jugara a los naipes aumentaba el contraste). Pedí una caña de naranja; en el vuelto me dieron el Zahir; lo miré un instante; salí a la calle, tal vez con un principio de fiebre. Pensé que no hay moneda que no sea símbolo de las monedas que sin fin resplandecen en la historia y la fábula. Pensé en el óbolo de Caronte; en el óbolo que pidió Belisario; en los treinta dineros de Judas; en las dracmas de la cortesana Laís; en la antigua moneda que ofreció uno de los durmientes de Éfeso; en las claras monedas del hechicero de las 1001 Noches, que después eran círculos de papel; en el denario inagotable de Isaac Laquedem; en las sesenta mil piezas de plata, una por cada verso de una epopeya, que Firdusi devolvió a un rey porque no eran de oro; en la onza de oro que hizo clavar Ahab en el mástil; en el florín irreversible de Leopold Bloom; en el luis cuya efigie delató, cerca de Varennes, al fugitivo Luis XVI. Como en un sueño, el pensamiento de que toda moneda permite esas ilustres connotaciones me pareció de vasta, aunque inexplicable, importancia. Recorrí, con creciente velocidad, las calles y las plazas desiertas. El cansancio me dejó en una esquina. Vi una sufrida verja de fierro; detrás vi las baldosas negras y blancas del atrio de la Concepción. Había errado en círculo; ahora estaba a una cuadra del almacén donde me dieron el Zahir.

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In the figure called oxymoron, a word is modified by an epithet that seems to contradict it; thus the Gnostics spoke of dark light, the alchemists of a black sun. Emerging from my final visit to Teodelina Villar and drinking cheap liquor in a general store constituted a kind of oxymoron; its vulgarity and easiness tempted me. (The circumstance of card games being played heightened the contrast). I ordered an orange cane; in my change they gave me the Zahir. I glanced at it momentarily before stepping outside, perhaps already feverish. I reflected that no coin exists which is not a symbol of the coins endlessly gleaming through history and fable. I thought of Charon’s obol; of Belisarius’ begged coin; of Judas’ thirty pieces; of the drachmas of courtesan Lais; of the ancient coin offered by one of the Sleepers of Ephesus; of the bright coins from the sorcerer in the 1001 Nights that later became paper discs; of Isaac Laquedem’s inexhaustible denarius; of the sixty thousand silver pieces – one for each verse of an epic – that Firdusi returned to a king because they were not gold; of the gold coin Ahab nailed to the mast; of Leopold Bloom’s irrevocable florin; of the louis whose effigy betrayed the fugitive Louis XVI near Varennes. As in a dream, the notion that every coin permits such illustrious connotations struck me as vast yet inexplicably significant. With mounting velocity, I traversed deserted streets and plazas. Exhaustion halted me at a corner. I saw an iron fence worn by time; beyond it, the black-and-white tiles of La Concepción’s atrium. I had circled back; now I stood a block from the store where they gave me the Zahir.

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Doblé; la ochava oscura me indicó, desde lejos, que el almacén ya estaba cerrado. En la calle Belgrano tomé un taxímetro. Insomne, poseído, casi feliz, pensé que nada hay menos material que el dinero, ya que cualquier moneda (una moneda de veinte centavos, digamos) es, en rigor, un repertorio de futuros posibles. El dinero es abstracto, repetí, el dinero es tiempo futuro. Puede ser una tarde en las afueras, puede ser música de Brahms, puede ser mapas, puede ser ajedrez, puede ser café, puede ser las palabras de Epicteto, que enseñan el desprecio del oro; es un Proteo más versátil que el de la isla de Pharos. Es tiempo imprevisible, tiempo de Bergson, no duro tiempo del Islam o del Pórtico. Los deterministas niegan que haya en el mundo un solo hecho posible, id est un hecho que pudo acontecer; una moneda simboliza nuestro libre albedrío. (No sospechaba yo que esos «pensamientos» eran un artificio contra el Zahir y una primera forma de un demoníaco influjo). Dormí tras de tenaces cavilaciones, pero soñé que yo era las monedas que custodiaba un grifo.

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I turned; the darkened corner signaled from afar that the store was already closed. On Belgrano Street I hailed a taxi. Sleepless, possessed, almost joyous, I reasoned that nothing is less material than money, since any coin (a twenty-cent coin, say) is, strictly speaking, a repertory of possible futures. Money is abstract, I repeated, money is future time. It may be an afternoon in the suburbs, Brahms’ music, maps, chess, coffee, Epictetus’ words teaching contempt for gold; it is Proteus more versatile than he of Pharos. It is unforeseeable time, Bergsonian time, not the rigid time of Islam or the Porch. Determinists deny there exists a single possible event in the world, id est an event that could have happened; a coin symbolizes our free will. (I did not yet suspect that these "thoughts" were an artifice against the Zahir and an initial form of its demonic influence). Sleep came after tenacious meditations, but I dreamt I was coins guarded by a griffin.

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Al otro día resolví que yo había estado ebrio. También resolví librarme de la moneda que tanto me inquietaba. La miré: nada tenía de particular, salvo unas rayaduras. Enterrarla en el jardín o esconderla en un rincón de la biblioteca hubiera sido lo mejor, pero yo quería alejarme de su órbita. Preferí perderla. No fui al Pilar, esa mañana, ni al cementerio; fui, en subterráneo, a Constitución y de Constitución a San Juan y Boedo. Bajé, impensadamente, en Urquiza; me dirigí al oeste y al sur; barajé, con desorden estudioso, unas cuantas esquinas y en una calle que me pareció igual a todas, entré en un boliche cualquiera, pedí una caña y la pagué con el Zahir. Entrecerré los ojos, detrás de los cristales ahumados; logré no ver los números de las casas ni el nombre de la calle. Esa noche, tomé una pastilla de veronal y dormí tranquilo.

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The next day I resolved I had been drunk. I also resolved to rid myself of the coin that so unsettled me. I examined it: nothing distinguished it beyond a few scratches. Burying it in the garden or hiding it in some library nook would have been wisest, but I wanted to escape its orbit. I preferred to lose it. I did not go to El Pilar that morning, nor to the cemetery; I took the subway to Constitución and from there to San Juan and Boedo. On impulse, I disembarked at Urquiza; walked west then south; with studied disorder, shuffled through several intersections and on a street indistinguishable from others, entered a random tavern, ordered a drink, and paid with the Zahir. Through smudged lenses, I half-closed my eyes to avoid reading house numbers or street names. That night, I took a Veronal tablet and slept soundly.

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Hasta fines de junio me distrajo la tarea de componer un relato fantástico. Éste encierra dos o tres perífrasis enigmáticas —en lugar de sangre pone agua de la espada; en lugar de oro, lecho de la serpiente— y está escrito en primera persona. El narrador es un asceta que ha renunciado al trato de los hombres y vive en una suerte de páramo. (Gnitaheidr es el nombre de ese lugar). Dado el candor y la sencillez de su vida, hay quienes lo juzgan un ángel; ello es una piadosa exageración, porque no hay hombre que esté libre de culpa. Sin ir más lejos, él mismo ha degollado a su padre; bien es verdad que éste era un famoso hechicero que se había apoderado, por artes mágicas, de un tesoro infinito. Resguardar el tesoro de la insana codicia de los humanos es la misión a la que ha dedicado su vida; día y noche vela sobre él. Pronto, quizá demasiado pronto, esa vigilia tendrá fin: las estrellas le han dicho que ya se ha forjado la espada que la tronchará para siempre. (Gram es el nombre de esa espada). En un estilo cada vez más tortuoso, pondera el brillo y la flexibilidad de su cuerpo; en algún párrafo habla distraídamente de escamas; en otro dice que el tesoro que guarda es de oro fulgurante y de anillos rojos. Al final entendemos que el asceta es la serpiente Fafnir y el tesoro en que yace, el de los Nibelungos. La aparición de Sigurd corta bruscamente la historia.

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Until late June, I was distracted by composing a fantastical tale. This story contains two or three enigmatic periphrases – sword’s water instead of blood, serpent’s bed instead of gold – and is written in first person. The narrator is an ascetic who has renounced human intercourse and dwells in a kind of wasteland. (Gnitaheidr names that place). Given the candor and simplicity of his life, some deem him an angel; this is pious exaggeration, for no man is sinless. To cite but one instance, he himself slit his father’s throat; though true that his father was a famed sorcerer who had seized infinite treasure through magic. Guarding this hoard from mankind’s insane greed is his life’s mission; day and night he keeps vigil. Soon, perhaps too soon, this watch shall end: the stars have told him the sword that will forever sever it has already been forged. (Gram names that sword). In increasingly tortuous prose, he extols his body’s gleam and suppleness; in one paragraph he distractedly mentions scales; in another, he says the treasure he guards blazes with gold and crimson rings. By the end, we understand the ascetic is the serpent Fafnir and the hoard he coils around is that of the Nibelungs. Sigurd’s appearance abruptly terminates the tale.

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He dicho que la ejecución de esa fruslería (en cuyo decurso intercalé, seudoeruditamente, algún verso de la Fáfnismál) me permitió olvidar la moneda. Noches hubo en que me creí tan seguro de poder olvidarla que voluntariamente la recordaba. Lo cierto es que abusé de esos ratos; darles principio resultaba más fácil que darles fin. En vano repetí que ese abominable disco de níquel no difería de los otros que pasan de una mano a otra mano, iguales, infinitos e inofensivos. Impulsado por esa reflexión, procuré pensar en otra moneda, pero no pude. También recuerdo algún experimento, frustrado, con cinco y diez centavos chilenos, y con un vintén oriental. El dieciséis de julio adquirí una libra esterlina; no la miré durante el día, pero esa noche (y otras) la puse bajo un vidrio de aumento y la estudié a la luz de una poderosa lámpara eléctrica. Después la dibujé con un lápiz, a través de un papel. De nada me valieron el fulgor y el dragón y el San Jorge; no logré cambiar de idea fija.

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I have said that the execution of this trifle (into which I pedantically interpolated a verse from the Fáfnismál) allowed me to forget the coin. There were nights when I felt so certain of my ability to forget it that I would voluntarily recall it. The truth is I abused those moments; beginning them proved easier than ending them. In vain I repeated that this abominable nickel disk differed not at all from others passing from hand to hand, equal, infinite, and innocuous. Spurred by this reflection, I tried to think of another coin, but failed. I also recall some futile experiments with Chilean five- and ten-centavo pieces, and an Uruguayan vintén. On July sixteenth I acquired a British pound; I did not look at it during the day, but that night (and others) I placed it under a magnifying glass and studied it by the light of a powerful electric lamp. Then I traced it with a pencil through paper. Neither its gleam nor the dragon nor St. George availed me; I could not shift my fixation.

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El mes de agosto, opté por consultar a un psiquiatra. No le confié toda mi ridícula historia; le dije que el insomnio me atormentaba y que la imagen de un objeto cualquiera solía perseguirme; la de una ficha o la de una moneda, digamos… Poco después, exhumé en una librería de la calle Sarmiento un ejemplar de Urkunden zur Geschichte der Zahirsage (Breslau, 1899) de Julius Barlach.

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By August, I resolved to consult a psychiatrist. I did not confide to him my entire ludicrous history; I told him that insomnia plagued me and that the image of some object—a token or coin, say—often haunted me. Shortly after, I unearthed in a Sarmiento Street bookstore a copy of Julius Barlach's Urkunden zur Geschichte der Zahirsage (Breslau, 1899).

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En aquel libro estaba declarado mi mal. Según el prólogo, el autor se propuso «reunir en un solo volumen en manuable octavo mayor todos los documentos que se refieren a la superstición del Zahir, incluso cuatro piezas pertenecientes al archivo de Habicht y el manuscrito original del informe de Philip Meadows Taylor». La creencia en el Zahir es islámica y data, al parecer, del siglo XVIII. (Barlach impugna los pasajes que Zotenberg atribuye a Abulfeda). Zahir, en árabe, quiere decir notorio, visible; en tal sentido, es uno de los noventa y nueve nombres de Dios; la plebe, en tierras musulmanas, lo dice de «los seres o cosas que tienen la terrible virtud de ser inolvidables y cuya imagen acaba por enloquecer a la gente». El primer testimonio incontrovertido es el del persa Lutf Alí Azur. En las puntales páginas de la enciclopedia biográfica titulada Templo del Fuego, ese polígrafo y derviche ha narrado que en un colegio de Shiraz hubo un astrolabio de cobre, «construido de tal suerte que quien lo miraba una vez no pensaba en otra cosa y así el rey ordenó que lo arrojaran a lo más profundo del mar, para que los hombres no se olvidaran del universo». Más dilatado es el informe de Meadows Taylor, que sirvió al nizam de Haidarabad y compuso la famosa novela Confessions of a Thug. Hacia 1832, Taylor oyó en los arrabales de Bhuj la desacostumbrada locución «Haber visto al Tigre» (Verily he has looked on the Tiger) para significar la locura o la santidad. Le dijeron que la referencia era a un tigre mágico, que fue la perdición de cuantos lo vieron, aun de muy lejos, pues todos continuaron pensando en él, hasta el fin de sus días. Alguien dijo que uno de esos desventurados había huido a Mysore, donde había pintado en un palacio la figura del tigre. Años después, Taylor visitó las cárceles de ese reino; en la de Nithur el gobernador le mostró una celda, en cuyo piso, en cuyos muros, y en cuya bóveda un faquir musulmán había diseñado (en bárbaros colores que el tiempo, antes de borrar, afinaba) una especie de tigre infinito. Ese tigre estaba hecho de muchos tigres, de vertiginosa manera; lo atravesaban tigres, estaba rayado de tigres, incluía mares e Himalayas y ejércitos que parecían otros tigres. El pintor había muerto hace muchos años, en esa misma celda; venía de Sind o acaso de Guzerat y su propósito inicial había sido trazar un mapamundi. De ese propósito quedaban vestigios en la monstruosa imagen. Taylor narró la historia a Muhammad Al-Yemení, de Fort William; éste le dijo que no había criatura en el orbe que no propendiera a Zaheer[11], pero que el Todomisericordioso no deja que dos cosas lo sean a un tiempo, ya que una sola puede fascinar muchedumbres. Dijo que siempre hay un Zahir y que en la Edad de la Ignorancia fue el ídolo que se llamó Yaúq y después un profeta del Jorasán, que usaba un velo recamado de piedras o una máscara de oro[12]. También dijo que Dios es inescrutable.

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That book laid bare my affliction. According to the preface, the author aimed "to compile in one handy octavo volume all documents pertaining to the Zahir superstition, including four pieces from the Habicht archive and the original manuscript of Philip Meadows Taylor's report." The belief in the Zahir is Islamic and dates, it seems, to the eighteenth century. (Barlach refutes passages Zotenberg attributes to Abulfeda). Zahir, in Arabic, means "notorious," "visible"; in this sense, it is one of the ninety-nine names of God; common folk in Muslim lands use it for "beings or things possessing the terrible virtue of being unforgettable, whose image ultimately drives men mad." The first incontrovertible testimony comes from the Persian Lutf Alí Azur. In the meticulous pages of the biographical encyclopedia titled Temple of Fire, this polygraph and dervish relates that in a Shiraz madrasa there once stood a copper astrolabe "crafted in such wise that whoever beheld it could think of naught else, whereupon the king commanded it be cast into the deepest sea, lest men forget the universe." More extensive is the account by Meadows Taylor, who served the Nizam of Hyderabad and authored the famous novel Confessions of a Thug. Around 1832, Taylor heard in Bhuj's outskirts the unusual phrase "Verily he has looked on the Tiger" to denote madness or holiness. They told him the reference was to a magic tiger that doomed all who saw it, even from afar, for they could think of nothing else till life's end. Someone mentioned one such wretch who had fled to Mysore, where he painted the tiger's image in a palace. Years later, Taylor visited that kingdom's prisons; at Nithur, the governor showed him a cell where upon floor, walls, and vault a Muslim fakir had drawn (in barbaric colors time refined before effacing) a sort of infinite tiger. This tiger was made of many tigers in vertiginous fashion: it was pierced by tigers, striped with tigers, and contained seas and Himalayas that seemed other tigers. The painter had died many years prior in that same cell; he came from Sindh or perhaps Gujarat, and his initial purpose had been to trace a world map. Monstrous vestiges of that intent lingered. Taylor told this story to Muhammad Al-Yemeni of Fort William, who declared no creature exists on earth not tending toward Zaheer[11], but that the All-Merciful permits not two things to be so at once, since one alone may fascinate multitudes. He said there is ever a Zahir, and that in the Age of Ignorance it was the idol called Yaúq and later a Khorasan prophet who wore a gem-embroidered veil or golden mask[12]. He added that God is inscrutable.

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Muchas veces leí la monografía de Barlach. No desentraño cuáles fueron mis sentimientos; recuerdo la desesperación cuando comprendí que ya nada me salvaría, el intrínseco alivio de saber que yo no era culpable de mi desdicha, la envidia que me dieron aquellos hombres cuyo Zahir no fue una moneda sino un trozo de mármol o un tigre. Qué empresa fácil no pensar en un tigre, reflexioné. También recuerdo la inquietud singular con que leí este párrafo: «Un comentador del Gulshan i Raz dice que quien ha visto al Zahir pronto verá la Rosa y alega un verso interpolado en el Asrar Nama (Libro de cosas que se ignoran) de Attar: el Zahir es la sombra de la Rosa y la rasgadura del Velo».

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Many times I read Barlach's monograph. I do not disentangle my feelings; I remember the despair when I realized nothing could save me now, the intrinsic relief of knowing I wasn't to blame for my misfortune, the envy I felt toward those men whose Zahir was not a coin but a piece of marble or a tiger. What an easy task not to think of a tiger, I reflected. I also recall the singular disquiet with which I read this passage: "A commentator of the Gulshan i Raz states that whoever has seen the Zahir will soon behold the Rose, citing an interpolated verse from Attar's Asrar Nama (Book of Things Unknown): The Zahir is the shadow of the Rose and the rending of the Veil."

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La noche que velaron a Teodelina, me sorprendió no ver entre los presentes a la señora de Abascal, su hermana menor. En octubre, una amiga suya me dijo:

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The night they kept vigil for Teodelina, I was surprised not to see Mrs. Abascal, her younger sister, among those present. In October, a friend of hers told me:

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—Pobre Julita, se había puesto rarísima y la internaron en el Bosch. Cómo las postrará a las enfermeras que le dan de comer en la boca. Sigue dele temando con la moneda, idéntica al chauffeur de Morena Sackmann.

251

—Poor Julita, she'd grown so strange they committed her to the Bosch. How it must torment the nurses to spoon-feed her. She keeps raving about the coin, just like Morena Sackmann's chauffeur.

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El tiempo, que atenúa los recuerdos, agrava el del Zahir. Antes yo me figuraba el anverso y después el reverso; ahora, veo simultáneamente los dos. Ello no ocurre como si fuera de cristal el Zahir, pues una cara no se superpone a la otra; más bien ocurre como si la visión fuera esférica y el Zahir campeara en el centro. Lo que no es el Zahir me llega tamizado y como lejano: la desdeñosa imagen de Teodelina, el dolor físico. Dijo Tennyson que si pudiéramos comprender una sola flor sabríamos quiénes somos y qué es el mundo. Tal vez quiso decir que no hay hecho, por humilde que sea, que no implique la historia universal y su infinita concatenación de efectos y causas. Tal vez quiso decir que el mundo visible se da entero en cada representación, de igual manera que la voluntad, según Schopenhauer, se da entera en cada sujeto. Los cabalistas entendieron que el hombre es un microcosmo, un simbólico espejo del universo; todo, según Tennyson, lo sería. Todo, hasta el intolerable Zahir.

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Time, which dulls memories, sharpens that of the Zahir. At first I pictured the obverse and then the reverse; now I see them simultaneously. This occurs not as though the Zahir were made of glass, for one face does not overlap the other; rather, it is as if vision were spherical and the Zahir loomed at its center. What is not the Zahir reaches me filtered and distant: Teodelina's disdainful image, physical pain. Tennyson said that if we could understand a single flower, we would know who we are and what the world is. Perhaps he meant that no fact, however humble, fails to implicate universal history and its infinite chain of causes and effects. Perhaps he meant that the visible world is wholly present in every manifestation, just as the will, according to Schopenhauer, is wholly present in every subject. The Kabbalists understood man as a microcosm, a symbolic mirror of the cosmos; according to Tennyson, all things would be. All things, even the intolerable Zahir.

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Antes de 1948, el destino de Julia me habrá alcanzado. Tendrán que alimentarme y vestirme, no sabré si es de tarde o de mañana, no sabré quién fue Borges. Calificar de terrible ese porvenir es una falacia, ya que ninguna de sus circunstancias obrará para mí. Tanto valdría mantener que es terrible el dolor de un anestesiado a quien le abren el cráneo. Ya no percibiré el universo, percibiré el Zahir. Según la doctrina idealista, los verbos vivir y soñar son rigurosamente sinónimos; de miles de apariencias pasaré a una; de un sueño muy complejo a un sueño muy simple. Otros soñarán que estoy loco y yo con el Zahir. Cuando todos los hombres de la tierra piensen, día y noche, en el Zahir, ¿cuál será un sueño y cuál una realidad, la tierra o el Zahir?

