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Los traductores de las mil y una noches

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Los traductores de las mil y una noche, de Jorge Luis Borge

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The Translators of The Thousand and One Nights by Jorge Luis Borges

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LOS TRADUCTORES DE LAS 1001 NOCHES

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THE TRANSLATORS OF THE 1001 NIGHTS

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Por: Jorge Luis Borges

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By: Jorge Luis Borges

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I. EL CAPITÁN BURTON 

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I. CAPTAIN BURTON 

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africana —el capitán Richard Francis Burton, cónsul inglés— emprendió una famosa traducción del Quitab alif laila ua laila, libro que también los rumíes llaman de las1001 Noches. Uno de los secretos fines de su trabajo era la aniquilación de otro caballero (también de barba tenebrosa de moro, también curtido) que estaba compilando en Inglaterra un vasto diccionario y que murió mucho antes de ser aniquilado por Burton. Ése era Eduardo Lane, el orientalista, autor de una versión harto escrupulosa de las 1001 Noches, que había suplantado a otra de Galland. Lane tradujo contra Galland, Burton contra Lane; para entender a Burton hay que entender esa dinastía enemiga.

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African —Captain Richard Francis Burton, English consul— undertook a famous translation of the Kitab Alf Layla wa-Layla, a book that the Rumis also call The 1001 Nights. One of the secret aims of his labor was the annihilation of another gentleman (likewise bearded like a Moor, likewise weathered) who was compiling a vast dictionary in England and who died long before being annihilated by Burton. That man was Edward Lane, the orientalist, author of an overly scrupulous version of The 1001 Nights, which had supplanted Galland’s. Lane translated against Galland, Burton against Lane; to understand Burton, one must understand this hostile dynasty.

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Antoine Galland era un arabista francés que trajo de Estambul una paciente colección de monedas, una monografía sobre la difusión del café, un ejemplar arábigo de las Noches y un maronita suplementario, de memoria no menos inspirada que la de Shahrazad. A ese oscuro asesor —de cuyo nombre no quiero olvidarme, y dicen que es Hanna— debemos ciertos cuentos fundamentales, que el original no conoce: el de Aladino, el de los Cuarenta Ladrones, el del príncipe Ahmed y el hada Peri Banú, el de Abulhasán el dormido despierto, el de la aventura nocturna de Harún Arrashid, el de las dos hermanas envidiosas de la hermana menor. Basta la sola enumeración de esos nombres para evidenciar que Galland establece un canon, incorporando historias que hará indispensables el tiempo y que los traductores venideros —sus enemigos— no se atreverían a omitir. Hay otro hecho innegable. Los más famosos y felices elogios de las 1001 Noches —el de Coleridge, el de Tomás De Quincey, el de Stendhal, el de Tennyson, el de Edgar Allan Poe, el de Newman— son de lectores de la traducción de Galland. Doscientos años y diez traducciones mejores han trascurrido, pero el hombre de Europa o de las Américas que piensa en las 1001 Noches, piensa invariablemente en esa primer traducción. El epíteto milyunanochesco (milyunanochero adolece de criollismo,milyunanocturno de divergencia) nada tiene que ver con las eruditas obscenidades de Burton o de Mardrus, y todo con las joyas y las magias de Antoine Galland.

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Antoine Galland was a French Arabist who brought back from Istanbul a patient collection of coins, a monograph on the spread of coffee, an Arabic copy of The Nights, and a supplementary Maronite with a memory no less inspired than Shahrazad’s. To this obscure advisor —whose name I do not wish to forget, said to be Hanna— we owe certain foundational tales unknown to the original: Aladdin, The Forty Thieves, Prince Ahmed and the Fairy Peri Banu, Abu al-Hasan the Sleeper Awakened, the nocturnal adventure of Harun al-Rashid, and the tale of two envious sisters and their younger sibling. The mere enumeration of these names suffices to show how Galland established a canon by incorporating stories that time would render indispensable and that subsequent translators —his enemies— would not dare omit. Another fact is undeniable. The most famous and felicitous praises of The 1001 Nights —from Coleridge, Thomas De Quincey, Stendhal, Tennyson, Edgar Allan Poe, Newman— came from readers of Galland’s translation. Two centuries and ten superior translations have passed, yet the European or American who thinks of The 1001 Nights invariably thinks of that first version. The epithet "Thousand-and-One-Night-esque" (while "Thousand-and-One-Nighter" suffers from regionalism, and "Thousand-and-One-Nocturnal" from divergence) has nothing to do with the erudite obscenities of Burton or Mardrus, and everything to do with the jewels and magics of Antoine Galland.

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Galland es la peor escrita de todas, la más embustera y más débil, pero fue la mejor leída. Quienes intimaron con ella, conocieron la felicidad y el asombro. Su orientalismo, que ahora nos parece frugal, encandiló a cuantos aspiraban rapé y complotaban una tragedia en cinco actos. Doce primorosos volúmenes aparecieron de 1707 a 1717, doce volúmenes innumerablemente leídos y que pasaron a diversos idiomas, incluso el hindustani y el árabe. Nosotros, meros lectores anacrónicos del siglo veinte, percibimos en ellos el sabor dulzarrón del siglo dieciocho y no el desvanecido aroma oriental, que hace doscientos años determinó su innovación y su gloria. Nadie tiene la culpa del desencuentro y menos que nadie, Galland. Alguna vez, los cambios del idioma lo perjudican. En el prefacio de una traducción alemana de las 1001 Noches, el doctor Weil estampó que los mercaderes del imperdonable Galland se arman de una "valija con dátiles", cada vez que la historia los obliga a cruzar el desierto. Podría argumentarse que por 1710 la mención de los dátiles bastaba para borrar la imagen de la valija, pero es innecesario: valise, entonces, era una subclase de alforja.

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Galland’s is the worst written of all translations, the most deceitful and feeble, yet it was the most widely read. Those who grew intimate with it knew happiness and astonishment. Its orientalism, which now strikes us as frugal, dazzled those who snuffed rapé and plotted five-act tragedies. Twelve exquisite volumes appeared between 1707 and 1717, volumes read innumerably and translated into various tongues, including Hindustani and Arabic. We, mere anachronistic readers of the twentieth century, detect in them the cloying flavor of the eighteenth century rather than the faded oriental aroma that two centuries ago determined their innovation and glory. None are to blame for this disconnect, least of all Galland. At times, shifts in language work against him. In the preface to a German translation of The 1001 Nights, Dr. Weil noted that the merchants in the unpardonable Galland’s tales carry "a valise of dates" whenever the story compels them to cross the desert. One might argue that by 1710, the mention of dates sufficed to erase the image of the valise, but this is unnecessary: valise, at the time, was a subclass of saddlebag.

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Morceaux choisis de 1921, André Gide vitupera las licencias de Antoine Galland, para mejor borrar (con un candor del todo superior a su reputación) la literalidad de Mardrus, tanfin de siècle como aquél es siglo dieciocho, y mucho más infiel.

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In his 1921 Morceaux choisis, André Gide censures Antoine Galland’s liberties to better erase (with a candor wholly superior to his reputation) the literalism of Mardrus —as fin de siècle as the former is eighteenth-century, and far more unfaithful.

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Galland son mundanas; las inspira el decoro, no la moral. Copio unas líneas de la tercer página de sus Noches: II alia droit à l'appartement de cette princesse, qui, ne s'attendant pas a le revoir, avait reçu dans son lit un des derniers officiers de sa maison. Burton concreta a ese nebuloso "officier": un negro cocinero, rancio de grasa de cocina y de hollín. Ambos, diversamente, deforman: el original es menos ceremonioso que Galland y menos grasiento que Burton. (Efectos del decoro: en la mesurada prosa de aquél, la circunstancia recevoir dans son lit resulta brutal.)

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Galland’s transgressions are worldly; they are inspired by decorum, not morality. I transcribe a few lines from the third page of his Nights: Il alia droit à l'appartement de cette princesse, qui, ne s'attendant pas a le revoir, avait reçu dans son lit un des derniers officiers de sa maison. Burton specifies that nebulous "officier" as a Negro cook, reeking of kitchen grease and soot. Both, in their ways, distort: the original is less ceremonious than Galland and less greasy than Burton. (Effects of decorum: in the former’s measured prose, the circumstance recevoir dans son lit strikes one as brutal.)