253

Before 1948, Julia's fate will have become mine. They will have to feed and clothe me, I will not know if it is dusk or dawn, I will not know who Borges was. To call that future terrible is fallacious, for none of its circumstances will affect me. It might as well be said that the pain of an anesthetized man whose skull is being opened is terrible. I will no longer perceive the universe; I will perceive the Zahir. According to idealist doctrine, the verbs to live and to dream are rigorously synonymous; from thousands of appearances I will pass to one; from a most complex dream to a most simple one. Others will dream I am mad, and I with the Zahir. When all men on earth think, night and day, of the Zahir, which will be a dream and which a reality — the earth or the Zahir?

254

En las horas desiertas de la noche aún puedo caminar por las calles. El alba suele sorprenderme en un banco de la plaza Garay, pensando (procurando pensar) en aquel pasaje del Asrar Nama, donde se dice que Zahir es la sombra de la Rosa y la rasgadura del Velo. Vinculo ese dictamen a esta noticia: Para perderse en Dios, los sufíes repiten su propio nombre o los noventa y nueve nombres divinos hasta que éstos ya nada quieren decir. Yo anhelo recorrer esa senda. Quizá yo acabe por gastar el Zahir a fuerza de pensarlo y de repensarlo, quizá detrás de la moneda esté Dios.

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In the desolate hours of night, I can still walk the streets. Dawn often finds me on a bench in Plaza Garay, thinking (trying to think) of that passage from the Asrar Nama where it is said the Zahir is the shadow of the Rose and the rending of the Veil. I link this dictum to another: To lose themselves in God, Sufis repeat their own name or the ninety-nine divine names until they become meaningless. I long to walk that path. Perhaps through ceaseless contemplation of the Zahir, I may wear it away; perhaps behind the coin lies God.

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A Wally Zenner

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To Wally Zenner

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La escritura del dios

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The Writing of the God

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La cárcel es profunda y de piedra; su forma, la de un hemisferio casi perfecto, si bien el piso (que también es de piedra) es algo menor que un círculo máximo, hecho que agrava de algún modo los sentimientos de opresión y de vastedad. Un muro medianero la corta; éste, aunque altísimo, no toca la parte superior de la bóveda; de un lado estoy yo, Tzinacán, mago de la pirámide de Qaholom, que Pedro de Alvarado incendió; del otro hay un jaguar, que mide con secretos pasos iguales el tiempo y el espacio del cautiverio. A ras del suelo, una larga ventana con barrotes corta el muro central. En la hora sin sombra [el mediodía], se abre una trampa en lo alto y un carcelero que han ido borrando los años maniobra una roldana de hierro, y nos baja, en la punta de un cordel, cántaros con agua y trozos de carne. La luz entra en la bóveda; en ese instante puedo ver al jaguar.

258

The prison is deep and of stone; its form, that of a nearly perfect hemisphere, though the floor (also of stone) is somewhat smaller than a great circle, a fact that somehow heightens the feelings of oppression and vastness. A dividing wall cuts it; this wall, though exceedingly high, does not reach the upper vault. On one side I, Tzinacán, magus of the pyramid of Qaholom that Pedro de Alvarado burned, am held; on the other there paces a jaguar, measuring with secret, even strides the time and space of captivity. At floor level, a long grated window pierces the central wall. At the shadowless hour [noon], a trapdoor opens high above and a jailer — whom the years have effaced — operates an iron pulley to lower to us, at rope's end, jugs of water and chunks of meat. Light enters the vault; in that instant I can see the jaguar.

259

He perdido la cifra de los años que yazgo en la tiniebla; yo, que alguna vez era joven y podía caminar por esta prisión, no hago otra cosa que aguardar, en la postura de mi muerte, el fin que me destinan los dioses. Con el hondo cuchillo de pedernal he abierto el pecho de las víctimas y ahora no podría, sin magia, levantarme del polvo.

259

I have lost count of the years I lie in darkness; I, who once was young and could walk this prison, do nothing but await, in the posture of my death, the end the gods have destined for me. With the deep flint knife I have laid open the breasts of victims; now, without magic, I could not rise from the dust.

260

La víspera del incendio de la Pirámide, los hombres que bajaron de altos caballos me castigaron con metales ardientes para que revelara el lugar de un tesoro escondido. Abatieron, delante de mis ojos, el ídolo del dios, pero éste no me abandonó y me mantuve silencioso entre los tormentos. Me laceraron, me rompieron, me deformaron y luego desperté en esta cárcel, que ya no dejaré en mi vida mortal.

260

On the eve of the Pyramid's burning, men on high horses punished me with burning metals to make me reveal the site of a hidden treasure. They shattered the god's idol before my eyes, yet he did not forsake me and I kept silent under torture. They flayed me, broke me, deformed me; then I awoke in this prison, which I shall not leave in my mortal life.

261

Urgido por la fatalidad de hacer algo, de poblar de algún modo el tiempo, quise recordar, en mi sombra, todo lo que sabía. Noches enteras malgasté en recordar el orden y el número de unas sierpes de piedra o la forma de un árbol medicinal. Así fui debelando los años, así fui entrando en posesión de lo que ya era mío. Una noche sentí que me acercaba a un recuerdo preciso; antes de ver el mar, el viajero siente una agitación en la sangre. Horas después, empecé a avistar el recuerdo; era una de las tradiciones del dios. Éste, previendo que en el fin de los tiempos ocurrirían muchas desventuras y ruinas, escribió el primer día de la Creación una sentencia mágica, apta para conjurar esos males. La escribió de manera que llegara a las más apartadas generaciones y que no la tocara el azar. Nadie sabe en qué punto la escribió ni con qué caracteres, pero nos consta que perdura, secreta, y que la leerá un elegido. Consideré que estábamos, como siempre, en el fin de los tiempos y que mi destino de último sacerdote del dios me daría acceso al privilegio de intuir esa escritura. El hecho de que me rodeara una cárcel no me vedaba esa esperanza; acaso yo había visto miles de veces la inscripción de Qaholom y sólo me faltaba entenderla.

261

Driven by the fatality of doing something, of filling time in some way, I tried in my shadow to recall all I knew. Whole nights I wasted recalling the order and number of certain stone serpents or the form of a medicinal tree. Thus I wore down the years, thus I came into possession of what was already mine. One night I felt I was nearing a precise memory; before glimpsing the sea, the traveler senses a stirring in his blood. Hours later, I began to descry the memory: one of the god's traditions. Foreseeing that at time's end many calamities and ruins would occur, he wrote on the first day of Creation a magical sentence apt to ward off those evils. He wrote it so that it would reach the farthest generations and remain untouched by chance. None knows where he wrote it or with what characters, but we know it endures, secret, and that a chosen one will read it. I considered that we were, as ever, at the end of time, and that my destiny as the god's last priest would grant me access to the privilege of intuiting that script. The fact that a prison encircled me did not bar this hope; perhaps I had seen the inscription of Qaholom a thousand times and only lacked understanding.

262

Esta reflexión me animó y luego me infundió una especie de vértigo. En el ámbito de la tierra hay formas antiguas, formas incorruptibles y eternas; cualquiera de ellas podía ser el símbolo buscado. Una montaña podía ser la palabra del dios, o un río o el imperio o la configuración de los astros. Pero en el curso de los siglos las montañas se allanan y el camino de un río suele desviarse y los imperios conocen mutaciones y estragos y la figura de los astros varía. En el firmamento hay mudanza. La montaña y la estrella son individuos y los individuos caducan. Busqué algo más tenaz, más vulnerable. Pensé en las generaciones de los cereales, de los pastos, de los pájaros, de los hombres. Quizá en mi cara estuviera escrita la magia, quizá yo mismo fuera el fin de mí busca. En ese afán estaba cuando recordé que el jaguar era uno de los atributos del dios.

262

This reflection emboldened me and then instilled a kind of vertigo. Within the sphere of the earth lie ancient forms, incorruptible and eternal forms; any one of them could be the sought-after symbol. A mountain might be the word of the god, or a river or the empire or the configuration of the stars. But over the centuries mountains are leveled, the course of a river often shifts, empires know mutations and devastations, and the figure of the stars varies. In the firmament there is mutability. The mountain and the star are individuals, and individuals perish. I sought something more tenacious, more invulnerable. I thought of generations of grains, grasses, birds, men. Perhaps the magic was written upon my own face, perhaps I myself was the end of my quest. In that striving, I recalled that the jaguar was one of the god's attributes.

263

Entonces mi alma se llenó de piedad. Imaginé la primera mañana del tiempo, imaginé a mi dios confiando el mensaje a la piel viva de los jaguares, que se amarían y se engendrarían sin fin, en cavernas, en cañaverales, en islas, para que los últimos hombres lo recibieran. Imaginé esa red de tigres, ese caliente laberinto de tigres, dando horror a los prados y a los rebaños para conservar un dibujo. En la otra celda había un jaguar; en su vecindad percibí una confirmación de mi conjetura y un secreto favor.

263

Then my soul swelled with pity. I imagined the first morning of time, I imagined my god entrusting the message to the living skin of jaguars, who would love and engender endlessly in caverns, in reedbeds, on islands, so that the last men might receive it. I envisioned that network of tigers, that seething labyrinth of tigers, bringing terror to meadows and flocks to preserve a pattern. In the adjacent cell there was a jaguar; in its proximity I perceived a confirmation of my conjecture and a secret favor.

264

Dediqué largos años a aprender el orden y la configuración de las manchas. Cada ciega jornada me concedía un instante de luz, y así pude fijar en la mente las negras formas que tachaban el pelaje amarillo. Algunas incluían puntos; otras formaban rayas trasversales en la cara interior de las piernas; otras, anulares, se repetían. Acaso eran un mismo sonido o una misma palabra. Muchas tenían bordes rojos.

264

I devoted long years to learning the order and configuration of the spots. Each blind day granted me a moment of light, and thus I fixed in my mind the black shapes mottling the yellow pelt. Some included dots; others formed transverse stripes on the inner face of the legs; others, ring-shaped, repeated themselves. Perhaps they were a single sound or a single word. Many had crimson edges.

265

No diré las fatigas de mi labor. Más de una vez grité a la bóveda que era imposible descifrar aquel texto. Gradualmente, el enigma concreto que me atareaba me inquietó menos que el enigma genérico de una sentencia escrita por un dios. ¿Qué tipo de sentencia (me pregunté) construirá una mente absoluta? Consideré que aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios toda la palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria. Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra y en esa palabra la plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y a cuanto puede comprender un lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo, universo.

265

I will not recount the toils of my labor. More than once I cried out to the vault that it was impossible to decipher that text. Gradually, the specific enigma that consumed me troubled me less than the generic enigma of a sentence written by a god. What kind of sentence (I asked myself) would an absolute mind construct? I considered that even in human tongues no proposition fails to imply the entire universe; to say tiger is to say the tigers that begot it, the deer and turtles it devoured, the grass that fed the deer, the earth that mothered the grass, the sky that gave light to the earth. I considered that in the language of a god, every word would enunciate that infinite concatenation of facts, not implicitly but explicitly, not progressively but instantaneously. With time, the notion of a divine sentence struck me as puerile or blasphemous. A god, I reflected, need only utter a single word, and in that word, plenitude. No voice articulated by him can be inferior to the universe or less than the sum of time. Shadows or simulacra of that voice equivalent to a language and all that a language can encompass are the ambitious and impoverished human voices: all, world, universe.

266

Un día o una noche —entre mis días y mis noches, ¿qué diferencia cabe?— soñé que en el piso de la cárcel había un grano de arena. Volví a dormir, indiferente; soñé que despertaba y que había dos granos de arena. Volví a dormir; soñé que los granos de arena eran tres. Fueron, así, multiplicándose hasta colmar la cárcel y yo moría bajo ese hemisferio de arena. Comprendí que estaba soñando; con un vasto esfuerzo me desperté. El despertar fue inútil; la innumerable arena me sofocaba. Alguien me dijo: No has despertado a la vigilia, sino a un sueño anterior. Ese sueño está dentro de otro, y así hasta lo infinito, que es el número de los granos de arena. El camino que habrás de desandar es interminable y morirás antes de haber despertado realmente.

266

One day or night—what difference between my days and nights?—I dreamed there was a grain of sand on the prison floor. I slept again, indifferent; I dreamed I awoke to find two grains of sand. I slept once more; I dreamed the grains of sand were three. Thus they multiplied until they filled the prison and I lay dying beneath that hemisphere of sand. I understood I was dreaming; with a vast effort I roused myself. The waking was futile; the innumerable sand choked me. Someone told me: You have not woken to wakefulness but to a prior dream. That dream lies within another, and so on to infinity, which is the number of grains of sand. The path you must retrace is endless, and you will die before truly awakening.

267

Me sentí perdido. La arena me rompía la boca, pero grité: Ni una arena soñada puede matarme ni hay sueños que estén dentro de sueños. Un resplandor me despertó. En la tiniebla superior se cernía un círculo de luz. Vi la cara y las manos del carcelero, la rodaja, el cordel, la carne y los cántaros.

267

I felt lost. The sand tore at my mouth, but I cried out: No dreamt sand can kill me, nor are there dreams within dreams. A radiance woke me. In the upper darkness hovered a circle of light. I saw the jailer's face and hands, the pulley, the cord, the meat, and the jars.

268

Un hombre se confunde, gradualmente, con la forma de su destino; un hombre es, a la larga, sus circunstancias. Más que un descifrador o un vengador, más que un sacerdote del dios, yo era un encarcelado. Del incansable laberinto de sueños yo regresé como a mi casa a la dura prisión. Bendije su humedad, bendije su tigre, bendije el agujero de luz, bendije mi viejo cuerpo doliente, bendije la tiniebla y la piedra.

268

A man gradually becomes one with the form of his destiny; a man is, in the long run, his circumstances. More than a decipherer or an avenger, more than a priest of the god, I was a prisoner. From the tireless labyrinth of dreams I returned as to my home to the harsh prison. I blessed its dampness, I blessed its tiger, I blessed the aperture of light, I blessed my old aching body, I blessed the darkness and the stone.

269

Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo (no sé si estas palabras difieren). El éxtasis no repite sus símbolos; hay quien ha visto a Dios en un resplandor, hay quien lo ha percibido en una espada o en los círculos de una rosa. Yo vi una Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes, a un tiempo. Esa Rueda estaba hecha de agua, pero también de fuego, y era (aunque se veía el borde) infinita. Entretejidas, la formaban todas las cosas que serán, que son y que fueron, y yo era una de las hebras de esa trama total, y Pedro de Alvarado, que me dio tormento, era otra. Ahí estaban las causas y los efectos y me bastaba ver esa Rueda para entenderlo todo, sin fin. ¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir! Vi el universo y vi los íntimos designios del universo. Vi los orígenes que narra el Libro del Común. Vi las montañas que surgieron del agua, vi los primeros hombres de palo, vi las tinajas que se volvieron contra los hombres, vi los perros que les destrozaron las caras. Vi el dios sin cara que hay detrás de los dioses. Vi infinitos procesos que formaban una sola felicidad y, entendiéndolo todo, alcancé también a entender la escritura del tigre.

269

Then occurred what I cannot forget nor communicate. There came a union with divinity, with the universe (I know not whether these words differ). Ecstasy does not repeat its symbols; some have seen God in a blaze, others in a sword or the circles of a rose. I saw a Wheel of towering height, not before my eyes nor behind, nor to the sides, but everywhere at once. That Wheel was made of water, yet also of fire, and though its edge was visible, it was infinite. Interwoven, it comprised all things that shall be, that are, and that were, and I was one strand of that total weave, and Pedro de Alvarado, who tortured me, was another. There lay the causes and effects, and to behold that Wheel sufficed to understand all things, without end. Oh joy of understanding, greater than imagining or feeling! I saw the universe and the intimate designs of the universe. I saw the origins recounted in the Book of the Common. I saw the mountains that surged from water, saw the first men of wood, saw the pitchers that turned against men, saw the dogs that tore their faces. I saw the faceless god behind the gods. I saw infinite processes forming a single felicity, and in understanding all, I at last grasped the writing of the tiger.

270

Es una fórmula de catorce palabras casuales (que parecen casuales) y me bastaría decirla en voz alta para ser todopoderoso. Me bastaría decirla para abolir esta cárcel de piedra, para que el día entrara en mi noche, para ser joven, para ser inmortal, para que el tigre destrozara a Alvarado, para sumir el santo cuchillo en pechos españoles, para reconstruir la pirámide, para reconstruir el imperio. Cuarenta sílabas, catorce palabras, y yo, Tzinacán, regiría las tierras que rigió Moctezuma. Pero yo sé que nunca diré esas palabras, porque ya no me acuerdo de Tzinacán.

270

It is a formula of fourteen casual words (that seem casual) which would suffice for me to utter aloud to become omnipotent. It would suffice for me to utter it to abolish this stone prison, to let daylight flood my night, to regain youth, to become immortal, to have the tiger tear Alvarado apart, to plunge the sacred knife into Spanish breasts, to rebuild the pyramid, to rebuild the empire. Forty syllables, fourteen words, and I, Tzinacán, would rule the lands once ruled by Moctezuma. But I know I shall never speak those words, for I no longer remember Tzinacán.

271

Que muera conmigo el misterio que está escrito en los tigres. Quien ha entrevisto el universo, quien ha entrevisto los ardientes designios del universo, no puede pensar en un hombre, en sus triviales dichas o desventuras, aunque ese hombre sea él. Ese hombre ha sido él y ahora no le importa. Qué le importa la suerte de aquel otro, qué le importa la nación de aquel otro, si él, ahora es nadie. Por eso no pronuncio la fórmula, por eso dejo que me olviden los días, acostado en la oscuridad.

271

Let the mystery written upon the tigers die with me. He who has glimpsed the universe, he who has glimpsed the burning designs of the universe, cannot think of a man, of his trivial joys or calamities, even if that man be himself. That man has been him and now matters not. What cares he for the fate of that other man, what cares he for the nation of that other man, if he, now, is no one. Therefore I do not utter the formula, therefore I let the days forget me, lying in darkness.

272

A Ema Risso Platero

272

To Ema Risso Platero

274

Abenjacán el Bojarí,muerto en su laberinto

274

Abenjacán el Bojarí, Dead in His Labyrinth

275

… son comparables a la araña, que edifica una casa.

275

…are comparable to the spider, who builds a house.

276

Alcorán, XXIX, 40

276

Qur'an, XXIX, 40

277

Esta —dijo Dunraven, con un vasto ademán que no rehusaba las nubladas estrellas y que abarcaba el negro páramo, el mar y un edificio majestuoso y decrépito que parecía una caballeriza venida a menos— es la tierra de mis mayores.

277

"This"—said Dunraven, with a sweeping gesture encompassing the cloudy stars, the black moor, the sea, and a majestic decrepit building resembling a decayed stable—"is my ancestors' land."

278

Unwin, su compañero, se sacó la pipa de la boca y emitió sonidos modestos y aprobatorios. Era la primera tarde del verano de 1914; hartos de un mundo sin la dignidad del peligro, los amigos apreciaban la soledad de ese confín de Cornwall. Dunraven fomentaba una barba oscura y se sabía autor de una considerable epopeya que sus contemporáneos casi no podrían escandir y cuyo tema no le había sido aún revelado; Unwin había publicado un estudio sobre el teorema que Fermat no escribió al margen de una página de Diofanto. Ambos —¿será preciso que lo diga?— eran jóvenes, distraídos y apasionados.

278

Unwin, his companion, removed the pipe from his mouth and emitted modest approving sounds. It was the first evening of summer 1914; weary of a world lacking the dignity of danger, the friends relished the solitude of this Cornish outpost. Dunraven cultivated a dark beard and fancied himself author of a considerable epic his contemporaries could scarcely scan and whose theme had not yet been revealed to him; Unwin had published a study on the theorem Fermat neglected to write in the margin of Diophantus' page. Both—need it be said?—were young, absentminded, and impassioned.

279

—Hará un cuarto de siglo —dijo Dunraven— que Abenjacán el Bojarí, caudillo o rey de no sé qué tribu nilótica, murió en la cámara central de esa casa a manos de su primo Zaid. Al cabo de los años, las circunstancias de su muerte siguen oscuras.

279

"A quarter-century ago"—Dunraven declared—"Abenjacán el Bojarí, chieftain or king of some Nilotic tribe, died in the central chamber of that house at his cousin Zaid's hands. After all these years, the circumstances of his death remain obscure."

280

Unwin preguntó por qué, dócilmente.

280

Unwin dutifully inquired why.