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Antoine Galland, nace un diverso traductor de las Noches: Eduardo Lane. Sus biógrafos no dejan de repetir que es hijo del doctor Theophilus Lane, prebendado de Hereford. Ese dato genésico (y la terrible Forma que evoca) es tal vez suficiente. Cinco estudiosos años vivió el arabizado Lane en El Cairo, "casi exclusivamente entre musulmanes, hablando y escuchando su idioma, conformándose a sus costumbres con el más perfecto cuidado y recibido por todos ellos como un igual". Sin embargo, ni las altas noches egipcias, ni el opulento y negro café con semilla de cardamomo, ni la frecuente discusión literaria con los doctores de la ley, ni el venerado turbante de muselina, ni el comer con los dedos, le hicieron olvidar su pudor británico, la delicada soledad central de los amos del mundo. De ahí que su versión eruditísima de las Noches sea (o parezca ser) una mera enciclopedia de la evasión. El original no es profesionalmente obsceno; Galland corrige las torpezas ocasionales por creerlas de mal gusto. Lane las rebusca y las persigue como un inquisidor. Su probidad no pacta con el silencio: prefiere un alarmado coro de notas en un apretado cuerpo menor, que murmuran cosas como éstas: Paso por alto un episodio de lo más reprensible, Suprimo una explicación repugnante, Aquí una línea demasiado grosera para la traducción, Suprimo necesariamente otra anécdota, Desde aquí doy curso a las omisiones, Aquí la historia del esclavo Bujait, del todo inapta para ser traducida. La mutilación no excluye la muerte: hay cuentos rechazados íntegramente "porque no pueden ser purificados sin destrucción". Ese repudio responsable y total no me parece ilógico: el subterfugio puritano es lo que condeno. Lane es un virtuoso del subterfugio, un indudable precursor de los pudores más extraños de Hollywood. Mis notas me suministran un par de ejemplos. En la noche 391, un pescador le presenta un pez al rey de los reyes y éste quiere saber si es macho o hembra y le dicen que hermafrodita. Lane consigue aplacar ese improcedente coloquio, traduciendo que el rey ha preguntado de qué especie es el animal y que el astuto pescador le responde que es de una especie mixta. En la noche 217, se habla de un rey con dos mujeres, que yacía una noche con la primera y la noche siguiente con la segunda, y así fueron dichosos. Lane dilucida la ventura de ese monarca, diciendo que trataba a sus mujeres "con imparcialidad"... Una razón es que destinaba su obra "a la mesita de la sala", centro de la lectura sin alarmas y de la recatada conversación.

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From Antoine Galland emerges a different translator of the Nights: Edward Lane. His biographers never fail to mention his lineage as son of Dr. Theophilus Lane, prebendary of Hereford. This genetic datum (and the terrible Form it evokes) perhaps suffices. The arabized Lane spent five studious years in Cairo, "almost exclusively among Muslims, speaking and hearing their language, conforming to their customs with utmost care, and received by all as an equal." Yet neither the lofty Egyptian nights, nor the opulent black coffee with cardamom seeds, nor frequent literary debates with doctors of the law, nor the venerated muslin turban, nor eating with fingers, could make him forget his British prudishness—that delicate central solitude of the world's masters. Hence his erudite version of the Nights becomes (or appears to become) a mere encyclopedia of evasion. The original is not professionally obscene; Galland corrected occasional crudities as matters of poor taste. Lane hunts them down like an inquisitor. His probity brooks no silence: he prefers alarmed choruses of footnotes in cramped minor type, murmuring such phrases as: I pass over a most reprehensible episode, I suppress a disgusting explanation, Here a line too coarse for translation, Necessarily omit another anecdote, From here I proceed with omissions, Here the story of the slave Bujait, entirely unfit for translation. Mutilation does not preclude obliteration: some tales are wholly rejected "as they cannot be purified without destruction." This responsible and total repudiation strikes me as logical; it is the puritanical subterfuge I condemn. Lane is a virtuoso of subterfuge, an undoubted precursor to Hollywood's strangest pruderies. My notes furnish two examples. On Night 391, a fisherman presents a fish to the King of Kings who asks whether it is male or female, and is told hermaphroditic. Lane quells this improper exchange by translating that the king inquired about the animal's species, to which the cunning fisherman replied "of a mixed kind." On Night 217, mention is made of a king with two wives who lay with each alternately, thus attaining bliss. Lane elucidates the monarch's good fortune as treating his women "with impartiality"... One reason being that he destined his work "for the parlor table," hub of unalarmed reading and decorous conversation.

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Lane olvide su honor y abunde en torceduras y ocultaciones. No hay otra falta en él. Sin el contacto peculiar de esa tentación, Lane es de una admirable veracidad. Carece de propósitos, lo cual es una positiva ventaja. No se propone destacar el colorido bárbaro de las Noches como el capitán Burton, ni tampoco olvidarlo y atenuarlo, como Galland. Éste domesticaba a sus árabes, para que no desentonaran irreparablemente en París; Lane es minuciosamente agareno. Éste ignoraba toda precisión literal; Lane justifica su interpretación de cada palabra dudosa. Éste invocaba un manuscrito invisible y un maronita muerto; Lane suministra la edición y la página. Éste no se cuidaba de notas; Lane acumula un caos de aclaraciones que, organizadas, integran un volumen independiente. Diferir: tal es la norma que le impone su precursor. Lane cumplirá con ella: le bastará no compendiar el original.

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Lane forgets his honor through distortions and concealments. No other fault mars him. Absent this peculiar temptation, Lane is admirably truthful. He lacks ulterior motives—a positive advantage. He neither seeks to emphasize the barbaric color of the Nights like Captain Burton, nor to forget and attenuate it like Galland. The latter domesticated his Arabs to avoid irreparable dissonance in Paris; Lane remains meticulously Hagarene. The former ignored all literal precision; Lane justifies every doubtful word's interpretation. The former invoked an invisible manuscript and a dead Maronite; Lane supplies edition and page numbers. The former disdained annotations; Lane amasses a chaos of clarifications that, organized, form a standalone volume. To differ: this is the rule imposed by his precursor. Lane complies by simply refusing to abridge the original.

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Arnold (1861-62), más memorable que sus dos interlocutores, ha razonado extensamente las dos maneras generales de traducir. Newman vindicó en ella el modo literal, la retención de todas las singularidades verbales: Arnold, la severa eliminación de los detalles que distraen o detienen. Esta conducta puede suministrar los agrados de la uniformidad y la gravedad; aquélla, de los continuos y pequeños asombros. Ambas son menos importantes que el traductor y que sus hábitos literarios. Traducir el espíritu es una intención tan enorme y tan fantasmal que bien puede quedar como inofensiva; traducir la letra, una precisión tan extravagante que no hay riesgo de que la ensayen. Más grave que esos infinitos propósitos es la conservación o supresión de ciertos pormenores; más grave que esas preferencias y olvidos, es el movimiento sintáctico. El de Lane es ameno, según conviene a la distinguida mesita. En su vocabulario es común reprender una demasía de palabras latinas, no rescatadas por ningún artificio de brevedad. Es distraído: en la página liminar de su traducción pone el adjetivo romántico, lo cual es una especie de futurismo, en una boca musulmana y barbada del siglo doce. Alguna vez la falta de sensibilidad le es propicia, pues le permite la interpolación de voces muy llanas en un párrafo noble, con involuntario buen éxito. El ejemplo más rico de esa cooperación de palabras heterogéneas, debe ser éste que traslado: And in this palace is the last information respecting lords collected in the dust. Otro puede ser esta invocación: Por el Viviente que no muere ni ha de morir, por el nombre de Aquel a quien pertenecen la gloria y la permanencia. En Burton —ocasional precursor del siempre fabuloso Mardrus— yo sospecharía de fórmulas tan satisfactoriamente orientales; en Lane escasean tanto que debo suponerlas involuntarias, vale decir genuinas.

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Arnold (1861-62), more memorable than his two interlocutors, extensively reasoned the two general modes of translation. Newman vindicated the literal approach retaining verbal singularities; Arnold advocated strict elimination of distracting details. The latter may offer uniformity and gravity's pleasures; the former, continual minor astonishments. Both matter less than the translator and their literary habits. Translating the "spirit" is so vast and phantasmal an intent it may remain harmless; translating the "letter," so extravagant a precision few dare attempt. Weightier than these infinite purposes is preserving or suppressing certain details; weightier than these preferences and omissions is syntactic movement. Lane's is agreeable, befitting the distinguished parlor table. His vocabulary often censures excess Latinisms unredeemed by brevity's artifice. He is distracted: on his translation's title page he places the adjective romantic—a kind of futurism in the mouth of a twelfth-century Muslim bearded elder. Occasionally his insensitivity proves fortuitous, allowing plain words to intrude upon noble passages with involuntary success. The richest example of this heterogeneous cooperation must be: And in this palace is the last information respecting lords collected in the dust. Another: By the Living One who dies not and shall not die, by the name of Him to whom belong glory and permanence. In Burton—occasional precursor to the ever-fabulous Mardrus—I might suspect such satisfyingly Oriental formulae; in Lane they are so rare I must deem them involuntary, hence genuine.

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Galland y de Lane ha provocado un género de burlas que es tradicional repetir. Yo mismo no he faltado a esa tradición. Es muy sabido que no cumplieron con el desventurado que vio la Noche del Poder, con las imprecaciones de un basurero del siglo trece defraudado por un derviche y con los hábitos de Sodoma. Es muy sabido que desinfectaron las Noches.

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Galland and Lane have provoked a genre of mockery now traditional to repeat. I myself have indulged this tradition. It is well known they failed the unfortunate soul who beheld the Night of Power, the curses of a thirteenth-century garbage-man swindled by a dervish, and the habits of Sodom. It is well known they sanitized the Nights.