281

—Por diversas razones —fue la respuesta—. En primer lugar, esa casa es un laberinto. En segundo lugar, la vigilaban un esclavo y un león. En tercer lugar, se desvaneció un tesoro secreto. En cuarto lugar, el asesino estaba muerto cuando el asesinato ocurrió. En quinto lugar…

281

"For several reasons"—came the reply. "First, that house is a labyrinth. Second, it was guarded by a slave and a lion. Third, a secret treasure vanished. Fourth, the murderer was already dead when the murder occurred. Fifth..."

282

Unwin, cansado, lo detuvo.

282

Unwin, weary, interrupted him.

283

—No multipliques los misterios —le dijo—. Éstos deben ser simples. Recuerda la carta robada de Poe, recuerda el cuarto cerrado de Zangwill.

283

"Do not multiply mysteries"—he chided. "Mysteries should be simple. Recall Poe's purloined letter, recall Zangwill's locked room."

284

—O complejos —replicó Dunraven—. Recuerda el universo.

284

"Or complex"—countered Dunraven. "Recall the universe."

285

Repechando colinas arenosas, habían llegado al laberinto. Éste, de cerca, les pareció una derecha y casi interminable pared, de ladrillos sin revocar, apenas más alta que un hombre. Dunraven dijo que tenía la forma de un círculo, pero tan dilatada era su área que no se percibía la curvatura. Unwin recordó a Nicolás de Cusa, para quien toda línea recta es el arco de un círculo infinito… Hacia la medianoche descubrieron una ruinosa puerta, que daba a un ciego y arriesgado zaguán. Dunraven dijo que en el interior de la casa había muchas encrucijadas, pero que, doblando siempre a la izquierda, llegarían en poco más de una hora al centro de la red. Unwin asintió. Los pasos cautelosos resonaron en el suelo de piedra; el corredor se bifurcó en otros más angostos. La casa parecía querer ahogarlos, el techo era muy bajo. Debieron avanzar uno tras otro por la complicada tiniebla. Unwin iba adelante. Entorpecido de asperezas y de ángulos, fluía sin fin contra su mano el invisible muro. Unwin, lento en la sombra, oyó de boca de su amigo la historia de la muerte de Abenjacán.

285

Ascending sandy slopes, they reached the labyrinth. Seen up close, it appeared as a straight and nearly endless brick wall, barely higher than a man. Dunraven said it formed a circle, though its area was so vast the curvature went unperceived. Unwin recalled Nicholas of Cusa, for whom every straight line is the arc of an infinite circle... Toward midnight they found a ruined door opening onto a blind hazardous vestibule. Dunraven explained that within the house lay many crossroads, but by always turning left they would reach the web's center in little over an hour. Unwin nodded. Their cautious footsteps echoed on stone floors; the corridor branched into narrower passages. The house seemed intent on suffocating them, its ceiling oppressively low. They proceeded single-file through the intricate darkness. Unwin led. The invisible wall flowed endlessly against his hand, encumbered by roughness and angles. Unwin, moving slowly through shadows, heard his friend recount Abenjacán's death.

286

—Acaso el más antiguo de mis recuerdos —contó Dunraven— es el de Abenjacán el Bojarí en el puerto de Pentreath. Lo seguía un hombre negro con un león; sin duda el primer negro y el primer león que miraron mis ojos, fuera de los grabados de la Escritura. Entonces yo era niño, pero la fiera del color del sol y el hombre del color de la noche me impresionaron menos que Abenjacán. Me pareció muy alto; era un hombre de piel cetrina, de entrecerrados ojos negros, de insolente nariz, de carnosos labios, de barba azafranada, de pecho fuerte, de andar seguro y silencioso. En casa dije: «Ha venido un rey en un buque». Después, cuando trabajaron los albañiles, amplié ese título y le puse el Rey de Babel.

286

"Perhaps my earliest memory"—Dunraven began—"is of Abenjacán el Bojarí in Pentreath harbor. He was followed by a black man with a lion—undoubtedly the first black man and first lion I beheld beyond Scripture engravings. I was a child then, but the sun-colored beast and night-colored man impressed me less than Abenjacán. He seemed towering; a sallow-skinned man with half-closed black eyes, an insolent nose, fleshy lips, saffron beard, broad chest, and silent assured gait. At home I declared: 'A king has come by ship.' Later, when masons began working, I expanded that title and dubbed him King of Babel."

287

»La noticia de que el forastero se fijaría en Pentreath fue recibida con agrado; la extensión y la forma de su casa, con estupor y aun con escándalo. Pareció intolerable que una casa constara de una sola habitación y de leguas y leguas de corredores. «Entre los moros se usarán tales casas, pero no entre cristianos», decía la gente. Nuestro rector, el señor Allaby, hombre de curiosa lectura, exhumó la historia de un rey a quien la Divinidad castigó por haber erigido un laberinto y la divulgó desde el púlpito. El lunes, Abenjacán visitó la rectoría; las circunstancias de la breve entrevista no se conocieron entonces, pero ningún sermón ulterior aludió a la soberbia, y el moro pudo contratar albañiles. Años después, cuando pereció Abenjacán, Allaby declaró a las autoridades la substancia del diálogo.

287

"News of the stranger settling in Pentreath was welcomed; the scale and form of his house provoked astonishment and scandal. A house consisting of one room and leagues of corridors seemed intolerable. 'Such houses may suit Moors but not Christians,' people said. Our rector Mr. Allaby, a man of curious reading, unearthed a tale of a king punished by Divinity for building a labyrinth and preached it from the pulpit. On Monday, Abenjacán visited the rectory; details of their brief meeting remained unknown then, but subsequent sermons made no allusion to pride, and the Moor retained his masons. Years later, when Abenjacán perished, Allaby disclosed the dialogue's substance to authorities."

288

»Abenjacán le dijo, de pie, estas o parecidas palabras: «Ya nadie puede censurar lo que yo hago. Las culpas que me infaman son tales que aunque yo repitiera durante siglos el Ultimo Nombre de Dios, ello no bastaría a mitigar uno solo de mis tormentos; las culpas que me infaman son tales que aunque yo lo matara con estas manos, ello no agravaría los tormentos que me destina la infinita Justicia. En tierra alguna es desconocido mi nombre; soy Abenjacán el Bojarí y he regido las tribus del desierto con un cetro de hierro. Durante muchos años las despojé, con asistencia de mi primo Zaid, pero Dios oyó mi clamor y sufrió que se rebelaran. Mis gentes fueron rotas y acuchilladas; yo alcancé a huir con el tesoro recaudado en mis años de expoliación. Zaid me guió al sepulcro de un santo, al pie de una montaña de piedra. Le ordené a mi esclavo que vigilara la cara del desierto; Zaid y yo dormimos, rendidos. Esa noche creí que me aprisionaba una red de serpientes. Desperté con horror; a mi lado, en el alba, dormía Zaid; el roce de una telaraña en mi carne me había hecho soñar aquel sueño. Me dolió que Zaid, que era cobarde, durmiera con tanto reposo. Consideré que el tesoro no era infinito y que él podía reclamar una parte. En mi cinto estaba la daga con empuñadura de plata; la desnudé y le atravesé la garganta. En su agonía balbuceó unas palabras que no pude entender. Lo miré; estaba muerto, pero yo temí que se levantara y le ordené al esclavo que le deshiciera la cara con una roca. Después erramos bajo el cielo y un día divisamos un mar. Lo surcaban buques muy altos; pensé que un muerto no podría andar por el agua y decidí buscar otras tierras. La primera noche que navegamos soñé que yo mataba a Zaid. Todo se repitió, pero yo entendí sus palabras. Decía: Como ahora me borras te borraré, dondequiera que estés. He jurado frustrar esa amenaza; me ocultaré en el centro de un laberinto para que su fantasma se pierda».

288

»Standing before him, Abenjacán spoke these or similar words: "None may now censure my deeds. The infamies staining my soul are such that though I were to utter the Ultimate Name of God through centuries unending, it would not suffice to mitigate a single torment; these infamies are such that though I were to slay him with these hands, it would not deepen the torments Infinite Justice has ordained for me. My name is known in every land; I am Abenjacán el Bojarí, who ruled desert tribes with iron scepter. For many years I despoiled them with my cousin Zaid's aid, till God heard their cries and suffered them to rebel. My people were shattered and slaughtered; I fled bearing treasures plundered through years of rapine. Zaid led me to a saint's tomb at the mountain's foot. I ordered my slave to watch the desert's face; Zaid and I slept, spent. That night I dreamed serpents ensnared me. I awoke trembling; at dawn's light Zaid slept by my side – the brush of a spiderweb upon my flesh had birthed that dream. It galled me that Zaid, the coward, should sleep so soundly. I considered our finite treasure and his claim to share it. The silver-hilted dagger hung at my belt; I drew it and pierced his throat. In his death throes he mumbled words I could not grasp. I watched him die, then fearing his resurrection ordered my slave to crush his face with stones. We wandered under heaven's dome till one day we sighted a sea plied by tall ships; believing the dead cannot cross water, I sought new lands. On our first night at sea I dreamed I slew Zaid again. All repeated, but now I understood his words: As you now erase me, so shall I erase you, wherever you may be. I have sworn to thwart this curse; I shall hide within a labyrinth's heart so his ghost may lose its way."

289

»Dicho lo cual, se fue. Allaby trató de pensar que el moro estaba loco y que el absurdo laberinto era un símbolo y un claro testimonio de su locura. Luego reflexionó que esa explicación condecía con el extravagante edificio y con el extravagante relato, no con la enérgica impresión que dejaba el hombre Abenjacán. Quizá tales historias fueran comunes en los arenales egipcios, quizá tales rarezas correspondieran (como los dragones de Plinio) menos a una persona que a una cultura… Allaby, en Londres, revisó números atrasados del Times; comprobó la verdad de la rebelión y de una subsiguiente derrota del Bojarí y de su visir, que tenía fama de cobarde.

289

»Having spoken thus, he departed. Allaby tried to think the Moor was mad, that this absurd labyrinth symbolized his madness. Yet he reflected such explanation suited the extravagant edifice and tale, not the forceful impression Abenjacán himself left. Perhaps such stories were common in Egyptian sands, perhaps these oddities belonged (like Pliny's dragons) less to a man than to a culture... In London, Allaby consulted back issues of the Times; verified the rebellion's truth and subsequent defeat of Bojarí and his vizier, renowned for cowardice.

290

»Aquél, apenas concluyeron los albañiles, se instaló en el centro del laberinto. No lo vieron más en el pueblo; a veces Allaby temió que Zaid ya lo hubiera alcanzado y aniquilado. En las noches el viento nos traía el rugido del león, y las ovejas del redil se apretaban con un antiguo miedo.

290

»When masons finished, Abenjacán took residence at the labyrinth's heart. None saw him again in town; sometimes Allaby feared Zaid had already found and destroyed him. Nights brought the lion's roar on the wind, sheep huddling in ancient dread within folds.

291

»Solían anclar en la pequeña bahía, rumbo a Cardiff o a Bristol, naves de puertos orientales. El esclavo descendía del laberinto (que entonces, lo recuerdo, no era rosado, sino de color carmesí) y cambiaba palabras africanas con las tripulaciones y parecía buscar entre los hombres el fantasma del visir. Era fama que tales embarcaciones traían contrabando, y si de alcoholes o marfiles prohibidos, ¿por qué no, también, de sombras de muertos?

291

»Oriental ships bound for Cardiff or Bristol often anchored in the cove. The slave would descend from the labyrinth (then crimson-hued, not pink) exchanging African words with crews, as if searching among men for the vizier's ghost. Rumors held these ships smuggled contraband – if forbidden alcohols or ivories, why not shadows of the dead too?«

292

»A los tres años de erigida la casa, ancló al pie de los cerros el Rose of Sharon. No fui de los que vieron ese velero y tal vez en la imagen que tengo de él influyen olvidadas litografías de Aboukir o de Trafalgar, pero entiendo que era de esos barcos muy trabajados que no parecen obra de naviero, sino de carpintero y menos de carpintero que de ebanista. Era (si no en la realidad, en mis sueños) bruñido, oscuro, silencioso y veloz, y lo tripulaban árabes y malayos.

292

»Three years after the house's erection, the Rose of Sharon anchored at the foot of the hills. I was not among those who saw that sailing vessel, though forgotten engravings of Aboukir or Trafalgar may influence my mental image of it. Yet I conceive it as one of those overly ornate ships that seem less a naval architect's work than a carpenter's - nay, even a cabinetmaker's. It was (if not in reality, then in my dreams) burnished, dark, silent and swift, crewed by Arabs and Malays.

293

»Ancló en el alba de uno de los días de octubre. Hacia el atardecer, Abenjacán irrumpió en casa de Allaby. Lo dominaba la pasión del terror; apenas pudo articular que Zaid ya había entrado en el laberinto y que su esclavo y su león habían perecido. Seriamente preguntó si las autoridades podrían ampararlo. Antes que Allaby respondiera, se fue, como si lo arrebatara el mismo terror que lo había traído a esa casa, por segunda y última vez. Allaby, solo en su biblioteca, pensó con estupor que ese temeroso había oprimido en el Sudán a tribus de hierro y sabía qué cosa es una batalla y qué cosa es matar. Advirtió, al otro día, que ya había zarpado el velero (rumbo a Suakin en el Mar Rojo, se averiguó después). Reflexionó que su deber era comprobar la muerte del esclavo y se dirigió al laberinto. El jadeante relato del Bojarí le pareció fantástico, pero en un recodo de las galerías dio con el león, y el león estaba muerto, y en otro, con el esclavo, que estaba muerto, y en la cámara central con el Bojarí, a quien le habían destrozado la cara. A los pies del hombre había un arca taraceada de nácar; alguien había forzado la cerradura y no quedaba ni una sola moneda.

293

»It anchored at dawn on an October day. Towards dusk, Abenjacán burst into Allaby's house. Consumed by terror's passion, he could barely articulate that Zaid had already penetrated the labyrinth and that his slave and lion had perished. With grave formality he inquired whether authorities might protect him. Before Allaby could respond, he departed, as if the same terror that brought him there now swept him away - this second and final visit. Alone in his library, Allaby pondered with astonishment that this fearful man had once oppressed iron tribes in Sudan, knowing both battle and slaughter. The following day, noting the ship's departure (later discovered to be bound for Suakin on the Red Sea), he deemed it his duty to verify the slave's death. The Bojarí's breathless tale seemed fantastical, yet in a gallery's curve he encountered the dead lion, and in another, the dead slave, and in the central chamber, the Bojarí with shattered features. At the man's feet lay a mother-of-pearl inlaid chest; someone had forced the lock, leaving not a single coin.

294

Los períodos finales, agravados de pausas oratorias, querían ser elocuentes; Unwin adivinó que Dunraven los había emitido muchas veces, con idéntico aplomo y con idéntica ineficacia. Preguntó, para simular interés:

294

The final periods, weighted with oratorical pauses, strained for eloquence; Unwin discerned Dunraven had uttered them many times with identical composure and identical futility. Feigning interest, he inquired:

295

—¿Cómo murieron el león y el esclavo?

295

»How did the lion and slave perish?«

296

La incorregible voz contestó con sombría satisfacción:

296

The incorrigible voice answered with somber satisfaction:

297

—También les había destrozado la cara.

297

»Their faces too had been shattered.«

298

Al ruido de los pasos se agregó el ruido de la lluvia. Unwin pensó que tendrían que dormir en el laberinto, en la cámara central del relato, y que en el recuerdo esa larga incomodidad sería una aventura. Guardó silencio: Dunraven no pudo contenerse y le preguntó, como quien no perdona una deuda:

298

Footsteps merged with rain's patter. Unwin considered they'd need to sleep in the labyrinth's central chamber, where future recollection would transform this prolonged discomfort into adventure. Maintaining silence proved impossible for Dunraven, who demanded like a creditor:

299

—¿No es inexplicable esta historia?

299

»Is this tale not inexplicable?«

300

Unwin le respondió, como si pensara en voz alta:

300

Unwin replied as if thinking aloud:

301

—No sé si es explicable o inexplicable. Sé que es mentira.

301

»I know not if explicable or not. I know it's false.«

302

Dunraven prorrumpió en malas palabras e invocó el testimonio del hijo mayor del rector (Allaby, parece, había muerto) y de todos los vecinos de Pentreath. No menos atónito que Dunraven, Unwin se disculpó. El tiempo, en la oscuridad, parecía más largo; los dos temieron haber extraviado el camino y estaban muy cansados cuando una tenue claridad superior les mostró los peldaños iniciales de una angosta escalera. Subieron y llegaron a una ruinosa habitación redonda. Dos signos perduraban del temor del malhadado rey: una estrecha ventana que dominaba los páramos y el mar y en el suelo una trampa que se abría sobre la curva de la escalera. La habitación, aunque espaciosa, tenía mucho de celda carcelaria.

302

Dunraven erupted in curses, invoking testimony from the rector's eldest son (Allaby being deceased, it seemed) and all Pentreath neighbors. Equally astonished, Unwin apologized. Time dilated in darkness; both feared they'd lost their way when faint upper light revealed a narrow staircase's initial steps. Ascending to a ruinous circular room, two vestiges endured of the ill-starred king's fear: a slender window commanding moors and sea, and a floor trapdoor opening onto the stairwell's curve. The chamber, though spacious, bore prison-cell austerity.

303

Menos instados por la lluvia que por el afán de vivir para la rememoración y la anécdota, los amigos hicieron noche en el laberinto. El matemático durmió con tranquilidad; no así el poeta, acosado por versos que su razón juzgaba detestables:

303

»Less compelled by rain than by zeal for future reminiscence and anecdote, the friends passed the night within the labyrinth. The mathematician slept peacefully; not so the poet, harassed by verses his reason deemed execrable:

304

Faceless the sultry and overpowering lion,

304

Faceless the sultry and overpowering lion,

305

Faceless the stricken slave, faceless the king.

305

Faceless the stricken slave, faceless the king.

306

Unwin creía que no le había interesado la historia de la muerte del Bojarí, pero se despertó con la convicción de haberla descifrado. Todo aquel día estuvo preocupado y huraño, ajustando y reajustando las piezas, y tres o cuatro noches después, citó a Dunraven en una cervecería de Londres y le dijo estas o parecidas palabras:

306

Unwin believed himself indifferent to the Bojarí's death story, yet awoke convinced he'd deciphered it. Throughout that day he remained preoccupied and sullen, adjusting and readjusting puzzle pieces, until three nights later he summoned Dunraven to a London alehouse with these or similar words:

307

—En Cornwall dije que era mentira la historia que te oí. Los hechos eran ciertos, o podían serlo, pero contados como tú los contaste, eran, de un modo manifiesto, mentiras. Empezaré por la mayor mentira de todas, por el laberinto increíble. Un fugitivo no se oculta en un laberinto. No erige un laberinto sobre un alto lugar de la costa, un laberinto carmesí que avistan desde lejos los marineros. No precisa erigir un laberinto, cuando el universo ya lo es. Para quien verdaderamente quiere ocultarse, Londres es mejor laberinto que un mirador al que conducen todos los corredores de un edificio. La sabia reflexión que ahora te someto me fue deparada antenoche, mientras oíamos llover sobre el laberinto y esperábamos que el sueño nos visitara; amonestado y mejorado por ella, opté por olvidar tus absurdidades y pensar en algo sensato.

307

»In Cornwall I called your tale false. The facts were true, or could be, yet your narration rendered them manifest lies. Let me begin with the supreme falsehood - the incredible labyrinth. No fugitive hides in a labyrinth. None erects a crimson labyrinth on coastal heights visible to distant sailors. No labyrinth need be built when the universe already is one. For true concealment, London proves better labyrinth than some vantage where all a building's corridors converge. This wisdom came to me as we heard rain assault the labyrinth, awaiting sleep's visitation; chastened and improved, I resolved to forget your absurdities and ponder sensible matters.«

308

—En la teoría de los conjuntos, digamos, o en una cuarta dimensión del espacio —observó Dunraven.

308

»Set theory, perhaps, or space's fourth dimension,« Dunraven observed.

309

—No —dijo Unwin con seriedad—. Pensé en el laberinto de Creta. El laberinto cuyo centro era un hombre con cabeza de toro.

309

»No,« Unwin said gravely. »I contemplated Crete's labyrinth. The labyrinth whose center housed a bull-headed man.«

310

Dunraven, versado en obras policiales, pensó que la solución del misterio siempre es inferior al misterio. El misterio participa de lo sobrenatural y aun de lo divino; la solución, del juego de manos. Dijo, para aplazar lo inevitable:

310

Dunraven, versed in detective fiction, reflected that solutions always prove inferior to mysteries. Mystery touches the supernatural, even divine; solutions reek of conjuring tricks. To delay inevitability, he said:

311

—Cabeza de toro tiene en medallas y esculturas el minotauro. Dante lo imaginó con cuerpo de toro y cabeza de hombre.

311

»On medals and sculptures the Minotaur bears bull's head. Dante imagined it with bull's body and human head.«

312

—También esa versión me conviene —Unwin asintió—. Lo que importa es la correspondencia de la casa monstruosa con el habitante monstruoso. El minotauro justifica con creces la existencia del laberinto. Nadie dirá lo mismo de una amenaza percibida en un sueño. Evocada la imagen del minotauro (evocación fatal en un caso en que hay un laberinto), el problema, virtualmente, estaba resuelto. Sin embargo, confieso que no entendí que esa antigua imagen era la clave y así fue necesario que tu relato me suministrara un símbolo más preciso: la telaraña.

312

»That version too serves my purpose,« Unwin concurred. »What matters is the monstrous house mirroring its monstrous inhabitant. The Minotaur justifies the labyrinth. None would say the same of some dream-perceived threat. Though evoking the Minotaur (fatal evocation where labyrinths exist) virtually resolved the problem, I confess not grasping this ancient image as key until your tale provided a more precise symbol: the spiderweb.«

313

—¿La telaraña? —repitió, perplejo, Dunraven.

313

»The spiderweb?« Dunraven echoed, perplexed.

314

—Sí. Nada me asombraría que la telaraña (la forma universal de la telaraña, entendamos bien, la telaraña de Platón) hubiera sugerido al asesino (porque hay un asesino) su crimen. Recordarás que el Bojarí, en una tumba, soñó con una red de serpientes y que al despertar descubrió que una telaraña le había sugerido aquel sueño. Volvamos a esa noche en que el Bojarí soñó con una red. El rey vencido y el visir y el esclavo huyen por el desierto con un tesoro. Se refugian en una tumba. Duerme el visir, de quien sabemos que es un cobarde; no duerme el rey, de quien sabemos que es un valiente. El rey, para no compartir el tesoro con el visir, lo mata de una cuchillada; su sombra lo amenaza en un sueño, noches después. Todo esto es increíble; yo entiendo que los hechos ocurrieron de otra manera. Esa noche durmió el rey, el valiente, y veló Zaid, el cobarde. Dormir es distraerse del universo, y la distracción es difícil para quien sabe que lo persiguen con espadas desnudas. Zaid, ávido, se inclinó sobre el sueño de su rey. Pensó en matarlo (quizá jugó con el puñal), pero no se atrevió. Llamó al esclavo, ocultaron parte del tesoro en la tumba, huyeron a Suakin y a Inglaterra. No para ocultarse del Bojarí, sino para atraerlo y matarlo construyó a la vista del mar el alto laberinto de muros rojos. Sabía que las naves llevarían a los puertos de Nubia la fama del hombre bermejo, del esclavo y del león, y que, tarde o temprano, el Bojarí lo vendría a buscar en su laberinto. En el último corredor de la red esperaba la trampa. El Bojarí lo despreciaba infinitamente; no se rebajaría a tomar la menor precaución. El día codiciado llegó; Abenjacán desembarcó en Inglaterra, caminó hasta la puerta del laberinto, barajó los ciegos corredores y ya había pisado, tal vez, los primeros peldaños cuando su visir lo mató, no sé si de un balazo, desde la trampa. El esclavo mataría al león y otro balazo mataría al esclavo. Luego Zaid deshizo las tres caras con una piedra. Tuvo que obrar así; un solo muerto con la cara deshecha hubiera sugerido un problema de identidad, pero la fiera, el negro y el rey formaban una serie y, dados los dos términos iniciales, todos postularían el último. No es raro que lo dominara el temor cuando habló con Allaby; acababa de ejecutar la horrible faena y se disponía a huir de Inglaterra para recuperar el tesoro.

314

—Yes. I wouldn't be surprised if the spiderweb (the universal form of the spiderweb, let us be clear—the Platonic spiderweb) had suggested the crime to the murderer (for there is a murderer). You'll recall that the Bojarí, in a tomb, dreamed of a net of serpents and upon waking discovered that a spiderweb had inspired that vision. Let us return to that night when the Bojarí dreamed of a web. The vanquished king, his vizier, and the slave flee through the desert with treasure. They take refuge in a tomb. The vizier—whom we know to be a coward—sleeps; the king—whom we know to be brave—does not. To avoid sharing the treasure, the king stabs the vizier; his shade threatens him in a dream nights later. All this is incredible; I understand the events unfolded differently. That night, the brave king slept, and Zaid, the coward, kept watch. To sleep is to become distracted from the universe, and distraction is difficult for one who knows naked swords pursue him. Zaid, covetous, leaned over his king's slumber. He thought of killing him (perhaps fingered the dagger), but dared not. He summoned the slave; together they hid part of the treasure in the tomb, then fled to Suakin and England. He built that towering labyrinth of crimson walls visible from the sea not to hide from the Bojarí, but to lure and kill him. He knew ships would carry tales of the crimson man, the slave, and the lion to Nubian ports, and that sooner or later the Bojarí would come seeking him in the labyrinth. The trap awaited in the final corridor. The Bojarí infinitely despised him; he'd stoop to no precautions. The coveted day arrived: Abenjacán disembarked in England, walked to the labyrinth's gate, navigated its blind corridors, and perhaps had already trod the first steps when his vizier shot him dead—I know not if from the trapdoor. The slave would kill the lion, another bullet the slave. Then Zaid shattered all three faces with a stone. He had to: a single faceless corpse would suggest identity puzzles, but beast, black man, and king formed a sequence—given the first two terms, all would posit the last. No wonder terror gripped him when speaking to Allaby; he'd just executed that horrid task and was fleeing England to reclaim the treasure.

315

Un silencio pensativo, o incrédulo, siguió a las palabras de Unwin. Dunraven pidió otro jarro de cerveza antes de opinar.

315

A pensive—or incredulous—silence followed Unwin's words. Dunraven ordered another beer before opining.

316

—Acepto —dijo— que mi Abenjacán sea Zaid. Tales metamorfosis, me dirás, son clásicos artificios del género, son verdaderas convenciones cuya observación exige el lector. Lo que me resisto a admitir es la conjetura de que una porción del tesoro quedara en el Sudán. Recuerda que Zaid huía del rey y de los enemigos del rey; más fácil es imaginarlo robándose todo el tesoro que demorándose a enterrar una parte. Quizá no se encontraron monedas porque no quedaban monedas; los albañiles habrían agotado un caudal que, a diferencia del oro rojo de los Nibelungos, no era infinito. Tendríamos así a Abenjacán atravesando el mar para reclamar un tesoro dilapidado.

316

—I accept—he said—that my Abenjacán is Zaid. Such metamorphoses, you'll tell me, are classic artifices of the genre, true conventions the reader must observe. What I resist is conjecturing part of the treasure remained in Sudan. Recall Zaid fled both king and king's enemies; easier to imagine him stealing all than lingering to bury some. Perhaps no coins were found because none remained—builders exhausted a hoard that, unlike the Nibelungs' red gold, wasn't infinite. Thus Abenjacán crossed seas to claim squandered treasure.

317

—Dilapidado, no —dijo Unwin—. Invertido en armar en tierra de infieles una gran trampa circular de ladrillo destinada a apresarlo y aniquilarlo. Zaid, si tu conjetura es correcta, procedió urgido por el odio y por el temor y no por la codicia. Robó el tesoro y luego comprendió que el tesoro no era lo esencial para él. Lo esencial era que Abenjacán pereciera. Simuló ser Abenjacán, mató a Abenjacán y finalmente fue Abenjacán.

317

—Squandered, no—Unwin countered—. Invested in erecting on infidel soil a great circular brick trap to ensnare and annihilate him. If your conjecture holds, Zaid acted driven by hatred and fear, not greed. He stole the treasure, then realized treasure wasn't essential. The core was Abenjacán's demise. He impersonated Abenjacán, killed Abenjacán, and finally became Abenjacán.

318

—Sí —confirmó Dunraven—. Fue un vagabundo que, antes de ser nadie en la muerte, recordaría haber sido un rey o haber fingido ser un rey, algún día.

318

—Yes—Dunraven confirmed—. He was a vagabond who, before being no one in death, would remember having been king or having feigned kingship once.

320

Los dos reyes y los dos laberintos[13]

320

The Two Kings and Their Two Labyrinths[13]

321

Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto mejor y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: «¡Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso».

321

Men worthy of trust relate (though Allah knows best) that in ancient days a king of Babylonian isles summoned architects and sorcerers to build a labyrinth so perplexing and subtle that prudent men dared not enter, and those who entered were lost. This work caused scandal, for confusion and marvel are God's operations, not man's. In time came an Arab king to his court. The Babylonian king (mocking his guest's simplicity) had him enter the labyrinth, where he wandered humiliated and bewildered till dusk. Then he begged divine aid and found the gate. He uttered no complaint but told his host: "In Arabia I have a better labyrinth, God willing to show you someday." He returned to Arabia, gathered captains and chiefs, and ravaged Babylon's kingdoms so fortuned that he razed castles, slaughtered multitudes, and took the king captive. He bound him to a swift camel and brought him to the desert. Three days they rode, then he declared: "O King of Time's substance and cipher! In Babylon you sought to lose me in bronze labyrinths of stairs, doors, and walls. Now the Almighty grants you mine—with no stairs to climb, doors to force, weary galleries to tread, or walls to bar your way."

322

Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con Aquel que no muere.

322

He loosed the bonds and left him mid-desert, where he died of hunger and thirst. Glory be to Him Who Does Not Die.

324

La espera

324

The Wait

325

El coche lo dejó en el cuatro mil cuatro de esa calle del Noroeste. No habían dado las nueve de la mañana; el hombre notó con aprobación los manchados plátanos, el cuadrado de tierra al pie de cada uno, las decentes casas de balconcito, la farmacia contigua, los desvaídos rombos de la pinturería y ferretería. Un largo y ciego paredón de hospital cerraba la acera de enfrente; el sol reverberaba, más lejos, en unos invernáculos. El hombre pensó que esas cosas (ahora arbitrarias y casuales y en cualquier orden, como las que se ven en los sueños) serían con el tiempo, si Dios quisiera, invariables, necesarias y familiares. En la vidriera de la farmacia se leía en letras de loza: Breslauer; los judíos estaban desplazando a los italianos, que habían desplazado a los criollos. Mejor así; el hombre prefería no alternar con gente de su sangre.

325

The carriage left him at 4004 Northwest Street. Morning hadn't yet struck nine; the man noted approvingly the mottled sycamores, soil squares at each trunk, houses with wrought-iron balconies, adjacent pharmacy, paint-and-hardware store's faded rhombuses. Across lay a hospital's long blind wall; beyond, sun blazed on greenhouses. He thought these things (now arbitrary and haphazard as dream visions) might in time—God willing—become immutable, necessary, familiar. The pharmacy window read "Breslauer" in porcelain letters; Jews were displacing Italians who'd displaced Creoles. Better thus—he preferred not to mingle with his own blood.

326

El cochero le ayudó a bajar el baúl; una mujer de aire distraído o cansado abrió por fin la puerta. Desde el pescante el cochero le devolvió una de las monedas, un vintén oriental que estaba en su bolsillo desde esa noche en el hotel de Meló. El hombre le entregó cuarenta centavos, y en el acto sintió: «Tengo la obligación de obrar de manera que todos se olviden de mí. He cometido dos errores: he dado una moneda de otro país y he dejado ver que me importa esa equivocación».

326

The coachman helped him unload the trunk; a woman of distracted or weary bearing finally opened the door. From the driver's seat, the coachman returned one of the coins - an Eastern vintén that had been in his pocket since that night at the Meló hotel. The man gave him forty cents, and immediately thought: "I must act so they all forget me. I've made two mistakes: using foreign currency and letting them see it matters."

327

Precedido por la mujer, atravesó el zaguán y el primer patio. La pieza que le habían reservado daba, felizmente, al segundo. La cama era de hierro, que el artífice había deformado en curvas fantásticas, figurando ramas y pámpanos; había, asimismo, un alto ropero de pino, una mesa de luz, un estante con libros a ras del suelo, dos sillas desparejas y un lavatorio con su palangana, su jarra, su jabonera y un botellón de vidrio turbio. Un mapa de la provincia de Buenos Aires y un crucifijo adornaban las paredes; el papel era carmesí, con grandes pavos reales repetidos, de cola desplegada. La única puerta daba al patio. Fue necesario variar la colocación de las sillas para dar cabida al baúl. Todo lo aprobó el inquilino; cuando la mujer le preguntó cómo se llamaba, dijo Villari, no como un desafío secreto, no para mitigar una humillación que, en verdad, no sentía, sino porque ese nombre lo trabajaba, porque le fue imposible pensar en otro. No lo sedujo, ciertamente, el error literario de imaginar que asumir el nombre del enemigo podía ser una astucia.

327

Preceded by the woman, he crossed the entryway and first courtyard. The room reserved for him luckily faced the second courtyard. The iron bed, warped by the smith into fantastic curves mimicking vines and tendrils; a tall pine wardrobe, a nightstand, floor-level shelves with books, two mismatched chairs, and a washstand with basin, pitcher, soap dish, and a murky glass bottle. A map of Buenos Aires province and a crucifix adorned walls papered crimson with repeating peacocks, tails unfurled. The single door opened to the courtyard. They rearranged chairs to accommodate the trunk. The tenant approved everything. When asked his name, he said Villari - not as secret defiance nor to soften nonexistent humiliation, but because this name obsessed him, having displaced all others. He felt no literary temptation to imagine assuming his enemy's name as cunning.

328

El señor Villari, al principio, no dejaba la casa; cumplidas unas cuantas semanas, dio en salir, un rato, al oscurecer. Alguna noche entró en el cinematógrafo que había a las tres cuadras. No pasó nunca de la última fila; siempre se levantaba un poco antes del fin de la función. Vio trágicas historias del hampa; éstas, sin duda, incluían errores, éstas, sin duda, incluían imágenes que también lo eran de su vida anterior; Villari no los advirtió porque la idea de una coincidencia entre el arte y la realidad era ajena a él. Dócilmente trataba de que le gustaran las cosas; quería adelantarse a la intención con que se las mostraban. A diferencia de quienes han leído novelas, no se veía nunca a sí mismo como un personaje del arte.

328

Initially, Mr. Villari never left the house. After weeks, he began venturing out briefly at dusk. Some nights he visited the cinema three blocks away, always sitting in the last row, always leaving before the finale. He watched gangster melodramas containing errors and images mirroring his past life - parallels he missed, being unaccustomed to conflate art with reality. Passively, he tried liking what he was shown, anticipating the creators' intent. Unlike novel-readers, he never saw himself as an artistic character.

329

No le llegó jamás una carta, ni siquiera una circular, pero leía con borrosa esperanza una de las secciones del diario. De tarde, arrimaba a la puerta una de las sillas y mateaba con seriedad, puestos los ojos en la enredadera del muro de la inmediata casa de altos. Años de soledad le habían enseñado que los días, en la memoria, tienden a ser iguales, pero que no hay un día, ni siquiera de cárcel o de hospital, que no traiga sorpresas. En otras reclusiones había cedido a la tentación de contar los días y las horas, pero esta reclusión era distinta, porque no tenía término —salvo que el diario, una mañana, trajera la noticia de la muerte de Alejandro Villari—. También era posible que Villari ya hubiera muerto y entonces esta vida era un sueño. Esa posibilidad lo inquietaba, porque no acabó de entender si se parecía al alivio o a la desdicha; se dijo que era absurda y la rechazó. En días lejanos, menos lejanos por el curso del tiempo que por dos o tres hechos irrevocables, había deseado muchas cosas, con amor sin escrúpulo; esa voluntad poderosa, que había movido el odio de los hombres y el amor de alguna mujer, ya no quería cosas particulares: sólo quería perdurar, no concluir. El sabor de la yerba, el sabor del tabaco negro, el creciente filo de sombra que iba ganando el patio.

329

No letters came, not even circulars, yet he scanned newspaper columns with vague hope. Evenings, he'd chair by the door, sipping bitter mate while staring at vines climbing the adjacent tenement wall. Solitary years taught him days blur in memory, yet each holds surprises. Previous confinements tempted him to count hours, but this imprisonment had no end - unless the paper announced Alejandro Villari's death. Perhaps Villari had already died, making this life a dream. This possibility troubled him (was it relief or despair?), dismissed as absurd. In distant days - distant less through time than irrevocable acts - he'd desired many things with unscrupulous passion; now that fierce will, having stirred men's hatred and women's love, sought only endurance, not culmination. The taste of mate, black tobacco, the courtyard's creeping shadow.

330

Había en la casa un perro lobo, ya viejo. Villari se amistó con él. Le hablaba en español, en italiano y en las pocas palabras que le quedaban del rústico dialecto de su niñez. Villari trataba de vivir en el mero presente, sin recuerdos ni previsiones; los primeros le importaban menos que las últimas. Oscuramente creyó intuir que el pasado es la sustancia de que el tiempo está hecho; por ello es que éste se vuelve pasado en seguida. Su fatiga, algún día, se pareció a la felicidad; en momentos así, no era mucho más complejo que el perro.

330

An aging wolfdog lived there. Villari befriended it, speaking Spanish, Italian, and childhood dialect remnants. He willed himself into pure present, without memories or forecasts - the latter mattering less than the former. Darkly, he intuited past as time's very substance, hence its instant transformation. His weariness sometimes resembled happiness; in such moments, he differed little from the dog.

331

Una noche lo dejó asombrado y temblando una íntima descarga de dolor en el fondo de la boca. Ese horrible milagro recurrió a los pocos minutos y otra vez hacia el alba. Villari, al día siguiente, mandó buscar un coche que lo dejó en un consultorio dental del barrio del Once. Ahí le arrancaron la muela. En ese trance no estuvo más cobarde ni más tranquilo que otras personas.

331

One night, shocking pain erupted deep in his jaw. The horror recurred minutes later, then at dawn. Next day, Villari took a carriage to a Once district dentist. They extracted the molar. In this trial, he proved neither braver nor calmer than others.

332

Otra noche, al volver del cinematógrafo, sintió que lo empujaban. Con ira, con indignación, con secreto alivio, se encaró con el insolente. Le escupió una injuria soez; el otro, atónito, balbuceó una disculpa. Era un hombre alto, joven, de pelo oscuro, y lo acompañaba una mujer de tipo alemán; Villari, esa noche, se repitió que no los conocía. Sin embargo, cuatro o cinco días pasaron antes que saliera a la calle.

332

Returning from cinema another night, he felt a shove. Furious, indignant, secretly relieved, he confronted the offender. A vile curse; the stunned man - tall, dark-haired, young, accompanied by a Germanic woman - stammered apologies. Villari told himself they were strangers. Still, he stayed indoors five days.

333

Entre los libros del estante había una Divina Comedia, con el viejo comentario de Andreoli. Menos urgido por la curiosidad que por un sentimiento de deber, Villari acometió la lectura de esa obra capital; antes de comer, leía un canto, y luego, en orden riguroso, las notas. No juzgó inverosímiles o excesivas las penas infernales y no pensó que Dante lo hubiera condenado al último círculo, donde los dientes de Ugolino roen sin fin la nuca de Ruggieri.

333

Among shelf books was a Divine Comedy with Andreoli's antique commentary. Driven more by duty than curiosity, Villari undertook this masterwork, reading one canto before meals followed by meticulous notes. He found infernal punishments neither implausible nor extreme, never considering Dante might condemn him to the final ring where Ugolino's teeth eternally gnaw Ruggieri's neck.

334

Los pavos reales del papel carmesí parecían destinados a alimentar pesadillas tenaces, pero el señor Villari no soñó nunca con una glorieta monstruosa hecha de inextricables pájaros vivos. En los amaneceres soñaba un sueño de fondo igual y de circunstancias variables. Dos hombres y Villari entraban con revólveres en la pieza o lo agredían al salir del cinematógrafo o eran, los tres a un tiempo, el desconocido que lo había empujado, o lo esperaban tristemente en el patio y parecían no conocerlo. Al fin del sueño, él sacaba el revólver del cajón de la inmediata mesa de luz (y es verdad que en ese cajón guardaba un revólver) y lo descargaba contra los hombres. El estruendo del arma lo despertaba, pero siempre era un sueño y en otro sueño el ataque se repetía y en otro sueño tenía que volver a matarlos.

334

The peacocks on the crimson paper seemed destined to feed tenacious nightmares, yet Mr. Villari never dreamed of a monstrous pavilion made of inextricable living birds. At dawn, he would dream a dream of uniform essence yet variable circumstances. Two men and Villari would enter the room with revolvers, or assail him as he left the cinema, or all three would simultaneously become the stranger who had pushed him, or they would wait mournfully in the patio, appearing not to recognize him. At the dream's end, he would retrieve the revolver from the nightstand drawer (and indeed, he kept a revolver there) and fire upon the men. The gun's roar would awaken him, but it was always a dream, and in another dream the attack would recur, and in another he would have to kill them again.

335

Una turbia mañana del mes de julio, la presencia de gente desconocida (no el ruido de la puerta cuando la abrieron) lo despertó. Altos en la penumbra del cuarto, curiosamente simplificados por la penumbra (siempre en los sueños del temor habían sido más claros), vigilantes, inmóviles y pacientes, bajos los ojos como si el peso de las armas los encorvara, Alejandro Villari y un desconocido lo habían alcanzado, por fin. Con una seña les pidió que esperaran y se dio vuelta contra la pared, como si retomara el sueño. ¿Lo hizo para despertar la misericordia de quienes lo mataron, o porque es menos duro sobrellevar un acontecimiento espantoso que imaginarlo y aguardarlo sin fin, o —y esto es quizá lo más verosímil— para que los asesinos fueran un sueño, como ya lo habían sido tantas veces, en el mismo lugar, a la misma hora?