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delSendebar, los impudores de las 1001 Noches nada tienen que ver con la libertad del estado paradisíaco. Son especulaciones del editor: su objeto es una risotada, sus héroes nunca pasan de changadores, de mendigos o eunucos. Las antiguas historias amorosas del repertorio, las que refieren casos del Desierto o de las ciudades de Arabia, no son obscenas, como no lo es ninguna producción de la literatura preislámica. Son apasionadas y tristes, y uno de los motivos que prefieren es la muerte de amor, esa muerte que un juicio de los alemas ha declarado no menos santa que la del mártir que atestigua la fe... Si aprobamos ese argumento las timideces de Galland y de Lane nos pueden parecer restituciones de una redacción primitiva.

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From the Sendebar, the improprieties of the 1001 Nights hold no relation to paradisiacal liberty. They are editor's speculations aiming at guffaws, their heroes never rising above porters, beggars or eunuchs. The ancient love stories of the repertoire—those recounting Desert episodes or Arabian cities—are not obscene, as no pre-Islamic literary production is. They are passionate and sorrowful, favoring motifs like death from love, a demise declared by Aleppo judgment no less sacred than the martyr's witness... If we accept this argument, the timidities of Galland and Lane may appear as restorations of a primitive text.

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Ancient mariner o un Bateau ivre, ya merece otro cielo. Littmann observa que las1001 Noches es, más que nada, un repertorio de maravillas. La imposición universal de ese parecer en todas las mentes occidentales, es obra de Galland. Que ello no quede en duda. Menos felices que nosotros, los árabes dicen tener en poco el original: ya conocen los hombres, las costumbres, los talismanes, los desiertos y los demonios que esas historias nos revelan.

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Ancient Mariner or a Drunken Boat, it already merits another heaven. Littmann observes that the 1001 Nights is above all a repository of marvels. The universal imposition of this view upon Western minds is Galland's doing. Let there be no doubt. Less fortunate than we, Arabs allegedly hold the original in low esteem: they already know the men, customs, talismans, deserts and demons these stories reveal.

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Asséns jura que puede saludar las estrellas en catorce idiomas clásicos y modernos. Burton soñaba en diecisiete idiomas y cuenta que dominó treinta y cinco: semitas, dravidios, indoeuropeos, etiópicos... Ese caudal no agota su definición: es un rasgo que concuerda con los demás, igualmente excesivos. Nadie menos expuesto a la repetida burla de Hudibras contra los doctores capaces de no decir absolutamente nada en varios idiomas: Burton era hombre que tenía muchísimo que decir, y los setenta y dos volúmenes de su obra siguen diciéndolo. Destaco algunos títulos al azar: Goa y las Montañas Azules, 1851; Sistema de ejercicios de bayoneta, 1853; Relato personal de una peregrinación a Medina, 1855; Las regiones lacustres del África Ecuatorial, 1860; La Ciudad, de los Santos, 1861;Exploración de las mesetas del Brasil, 1869; Sobre un hermafrodita de las islas del Cabo Verde, 1869; Cartas desde los campos de batalla del Paraguay, 1870;Última Thule o un verano en Islandia, 1875; A la Costa de Oro en pos de oro, 1883; El Libro de la Espada(primer volumen) 1884; El jardín fragante de Nafzauí—obra póstuma, entregada al fuego por Lady Burton, así como una Recopilación de epigramas inspirados por Priapo. El escritor se deja traslucir en ese catálogo: el capitán inglés que tenía la pasión de la geografía y de las innumerables maneras de ser un hombre, que conocen los hombres. No difamaré su memoria, comparándolo con Morand, caballero bilingüe y sedentario que sube y baja infinitamente en los ascensores de un idéntico hotel internacional y que venera el espectáculo de un baúl... Burton, disfrazado de afghán, había peregrinado a las ciudades santas de Arabia: su voz había pedido al Señor que negara sus huesos y su piel, su dolorosa carne y su sangre, al Fuego de la Ira y de la Justicia; su boca, resecada por elsamún, había dejado un beso en el aerolito que se adora en la Caaba. Esa aventura es célebre: el posible rumor de que un incircunciso, un nazraní, estaba profanando el santuario hubiera determinado su muerte. Antes, en hábito de derviche, había ejercido la medicina en El Cairo —no sin variarla con la prestidigitación y la magia, para obtener la confianza de los enfermos. Hacia 1858, había comandado una expedición a las secretas fuentes del Nilo: cargo que lo llevó a descubrir el lago Tanganika. En esa empresa lo agredió una alta fiebre; en 1855 los somalíes le atravesaron los carrillos con una lanza. (Burton venía de Harrar, que era ciudad vedada a los europeo, en el interior de Abisinia.) Nueve años más tarde, ensayó la terrible hospitalidad de los ceremoniosos caníbales del Dahomé; a su regreso no faltaron rumores (acaso propalados, y ciertamente fomentados, por él) de que había "comido extrañas carnes" —como el omnívoro procónsul de Shakespeare[20]. Los judíos, la democracia, el Ministerio de Relaciones Exteriores y el cristianismo, eran sus odios preferidos; Lord Byron y el Islam, sus veneraciones. Del solitario oficio de escribir había hecho algo valeroso y plural: lo acometía desde el alba, en un vasto salón multiplicado por once mesas, cada una de ellas con el material para un libro —y alguna con un claro jazmín en un vaso de agua. Inspiró ilustres amistades y amores: de las primeras básteme nombrar la de Swinburne, que le dedicó la segunda serie de Poems and Ballads —in recognition of a friendship which I must always count among the highest honours of my life— y que deploró su deceso en muchas estrofas. Hombre de palabras y hazañas, bien pudo Burton asumir el alarde del Divánde Almotanabí:

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Asséns claims he can greet the stars in fourteen classical and modern languages. Burton dreamed in seventeen tongues and boasts mastery over thirty-five: Semitic, Dravidian, Indo-European, Ethiopic... This abundance does not exhaust his definition: it is a trait congruent with others equally excessive. None was less susceptible to Hudibras' mockery of scholars capable of saying absolutely nothing in multiple languages: Burton was a man with an immense amount to say, and the seventy-two volumes of his work continue to say it. I highlight some titles at random: Goa and the Blue Mountains, 1851; Complete System of Bayonet Exercise, 1853; Personal Narrative of a Pilgrimage to Al-Madinah & Meccah, 1855; The Lake Regions of Central Africa, 1860; The City of the Saints, 1861; Explorations of the Highlands of Brazil, 1869; On a Hermaphrodite from the Cape Verde Islands, 1869; Letters from the Battlefields of Paraguay, 1870; Ultima Thule, or a Summer in Iceland, 1875; To the Gold Coast for Gold, 1883; The Book of the Sword (first volume) 1884; The Perfumed Garden of Sheikh Nefzaoui — a posthumous work consigned to flames by Lady Burton, along with a Compilation of Epigrams Inspired by Priapus. The writer reveals himself in this catalog: the English captain with a passion for geography and the innumerable ways of being a man known to mankind. I shall not defame his memory by comparing him to Morand, a bilingual sedentary gentleman endlessly ascending and descending the elevators of an identical international hotel, who venerates the spectacle of a steamer trunk... Burton, disguised as an Afghan, had pilgrimaged to Arabia's holy cities: his voice had implored the Lord to deny his bones and skin, his painful flesh and blood, to the Fire of Wrath and Justice; his mouth, parched by samún, had left a kiss upon the aerolite worshipped in the Kaaba. This adventure is famous: any rumor of an uncircumcised nazrani profaning the sanctuary would have meant his death. Earlier, in dervish garb, he had practiced medicine in Cairo — not without alternating it with prestidigitation and magic to gain patients' trust. Around 1858, he led an expedition to the Nile's secret sources: a mission that led him to discover Lake Tanganyika. During this endeavor, he was stricken by high fever; in 1855, Somalis pierced his cheeks with a spear. (Burton had come from Harar, a city forbidden to Europeans in Abyssinia's interior.) Nine years later, he sampled the terrible hospitality of Dahomey's ceremonious cannibals; upon his return, rumors arose (perhaps propagated, and certainly fostered, by him) that he had "eaten strange flesh" — like Shakespeare’s omnivorous Proconsul[20]. His preferred hatreds were Jews, democracy, the Foreign Office, and Christianity; his devotions, Lord Byron and Islam. He transformed the solitary craft of writing into something valorous and manifold: he pursued it from dawn in a vast hall multiplied by eleven tables, each bearing materials for a book — some with a fresh jasmine in a water glass. He inspired illustrious friendships and loves: among the former, let it suffice to name Swinburne, who dedicated the second series of Poems and Ballads to him — in recognition of a friendship which I must always count among the highest honours of my life — and mourned his death in many stanzas. A man of words and deeds, Burton might well have assumed the boast of Al-Mutanabbi's Diwan:

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amateurhasta el polígloto durmiente, no he rechazado aquellos caracteres de Richard Burton que sin disminución de fervor podemos apodar legendarios. La razón es clara: el Burton de la leyenda de Burton, es el traductor de las Noches. Yo he sospechado alguna vez que la distinción radical entre la poesía y la prosa está en la muy diversa expectativa de quien las lee: la primera presupone una intensidad que no se tolera en la última. Algo parecido acontece con la obra de Burton: tiene un prestigio previo con el que no ha logrado competir ningún arabista. Las atracciones de lo prohibido le corresponden. Se trata de una sola edición, limitada a mil ejemplares para mil suscritores del Burton Club, y que hay el compromiso judicial de no repetir. (La reedición de Leonard C. Smithers "omite determinados pasajes de un gusto pésimo, cuya eliminación no será lamentada por nadie"; la selección representativa de Bennett Cerf —que simula ser integral— procede de aquel texto purificado.) Aventuro la hipérbole: recorrer las 1001 Noches en la traslación de Sir Richard no es menos increíble que recorrerlas "vertidas literalmente del árabe y comentadas" por Simbad el Marino.