335

On a murky July morning, the presence of strangers (not the creak of the opened door) roused him. Tall in the half-light of the room, curiously simplified by the shadows (in fear-ridden dreams they had been clearer), vigilant, motionless and patient, their eyes lowered as though the weight of their weapons bowed them, Alejandro Villari and a stranger had finally cornered him. With a gesture, he bade them wait and turned toward the wall as if resuming sleep. Did he do this to awaken his killers' mercy, because enduring a horrific event is less arduous than endlessly imagining and awaiting it, or —perhaps most plausibly— so that these assassins might prove to be a dream, as they had been so many times before, in this same place, at this same hour?

336

En esa magia estaba cuando lo borró la descarga.

336

He was steeped in this magic when the volley erased him.

338

El hombre en el umbral

338

The Man on the Threshold

339

Bioy Casares trajo de Londres un curioso puñal de hoja triangular y empuñadura en forma de H; nuestro amigo Christopher Dewey, del Consejo Británico, dijo que tales armas eran de uso común en el Indostán. Ese dictamen lo alentó a mencionar que había trabajado en aquel país, entre las dos guerras. (Ultra Auroram et Gangen, recuerdo que dijo en latín, equivocando un verso de Juvenal). De las historias que esa noche contó, me atrevo a reconstruir la que sigue. Mi texto será fiel: líbreme Alá de la tentación de añadir breves rasgos circunstanciales o de agravar, con interpolaciones de Kipling, el cariz exótico del relato. Éste, por lo demás, tiene un antiguo y simple sabor que sería una lástima perder, acaso el de las Mil y una noches.

339

Bioy Casares brought from London an unusual dagger with a triangular blade and H-shaped hilt; our friend Christopher Dewey of the British Council remarked that such weapons were commonly used in Hindustan. This verdict emboldened him to mention his own service in that land between the wars. (Ultra Auroram et Gangen, I recall his misquotation of Juvenal's verse in Latin). Of the tales he told that night, I dare reconstruct the following. My text shall remain faithful: may Allah spare me the temptation of adding circumstantial flourishes or heightening, through Kiplingesque interpolations, the tale's exotic veneer. The story itself possesses an ancient, unadorned flavor that should not be lost —perhaps akin to that of the Thousand and One Nights.

340

«La exacta geografía de los hechos que voy a referir importa muy poco. Además, ¿qué precisión guardan en Buenos Aires los nombres de Amritsar o de Udh? Básteme, pues, decir que en aquellos años hubo disturbios en una ciudad musulmana y que el gobierno central envió a un hombre fuerte para imponer el orden. Ese hombre era escocés, de un ilustre clan de guerreros, y en la sangre llevaba una tradición de violencia. Una sola vez lo vieron mis ojos, pero no olvidaré el cabello muy negro, los pómulos salientes, la ávida nariz y la boca, los anchos hombros, la fuerte osatura de viking. David Alexander Glencairn se llamará esta noche en mi historia; los dos nombres convienen, porque fueron de reyes que gobernaron con un cetro de hierro. David Alexander Glencairn (me tendré que habituar a llamarlo así) era, lo sospecho, un hombre temido; el mero anuncio de su advenimiento bastó para apaciguar la ciudad. Ello no impidió que decretara diversas medidas enérgicas. Unos años pasaron. La ciudad y el distrito estaban en paz: sikhs y musulmanes habían depuesto las antiguas discordias y de pronto Glencairn desapareció. Naturalmente, no faltaron rumores de que lo habían secuestrado o matado.

340

«The precise geography of these events matters little. Moreover, what exactitude do names like Amritsar or Udh retain in Buenos Aires? Let it suffice that in those years, disturbances plagued a Muslim city, and the central government dispatched an iron-willed man to impose order. This man was Scottish, of a warrior clan illustrious in annals, his blood steeped in violent tradition. My eyes beheld him but once, yet I shall never forget the jet-black hair, prominent cheekbones, voracious nose and mouth, broad shoulders, and Viking-like bone structure. For this night's tale, he shall be called David Alexander Glencairn —both names fitting, for they belonged to kings who ruled with iron scepters. David Alexander Glencairn (I must accustom myself to this appellation) was, I suspect, a man feared; the mere announcement of his coming sufficed to pacify the city. This did not prevent him from decreeing various draconian measures. Years passed. Peace reigned in city and district: Sikhs and Muslims had set aside ancient quarrels when suddenly Glencairn vanished. Naturally, rumors proliferated of his abduction or murder.

341

»Estas cosas las supe por mi jefe, porque la censura era rígida y los diarios no comentaron (ni siquiera registraron, que yo recuerde) la desaparición de Glencairn. Un refrán dice que la India es más grande que el mundo; Glencairn, tal vez omnipotente en la ciudad que una firma al pie de un decreto le destinó, era una mera cifra en los engranajes de la administración del Imperio. Las pesquisas de la policía local fueron del todo vanas; mi jefe pensó que un particular podría infundir menos recelo y alcanzar mejor éxito. Tres o cuatro días después (las distancias en la India son generosas) yo fatigaba sin mayor esperanza las calles de la opaca ciudad que había escamoteado a un hombre.

341

»I learned these details from my superior, for censorship was rigid and the newspapers neither commented on nor (as I recall) even recorded Glencairn's disappearance. A proverb holds that India is larger than the world; Glencairn, though omnipotent in the city assigned him by bureaucratic decree, became a mere cipher in the Empire's administrative machinery. Local police inquiries proved utterly futile; my superior reasoned that a private citizen might arouse less suspicion and achieve better success. Three or four days later (for distances in India are generous), I wearily traversed the streets of that dulled city which had swallowed a man, clinging to slender hope.

342

»Sentí, casi inmediatamente, la infinita presencia de una conjuración para ocultar la suerte de Glencairn. No hay un alma en esta ciudad (pude sospechar) que no sepa el secreto y que no haya jurado guardarlo. Los más, interrogados, profesaban una ilimitada ignorancia; no sabían quién era Glencairn, no lo habían visto nunca, jamás oyeron hablar de él. Otros, en cambio, lo habían divisado hace un cuarto de hora hablando con Fulano de Tal, y hasta me acompañaban a la casa en que entraron los dos, y en la que nada sabían de ellos, o que acababan de dejar en ese momento. A alguno de esos mentirosos precisos le di con el puño en la cara. Los testigos aprobaron mi desahogo, y fabricaron otras mentiras. No las creí, pero no me atreví a desoírlas. Una tarde me dejaron un sobre con una tira de papel en la que había unas señas…

342

»Almost immediately, I sensed the infinite presence of a conspiracy to conceal Glencairn's fate. Not a soul in this city (I could suspect) but knows the secret and has sworn to guard it. Most, when questioned, professed boundless ignorance; they knew not Glencairn, had never seen him, never heard his name. Others, however, had glimpsed him a quarter-hour earlier conversing with So-and-So, even accompanying me to the house they entered —a house whose occupants knew nothing of them or claimed they had just departed. One such precise liar I struck in the face. Witnesses approved this outburst, then fabricated fresh lies. Though disbelieving, I dared not disregard them. One afternoon, an envelope was left for me containing a slip of paper with an address…

343

»El sol había declinado cuando llegué. El barrio era popular y humilde; la casa era muy baja; desde la acera entreví una sucesión de patios de tierra y hacia el fondo una claridad. En el último patio se celebraba no sé qué fiesta musulmana; un ciego entró con un laúd de madera rojiza.

343

»The sun had declined when I arrived. The neighborhood was poor and humble; the house stood very low; from the sidewalk I glimpsed successive earthen patios leading to a brightness at the rear. In the furthest courtyard, some Muslim festival was being celebrated; a blind man entered carrying a reddish wooden lute.

344

»A mis pies, inmóvil como una cosa, se acurrucaba en el umbral un hombre muy viejo. Diré cómo era, porque es parte esencial de la historia. Los muchos años lo habían reducido y pulido como las aguas a una piedra o las generaciones de los hombres a una sentencia. Largos harapos lo cubrían, o así me pareció, y el turbante que le rodeaba la cabeza era un jirón más. En el crepúsculo alzó hacia mí una cara oscura y una barba muy blanca. Le hablé sin preámbulos, porque ya había perdido toda esperanza, de David Alexander Glencairn. No me entendió (tal vez no me oyó) y hube de explicar que era un juez y que yo lo buscaba. Sentí, al decir estas palabras, lo irrisorio de interrogar a aquel hombre antiguo, para quien el presente era apenas un indefinido rumor. Nuevas de la Rebelión o de Akbar podría dar este hombre (pensé) pero no de Glencairn. Lo que me dijo confirmó esta sospecha.

344

»At my feet, motionless as an object, an ancient man crouched in the threshold. I shall describe him, for this is essential to the tale. The many years had reduced and polished him as waters do a stone or generations of men a proverb. Long rags covered him, or so it seemed, and the turban wrapping his head was but another tatter. In the twilight he lifted toward me a dark face and a snow-white beard. I spoke without preamble of David Alexander Glencairn, having already abandoned all hope. He did not understand me (perhaps did not hear me), and I had to explain I was a judge seeking him. As I uttered these words, I felt the absurdity of questioning this archaic man, for whom the present was but an indistinct murmur. News of the Rebellion or of Akbar this man might give (I thought) but not of Glencairn. His words confirmed my suspicion.

345

»—¡Un juez! —articuló con débil asombro—. Un juez que se ha perdido y lo buscan. El hecho aconteció cuando yo era niño. No sé de fechas, pero no había muerto aún Nikal Seyn (Nicholson) ante la muralla de Delhi. El tiempo que se fue queda en la memoria; sin duda soy capaz de recuperar lo que entonces pasó. Dios había permitido, en su cólera, que la gente se corrompiera; llenas de maldición estaban las bocas y de engaños y fraude. Sin embargo, no todos eran perversos, y cuando se pregonó que la reina iba a mandar un hombre que ejecutaría en este país la ley de Inglaterra, los menos malos se alegraron, porque sintieron que la ley es mejor que el desorden. Llegó el cristiano y no tardó en prevaricar y oprimir, en paliar delitos abominables y en vender decisiones. No lo culpamos, al principio; la justicia inglesa que administraba no era conocida de nadie y los aparentes atropellos del nuevo juez correspondían acaso a válidas y arcanas razones. Todo tendrá justificación en su libro, queríamos pensar, pero su afinidad con todos los malos jueces del mundo era demasiado notoria, y al fin hubimos de admitir que era simplemente un malvado. Llegó a ser un tirano y la pobre gente (para vengarse de la errónea esperanza que alguna vez pusieron en él) dio en jugar con la idea de secuestrarlo y someterlo a juicio. Hablar no basta; de los designios tuvieron que pasar a las obras. Nadie, quizá, fuera de los muy simples o los muy jóvenes, creyó que ese propósito temerario podría llevarse a cabo, pero miles de sikhs y de musulmanes cumplieron su palabra y un día ejecutaron, incrédulos, lo que a cada uno de ellos había parecido imposible. Secuestraron al juez y le dieron por cárcel una alquería en un apartado arrabal. Después, apalabraron a los sujetos agraviados por él o (en algún caso) a los huérfanos y a las viudas, porque la espada del verdugo no había descansado en aquellos años. Por fin —esto fue quizá lo más arduo— buscaron y nombraron un juez para juzgar al juez.

345

»"A judge!" he articulated with feeble astonishment. "A judge who's gone missing and is sought. This happened when I was a boy. I know no dates, but Nikal Seyn (Nicholson) had not yet fallen before Delhi's walls. Time past remains in memory; surely I can recover what then transpired. God in His wrath had allowed men to grow corrupt; mouths overflowed with curses, deceit, and fraud. Yet not all were wicked, and when it was proclaimed the Queen would send a man to enforce England's law in this land, the less evil rejoiced, for they sensed law preferable to chaos. The Christian came, soon to prevaricate and oppress, to palliate abominable crimes and sell verdicts. At first we blamed him not, for English justice he administered was unknown to us, and the new judge's apparent outrages might correspond to valid, arcane reasons. All shall be justified in his ledger, we wished to think, but his kinship with every wicked judge in the world grew too evident, till at last we admitted he was simply a villain. He became a tyrant, and the wretched folk (to avenge their erstwhile misguided hope) took to plotting his abduction and trial. Words sufficed not; designs had to become deeds. None, save the simplest or youngest, believed this rash purpose feasible, yet thousands of Sikhs and Muslims kept their oath, and one day executed, incredulous, what each had deemed impossible. They seized the judge and confined him in a farmhouse on the city's remote fringe. Then they summoned those he had aggrieved or (in some cases) orphans and widows, for the executioner's blade had not rested in those years. Finally—this perhaps most arduous—they sought and appointed a judge to judge the judge."

346

»Aquí lo interrumpieron unas mujeres que entraban en la casa.

346

»Here he was interrupted by women entering the house.

347

»Luego prosiguió, lentamente:

347

»He then continued, slowly:

348

»—Es fama que no hay generación que no incluya cuatro hombres rectos que secretamente apuntalan el universo y lo justifican ante el Señor: uno de esos varones hubiera sido el juez más cabal. ¿Pero dónde encontrarlos, si andan perdidos por el mundo y anónimos y no se reconocen cuando se ven y ni ellos mismos saben el alto ministerio que cumplen? Alguien entonces discurrió que si el destino nos vedaba los sabios, había que buscar a los insensatos. Esta opinión prevaleció. Alcoranistas, doctores de la ley, sikhs que llevan el nombre de leones y que adoran a un Dios, hindúes que adoran muchedumbres de dioses, monjes de Mahavira que enseñan que la forma del universo es la de un hombre con las piernas abiertas, adoradores del fuego y judíos negros, integraron el tribunal, pero el último fallo fue encomendado al arbitrio de un loco.

348

»"They say every generation includes four righteous men who secretly uphold the universe and justify it before the Lord: one such might have been the fairest judge. But where find them, when they wander lost and anonymous through the world, unrecognized even by themselves, unaware of their high office? Someone then reasoned that if fate denied us sages, we must seek fools. This view prevailed. Quranic scholars, doctors of the law, Sikhs who bear the lion's name and worship one God, Hindus who worship multitudes, Jain monks teaching the universe's form is a man with legs spread wide, fire-worshippers and black Jews, formed the tribunal—yet final judgment was entrusted to a madman's discretion."

349

»Aquí lo interrumpieron unas personas que se iban de la fiesta.

349

»Here he was interrupted by people leaving the festivity.

350

»—De un loco —repitió— para que la sabiduría de Dios hablara por su boca y avergonzara las soberbias humanas. Su nombre se ha perdido o nunca se supo, pero andaba desnudo por estas calles, o cubierto de harapos, contándose los dedos con el pulgar y haciendo mofa de los árboles.

350

»"To a madman," he repeated, "so God's wisdom might speak through his mouth and shame human pride. His name is lost or never known. He roamed these streets naked or in rags, counting his fingers with his thumb and mocking trees."

351

»Mi buen sentido se rebeló. Dije que entregar a un loco la decisión era invalidar el proceso.

351

»My reason rebelled. I said entrusting judgment to a madman voided the trial.

352

»—El acusado aceptó al juez —fue la contestación—. Acaso comprendió que dado el peligro que los conjurados corrían si lo dejaban en libertad, sólo de un loco podía no esperar sentencia de muerte. He oído que se rió cuando le dijeron quién era el juez. Muchos días y noches duró el proceso, por lo crecido del número de testigos.

352

»"The accused accepted the judge," came the reply. "Perhaps he understood that since conspirators risked all by sparing him, only a madman might withhold death's sentence. I heard he laughed when told who his judge was. Many days and nights the trial lasted, given the multitude of witnesses."

353

»Se calló. Una preocupación lo trabajaba. Por decir algo pregunté cuántos días.

353

»He fell silent, troubled by some thought. To make conversation, I asked how many days.

354

»—Por lo menos, diecinueve —replicó. Gente que se iba de la fiesta lo volvió a interrumpir; el vino está vedado a los musulmanes, pero las caras y las voces parecían de borrachos. Uno le gritó algo, al pasar.

354

»"At least nineteen," he answered. Departing revelers interrupted again; wine is forbidden to Muslims, yet their faces and voices seemed drunken. Someone shouted as they passed.

355

»—Diecinueve días, precisamente —rectificó—. El perro infiel oyó la sentencia, y el cuchillo se cebó en su garganta.

355

»"Nineteen days precisely," he amended. "The infidel dog heard sentence, and the knife glutted itself on his throat."

356

»Hablaba con alegre ferocidad. Con otra voz dio fin a la historia:

356

»He spoke with gleeful ferocity. In altered tones, he concluded:

357

»—Murió sin miedo; en los más viles hay alguna virtud.

357

»"He died unafraid; even the vilest possess some virtue."

358

»—¿Dónde ocurrió lo que has contado? —le pregunté—. ¿En una alquería?

358

»"Where did this happen?" I asked. "In a farmhouse?"

359

»Por primera vez me miró en los ojos. Luego aclaró con lentitud, midiendo las palabras:

359

»For the first time he met my gaze. Then he clarified slowly, measuring words:

360

»—Dije que en una alquería le dieron cárcel, no que lo juzgaron ahí. En esta ciudad lo juzgaron: en una casa como todas, como ésta. Una casa no puede diferir de otra: lo que importa es saber si está edificada en el infierno o en el cielo.

360

»"I said they confined him in a farmhouse, not that they judged him there. In this city they judged him: in a house like all others, like this one. One house differs not from another; what matters is whether it's built in hell or heaven."

361

»Le pregunté por el destino de los conjurados.

361

»I asked the conspirators' fate.

362

»—No sé —me dijo con paciencia—. Estas cosas ocurrieron y se olvidaron hace ya muchos años. Quizá los condenaron los hombres, pero no Dios.

362

»"I know not," he said patiently. "These things occurred and were forgotten long ago. Perhaps men condemned them, but not God."

363

»Dicho lo cual, se levantó. Sentí que sus palabras me despedían y que yo había cesado para él, desde aquel momento. Una turba hecha de hombres y mujeres de todas las naciones del Punjab se desbordó, rezando y cantando, sobre nosotros y casi nos barrió: me azoró que de patios tan angostos, que eran poco más que largos zaguanes, pudiera salir tanta gente. Otros salían de las casas del vecindario; sin duda habían saltado las tapias… A fuerza de empujones e imprecaciones me abrí camino. En el último patio me crucé con un hombre desnudo, coronado de flores amarillas, a quien todos besaban y agasajaban, y con una espada en la mano. La espada estaba sucia, porque había dado muerte a Glencairn, cuyo cadáver mutilado encontré en las caballerizas del fondo».

363

»Having said this, he rose. I felt his words dismissed me and that I had ceased to exist for him from that moment onward. A throng composed of men and women from all nations of the Punjab overflowed, praying and chanting, upon us and nearly swept us away: I marveled that from courtyards so narrow, which were little more than elongated passageways, such multitudes could emerge. Others poured out from neighboring houses; they had doubtless vaulted over walls… Through shoves and curses, I carved my path. In the final courtyard, I crossed paths with a naked man crowned with yellow flowers, whom all kissed and fawned over, and who bore a sword in his hand. The sword was soiled, for it had slain Glencairn, whose mutilated corpse I found in the rear stables».

365

El Aleph

365

The Aleph

366

O God, I could be bounded in a nutshell and count myself a King of infinite space.

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O God, I could be bounded in a nutshell and count myself a King of infinite space.

367

Hamlet, II, 2

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Hamlet, II, 2

368

But they will teach us that Eternity is the Standing still of the Present Time, a Nunc-stans (as the Schools call it); which neither they, nor any else understand, no more than they would a Hic-stans for an Infinite greatnesse of Place.

368

But they will teach us that Eternity is the Standing still of the Present Time, a Nunc-stans (as the Schools call it); which neither they, nor any else understand, no more than they would a Hic-stans for an Infinite greatnesse of Place.

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Leviathan, IV, 46

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Leviathan, IV, 46

370

La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad; alguna vez, lo sé, mi vana devoción la había exasperado; muerta yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación. Consideré que el treinta de abril era su cumpleaños; visitar ese día la casa de la calle Garay para saludar a su padre y a Carlos Argentino Daneri, su primo hermano, era un acto cortés, irreprochable, tal vez ineludible. De nuevo aguardaría en el crepúsculo de la abarrotada salita, de nuevo estudiaría las circunstancias de sus muchos retratos. Beatriz Viterbo, de perfil, en colores; Beatriz, con antifaz, en los carnavales de 1921; la primera comunión de Beatriz; Beatriz, el día de su boda con Roberto Alessandri; Beatriz, poco después del divorcio, en un almuerzo del Club Hípico; Beatriz, en Quilmes, con Delia San Marco Porcel y Carlos Argentino; Beatriz, con el pekinés que le regaló Villegas Haedo; Beatriz, de frente y de tres cuartos, sonriendo, la mano en el mentón… No estaría obligado, como otras veces, a justificar mi presencia con módicas ofrendas de libros: libros cuyas páginas, finalmente, aprendí a cortar, para no comprobar, meses después, que estaban intactos.

370

On the blazing February morning when Beatriz Viterbo died, after an imperious agony that never once stooped to sentimentality or fear, I noticed the iron billboards in Plaza Constitución had renewed some advertisement for blond cigarettes; the fact pained me, for I realized the ceaseless and vast universe was already shifting away from her, and that this change was the first in an infinite series. The universe would change, but I would not, I thought with melancholic vanity; once, I knew, my vain devotion had exasperated her; dead, I could devote myself to her memory without hope, yet without humiliation. I reflected that April 30th was her birthday; visiting the house on Garay Street that day to greet her father and Carlos Argentino Daneri, her first cousin, was a courteous, irreproachable, perhaps inevitable act. Once more I would linger in the twilight of that cluttered parlor, once more study the details of her many portraits. Beatriz Viterbo in profile, in color; Beatriz masked at the 1921 carnival; Beatriz at her First Communion; Beatriz on her wedding day to Roberto Alessandri; Beatriz shortly after her divorce, at a luncheon at the Jockey Club; Beatriz in Quilmes with Delia San Marco Porcel and Carlos Argentino; Beatriz with the Pekingese Villegas Haedo gave her; Beatriz in full face and three-quarters view, smiling, hand beneath her chin… I would no longer be obliged, as on past visits, to justify my presence with modest offerings of books: books whose pages I finally learned to slit, only to find them untouched months later.

371

Beatriz Viterbo murió en 1929; desde entonces, no dejé pasar un treinta de abril sin volver a su casa. Yo solía llegar a las siete y cuarto y quedarme unos veinticinco minutos; cada año aparecía un poco más tarde y me quedaba un rato más; en 1933, una lluvia torrencial me favoreció: tuvieron que invitarme a comer. No desperdicié, como es natural, ese buen precedente; en 1934, aparecí, ya dadas las ocho, con un alfajor santafecino; con toda naturalidad me quedé a comer. Así, en aniversarios melancólicos y vanamente eróticos, recibí las graduales confidencias de Carlos Argentino Daneri.

371

Beatriz Viterbo died in 1929; since then, I never let an April 30th pass without returning to her house. I usually arrived around 7:15 p.m. and stayed for twenty-five minutes; each year I arrived slightly later and lingered a bit longer; in 1933, a torrential rain favored me: they had to invite me to dinner. Naturally, I did not squander this favorable precedent; in 1934, I appeared at eight o'clock with a Santa Fe alfajor and, with perfect nonchalance, stayed for supper. Thus, through melancholy anniversaries of vain eroticism, I gradually received the confidences of Carlos Argentino Daneri.

372

Beatriz era alta, frágil, muy ligeramente inclinada; había en su andar (si el oxímoron es tolerable) una como graciosa torpeza, un principio de éxtasis; Carlos Argentino es rosado, considerable, canoso, de rasgos finos. Ejerce no sé qué cargo subalterno en una biblioteca ilegible de los arrabales del Sur; es autoritario, pero también es ineficaz; aprovechaba, hasta hace muy poco, las noches y las fiestas para no salir de su casa. A dos generaciones de distancia, la ese italiana y la copiosa gesticulación italiana sobreviven en él. Su actividad mental es continua, apasionada, versátil y del todo insignificante. Abunda en inservibles analogías y en ociosos escrúpulos. Tiene (como Beatriz) grandes y afiladas manos hermosas. Durante algunos meses padeció la obsesión de Paul Fort, menos por sus baladas que por la idea de una gloria intachable. «Es el Príncipe de los poetas de Francia», repetía con fatuidad. «En vano te revolverás contra él; no lo alcanzará, no, la más inficionada de tus saetas».

372

Beatriz was tall, fragile, with a slight stoop; her walk (if the oxymoron is permissible) held a kind of graceful clumsiness, a nascent ecstasy; Carlos Argentino is pinkish, portly, gray-haired, with delicate features. He holds some minor post in an unremarkable library in the southern outskirts; he is authoritarian yet ineffectual; until very recently, he exploited nights and holidays to avoid leaving his home. Two generations removed, the Italian "s" and abundant Italian gesticulation survive in him. His mental activity is perpetual, impassioned, versatile, and wholly insignificant. He abounds in useless analogies and idle scruples. He possesses (like Beatriz) large, sharp, beautiful hands. For several months he was obsessed with Paul Fort, less for his ballads than for the idea of unblemished glory. "He is the Prince of the poets of France," he would repeat with fatuity. "In vain shall you assail him; your most venomous arrows shall never reach him."

373

El treinta de abril de 1941 me permití agregar al alfajor una botella de coñac del país. Carlos Argentino lo probó, lo juzgó interesante y emprendió, al cabo de unas copas, una vindicación del hombre moderno.

373

On April 30th, 1941, I allowed myself to add a bottle of domestic cognac to the alfajor. Carlos Argentino tasted it, deemed it intriguing, and after a few glasses embarked on a vindication of modern man.

374

—Lo evoco —dijo con una animación algo inexplicable— en su gabinete de estudio, como si dijéramos en la torre albarrana de una ciudad, provisto de teléfonos, de telégrafos, de fonógrafos, de aparatos de radiotelefonía, de cinematógrafos, de linternas mágicas, de glosarios, de horarios, de prontuarios, de boletines…

374

—I envision him—he said with inexplicable animation—in his study, as if in the watchtower of a city, equipped with telephones, telegraphs, phonographs, radiotelephonic apparatuses, cinematographs, magic lanterns, glossaries, timetables, handbooks, bulletins…

375

Observó que para un hombre así facultado el acto de viajar era inútil; nuestro siglo XX había transformado la fábula de Mahoma y de la montaña; las montañas, ahora, convergían sobre el moderno Mahoma.

375

He observed that for a man so equipped, the act of travel was superfluous; our 20th century had transformed the fable of Mahomet and the mountain; now mountains converged upon the modern Mahomet.

376

Tan ineptas me parecieron esas ideas, tan pomposa y tan vasta su exposición, que las relacioné inmediatamente con la literatura; le dije que por qué no las escribía. Previsiblemente respondió que ya lo había hecho: esos conceptos, y otros no menos novedosos, figuraban en el Canto Augural, Canto Prologal o simplemente Canto-Prólogo de un poema en el que trabajaba hacía muchos años, sin réclame, sin bullanga ensordecedora, siempre apoyado en esos dos báculos que se llaman el trabajo y la soledad. Primero, abría las compuertas a la imaginación; luego, hacía uso de la lima. El poema se titulaba La Tierra; tratábase de una descripción del planeta, en la que no faltaban, por cierto, la pintoresca digresión y el gallardo apóstrofe.

376

These ideas struck me as so inept, their exposition so pompous and vast, that I immediately linked them to literature; I asked him why he did not write them down. Predictably he replied that he already had: such concepts, and others no less novel, appeared in the Augural Song, Prologue Song, or simply Prologue-Song of a poem on which he had labored for years, without publicity, without deafening fanfare, ever supported by those twin crutches called work and solitude. First, he unleashed the floodgates of imagination; then, he wielded the file. The poem was titled The Earth; it purported to describe the planet, replete, of course, with picturesque digressions and bold apostrophes.

377

Le rogué que me leyera un pasaje, aunque fuera breve. Abrió un cajón del escritorio, sacó un alto legajo de hojas de block estampadas con el membrete de la Biblioteca Juan Crisóstomo Lafinur y leyó con sonora satisfacción:

377

I entreated him to read me a passage, however brief. He opened a desk drawer, withdrew a thick sheaf of notepaper stamped with the letterhead of the Juan Crisóstomo Lafinur Library, and read with sonorous satisfaction:

378

He visto, como el griego, las urbes de los hombres,

378

Like the Greek, I've seen cities of men, their labors,

379

los trabajos, los días de varia luz, el hambre;

379

their days of shifting light, their hungers;

380

no corrijo los hechos, no falseo los nombres,

380

I don't amend the facts, nor falsify the names,

381

pero el voyage que narro, es… autour de ma chambre.

381

but the voyage I recount is… autour de ma chambre.

382

—Estrofa a todas luces interesante —dictaminó—. El primer verso granjea el aplauso del catedrático, del académico, del helenista, cuando no de los eruditos a la violeta, sector considerable de la opinión; el segundo pasa de Homero a Hesíodo (todo un implícito homenaje, en el frontis del flamante edificio, al padre de la poesía didáctica), no sin remozar un procedimiento cuyo abolengo está en la Escritura, la enumeración, congerie o conglobación; el tercero —¿barroquismo, decadentismo, culto depurado y fanático de la forma?— consta de dos hemistiquios gemelos; el cuarto, francamente bilingüe, me asegura el apoyo incondicional de todo espíritu sensible a los desenfadados envites de la facecia. Nada diré de la rima rara ni de la ilustración que me permite, ¡sin pedantismo!, acumular en cuatro versos tres alusiones eruditas que abarcan treinta siglos de apretada literatura: la primera a la Odisea, la segunda a los Trabajos y días, la tercera a la bagatela inmortal que nos depararan los ocios de la pluma del saboyano… Comprendo una vez más que el arte moderno exige el bálsamo de la risa, el scherzo. ¡Decididamente, tiene la palabra Goldoni!

382

"—A stanza undeniably intriguing," he pronounced. "The opening verse secures the approval of the professor, the academic, the Hellenist, not to mention dilettante scholars—a considerable sector of public opinion; the second transitions from Homer to Hesiod (an implicit homage, upon the façade of this nascent edifice, to the patriarch of didactic poetry), while rejuvenating an enumerative technique whose lineage flows from Scripture—congeries or conglobation, if you will; the third—baroquism? decadentism? a purified and fanatical cult of form?—consists of two symmetrical hemistiches; the fourth, brazenly bilingual, guarantees the unconditional support of all spirits attuned to the playful thrusts of wit. I shall say nothing of the uncommon rhyme nor of the erudition permitting me, sans pedantry!, to compress into four lines three learned allusions spanning thirty centuries of dense literature: the first to the Odyssey, the second to Works and Days, the third to that immortal trifle yielded by the leisure hours of the Savoyard's pen… Once more I grasp that modern art demands the balm of laughter, the scherzo. Decidedly, Goldoni has the floor!"

383

Otras muchas estrofas me leyó que también obtuvieron su aprobación y su comentario profuso. Nada memorable había en ellas; ni siquiera las juzgué mucho peores que la anterior. En su escritura habían colaborado la aplicación, la resignación y el azar; las virtudes que Daneri les atribuía eran posteriores. Comprendí que el trabajo del poeta no estaba en la poesía; estaba en la invención de razones para que la poesía fuera admirable; naturalmente, ese ulterior trabajo modificaba la obra para él, pero no para otros. La dicción oral de Daneri era extravagante; su torpeza métrica le vedó, salvo contadas veces, trasmitir esa extravagancia al poema[14].

383

He proceeded to recite several other stanzas, each likewise earning his approval and copious commentary. Nothing memorable dwelled within them; I did not even judge them markedly inferior to the first. In their composition, diligence, resignation, and chance had conspired; the virtues Daneri ascribed to them were afterthoughts. I perceived that the poet's labor lay not in the poetry itself but in devising reasons for the poetry to be admired—a labor that, naturally, transfigured the work for him alone. Daneri's oral diction was extravagant; his metrical ineptitude, save rare exceptions, barred such extravagance from permeating the verse[14].

384

Una sola vez en mi vida he tenido ocasión de examinar los quince mil dodecasílabos del Polyolbion, esa epopeya topográfica en la que Michael Drayton registró la fauna, la flora, la hidrografía, la orografía, la historia militar y monástica de Inglaterra; estoy seguro de que ese producto considerable, pero limitado, es menos tedioso que la vasta empresa congénere de Carlos Argentino. Éste se proponía versificar toda la redondez del planeta; en 1941 ya había despachado unas hectáreas del estado de Queensland, más de un kilómetro del curso del Ob, un gasómetro al norte de Veracruz, las principales casas de comercio de la parroquia de la Concepción, la quinta de Mariana Cambaceres de Alvear en la calle Once de Septiembre, en Belgrano, y un establecimiento de baños turcos no lejos del acreditado acuario de Brighton. Me leyó ciertos laboriosos pasajes de la zona australiana de su poema; esos largos e informes alejandrinos carecían de la relativa agitación del prefacio. Copio una estrofa:

384

Once in my life I had occasion to peruse the fifteen thousand dodecasyllables of the Polyolbion, that topographical epic wherein Michael Drayton cataloged England's fauna, flora, hydrography, orography, and military and monastic history; I remain certain that this considerable yet circumscribed opus proves less tedious than Carlos Argentino's kindred vastness. The latter sought to versify the planet's entirety; by 1941, he had dispatched several hectares of Queensland, over a kilometer of the Ob River's course, a gasometer north of Veracruz, the leading mercantile houses of La Concepción parish, the Mariana Cambaceres de Alvear estate on Calle Once de Septiembre in Belgrano, and a Turkish bathhouse near Brighton's famed aquarium. He read me certain laborious passages from the Australian section of his poem; those formless alexandrines lacked even the relative agitation of the prologue. I transcribe one stanza:

385

Sepan. A manderecha del poste rutinario

385

Know ye. To the right of the routine post

386

(viniendo, claro está, desde el Nornoroeste)

386

(approaching, of course, from the Northwest)

387

se aburre una osamenta —¿Color? Blanquiceleste—

387

a skeleton languishes—Hue? White-ashen-blue—

388

que da al corral de ovejas catadura de osario.

388

whose mien lends the sheepfold the look of a bone depot.

389

—Dos audacias —gritó con exultación—, rescatadas, te oigo mascullar, por el éxito. Lo admito, lo admito. Una, el epíteto rutinario, que certeramente denuncia, en passant, el inevitable tedio inherente a las faenas pastoriles y agrícolas, tedio que ni las geórgicas ni nuestro ya laureado Don Segundo se atrevieron jamás a denunciar así, al rojo vivo. Otra, el enérgico prosaísmo se aburre una osamenta, que el melindroso querrá excomulgar con horror pero que apreciará más que su vida el crítico de gusto viril. Todo el verso, por lo demás, es de muy subidos quilates. El segundo hemistiquio entabla animadísima charla con el lector; se adelanta a su viva curiosidad, le pone una pregunta en la boca y la satisface… al instante. ¿Y qué me dices de ese hallazgo, blanquiceleste? El pintoresco neologismo sugiere el cielo, que es un factor importantísimo del paisaje australiano. Sin esa evocación resultarían demasiado sombrías las tintas del boceto y el lector se vería compelido a cerrar el volumen, herida en lo más íntimo el alma de incurable y negra melancolía.

389

"—Two audacities!" he exclaimed triumphantly. "Rescued—I hear you mutter—by their success. I concede, I concede. The first: the epithet routine, which candidly denounces, en passant, the inescapable tedium inherent to pastoral and agrarian toils—a tedio neither the Georgics nor our already laureled Don Segundo dared expose so rawly. The second: the vigorous prosaism a skeleton languishes, which fastidious souls may anathematize in horror, but which critics of virile taste will prize above life itself. The entire verse, moreover, is of the purest alloy. The second hemistich engages the reader in spirited dialogue; it anticipates their keen curiosity, plants a query upon their lips, and satisfies it—instantaneously! And what of that find, white-ashen-blue? The picturesque neologism suggests the sky, a paramount element of the Australian landscape. Without that evocation, the sketch's hues would darken excessively, compelling the reader to shut the volume, their soul wounded by incurable, black melancholy."

390

Hacia la medianoche me despedí.

390

Near midnight, I took my leave.

391

Dos domingos después, Daneri me llamó por teléfono, entiendo que por primera vez en la vida. Me propuso que nos reuniéramos a las cuatro, «para tomar juntos la leche, en el contiguo salón-bar que el progresismo de Zunino y de Zungri —los propietarios de mi casa, recordarás— inaugura en la esquina; confitería que te importará conocer». Acepté, con más resignación que entusiasmo. Nos fue difícil encontrar mesa; el «salón-bar», inexorablemente moderno, era apenas un poco menos atroz que mis previsiones; en las mesas vecinas, el excitado público mencionaba las sumas invertidas sin regatear por Zunino y por Zungri. Carlos Argentino fingió asombrarse de no sé qué primores de la instalación de la luz (que, sin duda, ya conocía) y me dijo con cierta severidad:

391

Two Sundays later, Daneri telephoned me—the first instance, I believe, in his life. He proposed we meet at four "to share milk in the adjacent salon-bar which the progressivism of Zunino and Zungri—my landlords, you'll recall—has inaugurated on the corner; an establishment you'll want to know." I agreed, with more resignation than enthusiasm. Securing a table proved arduous; the "salon-bar," ruthlessly modern, proved scarcely less appalling than I had feared. At neighboring tables, the animated crowd cited the sums Zunino and Zungri had lavished without stint. Carlos Argentino feigned astonishment at certain lighting refinements (which he undoubtedly knew already) and told me with some severity:

392

—Mal de tu grado habrás de reconocer que este local se parangona con los más encopetados de Flores.

392

"—Against your will, you must concede this locale rivals the haughtiest establishments in Flores."

393

Me releyó, después, cuatro o cinco páginas del poema. Las había corregido según un depravado principio de ostentación verbal: donde antes escribió azulado, ahora abundaba en azulino, azulenco y hasta azulillo. La palabra lechoso no era bastante fea para él; en la impetuosa descripción de un lavadero de lanas, prefería lactario, lacticinoso, lactescente, lechal… Denostó con amargura a los críticos; luego, más benigno, los equiparó a esas personas, «que no disponen de metales preciosos ni tampoco de prensas de vapor, laminadores y ácidos sulfúricos para la acuñación de tesoros, pero que pueden indicar a los otros el sitio de un tesoro». Acto continuo censuró la prologomanía, «de la que ya hizo mofa, en la donosa prefación del Quijote, el Príncipe de los Ingenios». Admitió, sin embargo, que en la portada de la nueva obra convenía el prólogo vistoso, el espaldarazo firmado por el plumífero de garra, de fuste. Agregó que pensaba publicar los cantos iniciales de su poema. Comprendí, entonces, la singular invitación telefónica; el hombre iba a pedirme que prologara su pedantesco fárrago. Mi temor resultó infundado: Carlos Argentino observó, con admiración rencorosa, que no creía errar en el epíteto al calificar de sólido el prestigio logrado en todos los círculos por Álvaro Melián Lafinur, hombre de letras, que, si yo me empeñaba, prologaría con embeleso el poema. Para evitar el más imperdonable de los fracasos, yo tenía que hacerme portavoz de dos méritos inconcusos: la perfección formal y el rigor científico, «porque ese dilatado jardín de tropos, de figuras, de galanuras, no tolera un solo detalle que no confirme la severa verdad». Agregó que Beatriz siempre se había distraído con Álvaro.

393

He then reread to me four or five pages of the poem. He had revised them according to a depraved principle of verbal ostentation: where he previously wrote azulado ("azure"), he now proliferated azulino ("azurean"), azulenco ("cerulean"), and even azulillo ("azurette"). The word lechoso ("milky") struck him as insufficiently grotesque; in his impassioned description of a wool-washing trough, he preferred lactario ("lactarian"), lacticinoso ("lactescent"), lactescente ("lacteal"), lechal ("milch")… He bitterly denounced critics, then more benignly equated them to those persons "who possess neither precious metals nor steam presses, laminators, or sulfuric acids for minting treasures—yet can indicate to others the location of such treasures." He immediately proceeded to censure prologomanía ("prologue-mania"), "already mocked by the Prince of Wits in the sprightly preface to his Quixote." Yet he admitted that for the new work's title page, a showy prologue—a resounding endorsement penned by some penman of claw and stature—might prove advantageous. He added that he intended to publish the initial cantos of his poem. I then grasped the peculiar telephone invitation: the man meant to solicit my preface to his pedantic farrago. My fears proved unfounded. With resentful admiration, Carlos Argentino remarked that he trusted he erred not in applying the epithet "unassailable" to the prestige Álvaro Melián Lafinur had secured in all literary circles—a man of letters who, if I insisted, would doubtless preface his poem with rapturous praise. To avert the most unpardonable failure, I must act as herald for two incontrovertible merits: formal perfection and scientific rigor, "for that expansive garden of tropes, figures, and embellishments tolerates not a single detail ungrounded in austere truth." He added that Beatriz had always found Álvaro diverting.