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amateur to the polyglot sleeper, I have not rejected those legendary traits of Richard Burton that we may call extravagant without diminishing our fervor. The reason is clear: the Burton of Burton's legend is the translator of the Nights. I have sometimes suspected that the radical distinction between poetry and prose lies in the vastly different expectations of their readers: the former presupposes an intensity intolerable in the latter. Something similar occurs with Burton's work: it enjoys a prior prestige unmatched by any Arabist. The allure of the forbidden belongs to it. It exists in a single edition, limited to a thousand copies for a thousand subscribers of the Burton Club, with a legal pledge against reprinting. (Leonard C. Smithers’ reprint "omits certain passages of deplorable taste, whose excision will be lamented by none"; Bennett Cerf’s representative selection — masquerading as complete — derives from this purified text.) I venture this hyperbole: to traverse the 1001 Nights in Sir Richard’s translation is no less incredible than traversing them "literally rendered from the Arabic and annotated" by Sinbad the Sailor.

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Lane; interesar a caballeros británicos del siglo diecinueve con la versión escrita de cuentos musulmanes y orales del siglo trece. El primero de esos propósitos era tal vez incompatible con el tercero; el segundo lo indujo a una grave falta, que paso a declarar. Centenares de dísticos y canciones figuran en las Noches; Lane (incapaz de mentir salvo en lo referente a la carne) los había trasladado con precisión, en una prosa cómoda. Burton era poeta: en 1880 había hecho imprimir las Casidas, una rapsodia evolucionista que Lady Burton siempre juzgó muy superior a las Rubaiyát de FitzGerald... La solución "prosaica" del rival no dejó de indignarlo, y optó por un traslado en versos ingleses —procedimiento de antemano infeliz, ya que contravenía a su propia norma de total literalidad. El oído, por lo demás, quedó casi tan agraviado como la lógica. No es imposible que esta cuarteta sea de las mejores que armó:

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Lane; to interest nineteenth-century British gentlemen in the written version of thirteenth-century Muslim oral tales. The first of these aims was perhaps incompatible with the third; the second led him to a grave error, which I now disclose. Hundreds of couplets and songs appear in the Nights; Lane (incapable of falsehood except regarding flesh) had rendered them accurately in comfortable prose. Burton was a poet: in 1880, he had published The Kasîdah, an evolutionary rhapsody that Lady Burton always deemed superior to FitzGerald's Rubáiyát... His rival’s "prosaic" solution outraged him, and he opted for translation into English verse — a method inherently ill-fated, as it contravened his own rule of total literality. The ear, moreover, was nearly as affronted as logic. This quatrain may rank among his best:

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night whose stars refused to run their course,

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night whose stars refused to run their course,

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night of those which never seem outworn:

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night of those which never seem outworn:

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Like Resurrection-day, of longsome length

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Like Resurrection-day, of longsome length

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him that watched and waited for the morn. [21]

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him that watched and waited for the morn. [21]

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sun on wand in knoll of sand she showed,

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sun on wand in knoll of sand she showed,

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Clad in her cramoisy-hued chemisette:

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Clad in her cramoisy-hued chemisette:

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her lips' honey-dew she gave me drink

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her lips' honey-dew she gave me drink

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with her rosy cheeks quencht fire she set.

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with her rosy cheeks quencht fire she set.

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End, aptos para el desdén y la erudición y no para el espanto o la risotada. Aquéllos apreciaban que la ballena muriera al escuchar el grito del hombre; éstos, que hubiera hombres que dieran crédito a una capacidad mortal de ese grito. Los prodigios del texto —sin duda suficientes en el Kordofán o en Bulak, donde los proponían como verdades— corrían el albur de parecer muy pobres en Inglaterra. (Nadie requiere de la verdad que sea verosímil o inmediatamente ingeniosa: pocos lectores de la Vida y Correspondencia de Carlos Marx reclaman indignados la simetría de lasContrerimes de Toulet o la severa precisión de un acróstico.) Para que los suscritores no se le fueran, Burton abundó en notas explicativas "de las costumbres de los hombres islámicos". Cabe afirmar que Lane había preocupado el terreno. Indumentaria, régimen cotidiano, prácticas religiosas, arquitectura, referencias históricas o alcoránicas, juegos, artes, mitología —eso ya estaba elucidado en los tres volúmenes del incómodo precursor. Faltaba, previsiblemente, la erótica. Burton (cuyo primer ensayo estilístico había sido un informe harto personal sobre los prostíbulos de Bengala) era desaforadamente capaz de tal adición. De las delectaciones morosas en que paró, es buen ejemplo cierta nota arbitraria del tomo séptimo, graciosamente titulada en el índice capotes mélancoliques. LaEdinburgh Review lo acusó de escribir para el albañal; la Enciclopedia Británica resolvió que una traslación integral era inadmisible, y que la de Edward Lane "seguía insuperada para un empleo realmente serio". No nos indigne demasiado esa oscura teoría de la superioridad científica y documental de la expurgación: Burton cortejaba esas cóleras. Por lo demás, las muy poco variadas variaciones del amor físico no agotan la atención de su comentario. Éste es enciclopédico y montonero, y su interés está en razón inversa de su necesidad. Así el volumen 6 (que tengo a la vista) incluye unas trescientas notas, de las que cabe destacar las siguientes: una condenación de las cárceles y una defensa de los castigos corporales y de las multas; unos ejemplos del respeto islámico por el pan; una leyenda sobre la capilaridad de las piernas de la reina Belkís; una declaración de los cuatro colores emblemáticos de la muerte; una teoría y práctica oriental de la ingratitud; el informe de que el pelaje overo es el que prefieren los ángeles, así como los genios el doradillo; un resumen de la mitología de la secreta Noche del Poder o Noche de las Noches; una denuncia de la superficialidad de Andrew Lang; una diatriba contra el régimen democrático; un censo de los nombres de Mohámed, en la Tierra, en el Fuego y en el Jardín; una mención del pueblo amalecita, de largos años y de larga estatura; una noticia de las partes pudendas del musulmán, que en el varón abarcan del ombligo hasta la rodilla, y en la mujer de pies a cabeza; una ponderación del asa'o del gaucho argentino; un aviso de las molestias de la "equitación" cuando también la cabalgadura es humana; un grandioso proyecto de encastar monos cinocéfalos con mujeres y derivar así una subraza de buenos proletarios. A los cincuenta años, el hombre ha acumulado ternuras, ironías, obscenidades y copiosas anécdotas; Burton las descargó en sus notas. Queda el problema fundamental. ¿Cómo divertir a los caballeros del siglo diecinueve con las novelas por entregas del siglo trece? Es harto conocida la pobreza estilística de las Noches. Burton, alguna vez, habla del "tono seco y comercial" de los prosistas árabes, en contraposición al exceso retórico de los persas; Littmann, el novísimo traductor, se acusa de haber interpolado palabras como preguntó, pidió, contestó, en cinco mil páginas que ignoran otra fórmula que dijo —invocada invariablemente. Burton prodiga con amor las sustituciones de ese orden. Su vocabulario no es menos dispar que sus notas. El arcaísmo convive con el argot, la jerga carcelaria o marinera con el término técnico. No se abochorna de la gloriosa hibridación del inglés: ni el repertorio escandinavo de Morris ni el latino de Johnson tienen su beneplácito, sino el contacto y la repercusión de los dos. El neologismo y los extranjerismos abundan: castrato, inconséquence, hauteur, in gloria, bagnio, langue fourrée, pundonor, vendetta, Wazir. Cada una de esas palabras debe ser justa, pero su intercalación importa un falseo. Un buen falseo, ya que esas travesuras verbales —y otras sintácticas— distraen el curso a veces abrumador de lasNoches. Burton las administra: al comienzo traduce gravemente Sulayman, Son of David (on the twain he peace!); luego —cuando nos es familiar esa majestad— lo rebaja a Salomón Davidson, Hace de un rey que para los demás traductores es "rey de Samarcanda en Persia", a King of Samarcand in Barbarian-land; de un comprador que para los demás es "colérico", a man of wrath. Ello no es todo: Burton reescribe íntegramente —con adición de pormenores circunstanciales y rasgos fisiológicos— la historia liminar y el final. Inaugura así, hacia 1885, un procedimiento cuya perfección (o cuyareductio ad absurdum) consideraremos luego en Mardrus. Siempre un inglés es más intemporal que un francés: el heterogéneo estilo de Burton se ha anticuado menos que el de Mardrus, que es de fecha notoria.