394

Asentí, profusamente asentí. Aclaré, para mayor verosimilitud, que no hablaría el lunes con Álvaro, sino el jueves: en la pequeña cena que suele coronar toda reunión del Club de Escritores. (No hay tales cenas, pero es irrefutable que las reuniones tienen lugar los jueves, hecho que Carlos Argentino Daneri podía comprobar en los diarios y que dotaba de cierta realidad a la frase). Dije, entre adivinatorio y sagaz, que antes de abordar el tema del prólogo, describiría el curioso plan de la obra. Nos despedimos; al doblar por Bernardo de Irigoyen, encaré con toda imparcialidad los porvenires que me quedaban: a) hablar con Álvaro y decirle que el primo hermano aquel de Beatriz (ese eufemismo explicativo me permitiría nombrarla) había elaborado un poema que parecía dilatar hasta lo infinito las posibilidades de la cacofonía y del caos; b) no hablar con Álvaro. Preví, lúcidamente, que mi desidia optaría por b.

394

I concurred, effusively concurred. To bolster credibility, I clarified that on Monday I would not speak with Álvaro, but rather on Thursday—following one of those intimate suppers customarily crowning gatherings at the Writers' Club. (No such suppers exist, but the incontestable fact that meetings occur on Thursdays—verifiable in daily papers—lent the statement a veneer of plausibility.) With sagacious foresight, I added that before broaching the prologue's subject, I would outline the work's singular design. We parted; turning onto Bernardo de Irigoyen Street, I impartially weighed my remaining alternatives: a) Speak with Álvaro and inform him that Beatriz's cousin (this explanatory euphemism would permit me to name her) had composed a poem seemingly capable of infinitely expanding the possibilities of cacophony and chaos; b) Speak not with Álvaro. With lucid prevision, I knew my indolence would choose option b.

395

A partir del viernes a primera hora, empezó a inquietarme el teléfono. Me indignaba que ese instrumento, que algún día produjo la irrecuperable voz de Beatriz, pudiera rebajarse a receptáculo de las inútiles y quizá coléricas quejas de ese engañado Carlos Argentino Daneri. Felizmente, nada ocurrió —salvo el rencor inevitable que me inspiró aquel hombre que me había impuesto una delicada gestión y luego me olvidaba—.

395

From early Friday morning onward, the telephone began disquieting me. I resented that this instrument—which once channeled Beatriz's irrecoverable voice—might now debase itself as a receptacle for the futile and perhaps wrathful lamentations of that deluded Carlos Argentino Daneri. Fortunately, nothing transpired—save the inevitable rancor provoked by a man who had imposed upon me a delicate errand only to promptly forget it.

396

El teléfono perdió sus terrores, pero a fines de octubre, Carlos Argentino me habló. Estaba agitadísimo; no identifiqué su voz, al principio. Con tristeza y con ira balbuceó que esos ya ilimitados Zunino y Zungri, so pretexto de ampliar su desaforada confitería, iban a demoler su casa.

396

The telephone lost its terrors, but by late October, Carlos Argentino called me. He was deeply agitated; at first, I didn't recognize his voice. With sorrow and anger, he stammered that those now boundless Zunino and Zungri, under pretext of expanding their outrageous café, intended to demolish his house.

397

—¡La casa de mis padres, mi casa, la vieja casa inveterada de la calle Garay! —repitió, quizá olvidando su pesar en la melodía.

397

—My parents' house, my home, the age-old dwelling on Garay Street! —he repeated, perhaps forgetting his grief in the melody.

398

No me resultó muy difícil compartir su congoja. Ya cumplidos los cuarenta años, todo cambio es un símbolo detestable del pasaje del tiempo; además, se trataba de una casa que, para mí, aludía infinitamente a Beatriz. Quise aclarar ese delicadísimo rasgo; mi interlocutor no me oyó. Dijo que si Zunino y Zungri persistían en ese propósito absurdo, el doctor Zunni, su abogado, los demandaría ipso facto por daños y perjuicios y los obligaría a abonar cien mil nacionales.

398

It wasn't difficult to share his anguish. Past forty, every change becomes a detestable symbol of time's passage; moreover, this house infinitely evoked Beatriz for me. I sought to clarify that delicate nuance; my interlocutor didn't hear me. He declared that if Zunino and Zungri persisted in this absurd plan, Dr. Zunni, his lawyer, would sue them ipso facto for damages and compel them to pay a hundred thousand national pesos.

399

El nombre de Zunni me impresionó; su bufete, en Caseros y Tacuarí, es de una seriedad proverbial. Interrogué si éste se había encargado ya del asunto. Daneri dijo que le hablaría esa misma tarde. Vaciló y con esa voz llana, impersonal, a que solemos recurrir para confiar algo muy íntimo, dijo que para terminar el poema le era indispensable la casa, pues en un ángulo del sótano había un Aleph. Aclaró que un Aleph es uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos.

399

Zunni's name impressed me; his law office at Caseros and Tacuarí was proverbial for its seriousness. I inquired if he'd already taken charge of the matter. Daneri said he'd speak to him that very afternoon. He hesitated and, in that flat impersonal tone we adopt to confess intimate things, revealed that finishing his poem required the house because an Aleph lay in a corner of the basement. He clarified that an Aleph is one of space's points containing all points.

400

—Está en el sótano del comedor —explicó, aligerada su dicción por la angustia—. Es mío, es mío: yo lo descubrí en la niñez, antes de la edad escolar. La escalera del sótano es empinada, mis tíos me tenían prohibido el descenso, pero alguien dijo que había un mundo en el sótano. Se refería, lo supe después, a un baúl, pero yo entendí que había un mundo. Bajé secretamente, rodé por la escalera vedada, caí. Al abrir los ojos, vi el Aleph.

400

—It's in the dining room's basement —he explained, his diction hastened by anguish—. It's mine, mine: I discovered it in childhood, before school age. The basement stairs were steep; my aunt and uncle forbade me to descend, but someone mentioned a world in the basement. They meant a trunk, I later learned, but I understood a world. I secretly descended, rolled down the forbidden staircase, fell. When I opened my eyes, I saw the Aleph.

401

—¿El Aleph? —repetí.

401

—The Aleph? —I echoed.

402

—Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos. A nadie revelé mi descubrimiento, pero volví. ¡El niño no podía comprender que le fuera deparado ese privilegio para que el hombre burilara el poema! No me despojarán Zunino y Zungri, no y mil veces no. Código en mano, el doctor Zunni probará que es inajenable mi Aleph.

402

—Yes, the place where all places on earth are seen from every angle, without confusion. I told no one of my discovery, but returned. The child couldn't grasp that privilege was granted him so the man might chisel the poem! Zunino and Zungri shall not dispossess me, no, a thousand times no. Codex in hand, Dr. Zunni will prove my Aleph inalienable.

403

Traté de razonar.

403

I attempted reason.

404

—Pero ¿no es muy oscuro el sótano?

404

—But isn't the basement very dark?

405

—La verdad no penetra en un entendimiento rebelde. Si todos los lugares de la tierra están en el Aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz.

405

—Truth doesn't penetrate a rebellious mind. If all earth's places are in the Aleph, there too will be all lamps, all light's wellsprings.

406

—Iré a verlo inmediatamente.

406

—I'll go see it at once.

407

Corté, antes de que pudiera emitir una prohibición. Basta el conocimiento de un hecho para percibir en el acto una serie de rasgos confirmatorios, antes insospechados; me asombró no haber comprendido hasta ese momento que Carlos Argentino era un loco. Todos esos Viterbo, por lo demás… Beatriz (yo mismo suelo repetirlo) era una mujer, una niña de una clarividencia casi implacable, pero había en ella negligencias, distracciones, desdenes, verdaderas crueldades, que tal vez reclamaban una explicación patológica. La locura de Carlos Argentino me colmó de maligna felicidad; íntimamente, siempre nos habíamos detestado.

407

I hung up before he could forbid it. Knowing one fact suffices to perceive confirmatory traits; I marveled at not having grasped until then that Carlos Argentino was mad. All those Viterbos, moreover… Beatriz (I often repeat it) was a woman of nearly ruthless clairvoyance, but her negligences, distractions, contempts, even cruelties, perhaps demanded pathological explanation. Carlos Argentino's madness filled me with malign joy; privately, we'd always detested each other.

408

En la calle Garay, la sirvienta me dijo que tuviera la bondad de esperar. El niño estaba, como siempre, en el sótano, revelando fotografías. Junto al jarrón sin una flor, en el piano inútil, sonreía (más intemporal que anacrónico) el gran retrato de Beatriz, en torpes colores. No podía vernos nadie; en una desesperación de ternura me aproximé al retrato y le dije:

408

At Garay Street, the maid asked me to wait. The master was, as ever, in the basement developing photographs. By the flowerless vase on the useless piano, smiled (more timeless than anachronistic) Beatriz' large portrait in crude colors. No one could see us; in a tenderness bordering despair, I approached the portrait and said:

409

—Beatriz, Beatriz Elena, Beatriz Elena Viterbo, Beatriz querida, Beatriz perdida para siempre, soy yo, soy Borges.

409

—Beatriz, Beatriz Elena, Beatriz Elena Viterbo, beloved Beatriz, Beatriz lost forever, it's me, it's Borges.

410

Carlos entró poco después. Habló con sequedad; comprendí que no era capaz de otro pensamiento que de la perdición del Aleph.

410

Carlos entered shortly. He spoke curtly; I understood he could think only of the Aleph's perdition.

411

—Una copita del seudo coñac —ordenó— y te zampuzarás en el sótano. Ya sabes, el decúbito dorsal es indispensable. También lo son la oscuridad, la inmovilidad, cierta acomodación ocular. Te acuestas en el piso de baldosas y fijas los ojos en el decimonono escalón de la pertinente escalera. Me voy, bajo la trampa y te quedas solo. Algún roedor te mete miedo ¡fácil empresa! A los pocos minutos ves el Aleph. ¡El microcosmo de alquimistas y cabalistas, nuestro concreto amigo proverbial, el multum in parvo!

411

—A thimble of pseudo-cognac —he ordered— and you'll plunge into the basement. Remember: supine position is essential. Also darkness, immobility, ocular adjustment. Lie on the tile floor and fix your eyes on the nineteenth step. I'll leave, lower the trapdoor, leave you alone. Some rodent may frighten you—easy task! Within minutes, you'll see the Aleph. The alchemists' and Kabbalists' microcosm, our proverbial concrete friend, multum in parvo!

412

Ya en el comedor, agregó:

412

Back in the dining room, he added:

413

—Claro está que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio… Baja; muy en breve podrás entablar un diálogo con todas las imágenes de Beatriz.

413

—Of course, if you fail to see it, your incapacity won't invalidate my testimony… Descend; soon you'll converse with all Beatriz' images.

414

Bajé con rapidez, harto de sus palabras insustanciales. El sótano, apenas más ancho que la escalera, tenía mucho de pozo. Con la mirada, busqué en vano el baúl de que Carlos Argentino me habló. Unos cajones con botellas y unas bolsas de lona entorpecían un ángulo. Carlos tomó una bolsa, la dobló y la acomodó en un sitio preciso.

414

I descended swiftly, wearied by his vacuous words. The basement, scarcely wider than the stairway, resembled a well. My eyes sought in vain the trunk Carlos Argentino had mentioned. Bottle-filled crates and canvas sacks cluttered a corner. Carlos took a sack, folded it, placed it precisely.

415

—La almohada es humildosa —explicó—, pero si la levanto un solo centímetro, no verás ni una pizca y te quedas corrido y avergonzado. Repantiga en el suelo ese corpachón y cuenta diecinueve escalones.

415

—A humble pillow —he explained—, but raise it one centimeter and you'll see nothing, left crestfallen and shamed. Sprawl that hulk on the floor and count nineteen steps.

416

Cumplí con sus ridículos requisitos; al fin se fue. Cerró cautelosamente la trampa; la oscuridad, pese a una hendija que después distinguí, pudo parecerme total. Súbitamente comprendí mi peligro: me había dejado soterrar por un loco, luego de tomar un veneno. Las bravatas de Carlos transparentaban el íntimo terror de que yo no viera el prodigio; Carlos, para defender su delirio, para no saber que estaba loco, tenía que matarme. Sentí un confuso malestar, que traté de atribuir a la rigidez, y no a la operación de un narcótico. Cerré los ojos, los abrí. Entonces vi el Aleph.

416

I obeyed his absurd stipulations; at last, he left. He shut the trapdoor cautiously; the darkness, despite a crack I later discerned, seemed absolute. Suddenly I grasped my peril: I'd let a madman bury me after taking poison. Carlos' bravado betrayed his terror that I might not see the marvel; to defend his delusion, to avoid knowing his madness, he had to kill me. I felt vague malaise, which I ascribed to stiffness, not narcotics. I closed my eyes, opened them. Then I saw the Aleph.

417

Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato; empieza, aquí, mi desesperación de escritor. Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Los místicos, en análogo trance, prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna; Ezequiel, de un ángel de cuatro caras que a un tiempo se dirige al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur. (No en vano rememoro esas inconcebibles analogías; alguna relación tienen con el Aleph). Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Por lo demás, el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré.

417

I now arrive at the ineffable core of my tale; here begins my despair as a writer. All language is an alphabet of symbols whose employment presupposes a past shared by its interlocutors; how to convey to others the infinite Aleph, which my timorous memory can scarcely encompass? Mystics in similar straits resort to emblems: a Persian speaks of a bird that somehow mirrors all birds; Alanus de Insulis, of a sphere whose center is everywhere and circumference nowhere; Ezekiel, of a four-faced angel who simultaneously faces east and west, north and south. (Not in vain do I recall these inconceivable analogies; they bear some relation to the Aleph.) Perhaps the gods might grant me a comparable image, but this account would then become tainted by literature, by falsehood. Moreover, the central problem remains unsolvable: the enumeration, even partial, of an infinite set. In that colossal instant, I witnessed millions of delectable or horrific acts; none astonished me so much as the fact that all occupied the same point, without superposition or transparency. What my eyes beheld was simultaneous; what I shall transcribe is successive, for language itself is successive. Yet something I shall capture.

418

En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer en el pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

418

At the base of the stair, to the right, I saw a small iridescent sphere of almost unbearable brilliance. At first I took it to be revolving; then I realized its apparent motion derived from the vertiginous spectacles it contained. The Aleph’s diameter was two or three centimeters, yet cosmic space resided there undiminished. Each object (the moon’s reflection, for instance) was infinite, for I perceived it from every angle in the universe. I saw the teeming sea, dawn and dusk, the multitudes of America, a silvery spiderweb at the heart of a black pyramid, a shattered labyrinth (it was London), endless eyes scrutinizing me as if in a mirror, all the planet’s mirrors reflecting none of me, the same tiles I had seen thirty years prior in a hallway in Fray Bentos now in a backyard on Calle Soler, clusters of grapes, snow, tobacco, metallic veins, vapor, equatorial deserts and each grain of sand, a woman in Inverness I shall not forget, the violent tresses, the haughty body, a breast cancer, a circle of parched soil where a tree once stood, a country estate in Adrogué, a copy of Philemon Holland’s first English translation of Pliny, every letter of every page at once (as a child, I marveled that the letters in a closed book did not blur and vanish overnight), night and day coexisting, a sunset in Querétaro mirroring the hue of a Bengal rose, my empty bedroom, a Dutch globe between two mirrors multiplying it infinitely, horses with wind-tossed manes on a Caspian shore at dawn, the delicate bone structure of a hand, survivors of a battle mailing postcards, a Spanish deck in a shop window in Mirzapur, fern-shadows on a greenhouse floor, tigers, pistons, bison, tides and armies, all earth’s ants, a Persian astrolabe, obscene and precise letters in a desk drawer (the handwriting made me tremble) that Beatriz had sent Carlos Argentino, a revered monument in Chacarita, the ghastly relic of what Beatriz Viterbo once was, the circulation of my dark blood, love’s mechanism and death’s alteration, the Aleph from every angle, the earth within the Aleph and the Aleph within the earth, my face and viscera, your face, and I felt vertigo and wept, for my eyes had seen that secret, conjectural object men usurp with words, though no man has ever truly beheld it: the inconceivable universe.

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Sentí infinita veneración, infinita lástima.

419

I felt infinite veneration, infinite pity.

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—Tarumba habrás quedado de tanto curiosear donde no te llaman —dijo una voz aborrecida y jovial—. Aunque te devanes los sesos, no me pagarás en un siglo esta revelación. ¡Qué observatorio formidable, che Borges!

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"Your mind must be reeling from poking your nose where you’re not invited," said a loathed yet jovial voice. "Even if you rack your brains, you won’t repay me in a century for this revelation. What a formidable observatory, eh Borges!"

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Los zapatos de Carlos Argentino ocupaban el escalón más alto. En la brusca penumbra, acerté a levantarme y a balbucear:

421

Carlos Argentino’s shoes occupied the highest step. In the sudden gloom, I managed to rise and stammer:

422

—Formidable. Sí, formidable.

422

"Formidable. Yes, formidable."

423

La indiferencia de mi voz me extrañó. Ansioso, Carlos Argentino insistía:

423

The indifference in my voice struck me as strange. Anxious, Carlos Argentino pressed:

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—¿Lo viste todo bien, en colores?

424

—Did you see everything clearly, in color?

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En ese instante concebí mi venganza. Benévolo, manifiestamente apiadado, nervioso, evasivo, agradecí a Carlos Argentino Daneri la hospitalidad de su sótano y lo insté a aprovechar la demolición de la casa para alejarse de la perniciosa metrópoli, que a nadie ¡créame, que a nadie! perdona. Me negué, con suave energía, a discutir el Aleph; lo abracé, al despedirme, y le repetí que el campo y la serenidad son dos grandes médicos. En la calle, en las escaleras de Constitución, en el subterráneo, me parecieron familiares todas las caras. Temí que no quedara una sola cosa capaz de sorprenderme, temí que no me abandonara jamás la impresión de volver. Felizmente, al cabo de unas noches de insomnio, me trabajó otra vez el olvido.

425

At that moment, I conceived my revenge. With benevolence, ostentatiously pitying, nervous, evasive, I thanked Carlos Argentino Daneri for the hospitality of his cellar and urged him to take advantage of the house's demolition to distance himself from the pernicious metropolis, which spares no one—believe me, no one! I refused, with gentle firmness, to discuss the Aleph; I embraced him upon leaving and repeated that the countryside and serenity are two great physicians. On the street, on the Constitución station stairs, in the subway, all faces seemed familiar. I feared there remained not a single thing capable of surprising me, feared the impression of returning would never abandon me. Fortunately, after a few sleepless nights, forgetfulness began working upon me once more.

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Posdata del primero de marzo de 1943. A los seis meses de la demolición del inmueble de la calle Garay, la Editorial Procusto no se dejó arredrar por la longitud del considerable poema y lanzó al mercado una selección de «trozos argentinos». Huelga repetir lo ocurrido; Carlos Argentino Daneri recibió el Segundo Premio Nacional de Literatura[15]. El primero fue otorgado al doctor Aita; el tercero, al doctor Mario Bonfanti; increíblemente, mi obra Los naipes del tahúr no logró un solo voto. ¡Una vez más, triunfaron la incomprensión y la envidia! Hace ya mucho tiempo que no consigo ver a Daneri; los diarios dicen que pronto nos dará otro volumen. Su afortunada pluma (no entorpecida ya por el Aleph) se ha consagrado a versificar los epítomes del doctor Acevedo Díaz.

426

Postscript of March 1, 1943. Six months after the demolition of the building on Garay Street, Editorial Procusto remained undaunted by the considerable length of the poem and launched a selection of "Argentine passages" onto the market. It is needless to recount what transpired; Carlos Argentino Daneri received the Second National Prize for Literature[15]. The first was awarded to Dr. Aita; the third, to Dr. Mario Bonfanti; incredibly, my work The Cardsharper's Deck failed to secure a single vote. Once again, incomprehension and envy triumphed! It has been long since I last saw Daneri; newspapers report he will soon give us another volume. His fortunate pen (no longer hindered by the Aleph) has now devoted itself to versifying the epitomes of Dr. Acevedo Díaz.

427

Dos observaciones quiero agregar: una, sobre la naturaleza del Aleph; otra, sobre su nombre. Éste, como es sabido, es el de la primera letra del alfabeto de la lengua sagrada. Su aplicación al disco de mi historia no parece casual. Para la Cábala, esa letra significa el En Soph, la ilimitada y pura divinidad; también se dijo que tiene la forma de un hombre que señala el cielo y la tierra, para indicar que el mundo inferior es el espejo y es el mapa del superior; para la Mengenlehre, es el símbolo de los números transfinitos, en los que el todo no es mayor que alguna de las partes. Yo querría saber: ¿Eligió Carlos Argentino ese nombre, o lo leyó, aplicado a otro punto donde convergen todos los puntos, en alguno de los textos innumerables que el Aleph de su casa le reveló? Por increíble que parezca, yo creo que hay (o que hubo) otro Aleph, yo creo que el Aleph de la calle Garay era un falso Aleph.