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Ends, apt for disdain and erudition rather than awe or guffaws. The former appreciated that the whale died upon hearing the man's cry; the latter, that there were men who credited such mortal capacity to that cry. The marvels of the text —doubtless sufficient in Kordofan or Bulak, where they were proposed as truths— risked seeming paltry in England. (None demand that truth be plausible or immediately ingenious: few readers of The Life and Correspondence of Karl Marx indignantly protest the absence of the symmetry found in Toulet's Contrerimes or the severe precision of an acrostic.) To retain his subscribers, Burton proliferated explanatory notes on "the customs of Islamic men." It may be affirmed that Lane had preempted much ground. Dress, daily regimen, religious practices, architecture, historical or Quranic references, games, arts, mythology —all this had already been elucidated in the three volumes of that cumbersome precursor. Predictably, eroticism remained wanting. Burton (whose first stylistic essay had been an overly personal report on Bengal's brothels) was brazenly suited for such additions. Among the lascivious indulgences he pursued, a certain arbitrary note from the seventh volume —whimsically indexed as capotes mélancoliques— stands as prime evidence. The Edinburgh Review accused him of writing for the gutter; the Encyclopædia Britannica decreed that an integral translation was inadmissible, and that Edward Lane's version "remained unsurpassed for genuinely serious use." Let us not overly resent this obscure theory of expurgation's scientific superiority: Burton courted such indignations. Moreover, the scarcely varied permutations of physical love do not exhaust his commentary's attention. The latter is encyclopedic and haphazard, its interest inversely proportional to its necessity. Thus Volume 6 (which I have before me) includes some three hundred notes, among which we may highlight: a condemnation of prisons and a defense of corporal punishments and fines; examples of Islamic reverence for bread; a legend on the capillary action in Queen Balkis' legs; a declaration of death's four emblematic colors; an oriental theory and practice of ingratitude; the report that dappled fur is preferred by angels, as golden fur is by jinn; a summary of the mythology surrounding the secret Night of Power or Night of Nights; a denunciation of Andrew Lang's superficiality; a diatribe against democratic governance; a census of Muhammad's names across Earth, Fire, and the Garden; a mention of the Amalekites, a people of long years and stature; a notice on the pudenda of Muslims —for men extending from navel to knee, for women from head to toe; a praise of the Argentine gaucho's asa'o; a warning against the discomforts of "equestrianism" when the mount is also human; and a grandiose project to crossbreed cynocephalic apes with women to derive a subrace of ideal proletarians. By fifty, a man has accumulated tendernesses, ironies, obscenities, and copious anecdotes; Burton discharged them into his notes. The fundamental problem remains: How to entertain nineteenth-century gentlemen with thirteenth-century serialized tales? The stylistic poverty of the Nights is notorious. Burton once spoke of the "dry, commercial tone" of Arab prose writers, contrasting it with Persian rhetorical excess; Littmann, the latest translator, admits interpolating words like asked, requested, answered into five thousand pages that know only the invariable said. Burton lovingly proliferates substitutions of this order. His vocabulary is no less eclectic than his notes. Archaisms coexist with slang, jailhouse or nautical jargon with technical terms. He shuns no glorious hybridity in English: neither Morris' Scandinavian repertoire nor Johnson's Latinity wins his favor, but rather the collision and resonance of both. Neologisms and foreignisms abound: castrato, inconséquence, hauteur, in gloria, bagnio, langue fourrée, pundonor, vendetta, Wazir. Each word may be apt, but their intercalation amounts to falsification. A felicitous falsification, for these verbal caprices —and syntactic ones— distract from the Nights' occasionally oppressive flow. Burton administers them: he begins by gravely translating Sulayman, Son of David (on the twain he peace!); later —once that majesty grows familiar— downgrades it to Salomón Davidson. Where others render a king as "King of Samarkand in Persia," he makes him King of Samarcand in Barbarian-land; where others have a "choleric" buyer, he gives man of wrath. This is not all: Burton entirely rewrites —with added circumstantial details and physiological traits— the framing narrative and conclusion. Thus in 1885, he initiates a method whose perfection (or reductio ad absurdum) we shall later observe in Mardrus. An Englishman is ever more timeless than a Frenchman: Burton's heterogeneous style has aged less than Mardrus', which bears a patent date.

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Mardrus. Se le adjudica la virtud moral de ser el traductor más veraz de las 1001Noches, libro de admirable lascivia, antes escamoteada a los compradores por la buena educación de Galland o los remilgos puritanos de Lane. Se venera su genial literalidad, muy demostrada por el inapelable subtítuloVersión literal y completa del texto árabe y por la inspiración de escribir Libro de las mil noches y una noche. La historia de ese nombre es edificante; podemos recordarla antes de revisar a Mardrus.

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Mardrus. He is credited with the moral virtue of being the most truthful translator of the 1001 Nights, a book of admirable licentiousness previously withheld from buyers by Galland's refinement or Lane's puritanical scruples. His genius for literalness is widely extolled, as evidenced by the irrefutable subtitle Literal and Complete Version of the Arabic Text and the inspired choice of titling his work The Book of the Thousand Nights and One Night. The history of this name is edifying; let us recount it before examining Mardrus.

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preciosasdel Masudí describen una recopilación titulada Hezár Afsane, palabras persas cuyo recto valor es Mil aventuras, pero que la gente apoda Mil noches. Otro documento del siglo diez, el Fihrist, narra la historia liminar de la serie: el juramento desolado del rey que cada noche se desposa con una virgen que hace decapitar en el alba, y la resolución de Shahrazad que lo distrae con maravillosas historias, hasta que encima de los dos, han rodado mil noches y ella le muestra su hijo. Esa invención —tan superior a las venideras y análogas de la piadosa cabalgata de Chaucer o la epidemia de Giovanni Boccacio— dicen que es posterior al título, y que se urdió con el fin de justificarlo... Sea lo que fuere, la primitiva cifra de 1000 pronto ascendió a 1001. ¿Cómo surgió esa noche adicional que ya es imprescindible, esa maquette de la irrisión de Quevedo —y luego de Voltaire— contra Pico de la Mirándola:Libro de todas las cosas y otras muchas más?Littmann sugiere una contaminación de la frase turcabin bir, cuyo sentido literal es mil y uno y cuyo empleo es muchos. Lane, a principios de 1840, adujo una razón más hermosa: el mágico temor de las cifras pares. Lo cierto es que las aventuras del título no pararon ahí. Antoine Galland, desde 1704, eliminó la repetición del original y tradujo Mil y una noches: nombre que ahora es familiar en todas las naciones de Europa, salvo Inglaterra, que prefiere el de Noches árabes. En 1839 el editor de la impresión de Calcuta. W. H. Macnaghten, tuvo el singular escrúpulo de traducir Quitab alif laila ua laila por Libro de las mil noches y una noche. Esa renovación por deletreo no pasó inadvertida. John Payne, desde 1882, comenzó a publicar su Book of the thousand nights and one night; el capitán Burton, desde 1885, su Book of the thousand nights and a night; J. C. Mardrus, desde 1899, su Livre des mille nuits et une nuit.

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The Muqaddimah of Mas'udi describes a compilation titled Hezár Afsane, Persian words whose precise meaning is A Thousand Adventures, though colloquially known as A Thousand Nights. Another 10th-century document, the Fihrist, narrates the framing tale: the desolate king's vow to wed a virgin each night and behead her at dawn, and Shahrazad's resolve to distract him with wondrous tales until a thousand nights have passed and she presents him with their child. This invention—so superior to later analogues like Chaucer's pious pilgrimage or Boccaccio's plague—is said to postdate the title, devised to justify it... Whatever the case, the original 1000 nights soon swelled to 1001. How did this additional night emerge, now indispensable—this miniature of Quevedo’s mockery (later Voltaire’s) against Pico della Mirandola: A Book of All Things and Many More? Littmann suggests contamination from the Turkish phrase bin bir, literally "a thousand and one" but meaning "innumerable." Lane, in the early 1840s, proposed a more poetic reason: the magical dread of even numbers. What is certain is that the title's adventures did not cease there. Antoine Galland, from 1704 onward, eliminated the original’s repetition and translated it as The Thousand and One Nights: a name now familiar across Europe, save in England, which prefers Arabian Nights. In 1839, the Calcutta edition’s editor W. H. Macnaghten scrupulously rendered Quitab alif laila ua laila as The Book of the Thousand Nights and One Night. This orthographic revival did not go unnoticed. John Payne, beginning in 1882, published his Book of the Thousand Nights and One Night; Captain Burton, from 1885, his Book of the Thousand Nights and a Night; J. C. Mardrus, from 1899, his Livre des mille nuits et une nuit.

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Mardrus ha remitido (el Ángel de su Guarda sabrá la causa) a las noches 338-346. No insisto; esa reforma inconcebible de un calendario ideal no debe agotar nuestro espanto. Refiere Shahrazad-Mardrus: El agua seguía cuatro canales trazados en el piso de la sala con desvíos encantadores, y cada canal tenía un lecho de color especial: el primer canal tenía un lecho de pórfido rosado; el segundo, de topacios; el tercero, de esmeraldas, y el cuarto, de turquesas; de modo que el agua se teñía según el lecho, y herida por la atenuada luz que filtraban las sederías en la altura, proyectaba sobre los objetos ambientes y los muros de mármol una dulzura de paisaje marino.

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Mardrus has relegated (his Guardian Angel knows why) Nights 338-346 to oblivion. I shall not dwell on this; the inconceivable tampering with an ideal calendar must not exhaust our astonishment. Shahrazad-Mardrus relates: The water flowed through four channels traced on the hall’s floor with charming meanders, each channel bedded in a distinct hue—the first in rosy porphyry, the second in topaz, the third in emeralds, and the fourth in turquoise. Thus, the water took on the color of its bed, and struck by the muted light filtering through silken draperies above, cast upon the marble walls and surrounding objects a marine landscape’s gentle serenity.

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delRetrato de Dorian Grey, acepto (y aun venero) esa descripción; come versión "literal y completa" de un pasaje compuesto en el siglo trece, repito que me alarma infinitamente. Las razones son múltiples. Una Shahrazad sin Mardrus describe por enumeración de las partes, no por mutuas reacciones, y no alega detalles circunstanciales como el del agua que trasluce el color de su lecho, y no define la calidad de la luz filtrada por la seda, y no alude al Salón de Acuarelistas en la imagen final. Otra pequeña grieta: desvíos encantadores no es árabe, es notoriamente francés. Ignoro si las anteriores razones pueden satisfacer; a mí no me bastaron, y tuve el indolente agrado de compulsar las tres versiones alemanas de Weil, de Henning y de Littmann, y las dos inglesas de Lane y de Sir Richard Burton. En ellas comprobé que el original de las diez líneas de Mardrus era éste: Las cuatro acequias desembocaban en una pila, que era de mármol de diversos colores.

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of The Picture of Dorian Gray, I accept (even revere) such a description; as a "literal and complete" version of a 13th-century passage, I repeat that it alarms me infinitely. The reasons are manifold. A Shahrazad without Mardrus describes by enumerating parts, not through their interplay; she does not cite circumstantial details like water mirroring its bed’s hue, define the quality of silk-filtered light, evoke the Watercolorists’ Salon in the final image. Another minor fissure: "charming meanders" is not Arabic but unmistakably French. I doubt these reasons suffice; they did not satisfy me, so I reluctantly cross-checked the three German versions by Weil, Henning, and Littmann, and the two English ones by Lane and Sir Richard Burton. Therein I verified that the original for Mardrus’ ten lines was this: The four channels emptied into a basin of varicolored marble.

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Mardrus no son uniformes. Alguna vez son descaradamente anacrónicas —como si de golpe discutiera la retirada de la misión Marchand. Por ejemplo: Dominaban una ciudad de ensueño... Hasta donde abarcaba la vista fija en los horizontes ahogados en la noche, cúpulas de palacios, terrazas de casas, serenos jardines, se escalonaban en aquel recinto de bronce, y canales iluminados por el astro se paseaban en mil circuitos claros a la sombra de los macizos, mientras que allá en el fondo, un mar de metal contenía en su frío seno los fuegos del cielo reflejado. O ésta, cuyo galicismo no es menos público: El magnífico tapiz de colores gloriosos, de diestra lana, abría sus flores sin olor en un prado sin savia, y vivía toda la vida artificial de sus florestas llenas de pájaros y animales, sorprendidos en su exacta belleza natural y sus líneas precisas. (Ahí las ediciones árabes rezan: A los lados había tapices, con variedad de pájaros y de fieras, recamados en oro rojo y en plata blanca, pero con los ojos de perlas y de rubíes. Quien los miró, no dejó de maravillarse.)

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Mardrus are not uniform. At times they brazenly anachronize—as if abruptly invoking the Marchand Mission’s retreat. For example: They overlooked a dream-city... As far as the eye could pierce the night-drowned horizons, domes of palaces, terraced houses, serene gardens tiered within that bronze enclosure, while moonlit canals wandered in a thousand luminous coils through shadowed groves, and beyond, a metal sea cradled in its cold bosom the reflected fires of heaven. Or this, no less gallicized: The splendid tapestry of glorious hues, woven from dextrous wool, spread its scentless blossoms over a sapless meadow, alive with the artificial vitality of its forests teeming with birds and beasts captured in their exact natural beauty and precise contours. (Here the Arabic editions state: On either side lay tapestries embroidered with diverse birds and beasts in red gold and white silver, their eyes of pearl and ruby. None beheld them without marvel.)

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Mardrus no deja nunca de maravillarse de la pobreza de "color oriental" de las 1001 Noches. Con una persistencia no indigna de Cecil B. de Mille, prodiga los visires, los besos, las palmeras y las lunas. Le ocurre leer, en la noche 570: Arribaron a una columna de piedra negra, en la que un hombre estaba enterrado hasta las axilas. Tenía dos enormes alas y cuatro brazos: dos de los cuales eran como los brazos de los hijos de Adán y dos como las patas de los leones, con las uñas de hierro. El pelo de su cabeza era semejante a las colas de los caballos y los ojos eran como ascuas y tenía en la frente un tercer ojo que era como el ojo del lince. Traduce lujosamente: Un atardecer, la caravana llegó ante una columna de piedra negra, a la que estaba encadenado un ser extraño del que no se veía sobresalir mas que medio cuerpo, ya que el otro medio estaba enterrado en el suelo. Aquel busto que surgía de la tierra, parecía algún engendro monstruoso clavado ahí por la fuerza de las potencias infernales. Era negro y del tamaño del tronco de una vieja palmera decaída, despojada de sus palmas. Tenía dos enormes alas negras y cuatro manos de las cuales dos eran semejantes a las patas uñosas de los leones. Una erizada cabellera de crines ásperas como cola de onagro se movía salvajemente sobre su cráneo espantoso. Bajó los arcos orbitales llameaban dos pupilas rojas, en tanto que la frente de dobles cuernos estaba taladrada por un ojo único, que se abría inmóvil y fijo, lanzando resplandores verdes como la mirada de los tigres y las panteras.

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Mardrus never ceases to marvel at the poverty of "Oriental color" in the 1001 Nights, that admirably lascivious work previously bowdlerized for buyers by Galland's propriety or Lane's puritanical scruples. Consider his treatment of Night 570: They came upon a black stone column where a man was buried up to his armpits. He had two enormous wings and four arms—two resembling human limbs and two like lions' paws with iron claws. His hair resembled horses' tails, his eyes glowed like embers, and a third lynx-like eye pierced his forehead. Mardrus translates this as: One twilight, the caravan arrived before a black stone column chaining a monstrous being whose lower half remained buried. The bust emerging from earth seemed some hellish spawn pinned by infernal forces. Black as a decayed palm trunk stripped of fronds, it bore two vast black wings and four hands—two clawed like lions'. A bristling mane of wild ass hair writhed savagely on its dreadful skull. Beneath flaming orbital arches burned two crimson pupils, while its twin-horned forehead bore a single immobile eye shooting emerald rays like a tiger's gaze.

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Mardrus, así como tampoco lo es el latín, o el castellano de Miguel de Cervantes.

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Such language is no more Arabic than Latin, or than Cervantes' Spanish.

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Littmann, corresponde a las animaciones del narrador: personas agraciadas, palacios, jardines, operaciones mágicas, menciones de la Divinidad, puestas de sol, batallas, auroras, principios y finales de cuentos. Mardrus, quizá misericordiosamente, lo omite. El segundo requiere dos facultades: la de combinar con majestad palabras abstractas y la de proponer sin bochorno un lugar común. De las dos carece Mardrus. De aquel versículo que Lane memorablemente tradujo:And in this palace is the last information respecting lords collected in the dust, nuestro doctor apenas extrae:Pasaron, todos aquellos! Tuvieron apenas tiempo de reposar a la sombra de mis torres. La confesión del ángel: Estoy aprisionado por el Poder, confinado por el Esplendor, y castigado mientras el Eterno lo mande, de quien son la Fuerza y la Gloria, es para el lector de Mardrus: Aquí estoy encadenado por la Fuerza Invisible hasta la extinción de los siglos.