427

Two observations I wish to add: one concerning the nature of the Aleph; the other, its name. The latter, as is known, is that of the first letter in the sacred alphabet's script. Its application to the disk in my tale does not seem accidental. For the Kabbalah, this letter signifies the En Soph, the limitless and pure divinity; it has also been said to take the form of a man pointing to heaven and earth, denoting that the lower world mirrors and maps the upper; for Mengenlehre, it symbolizes transfinite numbers wherein the whole is no greater than any of its parts. I would know: Did Carlos Argentino choose this name, or did he read it—applied to another point where all points converge—in one of the myriad texts revealed to him by his house's Aleph? Incredible as it may seem, I believe there exists (or existed) another Aleph; I believe the Aleph of Garay Street was a false one.

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Doy mis razones. Hacia 1867 el capitán Burton ejerció en el Brasil el cargo de cónsul británico; en julio de 1942 Pedro Henríquez Ureña descubrió en una biblioteca de Santos un manuscrito suyo que versaba sobre el espejo que atribuye el Oriente a Iskandar Zu al-Karnayn, o Alejandro Bicorne de Macedonia. En su cristal se reflejaba el universo entero. Burton menciona otros artificios congéneres —la séptuple copa de Kai Josrú, el espejo que Tárik Benzeyad encontró en una torre (1001 Noches, 272), el espejo que Luciano de Samosata pudo examinar en la luna (Historia Verdadera, I, 26), la lanza especular que el primer libro del Satyricon de Capella atribuye a Júpiter, el espejo universal de Merlin, «redondo y hueco y semejante a un mundo de vidrio» (The Faerie Queene, III, 2, 19)—, y añade estas curiosas palabras: «Pero los anteriores (además del defecto de no existir) son meros instrumentos de óptica. Los fieles que concurren a la mezquita de Amr, en el Cairo, saben muy bien que el universo está en el interior de una de las columnas de piedra que rodean el patio central… Nadie, claro está, puede verlo, pero quienes acercan el oído a la superficie, declaran percibir, al poco tiempo, su atareado rumor… La mezquita data del siglo VII; las columnas proceden de otros templos de religiones anteislámicas, pues como ha escrito Abenjaldún: En las repúblicas fundadas por nómadas es indispensable el concurso de forasteros para todo lo que sea albañilería».

428

I offer my reasons. Around 1867, Captain Burton held the post of British consul in Brazil; in July 1942 Pedro Henríquez Ureña discovered a manuscript of his in a Santos library treating the mirror that the Orient attributes to Iskandar Zu al-Karnayn, or Alexander the Two-Horned of Macedonia. Within its crystal was reflected the entire universe. Burton mentions other analogous contrivances—the sevenfold goblet of Kai Kosru, the mirror Tárik Benzeyad found in a tower (1001 Nights, 272), the mirror Lucian of Samosata examined on the moon (True History, I, 26), the specular spear that the first book of Capella's Satyricon attributes to Jupiter, Merlin's universal mirror, "round and hollow and resembling a glass world" (The Faerie Queene, III, 2, 19)—and appends these curious words: "But the aforementioned (besides their defect of non-existence) are mere optical instruments. The faithful who gather at Amr's Mosque in Cairo know full well that the universe lies within one of the stone pillars surrounding the central courtyard… None, of course, can see it, but those who press their ear to the surface claim to perceive, after a time, its ceaseless tumult… The mosque dates from the seventh century; the pillars derive from pre-Islamic temples, for as Ibn Khaldun wrote: In republics founded by nomads, the assistance of foreigners is indispensable for all masonry work."

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¿Existe ese Aleph en lo íntimo de una piedra? ¿Lo he visto cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido; yo mismo estoy falseando y perdiendo, bajo la trágica erosión de los años, los rasgos de Beatriz.

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Does that Aleph exist in the heart of a stone? Did I behold it when I saw all things and then forget? Our minds are porous to oblivion; I myself am distorting and losing, under the tragic erosion of years, the features of Beatriz.

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A Estela Canto

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To Estela Canto

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Epílogo

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Epilogue

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Fuera de Emma Zunz (cuyo argumento espléndido, tan superior a su ejecución temerosa, me fue dado por Cecilia Ingenieros) y de la Historia del guerrero y de la cautiva que se propone interpretar dos hechos fidedignos, las piezas de este libro corresponden al género fantástico. De todas ellas, la primera es la más trabajada; su tema es el efecto que la inmortalidad causaría en los hombres. A ese bosquejo de una ética para inmortales, lo sigue El muerto: Azevedo Bandeira, en ese relato, es un hombre de Rivera o de Cerro Largo y es también una tosca divinidad, una versión mulata y cimarrona del incomparable Sunday de Chesterton. (El capítulo XXIX del Decline and Fall of the Roman Empire narra un destino parecido al de Otálora, pero harto más grandioso y más increíble). De Los teólogos basta escribir que son un sueño, un sueño más bien melancólico, sobre la identidad personal; de la Biografía de Tadeo Isidoro Cruz, que es una glosa al Martín Fierro. A una tela de Watts, pintada en 1896, debo La casa de Asterión el carácter del pobre protagonista. La otra muerte es una fantasía sobre el tiempo, que urdía la luz de unas razones de Pier Damiani. En la última guerra nadie pudo anhelar más que yo que fuera derrotada Alemania; nadie pudo sentir más que yo lo trágico del destino alemán; Deutsches Requiem quiere entender ese destino, que no supieron llorar, ni siquiera sospechar, nuestros «germanófilos», que nada saben de Alemania. La escritura del dios ha sido generosamente juzgada; el jaguar me obligó a poner en boca de un «mago de la pirámide de Qaholon», argumentos de cabalista o de teólogo. En El Zahir y El Aleph creo notar algún influjo del cuento The Crystal Egg (1899) de Wells.

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Save for Emma Zunz (whose splendid plot, so superior to its timorous execution, was given to me by Cecilia Ingenieros) and The Story of the Warrior and the Captive which seeks to interpret two authentic events, the pieces in this book belong to the fantastic genre. Among them, the first is the most labored; its theme is the effect immortality would have upon men. Following this sketch of an ethics for immortals comes The Dead Man: Azevedo Bandeira, in that tale, is a man from Rivera or Cerro Largo and also a crude divinity, a mulatto and outlaw version of the incomparable Sunday from Chesterton. (Chapter XXIX of The Decline and Fall of the Roman Empire recounts a fate akin to Otálora's, though far more grandiose and incredible). Of The Theologians it suffices to say they are a dream, a rather melancholy dream, about personal identity; of the Biography of Tadeo Isidoro Cruz, that it is a gloss on Martín Fierro. To an 1896 canvas by Watts I owe The House of Asterion and the character of its poor protagonist. The Other Death is a time fantasy woven from arguments in the light of Pier Damiani's reasoning. During the last war, none could have desired Germany's defeat more than I; none could have felt more profoundly the tragedy of the German fate; Deutsches Requiem seeks to comprehend that destiny, which our "Germanophiles"—who know nothing of Germany—failed to mourn or even suspect. The Writing of the God has been generously judged; the jaguar compelled me to place kabbalistic or theological arguments in the mouth of a "magician from the pyramid of Qaholom". In The Zahir and The Aleph I detect some influence from Wells' tale The Crystal Egg (1899).

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J. L. B.

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J. L. B.

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Buenos Aires, 3 de mayo de 1949

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Buenos Aires, May 3, 1949

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Posdata de 1952. Cuatro piezas he incorporado a esta reedición. Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto no es (me aseguran) memorable a pesar de su título tremebundo. Podemos considerarlo una variación de Los dos reyes y los dos laberintos que los copistas intercalaron en las 1001 Noches y que omitió el prudente Galland. De La espera diré que la sugirió una crónica policial que Alfredo Doblas me leyó, hará diez años, mientras clasificábamos libros según el manual del Instituto Bibliográfico de Bruselas, código del que todo he olvidado, salvo que a Dios le corresponde la cifra 231. El sujeto de la crónica era turco; lo hice italiano para intuirlo con más facilidad. La momentánea y repetida visión de un hondo conventillo que hay a la vuelta de la calle Paraná, en Buenos Aires, me deparó la historia que se titula El hombre en el umbral; la situé en la India para que su inverosimilitud fuera tolerable.

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1952 Postscript. Four pieces have been added to this edition. Abenjacán el Bojarí, Dead in His Labyrinth is not (I am assured) memorable despite its portentous title. We may consider it a variation on The Two Kings and the Two Labyrinths which scribes interpolated into the 1001 Nights and which prudent Galland omitted. Of The Wait I shall say it was suggested by a police chronicle Alfredo Doblas read to me some ten years ago while we classified books according to the Brussels Bibliographic Institute manual—a code I have forgotten entirely, save that God corresponds to number 231. The chronicle's subject was Turkish; I made him Italian to intuit him more readily. The momentary and repeated vision of a deep tenement behind Paraná Street in Buenos Aires yielded me the story titled The Man on the Threshold; I set it in India to render its improbability tolerable.

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JORGE LUIS BORGES. Buenos Aires (Argentina), 1899 - Ginebra (Suiza), 1986. Escritor argentino cuyos desafiantes poemas y cuentos vanguardistas le consagraron como una de las figuras prominentes de las literaturas latinoamericana y universal.

440

JORGE LUIS BORGES. Buenos Aires (Argentina), 1899 - Geneva (Switzerland), 1986. Argentine writer whose avant-garde poetry and challenging short stories secured his place as a seminal figure in Latin American and world literature.

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Nacido el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires, e hijo de un profesor, estudió en Ginebra y vivió durante una breve temporada en España, relacionándose con los escritores ultraístas. En 1921 regresó a Argentina, donde participó en la fundación de varias publicaciones literarias y filosóficas como Prisma (1921-1922), Proa (1922-1926) y Martín Fierro, en la que publica esporádicamente. Escribió poesía lírica centrada en temas históricos de su país, que quedó recopilada en volúmenes como Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929). De esta época datan sus relaciones con Ricardo Güiraldes, Macedonio Fernández, Alfonso Reyes y Oliveiro Girondo.

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Born on August 24, 1899, in Buenos Aires to a professor father, he studied in Geneva and briefly resided in Spain, engaging with Ultraist writers. Returning to Argentina in 1921, he co-founded literary journals such as Prisma (1921-1922), Proa (1922-1926), and contributed sporadically to Martín Fierro. His early lyric poetry, centered on Argentine history, was collected in volumes like Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925), and Cuaderno San Martín (1929). During this period, he formed ties with Ricardo Güiraldes, Macedonio Fernández, Alfonso Reyes, and Oliveiro Girondo.

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En la década de 1930, debido a una enfermedad hereditaria, comenzó a perder la visión hasta quedar completamente ciego. A pesar de ello, trabajó en la Biblioteca Nacional (1938-1947) y, más tarde, llegó a convertirse en su director (1955-1973). En esa misma época conoce a Adolfo Bioy Casares y publica con él Antología de la literatura fantástica (1940).

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In the 1930s, an inherited illness began eroding his sight until total blindness. Despite this, he worked at the National Library (1938-1947), later becoming its director (1955-1973). Collaborating with Adolfo Bioy Casares, he co-published the Anthology of Fantastic Literature (1940).

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A partir de 1955 fue profesor de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires. Durante esos años, fue abandonando la poesía en favor de los relatos breves por los que ha pasado a la historia. Aunque es más conocido por sus cuentos, se inició en la escritura con ensayos filosóficos y literarios, algunos de los cuales se encuentran reunidos en Inquisiciones. La historia universal de la infamia (1935) es una colección de cuentos basados en criminales reales. En 1955 fue nombrado académico de su país y en 1960 su obra era valorada universalmente como una de las más originales de América Latina. A partir de entonces se suceden los premios y las consideraciones. En 1961 comparte el Premio Fomentor con Samuel Beckett, y en 1980 el Cervantes con Gerardo Diego. Murió en Ginebra, el 14 de junio de 1986.

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From 1955, he taught English literature at the University of Buenos Aires. Gradually abandoning poetry, he turned to the short stories that cemented his legacy. Though renowned for fiction, his career began with philosophical and literary essays, some collected in Inquisiciones. A Universal History of Iniquity (1935) features tales based on real criminals. By 1955, he was a national academician; by 1960, his work was globally acclaimed. Honors followed: the 1961 International Publishers' Prize shared with Samuel Beckett, and the 1980 Cervantes Prize with Gerardo Diego. He died in Geneva on June 14, 1986.

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Sus posturas políticas evolucionaron desde el izquierdismo juvenil al nacionalismo y después a un liberalismo escéptico desde el que se opuso al fascismo y al peronismo. Fue censurado por permanecer en Argentina durante las dictaduras militares de la década de 1970, aunque jamás apoyó a la Junta militar. Con la restauración democrática en 1983 se volvió más escéptico.

444

His political views evolved from youthful leftism to nationalism, then to a skeptical liberalism opposing fascism and Peronism. Though censured for remaining in Argentina during the 1970s military dictatorships, he never endorsed the Junta. With democracy's return in 1983, his skepticism deepened.

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A lo largo de toda su producción, Borges creó un mundo fantástico, metafísico y totalmente subjetivo. Su obra, exigente con el lector y de no fácil comprensión debido a la simbología personal del autor, ha despertado la admiración de numerosos escritores y críticos literarios de todo el mundo. Describiendo su producción literaria, el propio autor escribió: «No soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura».

445

Throughout his oeuvre, Borges crafted a fantastical, metaphysical, and wholly subjective world. His demanding work—resistant to easy interpretation due to its private symbology—has drawn admiration from writers and critics worldwide. Describing his craft, Borges wrote: "I am neither a thinker nor a moralist, but simply a man of letters who reflects in his writings his own bewilderment and that respected system of bewilderments we call philosophy, in the form of literature."

446

Ficciones (1944) está considerado como un hito en el relato corto y un ejemplo perfecto de la obra borgiana. Los cuentos son en realidad una suerte de ensayo literario con un solo tema en el que el autor fantasea desde la subjetividad sobre temas, autores u obras; se trata pues de una ficción presentada con la forma del cuento en el que las palabras son importantísimas por la falsificación (ficción) con que Borges trata los hechos reales. Cada uno de los cuentos de Ficciones está considerado por la crítica como una joya, una diminuta obra maestra. Además, sucede que el libro presenta una estructura lineal que hace pensar al lector que el conjunto de los cuentos conducirán a un final con sentido, cuando en realidad llevan a la nada absoluta. Otros libros importantes del mismo género son El Aleph (1949) y El hacedor (1960).

446

Ficciones (1944) is regarded as a milestone in the short story genre and a perfect example of Borgesian work. The tales are actually a kind of literary essay with a single theme, where the author subjectively fantasizes about topics, authors, or works; they are thus fictions presented in the form of stories in which words hold immense importance due to the falsification (fiction) with which Borges treats real events. Each story in Ficciones is considered by critics to be a gem, a miniature masterpiece. Moreover, the book presents a linear structure that leads the reader to believe the collection of tales will culminate in a meaningful conclusion, when in reality they arrive at absolute nothingness. Other significant works in the same genre include The Aleph (1949) and El hacedor (1960).

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Notas

448

Notes

449

[1] Hay una tachadura en el manuscrito: quizá el nombre del puerto ha sido borrado. <<

449

[1] There is an erasure in the manuscript: perhaps the name of the port has been expunged. <<

450

[2] Ernesto Sábato sugiere que el «Giambattista» que discutió la formación de la Ilíada con el anticuario Cartaphilus es Giambattista Vico; ese italiano defendía que Homero es un personaje simbólico, a la manera de Plutón o de Aquiles. <<

450

[2] Ernesto Sábato suggests that the "Giambattista" who discussed the composition of the Iliad with the antiquarian Cartaphilus is Giambattista Vico; this Italian argued that Homer is a symbolic figure, akin to Pluto or Achilles. <<

451

[3] En las cruces rúnicas los dos emblemas enemigos conviven, entrelazados. <<

451

[3] On runic crosses, the two rival emblems coexist, intertwined. <<

452

[4] También Gibbon (Decline and Fall, XLV) transcribe estos versos. <<

452

[4] Gibbon too (Decline and Fall, XLV) transcribes these verses. <<

453

[5] El original dice catorce, pero sobran motivos para inferir que, en boca de Asterión, ese adjetivo numeral vale por infinitos. <<

453

[5] The original states fourteen, but there are ample reasons to infer that, in Asterión’s voice, this numeral adjective signifies infinite. <<

454

[6] Es significativa la omisión del antepasado más ilustre del narrador, el teólogo y hebraísta Johannes Forkel (1799-1846), que aplicó la dialéctica de Hegel a la cristología y cuya versión literal de algunos de los Libros Apócrifos mereció la censura de Hengstenberg y la aprobación de Thilo y Geseminus. (Nota del editor). <<

454

[6] The omission of the narrator’s most illustrious ancestor, the theologian and Hebraist Johannes Forkel (1799-1846), is noteworthy. He applied Hegelian dialectics to Christology, and his literal translations of certain Apocryphal Books earned Hengstenberg’s censure and Thilo and Gesenius’s approval. (Editor’s note). <<

455

[7] Otras naciones viven con inocencia, en sí y para sí como los minerales o los meteoros; Alemania es el espejo universal que a todas recibe, la conciencia del mundo (das Weltbewusstsein). Goethe es el prototipo de esa comprensión ecuménica. No lo censuro, pero no veo en él al hombre fáustico de la tesis de Spengler. <<

455

[7] Other nations live innocently, in and for themselves like minerals or meteors; Germany is the universal mirror that receives all, the world’s consciousness (das Weltbewusstsein). Goethe is the prototype of this ecumenical understanding. I do not censure him, but I do not see in him the Faustian man of Spengler’s thesis. <<

456

[8] Se murmura que las consecuencias de esa herida fueron muy graves. (Nota del editor). <<

456

[8] It is whispered that the consequences of this wound were most grave. (Editor’s note). <<

457

[9] Ha sido inevitable, aquí, omitir unas líneas. (Nota del editor). <<

457

[9] It has been unavoidable to omit a few lines here. (Editor’s note). <<

458

[10] Ni en los archivos ni en la obra de Soergel figura el nombre de Jerusalem. Tampoco lo registran las historias de la literatura alemana. No creo, sin embargo, que se trate de un personaje falso. Por orden de Otto Dietrich zur Linde fueron torturados en Tarnowitz muchos intelectuales judíos, entre ellos la pianista Emma Rosenzweig. «David Jerusalem» es tal vez un símbolo de varios individuos. Nos dicen que murió el primero de marzo de 1943; el primero de marzo de 1939, el narrador fue herido en Tilsit. (Nota del editor). <<

458

[10] Neither the archives nor Soergel’s works mention the name Jerusalem. Nor is it recorded in histories of German literature. I do not believe, however, that this is a fictitious character. By order of Otto Dietrich zur Linde, many Jewish intellectuals, including the pianist Emma Rosenzweig, were tortured in Tarnowitz. "David Jerusalem" may symbolize several individuals. We are told he died on March 1, 1943; on March 1, 1939, the narrator was wounded in Tilsit. (Editor’s note). <<

459

[11] Así escribe Taylor esa palabra. <<

459

[11] Taylor spells the word thus. <<

460

[12] Barlach observa que Yaúq figura en Alcorán (LXXI, 23) y que el profeta es Al-Moqanna (El Velado) y que nadie, fuera del sorprendente corresponsal de Philip Meadows Taylor, los ha vinculado al Zahir. <<

460

[12] Barlach observes that Yaúq appears in the Qur'an (LXXI, 23) and that the prophet is Al-Moqanna (The Veiled One), and that no one, apart from Philip Meadows Taylor’s remarkable correspondent, has linked them to the Zahir. <<

461

[13] Ésta es la historia que el rector divulgó desde el púlpito. Véase la página 145. <<

461

[13] This is the story the rector disseminated from the pulpit. See page 145. <<

462

[14] Recuerdo, sin embargo, estas líneas de una sátira que fustigó con rigor a los malos poetas:

462

[14] I recall, however, these lines from a satire that rigorously chastised bad poets:

463

Aqueste da al poema belicosa armadura

463

One decks the poem in warlike armor

464

De erudicción; estotro le da pompas y galas.

464

Of erudition; another drapes pomp and frills.

465

Ambos baten en vano las ridículas alas…

465

Both flap their ludicrous wings in vain…

466

¡Olvidaron, cuidados, el factor HERMOSURA!

466

Forgetting, consumed, BEAUTY’S sovereign thrall!

467

Sólo el temor de crearse un ejército de enemigos implacables y poderosos lo disuadió (me dijo) de publicar sin miedo el poema. <<

467

Only the fear of creating an army of implacable and powerful enemies dissuaded him (he told me) from publishing the poem without trepidation. <<

468

[15] «Recibí tu apenada congratulación», me escribió. «Bufas, mi lamentable amigo, de envidia, pero confesarás —¡aunque te ahogue!— que esta vez pude coronar mi bonete con la más roja de las plumas; mi turbante, con el más califa de los rubíes». <<

468

[15] "I received your mournful congratulations," he wrote to me. "You scoff, my pitiable friend, with envy, but you’ll confess —though it chokes you!— that this time I could crown my cap with the reddest of plumes; my turban, with the most caliph of rubies." <<