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A faithful translator of the Nights would replicate two essential features. The first corresponds to the narrator's cadence: benedictions upon gracious persons, palaces, gardens, magic operations, invocations of the Divinity, sunsets, battles, dawns, and story transitions. Mardrus mercifully omits these. The second requires two faculties: majestic orchestration of abstract words and unembarrassed deployment of commonplaces. Mardrus lacks both. Consider Lane's immortal rendering of a verse: And in this palace is the last information respecting lords collected in the dust. Our doctor reduces this to: They passed, all of them! They barely had time to rest beneath my towers' shade. The angel's confession—I am imprisoned by Power, confined by Splendor, and punished as long as the Eternal decrees, to Whom belong Strength and Glory—becomes in Mardrus: Here I remain chained by the Invisible Force until time's extinction.

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Mardrus un coadjutor de buena voluntad. Es incapaz de mencionar lo sobrenatural sin alguna sonrisa. Finge traducir, por ejemplo: Un día que el califa Abdelmélik, oyendo hablar de ciertas vasijas de cobre antiguo, cuyo contenido era una extraña humareda negra de forma diabólica, se maravillaba en extremo y parecía poner en duda la realidad de hechos tan notorios, hubo de intervenir el viajero Tálib ben-Sahl. En ese párrafo (que pertenece, como los demás que alegué, a la Historia de la Ciudad de Latón, que es de imponente Bronce en Mardrus) el candor voluntario de tan notorios y la duda más bien inverosímil del califa Abdelmélik, son dos obsequios personales del traductor.

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Mardrus grants himself a collaborator's license. He cannot mention the supernatural without a smirk. He fabricates, for instance: One day when Caliph Abd al-Malik, hearing of certain ancient copper vessels containing a strange black smoke of diabolical form, expressed extreme wonder and seemed to doubt the reality of these notorious facts, the traveler Talib ibn Sahl intervened. Here, the gratuitous notorious and the caliph's improbable skepticism are Mardrus' personal contributions (as are other passages like this from The City of Brass, rendered by him as imposing Bronze).

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Mardrus quiere completar el trabajo que los lánguidos árabes anónimos descuidaron. Añade paisajes art-nouveau, buenas obscenidades, breves interludios cómicos, rasgos circunstanciales, simetrías, mucho orientalismo visual. Un ejemplo de tantos: en la noche 573, el gualí Muza Bennuseir ordena a sus herreros y carpinteros la construcción de una escalera muy fuerte de madera y de hierro. Mardrus (en su noche 344) reforma ese episodio insípido, agregando que los hombres del campamento buscaron ramas secas, las mondaron con los alfanjes y los cuchillos, y las ataron con los turbantes, los cinturones, las cuerdas de los camellos, las cinchas y las guarniciones de cuero, hasta construir una escalera muy alta que arrimaron a la pared, sosteniéndola con piedras por todos lados... En general, cabe decir que Mardrus no traduce las palabras sino las representaciones del libro: libertad negada a los traductores, pero tolerada en los dibujantes —a quienes les permiten la adición de rasgos de ese orden... Ignoro si esas diversiones sonrientes son las que infunden a la obra ese aire tan feliz, ese aire de patraña personal, no de tarea de mover diccionarios. Sólo me consta que la "traducción" de Mardrus es la más legible de todas —después de la incomparable de Burton, que tampoco es veraz. (En ésta, la falsificación es de otro orden. Reside en el empleo gigantesco de un inglés charro, cargado de arcaísmos y barbarismos.)

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Mardrus seeks to complete what the languid anonymous Arabs neglected. He grafts Art Nouveau landscapes, ribaldries, comic interludes, circumstantial details, symmetries, and visual orientalism. In Night 573, Governor Musa ibn Nusayr orders smiths and carpenters to build a sturdy ironwood ladder. Mardrus (in his Night 344) enriches this sparse episode: The camp men gathered dry branches, stripped them with scimitars and knives, then lashed them with turbans, belts, camel ropes, harnesses, and leather straps to construct a towering ladder propped against the wall with stones... Generally, Mardrus translates not words but the book's mental images—a liberty denied translators but permitted illustrators who may add such flourishes. Whether these smiling diversions impart the work's air of felicitous fraud (rather than lexicographical drudgery) remains unclear. I only affirm that Mardrus' "translation" is the most readable—after Burton's incomparable version, itself equally unfaithful (though its falsity lies in bombastic English crammed with archaisms and barbarisms).

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Mardrus, por mí) que en las comprobaciones anteriores se leyera un propósito policial. Mardrus es el único arabista de cuya gloria se encargaron los literatos, con tan desaforado éxito que ya los mismos arabistas saben quien es. André Gide fue de los primeros en elogiarlo, en agosto de 1899; no pienso que Cancela y Capdevila serán los últimos. Mi fin no es demoler esa admiración, es documentarla. Celebrar la fidelidad de Mardrus es omitir el alma de Mardrus, es no aludir siquiera a Mardrus. Su infidelidad, su infidelidad creadora y feliz, es lo que nos debe importar.

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Let no one mistake my preceding verifications for detective work. Mardrus remains the sole Arabist whose fame was forged by literati with such riotous success that even Arabists now know him. André Gide led the praise in August 1899; I doubt Cancela and Capdevila will be the last. My aim is not to demolish this admiration but to document it. To celebrate Mardrus' fidelity is to ignore his essence. What matters is his creative and felicitous infidelity.

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Weil —la adversativa está en las páginas catalanas de cierta Enciclopedia—; la de Max Henning, traductor del Curán; la del hombre de letras Félix Paul Greve; la de Enno Littmann, descifrador de las inscripciones etiópicas de la fortaleza de Axum. Los cuatro volúmenes de la primera (1839-1842) son los más agradables, ya que su autor —desterrado del África y del Asia por la disentería— cuida de mantener o de suplir el estilo oriental. Sus interpolaciones me merecen todo respeto. A unos intrusos en una reunión les hace decir: No queremos parecernos a la mañana, que dispersa las fiestas. De un generoso rey asegura: El fuego que arde para sus huéspedes trae a la memoria el Infierno y el rocío de su mano benigna es como el Diluvio; de otro nos dice que sus manos eran tan liberales como el mar. Esas buenas apocrifidades no son indignas de Burton o Mardrus, y el traductor las destinó a las partes en verso —donde su bella animación puede ser un Ersatz o sucedáneo de las rimas originales. En lo que se refiere a la prosa, entiendo que la tradujo tal cual, con ciertas omisiones justificadas, equidistantes de la hipocresía y del impudor. Burton elogia su trabajo— "todo lo fiel que puede ser una traslación de índole popular". No en vano era judío el doctor Weil "aunque bibliotecario"; en su lenguaje creo percibir algún sabor de las Escrituras.

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Weil's version (1839-1842) holds distinction—despite Catalan encyclopedia caveats—as does Max Henning's Quran translator's labor, Félix Paul Greve's belletrist efforts, and Enno Littmann's decipherments of Axum's Ethiopic inscriptions. Weil's four volumes charm most, their exiled author (banished from Africa and Asia by dysentery) meticulously preserving or inventing Oriental style. His interpolations command respect. To intruders at a gathering he assigns: We wish not to resemble dawn, scattering revels. Of a generous king: The fire kindled for his guests recalls Hell, his benign hand's dew like the Deluge. Such apocryphal flourishes rival Burton or Mardrus, adorning verse sections where their vigor substitutes for original rhymes. As for prose, Weil translates straightforwardly with omissions balancing hypocrisy and immodesty. Burton praises his work as "faithful as any popular rendition can be." Unsurprisingly, Dr. Weil—"though a librarian"—was Jewish; his language carries Scriptural resonance.

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Henning, arabista de Leipzig, a la Universalbibliothek de Philipp Reclam. Se trata de una versión expurgada, aunque la casa editorial diga lo contrario. El estilo es insípido, tesonero. Su más indiscutible virtud debe ser la extensión. Las ediciones de Bulak y de Breslau están representadas, amén de los manuscritos de Zotenberg y de las Noches Suplementales de Burton. Henning traductor de Sir Richard es literariamente superior a Henning traductor del árabe, lo cual es una mera confirmación de la primacía de Sir Richard sobre los árabes

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Henning, an Arabist from Leipzig, for Philipp Reclam’s Universalbibliothek. This is an expurgated version, despite the publisher’s claims to the contrary. The style is insipid and dogged. Its most indisputable virtue must be its length. The Bulak and Breslau editions are represented, along with Zotenberg’s manuscripts and Burton’s Supplemental Nights. Henning as translator of Sir Richard is literarily superior to Henning as translator from Arabic—a mere confirmation of Sir Richard’s primacy over the Arabs.

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Chaucer, equivalente al árabe medieval". La indicación de Chaucer como una de las fuentes del vocabulario de Burton hubiera sido más razonable. (Otra es el Rabelaisde Sir Thomas Urquhart.)

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Chaucer, equivalent to medieval Arabic." The suggestion of Chaucer as one of Burton’s lexical sources would have been more reasonable. (Another is the Rabelais of Sir Thomas Urquhart.)

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Greve, deriva de la inglesa de Burton y la repite, con exclusión de las enciclopédicas notas. La publicó antes de la guerra el Insel-Verlag.

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Greve, derives from Burton’s English version and replicates it, excluding the encyclopedic notes. It was published before the war by Insel-Verlag.

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Enno Littmann: descifrador de los monumentos de Axum, enumerador de los 283 manuscritos etiópicos que hay en Jerusalén, colaborador de la Zeitschrift für Assyriologie. Sin las demoras complacientes de Burton, su traducción es de una franqueza total. No lo retraen las obscenidades más inefables: las vierte a su tranquilo alemán, alguna rara vez al latín. No omite una palabra, ni siquiera las que registran —1000 veces— el pasaje de cada noche a la subsiguiente. Desatiende o rehúsa el color local; ha sido menester una indicación de los editores para que conserve el nombre de Alá, y no lo sustituya por Dios. A semejanza de Burton y de John Payne, traduce en verso occidental el verso árabe. Anota ingenuamente que si después de la advertencia ritual "Fulano pronunció estos versos" viniera un párrafo de prosa alemana, sus lectores quedarían desconcertados. Suministra las notas necesarias para la buena inteligencia del texto: una veintena por volumen, todas lacónicas. Es siempre lúcido, legible, mediocre. Sigue (nos dicen) la respiración misma del árabe. Si no hay error en la Enciclopedia Británica, su traducción es la mejor de cuantas circulan. Oigo que los arabistas están de acuerdo; nada importa que un mero literato —y ése, de la República meramente Argentina— prefiera disentir.

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Enno Littmann: decipherer of the monuments of Axum, cataloguer of the 283 Ethiopian manuscripts in Jerusalem, contributor to the Zeitschrift für Assyriologie. Without Burton’s leisurely indulgences, his translation is marked by total frankness. No obscenity, however ineffable, deters him: he renders them into his calm German, occasionally into Latin. He omits not a single word, not even those that record—a thousand times over—the transition from one night to the next. He disregards or rejects local color; it took an editorial directive to preserve the name of Allah rather than replace it with God. Like Burton and John Payne, he translates Arabic verse into Western verse. He naively notes that if, after the ritual warning "So-and-so pronounced these verses," a passage of German prose were to follow, his readers would be perplexed. He supplies notes necessary for understanding the text: some twenty per volume, all terse. He is ever lucid, readable, mediocre. He follows (we are told) the very breath of Arabic. If the Encyclopaedia Britannica is not mistaken, his translation is the finest in circulation. I hear Arabists agree—though it matters little if a mere man of letters (and one from the merely Argentine Republic) prefers to dissent.

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Mardrus, y aun la de Galland, sólo se dejan concebirdespués de una literatura. Cualesquiera sus lacras o sus méritos, esas obras características presuponen un rico proceso anterior. En algún modo, el casi inagotable proceso inglés está adumbrado en Burton —la dura obscenidad de John Donne, el gigantesco vocabulario de Shakespeare y de Cyril Tourneur, la afición arcaica de Swinburne, la crasa erudición de los tratadistas del mil seiscientos, la energía y la vaguedad, el amor de las tempestades y de la magia. En los risueños párrafos de Mardrus conviven Salammbó y Lafontaine, el Manequí de Mimbre y el ballet ruso. En Littmann, incapaz como Washington de mentir, no hay otra cosa que la probidad de Alemania. Es tan poco, es poquísimo. El comercio de las Noches y de Alemania debió producir algo más.

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Mardrus, and even Galland’s, can only be conceived after a literature. Whatever their flaws or merits, these characteristic works presuppose a rich prior process. In some way, the nearly inexhaustible English process is prefigured in Burton—the harsh obscenity of John Donne, the gigantic vocabulary of Shakespeare and Cyril Tourneur, Swinburne’s archaic predilections, the gross erudition of seventeenth-century scholars, the vigor and vagueness, the love of tempests and magic. In Mardrus’s cheerful paragraphs, Salammbô coexists with La Fontaine, the Wicker Puppet with the Russian ballet. In Littmann, as incapable of lying as Washington, there is nothing but the probity of Germany. It is so little, so very little. The commerce of the Nights and Germany should have yielded something more.

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dicho,sólo posee una literatura fantástica. Hay maravillas en las Noches que me gustaría ver repensadas en alemán. Al formular ese deseo, pienso en los deliberados prodigios del repertorio —los todopoderosos esclavos de una lámpara o de un anillo, la reina Lab que convierte a los musulmanes en pájaros, el barquero de cobre con talismanes y fórmulas en el pecho— y en aquellas más generales que proceden de su índole colectiva, de la necesidad de completar mil y una secciones. Agotadas las magias, los copistas debieron recurrir a noticias históricas o piadosas, cuya inclusión parece acreditar la buena fe del resto. En un mismo tomo conviven el rubí que sube hasta el cielo y la primera descripción de Sumatra, los rasgos de la corte de los Abbasidas y los ángeles de plata cuyo alimento es la justificación del Señor. Esa mezcla queda poética; digo lo mismo de ciertas repeticiones. ¿No es portentoso que en la noche 602 el rey Shahriar oiga de boca de la reina su propia historia? A imitación del marco general, un cuento suele contener otros cuentos, de extensión no menor: escenas dentro de la escena como en la tragedia de Hamlet, elevaciones a potencia del sueño. Un arduo y claro verso de Tennyson parece definirlos:

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said, Germany possesses only one fantastical literature. There are wonders in the Nights I would like to see reimagined in German. In voicing this wish, I think of the deliberate prodigies of the repertoire—the all-powerful slaves of a lamp or ring, Queen Lab converting Muslims into birds, the copper boatman with talismans and formulas on his chest—and of those more general ones arising from its collective nature, the need to complete a thousand and one sections. When magic was exhausted, copyists turned to historical or pious accounts, whose inclusion seems to authenticate the rest. In a single volume, the ruby that ascends to heaven coexists with the first description of Sumatra, the traits of the Abbasid court with silver angels nourished by the Lord’s justification. This mixture remains poetic; the same applies to certain repetitions. Is it not wondrous that on the 602nd night, King Shahriar hears his own story from the queen’s lips? In imitation of the overarching frame, a tale often contains others no shorter: scenes within scenes as in Hamlet’s tragedy, elevations of dreams to higher powers. A laborious and lucid line by Tennyson seems to define them:

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Laborious orient ivory, sphere in sphere.

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Laborious orient ivory, sphere in sphere.

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Shahriar, fabuloso rey "de las Islas de la China y del Indostán" recibe nuevas de Tárik Benzeyad, gobernador de Tánger y vencedor en la batalla del Guadalete... Las antesalas se confunden con los espejos, la máscara está debajo del rostro, ya nadie sabe cuál es el hombre verdadero y cuáles sus ídolos. Y nada de eso importa; ese desorden es trivial y aceptable como las invenciones del entresueño.

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Shahriar, fabulous king "of the Isles of China and Hindustan," receives news from Tariq ibn Ziyad, governor of Tangier and victor at the Battle of Guadalete... Antechambers merge with mirrors, the mask lies beneath the face, and none can distinguish the true man from his idols. None of this matters; such disorder is trivial and acceptable as the inventions of half-sleep.

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Unheimlichkeitde Alemania?

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Unheimlichkeit of Germany?

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Adrogué, 1935.

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Adrogué, 1935.

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Mille et une Nuits. contes árabes traduits par Galland. París, s. d.

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Mille et une Nuits. contes arabes traduits par Galland. Paris, n.d.

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The Thousand and One Nights commonly called The Arabian Nights' Entertainments A new translation from the Arabic, by E. W. Lane. London, 1839.

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The Thousand and One Nights commonly called The Arabian Nights' Entertainments A new translation from the Arabic, by E. W. Lane. London, 1839.

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The Book of the Thousand Nights and a Night. A plain and literal translation by Richard F. Burton. London (?), n. d. Vols VI, VII, VIII.

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The Book of the Thousand Nights and a Night. A plain and literal translation by Richard F. Burton. London (?), n.d. Vols VI, VII, VIII.

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The Arabian Nights. A complete (sic) and unabridged selection from the famous literal translation of R. F. Burton. New York, 1932.

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The Arabian Nights. A complete (sic) and unabridged selection from the famous literal translation of R. F. Burton. New York, 1932.

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Livre des Mille Nuits et Une Nuit. Traduction littérale et complete du texte árabe, par le Dr. J. C Mardrus. París, 1906.
Tausend und eme Nacht. Aus dem Arabischen übertragen von Max Henning. Leipzig, 1897.

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Livre des Mille Nuits et Une Nuit. Traduction littérale et complète du texte arabe, par le Dr. J. C Mardrus. Paris, 1906.
Tausend und eine Nacht. Aus dem Arabischen übertragen von Max Henning. Leipzig, 1897.

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Erzählungen aus den Tausendundein Nächten. Nach dem arabischen Urtext der Calcuttaer Ausgabe vom Jahre 1839 übertragen von Enno Littmann. Leipzig, 1928.

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Erzählungen aus den Tausendundein Nächten. Nach dem arabischen Urtext der Calcuttaer Ausgabe vom Jahre 1839 übertragen von Enno Littmann. Leipzig, 1928.

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